Se me ocurren tres motivos por los que los astilleros de construcción a gran escala hayan perdido interés por estas esloras.
Primero: la oferta en el mercado de segunda mano es muy importante y ha hecho bajar los precios. El potencial comprador prefiere optar por una eslora mayor, usado pero bien mantenido, por el mismo precio que comprar una pequeña eslora nuevo. Los pocos compradores de nuevo que quedarían no son suficientes para las ratios de rentabilidad de los astilleros mencionados, que dejan ese segmento de mercado a los astilleros que producen a pequeña escala.
Segundo: la compra de barcos nuevos la realizan mayoritariamente empresas de chárter, y el concepto regata-crucero no es apenas demandado por sus clientes. Ellos necesitan muchos camarotes y baños, y barcos menos reactivos y aparejados para un manejo fácil. Los astilleros grandes no hacen más que adaptarse a esa demanda real.
Tercero: El perfil de navegante actual no es el de hace unas décadas. Las regatas van perdiendo interés. Para salir unos días al año con amigos no te hace falta un barco tan competitivo, que es más complicado de gobernar, y también más incómodo. Los diseñadores se adaptan, como lo han hecho incorporando los gustos femeninos a los interiores de los barcos.
