A parte de varios objetos ya mencionados por otros cofrades, para mi lo mas humillante fue chocar con un pez volador en la cara.
Fue de noche en la travesia

entre las Islas Virgenes y Saint Martin despues de haber tenido que desalojar a otros dos polizontes voladores que se habian estrellado contra la mayor y contra el antirociones.
Pero al tercero no le fallo la punteria y me dio directamente en los morros.
Me senti como si una pescadera enfurecida

me acabara de pegar un puñetazo: con la cara dolorida y una peste a pescado que no habia quien me la quitara.
Por suerte no hubo peligro para la embarcación y llegamos al destino sanos y salvos.
