¿Quien va a contradecir al que sabe?
Quizás sea una cosa de percepción. Cuando estoy navegando, me encanta hacer mantenimiento. No es un trabajo, es un placer la rutina de repasar, ordenar y limpiar. Me gusta poder decir que el barco llega mejor de lo que salió del puerto. También percibo que el barco entrena igual que yo, pues lo que ha de romperse se rompe y lo sustituímos. Un barco parado, no se somete al rigor de la navegación y con frecuencia se rompe todo junto cuando ocurre el menor contratiempo.
Cuando he comprado un barco abandonado también he disfrutado mucho al verlo revivir y recuperar su viejo explendor.
Lo que me gusta nada es dejar el mantenimiento durante un tiempo por no poder ir al barco y por esa razón, tener que retrasar el día de partir para arranchar el barco. La sensación es parecida a cuando dejas de tocar un instrumento durante un tiempo y tienes que volver a ensayar y ensayar - con sacrificio- para recuperar lo que antes era un placer.
Un barco de vela, además de las velas y la jarcia de labor - podríamos considerar rodete. Aceite, correas y filtros - en función de las millas / horas de motor, pero la patente, ánodos y correspondiente varada no te la quita nadie y si navegas el barco está más limpio. Navegando también ventilas con frecuencia, achicas todos los rincones y no te queda más remedio que ordenar y limpiar. Además al vivir a bordo, te esmeras más en la limpieza que en un barco picadero o para juergas.
Es cierto que es una cuestión de percepción y que será que a mí me gusta. Me he comprado el barco que tengo ahora para hacerle cosas al motor, porque lo puedo dejar totalmente despejado con quitar unas tapas. En los que tenía antes, ya no me gustaba tanto porque soy un poco grande y me costaba encontrar la postura cómoda para chapucear con la musiquilla de fondo y disfrutar.
Y el Hippie puede tomarse el tiempo que quiera - no puedo imaginarme esta Taberna con la duda existencial resuelta, del barco que se va a comprar.
