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Predeterminado Re: Grandes navegantes que casi nadie conoce




Cada vez que decimos Mare Nostrum nos acordamos de los romanos a pesar de que sus logros náuticos no valían un pimiento comparados con los de sus antecesores.

Su marina existía porque necesitaban una fuerza naval que ejerciera de policía y que apoyase a sus grandes conquistas imperiales por tierra.

Es más, la mayor parte de sus tripulaciones, inclusive la oficialidad, no eran romanas sino de los pueblos marítimos conquistados que tras quince años de servicio en la Armada adquirían por derecho la ciudadanía romana, por lo que hablarle de barcos a un estratega imperial era mentarle la bicha a pesar de que la mayoría de los combates los ganaban gracias al corvus, una especie de pasarela que convertía la batalla naval en terrestre.





Pero como todos sabemos el imperio romano cayó y el vacío naval lo rellenó la marina de las independizadas provincias de oriente que más tarde se conocieron como el Imperio Bizantino.

Esta marina bizantina se organizó y aunque siguió utilizando los tradicionales birremes y trirremes, empezó a sustituirlos por barcos más prácticos y livianos.

El dromón era su barco más utilizado que era una evolución de los barcos de quilla de los pueblos del mar.
Se trataba en principio de un navío ligero de una sola fila de remos, después evolucionó creciendo convirtiéndose en un barco inabordable por sus enemigos que eran los piratas de todo signo. Era ya prácticamente el esquema la galera cuyo diseño pervivió siglos.





Armaba hasta tres palos que envergaban velas latinas con dos filas de hasta doscientos remeros.
Tenía espolón, catapultas o balistas, plataformas para arqueros y los famosos sifones presurizados de cobre en proa que lanzaban el fuego griego (un liquido inflamable en contacto con el agua)





y cuya fórmula era un secreto de estado porque con esta ventaja tecnológica se aseguraba la continuidad de Bizancio y el dominio del Mediterráneo oriental pero, al fin y al cabo, no existía el empuje de una gran fuerza naval de conquista y expedición al estilo de los fenicios.

Además los bizantinos tenían la misma aversión romana a las tácticas navales. Les bastaba con usar sus barcos como un medio de bloqueo por eso incluso unían varios barcos y construían torres de asedio, como si fuesen islas movientes.





Así estaban las cosas en el Mediterráneo: los bizantinos al oriente, los cristianos al occidente y en todas partes los piratas musulmanes asaltando ciudades costeras con el sistema de ataque y retirada.

Todo se mantuvo así hasta que llegaron los turcos y aunque sus sultanes eran malos administradores, organizaron el tinglado estableciendo alianzas cada vez más duraderas y se fue creando el Imperio Otomano y su marina, constituida esencialmente de piratas sarracenos cuya misión era seguir hostigando continuamente a las infieles costas cristianas.

La marina otomana en esa época fue despreciada por los cristianos y se decía que para vencer a una galera, por ejemplo veneciana, los turcos necesitarían al menos cinco de las suyas y la marina imperial bizantina perfectamente organizada con su base en Constantinopla donde estaba el Drongario de la Flota, tenía más de 35.000 hombres sirviendo a bordo de más de 600 navíos bajo las órdenes de sus Navarcas, constituía mucha ventaja frente a los casi siempre desorganizados musulmanes.

Los bizantinos a parte de los dromones, galeras o panfiles, también tenían las kelandias para el transporte de tropas y otros navíos más livianos como los moneres con una sola fila de veinte remeros por banda que se dedicaban a patrullar las costas.

Todo este esplendor pasó a la historia por manos de dirigentes petardos que gastaron lo que no tenían en absurdas guerras civiles que acabó con la marina a mediados del siglo XIV.

Esto fue perfectamente aprovechado por los otomanos que iniciaron una tremenda expansión a costa de esta debilidad y asimilaron lo bueno de sus técnicas navales.

En 1453 cayó Constantinopla, su imperio bizantino y se produjo el impulso náutico de los sultanes Mehmed y Beyazid II, bajo un estremecimiento en la cristiandad que veía lo que se le caía encima.

Entonces ya la flota musulmana no solo no era despreciada sino que humillaba con sus típicas patrullas de 46 buques y 15.800 hombres a bordo que causaban espanto en el Mediterráneo.





Dominaban la navegación, las tácticas de guerra y sus embarcaciones lograban un rendimiento rémico y vélico, debido a su relación de 1/8 manga eslora, que no tenía nada que ver con los panzudos mercantes cristianos.

El comercio entre Europa a la India y a la China casi desapareció porque los mercaderes cristianos no conseguían pasar por las tradicionales rutas comerciales marítimas y terrestres sin pagar un fuerte impuesto por esta importación de las especias que eran básicas en la dieta y servía para la conservación de los alimentos.

Ya sabéis, y que no os confundan, esta es la razón por la que nosotros entrabamos en la época de los descubrimientos porque se necesitaba imperiosamente encontrar otras rutas comerciales diferentes, puro capitalismo comercial, y no los rollos religiosos de convertir almas al catolicismo o la sed de aventuras y conquistas con la búsqueda de oro de por medio o el encuentro de dos mundos y la expansión europea; eso vino después.

Digo que dominaban la navegación tan bien como los mejores porque navegaban por todo el Mediterráneo, el Atlántico en la ruta del norte hasta Islandia y el Índico hasta pasar la India.

Manejaban la aguja y el astrolabio con sus tablas necesarias de posición de los astros.

Tan capaces como para escribir el Libro de las Materias Marinas, una obra cartográfica dibujada por su almirante Piri–Reìs.





En este atlas de 1513 ya se pueden apreciar los descubrimientos españoles de los que estaban interesados, porque comprometía a sus intereses ,y estaban dispuestos a cruzar el Atlántico y enfrentarse a las fuerzas españolas y portuguesas con posibilidades de vencer ya que disponían de la tecnología necesaria, pero se dieron cuenta que no podían mantener unas infraestructuras tan lejos de casa con estrechos que sus enemigos podían fácilmente controlar y se resignaron a su papel de intervenir sólo el Mediterráneo porque “Alá ha dado el mar a los cristianos”.

Así que continuaron dando por saco, ahora con más ímpetu, en ese Mare Nostrum.

La mayoría se cree el cuento que con la batalla de Lepanto en 1571, se terminó con el poder turco en el Mediterráneo.

Eso es una falsedad.

De acuerdo que fue una batalla grandiosa, una de las luchas navales más grandes de la historia porque estamos hablando de más de 600 barcos en el agua con 180.000 hombres a bordo de los que 40.000 murieron luchando (sobre todo turcos debido al nuevo barco de los venecianos: las galeazas, que eran grandes galeras con mayor capacidad artillera)

Pero por más que Felipe II la convirtiera en el triunfo del cristianismo sobre el impío musulmán, se vistiera de blanco y mandara a pintar la gloriosa gesta como un milagro divino en todas partes y os pongo un ejemplo de Sevilla, un cuadro de Lucas Valdés que podéis ver en la Iglesia de la Magdalena en la que la Virgen protege ,lógicamente, a las naves españolas, con la promesa de victoria permanente.





Pero eso no fue así por mucho que la historiografía de la época lo certifique.

Los musulmanes al año ya tenían reconstruida su flota y tres años después de la batalla, la flota del sultán Selim II conquistó Túnez y sus alrededores con lo que ya tenían dominada toda la costa de norte de África, incluso los territorios del actual Marruecos, cumpliéndose así la frase que dijo el sultán cuando conoció la derrota: Me han rapado las barbas, ya crecerán con más fuerza.

El mismo Cervantes, que luchó en Lepanto, y que proclamó de esta batalla lo de “La más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros“
Fue capturado junto a su hermano, en el verano de 1575 a bordo de su galera Sol, frente a la actual Costa Brava y se tiró cinco años en Argel como esclavo.

Así que los otomanos nos seguían plantando cara, tanta, que la poderosa Venecia firmó en secreto un pacto con el sultán ofreciéndoles Chipre y un alto tributo dejando a España en la estacada.

Los barcos turcos empezaron a dejar de navegar, (como en nuestra propia historia) por culpa de sus malos dirigentes con sus nefastas políticas y que no supieron atajar las luchas internas religiosas entre chiíes y suníes, que visto lo visto, no tenía solución ya que han pasado siglos y aún siguen en la gresca.

Pero eso sí, de navegar sabían un rato.


Hasta otra referencia

SaludosAndrés
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