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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Una vez aceptado que el garbí diario es una brisa térmica estos días que lo sufro y/o disfruto me pregunto si su intensidad es aleatoria.
- Si es una brisa, no debería de soplar con más intensidad cuanta más diferencia haya entre las temperaturas día-noche? - de qué factores depende su intensidad? Es previsible? Lo cierto es que a mi me confunde, pues no veo correlación con el cielo, y hay días que suben 25 nudos y días que son apenas 3-5 nudetes. El garbí, el garbí, siempre el garbí.... |
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#2
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Cita:
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. Slava Ukrayini!.
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| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a markuay | ||
CWB (07-07-2016) | ||
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#3
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Pero incluso estos días de verano, con temperaturas similares día-noche, la variación de la intensidad del garbí es muy grande. Como puede ser??
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#4
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Cita:
Ademas de las peculiaridades locales, off course. ![]() ![]()
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. Slava Ukrayini!.
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#5
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Aparte de que lo que tiene que tener contraste de temperaturas es la de la superficie del mar (pongamos 25º en pleno mes de julio en la costa de Barcelona), y la superficie de la tierra, tierra adentro, que puede alcanzar los 45 º (insisto no el aire sino la tierra). Esa tierra tan caliente, calienta mucho y rapido a la masa de aire que reposa sobre ella, y por tanto se va elevando, siendo rellenado por aire “mas fresco” proveniente de encima del mar.
Cuando te dicen por los servicios meteo que en cualquier población se han alcanzado temperaturas de 35ºC, por ejemplo… ¡¡eso es a la sombra!!, y con termómetros debidamente emplazados para que den la temperatura del aire intrinseca. Obviamente, al sol la temperatura del aire es mayor, porque la tierra de debajo se calienta mucho y por radiación sobrecalienta el aire que soporta mas alla de la temperatura que tendria se aire a la sombra Por la noche ocurre lo contrario, la tierra se enfria rapidamente, y su masa de aire que sobre ella reposa se enfria mas que la de la superficie del mar, que continua estando a temperaturas de 25 º (aunque sea de noche) y tienes en proceso inverso, sin tanto contraste de temperaturas, de ahí que el terral nocturno ni sea tan intenso ni su efecto se note en la misma extensión que con la brisa diurna A partir de ahí efecto Coriolis por la rotacion de la tierra que hace que las masas de fluidos tiendan a desplazarse hacia su derecha según el sentido en que se mueven |
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#6
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Una aportación que guardo por ahí:
Domingo 6 de abril de 2008. Sólo hay tres clases de hombres, los vivos, los muertos y los que navegan, pero cualquier navegante del Mediterráneo se volverá loco si trata hoy de encajar con la realidad los nombres de los vientos que rigen en ese mar. Según su origen, el gregal es el viento que viene de Grecia; el siroco, de Siria; el lebeche, de Libia; la tramontana, de tras los montes. El gregal es un noreste y allí no está Grecia; el siroco es un sureste y allí no está Siria; el lebeche es un suroeste y allí no está Libia; la tramontana es un norte y los montes están en todas partes. Existe también el mistral o viento maestro, que proviene del noroeste. En la Provenza hay una región con ese mismo nombre, aunque la Provenza tampoco está en el noroeste. Cuando se dice que el levante sopla del este, de donde se levanta el Sol y el poniente llega del oeste, de donde se pone, sólo es verdad los dos únicos días de equinoccio, porque el Sol va derivando hasta 30 grados al norte o al sur el resto del año. Para resolver este enigma hay que encontrar un punto en el Mediterráneo donde el nombre y la dirección de los vientos encajen. Ese lugar existe y su elección fue producto de un consenso entre pescadores sicilianos, mercaderes genoveses y catalanes, navegantes tunecinos, corsarios y piratas berberiscos, que surcaban esas aguas en el medievo. Por supuesto no se decidió durante las travesías. Cuando se navega no se pueden hacer demasiados cálculos, ya que a los tripulantes sólo les separa de la muerte los cuatro dedos de espesor del casco de la nave. La decisión de someter la veleidad de los vientos a la lógica fue tomada a través de la experiencia de los marineros en las tabernas portuarias en largas conversaciones al calor de un aguardiente. Sólo hay una isla en medio del Mediterráneo donde los nombres de los vientos responden a su dirección. Esa isla es Malta. En La Odisea se la llama Ogigia, el ombligo del mar. Allí permaneció siete años Ulises en brazos de la ninfa Calipso. Pero en literatura el viento es una ficción. Por eso en cualquier latitud donde uno se halle, el gregal llegará de Grecia; el siroco, de Siria; el lebeche, de Libia, siempre que el viento sea una forma de poderosa locura que, unida a la marea del tiempo, al final te lleve a Ítaca. Manuel Vicent |
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