Su afán por la veracidad, no empieza y termina en el retrato pormenorizado y preciso de los paisajes y paisanajes que visita para ambientar sus novelas, que encarna a los que dice el refrán que no tienen pelos en la lengua y no tienen el menor recato en llamar al pan pan y al vino vino.
En estos tiempos en donde abunda el buenismo, lo políticamente correcto y la demagogia, se agradecen - y creo que son muy necesarias - las personas que digan las cosas a la cara y nos traten como adultos.
Y también entiendo su fatalismo, pues por algo será que actitudes como la suya escaseen y las otras están omnipresentes, (en los medios, en las conversaciones del trabajo, en los bares y tertulias,) quizas porque en realidad no nos gusta la verdad y nos encantan los cantos de sirena, que nos doren la píldora, nos den duros a pesetas, nos engañen o engatusen ...esa la legión de engañabobos que proliferan como plagas bíblicas.
Y el mar, la montaña o los animales. Navegar o aprender etologia nos enseña mucho más de la naturaleza humana que toda esa bazofia de manuales de autoayuda que se publican cada semana y que no tiene más valor que los fórmulas de la bruja Lola para encontrar el amor de tu vida o que te toqué la lotería y puedas ejercer de millonetis.

por Perez-Reverte.