Gracias por las aportaciones, cofrades.

Efectivamente, según cuenta el armador, las crucetas se han pasado años bajo una capa de cinta americana hasta que, al quitarla, hemos descubierto todo el pastel. Esto ha sido justo después de que hayamos finalizado la travesía hasta Las Palmas desde la península, en la que, por supuesto, la jarcia ha tenido que trabajar lo suyo, también de ceñida, y mucho más de lo que nos habría gustado. Parece un milagro que esas crucetas de hojaldre

hayan aguantado tantas millas sin ceder, y que el palo se haya mantenido en su sitio, sin haber provocado ninguna tragedia material, ni personal. Al limpiar el residuo la cosa todavía pintaba peor aún...

No hay que bajar la guardia, sobre todo cuando navegamos viejos barcos que no conocemos a fondo

