Acabo de volver a puerto después de un bonito día de paseo por la bahía.
No éramos muchos, pero todos de los buenos, y no me refiero a buenos marineros. La 1, viento del sur suave, mayor, génova, y a disfrutar. Al poco se pelea el sur con el poniente, como casi siempre, pero el sol lleva desde temprano quemando la mar, y el poniente gana la batalla. Pues a ceñir proa a Rota, y tras la virada proa al Castillo de San Sebastian, en un través muy tranquilo a todo trapo, cervecitas y bocadillos a tuti plen. Dando bordos ganando barlovento rumbo a Canarias, por un momento me entran ganas de no volver atrás, por lo menos en una buena temporada. Pero la compañía me devuelve la cordura, y tras varias trasluchadas, con triste viento aparente anunciando el final de la travesía, embocamos la entrada a puerto, 5h que pasan en un instante, mientras pienso maldita sea cuándo estaremos por aquí para poder poner rumbo a poniente y no pensar en mirar atrás.
Pues como diria mi paisano
"El mar. La mar. El mar. ¡Sólo la mar! ¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad? ¿Por qué me desenterraste del mar?"

