
A mi me apetece decir "menos mal que nos quedan las Rías Altas". Este es un argumento insolidario.
Yo fui a Santiago de Compostela hace cuarenta años y era una ciudad de provincias (gris como todo en aquella época), pero tranquilo. Aún podías evocar el tiempo, contemplando aquellas piedras. Hoy, no se puede caminar siquiera, está todo a reventar.
En nuestra costa está pasando lo mismo. Los entornos más bellos se llenan ya no solo afeándolos, sino deteriorándolos.
Yo animaría un debate positivo. Pero el Estado tiene la obligación de que este patrimonio no se deteriore.
¿Cómo hacemos?

