Ayer al volver de la Cartagena-Ibiza y vuelta, en la llegada a Cartagena estaba como casi siempre el buque de Salvamento Clara Campoamor atracado en el muelle de trasatlánticos.
Al verlo de lejos desde la bocana se me mezclaba una mezcla de pena y rabia porque le haya tocado a este barco esa terrible casualidad que es un accidente de este tipo en el mar. Hay muchas cosas que saber y que probablemente no sabremos para poder juzgar
En la proa por su lado de estribor se ven perfectamente aun unas marcas azules oscuro a modo de rayas, incluso altas, a más de dos metros de la linea de flotación, que indican la brutalidad del choque, que en mi opinión debió de levantar en la embestida o al enganchar la jarcia. No me dio tiempo a hacerle fotos, y en el fondo prefiero no haberlo hecho.
En esta travesía, cruzándonos con decenas de enormes barcos, he pensado quizás más que en otras, en esas guardias en el puente de barcos cada día más al límite de tripulación y medios, por la guerra de precios de fletes, banderas de conveniencia o tripulaciones mínimas y malpagadas, que pueden no darse cuenta en millas de que se han llevado por delante un barco de los que nosotros manejamos.
Y aunque la culpa sea del chachachá, no cabe duda que es nuestra obligación velar porque un monstruo de estos no nos lleve puestos.
Aunque luego pague el seguro del otro.
