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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#22
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Esta es una copia de lo publicado por Juan Varela, cofrade de la Coruña y armador de un nauticat 33 durante 5 años. Lo he bajado de la red si su permiso..
El "GRAN SIESTA" es un Nauticat 33, construido en Finlandia por Siltala en 1971, diseñado por Arno Arnipalo y pensado para navegar por los mares del norte. Casco, cubierta y techos en fibra y superestructuras en maderas nobles, es un auténtico motovelero clásico, conocido en todo el mundo por el apelativo (The Grand Old Lady). Todavia sigue fabricándose en la actualidad, como se puede ver en Nauticat 331, lo que confirma su gran calidad, clave de su extraordinario éxito comercial. Podemos afirmar que es el motovelero por excelencia, no se conoce otro modelo con mayor aceptación, más de 1.200 unidades fabricadas siguen surcando los mares de todo el globo. En Galicia tengo conocimiento de otro Nauticat 33, el "Kinamary",* con base en Ribeira, perteneciente a un buen amigo mio. Lo tengo equipado con un radar JRC1000 de 16 millas, un navegador GPS Raymarine RN300, piloto automático Raymarine ST4000+ MKII, Profundimetro, Equipo de Viento e Indicador de Compás* de la serie ST50 de Raymarine, plotter Raychart SL631 de* 10,4" con cartografia* C-MAP NT+, y para los dias frios de invierno su calefacción por gasoil (Webasto) es una delicia. El aparejo de queche, con solo 48 m2 de vela, le permiten cómodas travesias de 5 a 6 nudos llegando a los 7 si se apoya con el motor a muy pocas vueltas y a los 9 de velocidad máxima cuando se aplican los 80 CV. de su Perkins Marine 4236M, una auténtica joya. Los motoveleros clásicos como este Nauticat, al igual que los Fisher, los Banjer, Mascot, LM y otros similares, obedecen todos a una misma filosofía de navegación. Su pesada y poco profunda quilla corrida, unida a su relativamente corta arboladura, los hace muy propensos al balance cuando se navega solo a motor, incluso con muy poca ola cuando te coge de través. De ahí que deba izarse siempre alguna vela para amortiguar este balance. Cuando se navega solo a vela, este efecto de balance acentuado desaparece, pero no se puede pretender una ceñida inferior a los 45 o 50 grados de aparente, que unido al fuerte abatimiento favorecido por su corta quilla, se convierten en 80 grados reales, lo cual significa que, solo a vela, no puedes apenas ceñir. Con viento y mar por la popa, el uso del timón requiere de cierta pericia y atención permanente, por lo que yo, personalmente, prefiero apoyarlo un poco con el motor, para mejorar la gobernabilidad. Todo esto hace que estos barcos tengan muy poco margen para la navegación a vela pura, quedando limitada a los traveses y largos. Con todo esto dicho, podría parecer que estos motoveleros no navegan bién ni a motor ni a vela y en cierto modo así es, pero la cosa cambia radicalmente cuando se combinan ambas propulsiones. Con vela y motor simultáneamente, el Nauticat ciñe a rabiar mientras tú, cómodamente sentado en mangas de camisa y bien protegido de los rociones, puedes saborear tu rioja preferido sin apenas tocar el timón, ya que la estabilidad de rumbo en estas condiciones es asombrosa, aunque fuera estén soplando 30 o 35 nudos y esto lo digo por propia experiencia vivida en la entrada de la ría de Muros el verano del 2005, viento ENE fuerza 7 a 8, con algo de olas ya formadas y muchos salseiros, mayor rizada y motor a apenas 1100 rpm, velocidad 4 nudos. Era un verdadero espectáculo ver la ría con la ayuda de los limpiaparabrisas, hirviendo en espuma blanca mientras Isabel, mi mujer, leía tranquilamente una revista y el Gran Siesta avanzaba majestuoso hasta Portosín, lento pero muy confortable y seguro, y el piloto automático trabajando menos que un funcionario desmotivado. La combinación de vela y motor, bién balanceada para las condiciones de mar y viento, hacen que el Nauticat sea ideal para todo tipo de navegación, y para cuando tengas el tiempo suficiente y quieras ahorrar fuel o practicar la navegación que hacian los antiguos fenicios, dejate llevar solo a vela por las brisas portantes, a 3, 4 o 5 nudos, que más dá. Los fenicios hacian medias de velocidad de 2 a 3 nudos, pero llegaban a todo el mundo conocido. Singladuras: El "Gran Siesta" de gira por las Rías Bajas. * * * * El martes, 2 de Agosto de 2005, el Gran Siesta inició una gira por aguas gallegas con tres tripulantes a bordo. A las 0930 salíamos de La Coruña con rumbo a Camariñas. El viento era flojo del Norte y el mar presentaba la típica ola tendida del Noroeste, de 1,5 metros, que produce ese pequeño y prolongado vaivén que te acuna suavemente. Con el motor a 1.200 vueltas, mayor y mesana cazadas a tope para amortiguar el balance, el barco navegaba suavemente a 6,5 nudos mientras el sol iba ganando altura y la temperatura se hacia más agradable. Pasamos a 0,4 millas por el Norte de los Baldayos con rumbo directo al paso interior de las Sisargas. A las 1315 echábamos el ancla en el fondeadero de las Sisargas, donde se encontraban ya otros dos veleros, un francés y el Montalvo que nos dio la bienvenida. Al poco rato llegó también el Marta con seis tripulantes a bordo, y al poco rato estábamos todos refrescándonos en las gélidas y cristalinas aguas de las Sisargas, con una sinfonía inigualable de miles de aves, perfectamente acompasadas, como fondo musical. Luego la comida a base de bocadillos y buen vino, y a continuación una pequeña pero reconfortante siesta, procurando evitar el abrasador sol del medio día. A las 1630 salíamos del hermoso fondeadero, evitando los bajos de la carreira y arrumbando a Punta Nariga. La navegación discurría placenteramente y la tripulación disfrutaba del agradable sol de media tarde. El viento nos entraba ahora por la aleta, con 16 nudos y nos impulsaba a más de 7 nudos, probamos a parar el motor y navegamos solo a vela con un pequeño foque, mayor y mesana, disfrutando del silencio y de la impresionante vista de Camelle, Arou y Santa Mariña, con la silueta del cabo Vilano justo por la amura de babor. Entramos a la ría de Camariñas pegados al faro, contemplando la rompiente sobre el Bufardo por estribor, las quebrantas por la proa y la restinga de El Cuerno por la amura de babor. Aquí siempre se encañona el Nordeste y produce unas rachas de hasta 30+ nudos, que pueden llegar a ser incomodas, pero no era nuestro caso ya que llevábamos muy poco trapo. Al poco rato ya estábamos atracados en el Club Náutico de Camariñas, donde Pedro, el marinero, nos recibió con su habitual cortesía. * Después de dar un paseo por Camariñas, nos juntamos con la tripulación del Marta para dar cuenta de una suculenta caldeirada, que Mari Carmen, la regente y excelente cocinera de la cafetería del Náutico, nos había preparado por encarga. A los postres y por invitación de su presidente, José Luis Blanco, nos unimos a una cena-homenaje que celebraba el Club en honor de alguien, que es el recurrido pretexto utilizado por esta hospitalaria y alegre gente para organizar una fiesta con actuaciones artísticas que se prolongan hasta bien entrada la madrugada. Cantamos, bailamos y bebimos y, lo más importante, charlamos con estos excelentes amigos y nos reímos con ganas. En definitiva, otra velada inolvidable en el Náutico de Camariñas. Se echa de menos a los ausentes, Andrés y Pancho, pero continua el mismo espiritu que hizo de este Club, para mi y para muchos otros navegantes, el más entrañable del mundo. De ello se encargan ahora José Luis, Geluco, sus adorables esposas y ese grupo de amistades que nunca me cansaré de elogiar. Al día siguiente, miércoles 3 de Agosto, el pronóstico meteorológico anunciaba fuertes vientos del Norte y Nordeste, era la excusa perfecta para pasar un día más en Camariñas. Mi mujer disfrutó revolviendo en las baldas del mercadillo que se celebra los miércoles y apareció con varias adquisiciones de prendas de vestir, a precios increíbles, según ella. No podíamos pasar por Camariñas sin degustar el exquisito rape con almejas que preparan en el Villa de Oro, así que encargué mesa para nueve y nos despachamos una enorme perola de riquísimos mariscos y pescado, adornados con unos pocos fideos que absorben los sabores de las gambas y almejas y uno ya no sabe que es lo que está más rico. El vino en esta ocasión fue un Ribeiro fresquito, que se bebía como si fuera agua y que ayudó mucho para conciliar una Gran Siesta, de esas que te dejan realmente relajado, una perfecta cura para el estrés. Por la tarde llegó nuestro amigo Baldomir en el Poros, con dos tripulantes más, en ruta desde Coruña hacia Ribeira y nos comentó que se encontró con vientos de 35 nudos que llegaron a ser muy desagradables. El jueves día 4, salimos temprano para Portosin. Entre punta Buitra y Touriñana tuvimos rachas de 30+ nudos, que unido a la mar de fondo de 2 a 3 metros, conforman la típica "Trapallada" de esta zona. El barco, con el foque y la mesana, aguantaba perfectamente el incomodo balance y, al doblar el cabo Touriñan, el viento fue amainando hasta los 10 nudos y la mar de fondo, ahora por la popa, ya solo nos mecía suavemente en demanda del cabo de La Nave. Una vez pasado Finisterre, por el interior del Centolo, parece como si entráramos en otro mundo. La mar como un plato, una suave brisa del norte y el barco a 6,5 nudos con 1.200 revoluciones del Perkins, como si fuera sobre raíles. Tanto es así, que Isabel se puso a cocinar un arroz del pobre mientras cruzábamos por el canal de los Meixidos, para tenerlo a punto en la Ensenada de San Francisco, donde fondeamos a las tres de la tarde. A las siete ya estábamos atracados en Portosin, donde pasamos dos días maravillosos. El sábado 6 de Agosto, salimos de Portosin para La Puebla del Caramiñal, con una brisa moderada del Norte hasta Corrubedo, donde el viento se quedó casi por completo. Fondeamos para comer en la playa de Ferreira y los tripulantes del Marta bajaron a las dunas en una zodiac, quedando impresionados de tanta belleza natural. Es maravilloso ver una playa tan grande y totalmente virgen. Después de la reparadora siesta, nos dirigimos a La Puebla a través del canal de Sagres, pasando entre las piedras de Mayador y Torán, enfilando seguidamente el paso del Carreiro, bien pegados al faro de las piedras del Sargo. A las nueve estábamos atracados en el Náutico del Caramiñal. La Puebla es una de las villas más bonitas de nuestro litoral, tranquila y sosegada, con unos jardines otochentescos y un urbanismo conservador sin grandes estridencias arquitectonicas y con casas de solera que acentual el carácter señorial de este pequeño pueblo. Las grandes conserveras a las afueras de la ciudad enfatizan su poderío económico y sus estrechas calles peatonales repletas de tascas y pubs con sus respectivas terrazas abarrotadas de veraneantes, ponen de manifiesto el gran atractivo turístico de esta villa. El domingo 7 de Agosto lo pasamos en el Xidoiro Areoso, una pequeña isla en el medio de la ría de Arousa que recuerda a la típica isla de los chistes de náufragos, solo le falta la palmera en el medio. Aunque el agua está helada, no es causa suficientemente disuasoria para los amantes del baño. El agua cristalina y la proximidad de la arena blanca, blanquísima, incita a lanzarse de inmediato. A la noche fuimos a degustar los productos del mar a una de las tascas más populares, a Kunka, donde saboreamos unas exquisitas navajas y un rico pulpo. Aunque tuvimos que sufrir la quemazón de unos pimientos de padrón totalmente incomestibles, y más quemados quedamos al ver la nota, 150 euros por tres raciones de navajas, tres de pulpo, tres de pimientos incomestibles y una tortilla, acompañado todo de tres botellas de Ribeiro, un atraco, y a todo esto haciendo cola para coger mesa, con un verdadero caos de organización y una cocina mas pequeña que la de mi barco que hace muy sospechosa la higiene que puedan tener. Un sitio poco recomendable. No así la pizzería Nueva York, donde fuimos al día siguiente y saboreamos unas excelentes pizzas y platos diversos de excelente factura y a un módico precio. También es de destacar el restaurante O Castelo, donde disfrutamos de unas excelentes almejas, pulpo con gambas y un lenguado autentico de mar, regado con un godello de tono dorado, de los que te dejan la uva en la boca y que no abundan mucho ya, lamentablemente. El precio está acorde con la calidad y si queréis quedar bien invitando a alguien a un sitio especial o simplemente queréis daros el gustazo un día, este es el lugar. Juan Varela (Gran Siesta). El "Gran Siesta" por las Rías Bajas Agosto de 2005 * * * * Con base en el náutico de Puebla do Caramiñal, pasamos 11 días de ensueño por la Ría de Arousa. Las playas de Quenxo, Xidoiros, Cavio, Vionta, Coroso, etc., eran nuestros destinos habituales para pasar la jornada y donde realizábamos la comida del medio día, tomábamos el sol y nos refrescábamos. A la tarde volvíamos al puerto base y tras una ducha regeneradora, salíamos al paseo y a disfrutar de los ricos manjares del mesón O Facho, el restaurante El Lagar, o unos sabrosos huevos fritos con patatas y chorizo que, por solo 3 euros, se pueden degustar en una tasca marinera conocida por todos como Casa Ramón, donde además se puede contemplar un auténtico museo de objetos marineros tradicionales y podemos charlar con el patrón, un hombre de avanzada edad y no menos avanzada elocuencia, quién de buena gana nos contará como, allá por los años cincuenta, se ganaba la vida con su patache de vela y motor, transportando mercancías varias entre La Puebla y Villagarcía y además, nos ilustrará sus historias con numerosas fotografías de la época. Un sitio para visitar. Durante estos días coincidimos con varios conocidos navegantes, como David, el inglés del Samoa, Baldomir del Poros, Ramón y Carmen del Kechulo, que además eran nuestros vecinos de pantalán y con los que compartimos horas muy agradables por los pubs de La Puebla. El día 17 salimos en compañia del Kechulo III para Porto Cubelo en Lira, donde se iniciaba la Xira Náutica da Costa da Morte. Salimos a las cinco de la tarde con la idea de llegar a Porto Cubelo antes del anochecer poder divisar las numerosas rocas que conforman los distintos canales de entrada a este hermoso puerto, no solamente para esquivarlas, si no para tomarlas como referencia en la carta de las que no se ven, que son las realmente peligrosas. Al pasar el canal de Sagres el viento empezó a soplar por la proa con 20 nudos y por los Corrubedos ya eran 25 y pronto llegaron los 30. Tuve que meterme al resguardo del puerto de Corrubedo para tomar dos rizos a la mayor, mientras el Kechulo me esperaba amablemente al socaire del cabo. Una vez pasado Corrubedo, tras un breve cálculo de tiempos y distancias, decidimos pasar la noche en Muros. Enfilamos por el canal de las Basoñas y antes de caer la noche ya estábamos atracados al muelle de Muros. El viento seguía soplando con rachas de18 nudos dentro del puerto, lo cual no presagiaba una noche especialmente apacible. Decidimos ir a cenar y luego ya pensaríamos en la conveniencia de fondear para pasar la noche más tranquilos. Después de tomar unas navajas deliciosas, un pulpo que... bueno (no hay adjetivos para esta delicia), una tortilla en su punto, acompañada por unos pimientos de Padrón deliciosos y unas sardinillas de esas que hacen honor al dicho popular "a muller e a sardiña, mellor a pequeniña", y todo ello regado con dos botellas de rioja que se vaciaron sin que nadie se percatara de ello, ¡ay amigos!, las cosas ya se veían de otra forma y ya nadie se acordaba de los 30 nudos por la proa ni de los molestos salseiros que ahora nos parecían la salsa y alegría de la navegación, y en la euforia que nos dejó el escurridizo rioja, nos disponíamos ya a abordar los pubs de moda en demanda de más diversión cuando alguien, con muy buen criterio, decidió que seria conveniente echar un vistazo a las amarras de los navíos antes de proceder. Ramón y yo nos presentamos voluntarios para la misión mientras las féminas irían de avanzadilla pidiendo las copas en el primer pub de la ruta. * Los barcos estaban perfectamente y el viento había amainado notablemente, presagiando una noche totalmente tranquila. Ramón me comenta que tiene una botella de ron Barceló Imperial de 21 años que a buen seguro supera cualquier bebida de un pub. Sin dudarlo un segundo propongo telefonear a las mujeres para que regresen al barco y nos disponemos a realizar la cata del añejo ron. Primero con pequeños chupitos, saboreando en profundidad el preciado néctar, hasta que alguien le añade un poco de trina de naranja con unos cubitos de hielo y se entabla la discusión. Unos, que eso era desperdiciar un buen ron, mientras otros mantenían que la combinación era insuperable. La discusión no duró mucho, ya que la botella de ron, incomprensiblemente, se negaba a proporcionarnos más muestras para la comparativa. Se había vaciado en un plis plas. El resto de la noche la dormimos placidamente, como bebes de cuna, y al día siguiente estabamos como nuevos. Tras un frugal desayuno pusimos rumbo a Porto Cubelo, donde teníamos la concentración a las 12 del mediodía. A las 1159 el Kechulo III y el Gran Siesta estaban abarloados al muelle del puerto de Lira, donde nos esperaban Carlos del Strenum, Ramón Acuña del Temais y un par de barcos más. Por la tarde, tras ser recibidos por el Teniente Alcalde de Carnota, Capitanes Marítimos de Coruña y Muros y otras autoridades, y ser agasajados con viandas y vinos de la tierra, procedimos rumbo a Corcubión afrontando nuevamente vientos de 25 nudos por la proa, siendo recibidos en el Ayuntamiento de Cee por su Alcalde y buen amigo Don Antonio y por el Presidente de la Diputación Coruñesa, que nos dieron la bienvenida. A continuación se nos ofreció una cena en el Pabellón de Deportes y la noche se prolongó a través de varios pubs entre Cee y Corcubión, a donde calculamos la llegada coincidiendo con la pleamar, para facilitar el embarque por las escaleras del muelle, un autentico peligro por múltiples razones, entre ellas la carga peligrosa de ron que llevávamos encima, pero los calculos fueron correctos y los barcos estaban justo a nivel del muelle, facilitandonos enormemente la arriesgada maniobra. El día 19 salimos de Corcubión para Finisterre, donde estaba programado un acto de bienvenida y unos pinchos al mediodía, pero algunos barcos optaron por dirigirse directamente a Camariñas ya que se anunciaban vientos fuertes para la tarde. Al llegar a Finisterre el viento era NE de 30 nudos y el atraque al muelle se hizo complicado, al final entramos tres barcos: El Laion, el Kechulo y el Gran Siesta, que teníamos que desembarcar a unos pasajeros que nos había embarcado la asociación Neria, organizadora de la Xira, en Corcubión. Tras no pocas dificultades conseguimos desembarcar al pasaje, un señor muy simpático de bastante peso y dos niños muy educados. El barco se daba contra el muelle con brusquedad, a pesar de las 8 defensas que puse y, en esas condiciones, decidí suspender en ese punto la Xira y buscar refugio en aguas más protegidas y con mayores facilidades. |
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