La Taberna del Puerto Osmosis
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Antiguo 06-03-2015, 23:01
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Predeterminado Re: El sueño de Peter

Interesante relato, lo cierto es que hay aprehensión hacia los solitarios. Me ha pasado de llegar solo a una nueva marina y la actitud de los vecinos de pantalán cambiar totalmente cuando aparece mi mujer y ven que no soy solitario. La actitud no es diferente en marinas de distintos países.
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Antiguo 07-03-2015, 11:14
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Predeterminado Re: El sueño de Peter

Toda la razón del mundo. A mí también me ha pasado en las tropecientas mil veces que he llegado en solitario a diferentes marinas. Cuando aparecía mi mujer con el coche y toda la chiquillería las caras cambiaban.
Y peor aún, si el grumete que te acompaña es tu hija... Mi amigo entró en cierta marina con su hija de 19 añitos, él bien pasados los 50, y solo le comenzaron a saludar y a sonreír con franqueza cuando aparecieron nuestras mujeres con el resto de las familias.


En fin, ahí va otra entrega, que hoy es sábado y supongo que podré incluir el relato hasta el final. (O a lo mejor no...)

Dos horas más tarde, dentro del horario que él había previsto, dejaban atrás la bocana del puerto deportivo, proa al extremo sureste de la Península, el Cabo de Gata. La tarde era perfecta para que Susana se aclimatara a la mar y al barco en el que, si todo iba bien, podría vivir una temporada. Soplaba un ligero poniente de no más de diez o doce nudos, ideal para navegar a vela con el viento por la aleta y con sólo unas pocas olas de nada. Una brisa muy interesante porque, además de permitirle la travesía hasta el cabo sin encender el molesto motor, soplaba de la dirección que mejor podía convenir a su propósito de fondear en la Bahía de los Genoveses, abierta a los vientos de levante, pero completamente protegida del poniente más fiero que pudiera levantarse por allí. Todo salía mucho mejor de lo que había podido planear jamás. Estaba tan contento, que hasta venció la pereza que le daba ponerse a bucear en el profundo cofre de estribor en busca de todo el aparejo del spinaker. La vistosidad de esa vela, que sólo volaba en ocasiones especiales, era el toque final que necesitaba su espíritu para alcanzar la dicha suprema. A Susana, además, le pareció formidable. Para ella, que aseguraba no haber pisado un barco en su vida, eso de sentir cómo la sola fuerza del viento hinchaba el enorme balón y tiraba del velero, sin otro sonido que la espuma del mar deslizándose por el pantoque, era increíble. Llegó a decirle a Peter a mitad de camino, que no comprendía cómo había desperdiciado media vida sin conocer lo idílica que podía resultar la aventura de embarcarse para recorrer el mundo, cuando tuvieron la fortuna de ser acompañados por una manada de delfines por espacio de diez largos minutos. El joven no podía creer que todo estuviera saliendo tan bien.
Hacia las nueve de la noche dejaron caer el hierro a cien metros escasos de la blanca arena de la bahía, haciendo compañía a otros tres veleros que ya estaban allí cuando arribaron. Era normal en verano, le explicó Peter a la muchacha, que hubiera siempre algún que otro barco por aquellas calas. Mientras no soplara levante, eran unos fondeos de ensueño. Además, bastante cerca del puerto de San José, como para poder aprovisionarse de tarde en tarde. Aprovechando que el agua estaba como un espejo, pasarían allí esa noche, y por la mañana se acercarían a la marina para preguntar por el Saroyan. Aunque ya advertía él, que no iban a decirles nada sobre ellos. Alguien que vive a bordo no suele gastar el poco dinero de la caja a lo tonto. Ese puerto era demasiado caro en verano y, por si fuera poco, demasiado pequeño. Quizás, si alguno de los otros veleros fondeados llevaba allí el tiempo suficiente, pudieran indicarles algún rastro de lo que andaban buscando.
A la mañana siguiente Peter se despertó al oír un chapuzón muy cerca de la escotilla que tenía sobre su cabeza. Al momento se empezó a reprochar su increíble irresponsabilidad. Había dormido a pierna suelta como si estuviera aún en el puerto. No se había dado cuenta. Iba a tener que convencerse de que estaba otra vez navegando. ¡Las ocho y media! Siete horas de un tirón sin preocuparse por si el ancla podía garrear o no. Hacía tiempo que no le sucedía algo así. Echó un vistazo al camarote de proa y comprobó que debía ser Susana la que se había lanzado al agua un instante antes. Sonrió para sí. No podía todavía creer que estuviera allí acompañado de semejante preciosidad. Pura ciencia ficción.
Se incorporó con lentitud, desperezándose tranquilamente, y decidió, todavía medio adormilado, que podía ser una buena idea iniciar la jornada con un chapuzón. Un minuto más tarde, ataviado con un traje de baño, asomó su despeinada cabeza por el tambucho, recibiendo de lleno la cegadora luz del naciente sol en pleno rostro. Iba a hacer un día magnífico. Quizás terminara entrando un poco de levante. Perfecto para llegar a vela en una jornada agradable hasta la cala de San Pedro. Salió del todo a la bañera y buscó a Susana con la mirada.
−¡Hola, dormilón!− Le saludó ella al descubrirlo, obligándole a sonreír. Estaba nadando a unos veinte metros del barco, en unas aguas tan transparentes, que daba la impresión de no haber suficiente fondo para que la quilla del barco no arañara la arena, que se podía contemplar con detalle desde la cubierta. −¡Está buenísima! ¡Venga, tírate!
−¡Vale, vale! ¡Ya voy!− Respondió él, acercándose a la borda, y sin dejar de sonreír. −¡Hombre al agua!
Unas brazadas después se acercaba a la muchacha.
−Oye Peter,− empezó a decirle ella, cambiando el tono, hablando con un aire un tanto confidencial. −¿no te escandalizarás si te digo una cosa, verdad?
Él se rió abiertamente.
−Ahora me vas a contar que, en realidad, estás huyendo de la justicia y me has utilizado para escapar, ¿no es así?
Ella le salpicó a la cara.
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Antiguo 07-03-2015, 11:28
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Predeterminado Re: El sueño de Peter

SALUDSS.
ERES MU MALO , COMO ME DEJAS ASI? QUE NO TENGO ORDENATA HASTA EL LUNESSSSSS.
__________________
EL GARFIELD.
Restauración integral de un velero de 5,50. http://foro.latabernadelpuerto.com/s...d.php?t=166786
El WISPA
RESTAURACIÓN INTEGRAL DE UN VELERO DE 26 PIES
https://foro.latabernadelpuerto.com/...d.php?t=182808
LAS RONDAS DEL JORDI BMW LAS PAGO YO
(AL)

LA IGNORANCIA SE CURA LEYENDO Y EL RACISMO SE CURA VIAJANDO.
(UNAMUNO)
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Antiguo 07-03-2015, 19:20
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Predeterminado Re: El sueño de Peter

Ya me va quedando menos


−¡No, tonto! Es sólo que estoy desnuda.
Peter pareció sorprendido por unos segundos. De repente se le estaba ocurriendo que a lo mejor no había sido muy buen anfitrión.
−¡Oh, vaya!− Medio balbuceó. −No tienes nada para bañarte. Tenías que haberme pedido algo.
Susana volvió a reírse, negando a la vez con la cabeza.
−Claro que tengo, hombre. Me suelo poner un bikini cuando hay demasiada gente en la playa. Es sólo que me gusta bañarme desnuda. ¿Te importa?
Peter estaba alucinando. Aunque, bien mirado, tampoco se trataba de algo extraordinario. Desde el primer momento ella le había parecido una chica bastante desinhibida, estaban en una cala medio nudista y, encima, estaban lo suficientemente separados de los otros barcos, como para conservar la mínima intimidad. Él mismo se había bañado desnudo en todas aquellas calas montones de veces. Es sólo que no se imaginaba que las cosas pudieran suceder tan rápido.
De todas formas, más le valía no darle importancia. Era algo natural, y no tenía que ver en ello connotaciones extrañas. Lo mejor sería bromear sobre el asunto, para aclarar posibles dudas.
−¿No te estarás insinuando?
Susana no perdió la sonrisa con que le había recibido desde el principio.
−Creía que podía confiar en ti.
Peter hizo un gesto de negación.
−Es una broma. Claro que no me escandalizo. De hecho, si quieres que te sea sincero, si he perdido un rato buscando un bañador antes de echarme al agua, ha sido para que no pensaras mal de mí. A mí también me gusta. Creo que ya somos mayorcitos para que no ocurra nada que no deseemos los dos, ¿no te parece?
−Eres un caballero, Peter. Hacía tiempo que no tropezaba con alguien como tú.
Eso lo desarmaba un poco y no supo qué responder. ¿Debía alegrarse por el halago?
−Tengo hambre. Nadar abre el apetito. ¿Comemos algo?− Susana no había esperado tampoco contestación alguna a su última afirmación. Sin aguardarle, se puso a nadar en dirección al barco, dejándole sumido en un auténtico mar de dudas.
Unos segundos después, mientras la contemplaba a placer al subir a bordo, no le quedó otro remedio que pensar lo difícil que iba a ser, incluso para un caballero como él, continuar comportándose como tal, si ella se paseaba ante sus ojos con aquella indumentaria durante mucho tiempo. ¿Cuánto hacía que no tenía un escarceo amoroso con alguna mujer? Por fortuna, la frialdad del agua le protegió de una excesiva indiscreción cuando salió tras la ninfa que había tenido la dicha de embarcar.
Casi tres horas más tarde, volvían a izar las velas siempre rumbo hacia el este. Como había vaticinado él, el barco que seguían no había tocado el pintoresco puertecito de San José. Tampoco habían tenido la fortuna de que alguno de los que fondeaban por las cercanías lo hubiera visto por allí. Proseguían a ciegas. Aunque tampoco parecía que aquello preocupara demasiado a ninguno de los dos. Susana estaba viviendo una jornada dichosa. Daba la impresión de que le brotaba la felicidad por cada poro de su piel. En cuanto a Peter, en fin, ella le había preguntado hacía un rato si no le importaba que se vistiera aquel día sólo con un pareo medio transparente en la cintura, así es que realmente, no sabía si era real lo que le estaba sucediendo, o si había muerto sin darse cuenta y aquél se había convertido en su paraíso particular.
El levante había hecho acto de presencia hacia el medio día. Eso era lo mejor que les podía ocurrir, le explicó, porque por regla general, cuando entraba a esa hora, sólo soplaba como una brisa térmica, de no más de quince nudos, como mucho, ideal para la navegación que había planeado para esa singladura. Por otra parte, le iba a permitir aprender a llevar el barco. No sólo ponerse tras la rueda, sino ir asimilando los más elementales rudimentos sobre el trimado de las velas.
Con todo esto, en definitiva, lo que Peter estaba procurando era distraer a Susana, para que poco a poco fuera perdiendo el interés por encontrar demasiado pronto a su amiga. Cada cosa que descubría de la muchacha, hacía que aumentaran esas ganas de llegar a intimar con ella que había sentido desde la primera vez que la vio, de pié en aquel pantalán. Así es que se había propuesto continuar la búsqueda, como le había prometido, pero sin emplear un celo demasiado excesivo en ello. Si en lugar de hacer bordos cerca de tierra, se alejaba lo suficiente para ocultarse al otro lado del horizonte, es posible que no llegaran a localizarlos en mucho tiempo. Por lo demás, ella no parecía dispuesta a poner pegas al respecto. Había depositado en Peter toda su confianza, y cualquier iniciativa que éste propusiera tenía que parecerle la más correcta de las decisiones.
De momento, aprovechando que el levante venía exactamente del lugar hacia el que querían ir, no tenían otro remedio que hacer un bordo hacia afuera, si pretendían seguir progresando tan sólo con el idílico empuje del viento, en lugar de tener que encender el maloliente y ruidoso motor. Si alargaban lo suficiente aquel rumbo, unas tres o cuatro horas por lo menos, era posible que en el siguiente alcanzaran sin volver a virar su destino por aquel día. Con el yate navegando casi solo, bueno, algo habría que inventar para entretenerse.
Por lo pronto, el barco se había apoyado en una escora suave, que pareció sorprender bastante a Susana durante las primeras millas. La tarde anterior habían tenido siempre el viento por la aleta, y la chica no había tenido ocasión de experimentar esa inclinación que tanto llama la atención a los noveles la primera vez que se suben a un velero. Peter, que esperaba una reacción semejante, había izado las velas tranquilamente esa mañana, y se había puesto a observar a la muchacha mientras la proa iba cayendo y el trapo se llenaba de aire. Cuando la cubierta había abandonado la horizontalidad propia de las motoras, hasta se le había escapado un grito de asombro, al tiempo que había buscado con cierta urgencia un lugar al que aferrarse. Él, riéndose al principio, la había calmado, explicándole muy vagamente lo que pasa con los veleros al ceñir. Había aprovechado para impartirle unas clases prácticas sobre los efectos de los diferentes rumbos sobre el barco, colocándola a ella directamente a la rueda. Susana lo había asimilado muy pronto. Enseguida le había cogido el truquillo a eso de ir buscando los apoyos convenientes para moverse por cubierta con la soltura habitual. Era una buena chica. El tripulante perfecto con el que todo marino solitario ha soñado alguna vez.
−¿Tú crees que si te pasara una desgracia ahora mismo, yo sería capaz de hacer algo con el barco?
En estos momentos Susana seguía a la rueda, disfrutando como una chiquilla que acabara de aprender una nueva habilidad, mientras Peter se recostaba todo lo largo que era, sobre el banco de sotavento de la bañera, con la cabeza a proa, sin poder apartar los ojos ni un minuto del cuerpo maravilloso que parecía ponerse al alcance de su mano.
−Bueno.− Empezó él, después de pensarlo sólo unos segundos. −Teniendo en cuenta que aún no hemos hecho ninguna virada, y suponiendo que fueras capaz de no dormirte durante bastantes horas, es posible que fueras capaz de alcanzar la costa de Argelia en busca de ayuda.
−¡Argelia!− Se admiró ella.
−Más o menos, es lo que hay a proa.− Y añadió, con un poco de ironía. −Aunque me parece a mí que con esa indumentaria tuya poca era la ayuda que ibas a conseguir.
Susana se rió y se encogió casi imperceptiblemente, como si acabara de ser el blanco de la mirada de un grupo fanáticos.
−Venga, tú no me digas nada, a ver si soy capaz de llevar yo sola el barco hasta la cala esa. ¿No crees que ya podíamos ir torciendo otra vez hacia tierra?− Propuso.
Peter no pudo evitar la tentación de corregirla.
−No digas torcer. Suena como si estuvieras conduciendo un coche. Los barcos viran, ¿de acuerdo?− Ella afirmó con la cabeza. −En cuanto a lo otro, como quieras. Adelante, cuéntame lo que vas a ir haciendo.
Susana frunció el ceño, como si estuviera pensando muy intensamente todos los movimientos que tenía que llevar a cabo para lograr el propósito de cambiar de rumbo.
−Bueno, lo primero es preparar las…, ¿escotas?− Peter afirmó complacido. −Así es que, ¿te importa sujetar mientras el timón?
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Antiguo 07-03-2015, 19:39
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Predeterminado Re: El sueño de Peter

Joé.........ya me tienes enganchado


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  #6  
Antiguo 07-03-2015, 21:52
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Predeterminado Re: El sueño de Peter

El sueño de Peter y el mio también, quien pudiera,
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no hay viento favorable para quien no tiene puerto de destino (Socrates)

Lo que posees acabará poseyéndote (el club de la lucha)
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  #7  
Antiguo 07-03-2015, 22:27
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Predeterminado Respuesta: Re: El sueño de Peter

Qué pasa con Peter y su sueño? Me ha gustado mucho…
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