En condiciones muy duras, navegando en aguas con témpanos de hielo, afrontando fuertes temporales o huracanes, las ventajas de los cascos metálicos son claras. El acastillaje va soldado y por tanto las cubiertas son muy estancas, las jarcias aguantan mejor los brutales tirones de una galerna, y en caso de golpes contra el fondo u objetos flotando en mitad del océano, se producen bollos y no desgarros, por tanto la reparación es más sencilla. El aluminio admite soluciones muy creativas, como la de soldar en algunas zonas una especie de “doble casco” que hará las veces de depósito de aguas y que en caso de colisión o perforación no comprometería la seguridad del barco, además de actuar como cámaras de flotación en caso de tener vías de agua por otras causas.

estoy convencido,pero mi bolsillo, nooooo
