![]() |
|
|
|
| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
|
|
|
#1
|
||||
|
||||
|
Muy bueno, lo sigo con atencion
|
|
#2
|
||||
|
||||
|
A partir de ahora.......todos belgas
![]() ![]() muy entretenido........mas por favor. ![]() ![]() ![]()
__________________
no wind, no fun |
|
#3
|
||||
|
||||
|
No mucho rato después Susana se permitió dirigir un soberbio corte de mangas, eso sí, mental, porque todavía le temblaban un poco las piernas al pensar lo cerca que había estado de seguir un camino peor que el del patético Peter, a la patrullera de la Guardia Civil con todo su contingente humano, mientras iba desapareciendo por el horizonte a la misma velocidad a la que había llegado. Le habían estado dando la tabarra durante una hora más o menos. Sin embargo, las palabras del Juez de guardia habían pesado mucho sobre el oficial al mando, y éste había tenido que claudicar, ante lo cuesta arriba que se le había estado haciendo probar un crimen sin víctima, sin denunciante y sin otro asidero legal que una grabación que, en eso tenía que dar la razón a su Señoría, por más que le doliera, no suprimía la duda razonable de que aquella mujer hubiera cometido un asesinato como el supuesto.
Claudicar, por el momento. El teniente no tenía un pelo de tonto, y sabía en su fuero interno que aquella preciosidad no era en absoluto trigo limpio. ¡Por sus c… que no! El problema es que contra ella, tal y como estaban las cosas, sólo cabía el bordo suicida, y a rezar porque le ayudara el role del viento. Para los neófitos, y simplificando mucho, lo que el guardia civil quería decir con eso de bordo suicida es la maniobra que hace uno en regata cuando los otros barcos se escapan irremisiblemente. Viene a ser algo así como de perdidos al río. Puesto que si sigo el mismo rumbo que los demás, no los voy a pillar nunca, y van a virar la boya antes que yo, voy a virar ahora mismo para tomar un rumbo diferente a los otros, con la esperanza de que un role de viento me favorezca a mí antes que a los demás, y termine siendo yo el que alcance la boya por delante del resto de la flota. Es bordo suicida por algo tan sencillo como que si el viento no rola, entonces me hundo sin remedio. Lo interesante es que mantiene la esperanza un rato más y solo por eso ya merece la pena. Que el teniente hubiera recobrado a sus hombres desde el velero y hubiera puesto agua de por medio, no significaba otra cosa que un cambio de estrategia. Como en una regata, había que tener paciencia, y ya veríamos quién viraba antes la boya de barlovento. Quedaba una larga ceñida por la proa. Susana, por su parte, que era todavía menos tonta que el teniente, sonreía con satisfacción mientras veía cómo se desvanecía el punto de espuma y velada humareda que quedaba tras el paso de la rapidísima Rodman de la Benemérita. No obstante, era consciente de que desde ese preciso instante iba a tener que trabajar mucho para salir airosa del lance en el que se había metido. Para empezar, se había condenado a no tocar puerto en una buena temporada. Sabía que las autoridades de todos los puertos españoles iban a poner un interés especial en sus peripecias. Así es que le quedaban dos opciones: deshacerse del barco, es decir, abandonarlo, entregarlo o lo que fuera; o bien huir e intentar dar el esquinazo a las Fuerzas de Seguridad. No ver la enorme lancha de la Guardia Civil no significaba que se hubieran ido de verdad. En cuanto había vuelto a quedarse a solas en el velero había conectado el radar y había marcado un blanco a seguir. Ahora mismo ese blanco se había dejado caer al otro lado del horizonte, que no se halla mucho más lejos de tres millas desde la cubierta de un barquito pequeño como el suyo, de unos cuarenta pies o doce metros, y se había quedado a una prudente distancia de cinco millas justas. Unos minutos después la pantalla del aparatito dictaba un firme veredicto: el eco mantenía una demora y distancia constantes. Es decir, que habían igualado la velocidad y el rumbo al de su propio barco, de modo que iban a ser su sombra no sabía por cuánto tiempo. Suspiró para sus adentros. Había perdido algo más de un par de horas en todo aquel desaguisado, pero todavía podía llegar a la cita prevista, entregar el velero y desaparecer. Atenerse al plan parecía lo más razonable. El problema iba a ser cómo escabullirse después. Por el momento había un trabajo que realizar con urgencia, pero antes tenía que aclarar del todo sus ideas, había que recapitular: Eran las 15:30, habían levado el ancla aquella mañana en la bahía de los Genoveses y ahora se encontraba a unas veinticinco millas de allí. Para el que lo quiera buscar, se encontraba según el GPS, en los 36º 59,476’ de latitud norte, 1º 41,269’ de longitud oeste. Es decir, en medio del mar. A unas nueve millas y media de la costa más cercana, que era la del pueblo almeriense de Carboneras, del cual lo único que se veía, por culpa de la calima característica del verano mediterráneo, era la altísima chimenea de su térmica, que alcanzaba nada menos que los 205 metros sobre el nivel del mar. Le quedaban todavía unas sesenta millas para llegar al Cabo de Palos, que era su próxima baliza. Después todavía tendría margen para llegar a la cita al día siguiente, como estaba previsto. Hasta el Cabo, que era lo único en lo que quería pensar por el momento, unas doce horas si mantenía la media de cinco nudos que había llevado hasta que aquellos fantasmas la habían entretenido. Lo doblaría con las estrellas. Precioso. Ahora lo que no podía esperar. Se quedó contemplando el palo del velero durante unos minutos. ¡Típico de solitarios! El muy precavido llevaba dos reflectores de radar, a falta de uno. Iba a tener que emplearse el doble. |
| 6 Cofrades agradecieron a Yan Yun 3 este mensaje: | ||
AILANAUTIC (15-03-2015), ayapitas (15-03-2015), forner82 (15-03-2015), leviño (16-03-2015), pixuetu (15-03-2015), Ricardo Can (25-03-2015) | ||
|
#4
|
||||
|
||||
|
Quiero darte la gracias por elegir mi idea. La idea surgió porque he vivido muy cerca de una base de submarinos y de verlos entrar y salir a mi lado siempre he pensado que en superficie los veo yo pero luego son ellos los que me ven a mi.
En cuanto al pobre Peter el submarino fue testigo de cuando Susana lo arrojo al agua y lo tiene perfectamente localizado, mas teniendo en cuenta que los GPS militares son mucho mas precisos que los de uso civil. Los sonares de barrido consiguen espectaculares "fotografias" del fondo marino. La zona a buscar seria muy pequeña y un ancla da una fuerte señal. En cuanto a sacar el cuerpo del agua no se a que profundidad se encuentra pero si han podido sacar la cubertería del Titanic o cortar la proa del submarino K-141 Kursk .... |
| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a quillote1 | ||
Yan Yun 3 (15-03-2015) | ||
|
#5
|
||||
|
||||
|
Ehhhhhhh, seamos rigurosos con el texto y la localización.
Al cofrade Quillote: a 9 millas de la costa de Carboneras hay una fosa de 1500mts de profundidad y parece que nuestra "amiga Susana" lo sabe muy bien por que ha sido el sitio elegido para tirar por la borda a nuestro capi. Sabe que ningún equipo de búsqueda pedirá unos medios tan sofisticados sin una pruebas contundentes. por Susana, alguien la tiene que defender ![]() ![]()
__________________
Hay un mismo amanecer para todos, pero distintas formas de ver el horizonte. Socio de ANAVRE https://veleroironia.blogspot.com/ |
| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a ironia | ||
Yan Yun 3 (15-03-2015) | ||
|
#6
|
||||
|
||||
|
Tenéis razón los dos en cuanto a vuestras dos opiniones. Viendo de qué iba el percal, me aseguré de que Susana arrojara al bueno de Peter con más de 1000 metros de sonda. El pobre no me da mucha pena, son lances que tiene la vida. Respecto de Susana, he de decir que estoy buscándole las cosquillas, a ver cómo me las ingenio para que no se vaya de rositas. Digo yo que tiene que sufrir algo.
Voy a escribir otro trozo y lo cuelgo. Mientras tanto, unas birras para los cofrades, a cuenta de Susana, claro… ![]() ![]() |
|
#7
|
||||
|
||||
|
Por suerte, los solitarios también tenían su lado positivo. El palo estaba dotado hasta el tope con unos diminutos peldaños escamoteables, con lo que se podía subir a lo más alto sin necesidad de que otro estuviera dándole a la manivela del winche.
Nunca hubiera pensado hacer algo semejante, y desde luego, nunca navegando tan lejos de la costa. Pero la irrupción de la patrullera le había impuesto una serie de normas, y no le quedaba otra que atenerse a ellas. Unos buenos minutos después, y bastante magullada, porque el palo se movía a aquellas alturas más que un tiovivo de feria, contemplaba satisfecha los dos cilindros que había bajado hasta la cubierta con la ayuda de un cabillo. Sabía que quitar los reflectores de radar no iba a hacerle desaparecer del radar de la embarcación de los militares, que imaginaba potentísimo y de última generación, pero quería creer que algo ayudaría. Después de todo, el velero no era sino un trozo de plástico, que absorve más onda de radio de la que refleja, y un pedazo de metal en forma de palo, tan estrecho que podía suceder que sólo diera ecos ocasionalmente. Cuando los barcos de recreo llevaban aquellos curiosos cilindros llenos de prismas metálicos, era por algo. Inmediatemente, bajó a la cámara, buscó cierto aparatito que había visto en la mesa de cartas, y pulsó la tecla que lo apagaba, con lo que hizo enmudecer el AIS. Todo aquello la había mantenido entretenida un buen rato. Lo malo es que con ello se terminaban sus posibilidades. Si quería que aquellas contramedidas surtieran efecto, lo único que faltaba es que el viento arreciara, el mar se levantara y su pobre eco se perdiera definitivamente entre el de las olas. Nada que no estuviera lejos de cumplirse. El primer día, cuando habían abandonado aquel simpático puerto de Aguadulce, habían contado con un suave poniente que les había llevado casi con caricias hasta la bahía desde la que habían levado anclas aquella mañana, que se le estaba haciendo tan lejana. A lo largo del día el viento había entrado desde la dirección contraria y, por el momento, no había caído. Un levante veraniego tenía sus pautas bien marcadas en aquella región, que ella conocía perfectamente. Si a la hora que ya era no sólo no se había suavizado, sino que se había instalado en unos constantes quince nudos de viento real, lo que situaba las rachas cercanas a los veinticinco nudos de aparente, al rumbo de ceñida que llevaba, entraba dentro de lo razonable que el levante arreciara durante la noche. En medio del Golfo de Mazarrón, y acercándose a Cabo de Palos, eso sólo podía significar que a lo mejor iba a tener mar de proa para hartarse. Navegación dura y agotadora. Pero ideal para sus pretensiones de convertirse en un indefinido punto más en la pantalla del radar de sus perseguidores. Un par de horas más tarde, y después de comprobar que la oscilación hacia abajo del barómetro no era la habitual variación diurna del aparatito, decidió prepararse para una noche que empezaba a preveer intensa. Por lo pronto, puso agua a hervir, vertió en ella un sobre entero de sopa instantánea, y enconmendándose a todos los dioses del océano, lo trasvasó a un termo sin escaldarse viva en el intento, lo cerró convenientemente y lo estibó a primera mano desde la bañera. Luego, por aquello de lo irónico que resultaría que se perdiera ella misma por la borda, rebuscó en los tambuchos de la bañera, hasta que dio con el arnés de seguridad del solitario. Frío no iba a pasar. De hecho, el aire soplaba bastánte cálido, como esas veces en las que la costa almeriense padece olas de calor saharianas de las que derriten hasta el sicaflex de las juntas de la teca. De todas formas, preparó una chaqueta de aguas por si al amanecer le entraba la tiritona que preveía. Para terminar, empleando la última barra de pan fresco que quedaba a bordo, se hizo un bocadillo con todo lo que se le ocurrió, y se obligó a hacerlo pasar por la esclusa entre sorbo y sorbo de una lata de cerveza helada. Con todas aquellas labores completadas, encajó las piernas en la entrada del tambucho de bajada, junto al piano, y se preparó para rizar la mayor. Todavía no era estrictamente necesario, pero era de esas cosas que prefería hacer con luz solar. Además, como el tañido de una campana, siempre que pensaba en los rizos, le venía a la memoria la primera frase que aprendió cuando, de niña, le enseñaron a navegar: el mejor momento para tomar un rizo es cuando lo piensas por primera vez. El viento no había bajado. Al contrario, había arreciado algunos nudos. Y ella había pensado en los rizos… Como no podía ser de otra manera, el solitario tenía la maniobra reenviada por completo a la bañera, de modo que fue tan sencillo como abrir el stoper de la driza de la vela mayor, después de soltar la escota para que la vela buscara ella sola la posición en la que se vaciaba de viento. Tal y como había adivinado, el patrón del barco tenía marcados los tres rizos en la driza, de modo que supo con exactitud hasta dónde dejar bajar la vela para realizar la operación. ¿Un rizo? Mejor meter ya el segundo. Ya que estaba, era lo más sensato. Enrollaría menos génova y listo. Volvió a cerrar el mordedor de la driza. A continuación cazó lo justo el cabo del primer rizo ayudándose del winche de estribor. Perfecto. Peter tenía la marca en el sitio exacto. La polea del rizo se quedaba a poco más de un palmo sobre la botavara. Al cazar el rizo eso impedía que se formara un nudo con el cabo sobre la misma botavara, que es lo que hacen los neófitos la primera vez que se enfrentan a una maniobra de toma de rizos totalmente reenviada a la bañera. Soltó el cabo del winche, enrolló el cabo del segundo rizo y se empleó con más energía en el mismo hasta aplanar la vela como le pareció que aguantaría mejor lo que fuera que el viento le tuviera preparado. Después dio un último tirón a la driza, para que la vela formara una leve arruga vertical paralela al palo. La maniobra concluyó volviendo a tensar la escota de la vela, para que ésta volviera a portar. En cuanto al génova, se limitó a lascar un poco la escota y a darle unas pocas vueltas a la manivela sobre el winche en el que había enrollado el cabo del enrollador de la vela de proa. Con meter un par de palmos de lona era suficiente por el momento. Cuando terminó, se dirigió a popa y, desde detrás de la rueda, se detuvo a estudiar los instrumentos durante unos momentos. Como siempre, después de quitar trapo el barco no había perdido una décima de la velocidad que había llevado hasta ese instante. Simplemente, había ganado en comodidad y, por encima de todo, en tranquilidad. Ahora el piloto automático trabajaba sin tensiones extraordinarias. A las 22:00 horas era noche cerrada. La posición del velero, según los satélites, era 37º 17, 764’ norte, 1º 7,248’ oeste. La tierra más cercana, por su amura de babor, el extremo de Cabo Tiñoso, el que señala la entrada a Cartagena por el oeste. Por el través estaba entre Águilas y Mazarrón, a unas diecinueve millas de aquella costa. En cuanto a su destino inmediato, todavía le separaban unas buenas treinta millas de Cabo de Palos. No menos de seis horas de molesta navegación, ya que estaba empezando a no poder evitar algún que otro desagradable pantocazo. A pesar de todo, estaba feliz. Su propio radar hacía tiempo que había perdido el eco que ella le había hecho seguir. Las embarcaciones militares siempre se han enmascarado muy bien en la mar. Cuando ésta había estado tranquila la señal de la patrullera no había sido nunca muy fuerte, e incluso había desaparecido a ratos. La subida en la altura de las olas había ido poniendo las cosas más difíciles. Si intentaba eliminar los falsos ecos de las olas, perdía también la señal de la patrullera. Si, por el contrario, aumentaba la ganancia, el velero aparecía rodeado de ecos por todas partes. Su felicidad nacía en la creencia de que igual de mal la tenían que estar captando los otros. Con suerte la llegada de la mañana siguiente le encontraba libre de sus perseguidores. De momento, sin embargo, la noche solo estaba empezando. E iba a ser una noche interesante, aunque eso ella todavía no podía adivinarlo. ![]() ![]() ![]() |
![]() |
Ver todos los foros en uno |
| Herramientas | |
| Estilo | |
|
|