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#1
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Nuestra hazaña bélica del día, protagonizada por varios de nuestros héroes, que ya han aparecido por estos parajes:
En la madrugada del 9 de agosto de 1780, abrazada por una intensa bruma atlántica y cuando ya despuntaba el alba, una rapidísima fragata española de exploración descubriría a 60 leguas del Cabo de San Vicente. Un convoy inglés compuesto por cincuenta y cinco navíos repletos de vituallas, más de ochenta mil mosquetes, un sin número de piezas de artillería, trescientos barriles de pólvora, uniformes para una docena de regimientos y carga varia. Se dirigían, en el contexto de la Guerra de la Independencia que las colonias americanas mantenían contra la metrópoli, hacia algún lugar indeterminado de la costa de Florida para desembarcar su mensaje de muerte contra los alzados colonos. El capitán de aquel cuchillo del mar maniobró con pericia ciento ochenta grados y en trayectoria inversa se limitó a aproar con vientos portantes hacia el grueso de la flota española que esperaba agazapada al sur de Portugal. Se hicieron con un botín de mas de un millón de libras esterlinas en lingotes de oro y plata. La mayor derrota naval sufrida por Inglaterra, a lo largo de su historia y hasta hoy día fue infligida en un magistral golpe asestado, al alimon, por unos activos y entrenados servicios de inteligencia, que desde Londres y por doble conducto, habían advertido al conde de Floridablanca y este, a su vez, a los dos primeros espadas de la armada española; el sevillano Luis de Córdova y el vasco José de Mazarredo. Que en una increíble hazaña sin precedentes en el permanente contencioso entre ambos países, conseguirían quebrar la bolsa de Londres evitar un golpe mortal a las exhaustas milicias trasatlánticas y hacerse con un botín de más de un millón de libras esterlinas en lingotes de oro y plata, sin contar con el inevaluable monto de los barcos capturados y más de tres mil prisioneros, que se dice pronto. Todo de una tacada y sin despeinarse. Las pérdidas supusieron para los británicos su mayor desastre logístico, naval y un golpe moral de una contundencia inusual. Había llovido desde la fallida apuesta de la Grande y Felicísima Armada. En aquel tiempo, Inglaterra estaba en una situación crítica por los frentes abiertos y por la indefensión de la población insular. Por un lado, el levantamiento de los colonos norteamericanos devoraba literalmente a la élite de la infantería isleña. Por otro lado, la constante amenaza de una potencial invasión de la siempre amenazante flota combinada hispano–francesa actuaba como una espada de Damocles y fijaba tropas indispensables en otros frentes tales como el de India, que aunque de baja intensidad, actuaba como una lenta erosión sobre los británicos. Los franceses frenaban la iniciativa de los españoles argumentando que había que destruir primero la flota inglesa. En 1779 y aliada con Francia por los pactos de familia, España había sometido a bloqueo comercial a Inglaterra in situ. Las naves británicas habían sido comprimidas literalmente en sus puertos de origen y su comercio estaba al borde del colapso por los golpes asestados. El temor a una invasión era patente y todas las poblaciones costeras del sudeste habían sido evacuadas en previsión del golpe definitivo. El vasco Mazarredo era rotundo en su diagnóstico y promovía la idea de un desembarco inmediato con todas las opciones a su favor. Por el contrario los franceses frenaban la iniciativa de los españoles argumentando que había que destruir primero la flota inglesa que ya estaba bastante impedida y mermada por el bloqueo. La tesis francesa se impuso y se perdió una oportunidad de oro. El cólera y tifus hicieron ambos acto de presencia entre los embarcados y finalmente los supervivientes acabaron en Brest jugando a los naipes. La intensa presión a la que estaban sometidos los súbditos de la Union Jack era de tal magnitud que se batían en retirada en todos los frentes. Por si fuera poco, el ínclito y temido gobernador de la Luisiana española, Bernardo de Gálvez, se había aficionado a aplicar severos correctivos a los soldados de su majestad y les había arrebatado en una serie de fulgurantes victorias, Baton Rouge, Mobile, Pensacola y una docena de fuertes sin darles tiempo a reaccionar y causándoles espantosas pérdidas materiales y humanas. Entre los intervinientes en aquella gloriosa jornada de agosto de 1780 cabe destacar al almirante vasco Mazarredo. Era este un genio intuitivo y organizador de talante reformista y afrancesado, un ilustrado al que le ponía frenético el apolillamiento y carcoma instalada en la rancia España de la época y un inveterado lobo de mar que luchaba con denuedo por una reforma de la marina local. Pretendía alejarla del anquilosamiento y la desidia de los gobernantes del momento. A él le debe España haber salido indemnes de la batalla del Cabo Espartel y del enésimo asalto a Cádiz. Quedan para la historia sus enfrentamientos con Napoleón en el diseño de las actuaciones en el marco de la guerra marítima contra los ingleses y la reforma a marchas forzadas de una flota –la española–, que revitalizó a base de respiración asistida. Innovó tanto y tan profundamente que obligó a todas las naves de combate a llevar los novedosos barómetros marinos diseñados por el mismo, los cuales permitían a través de la información que proporcionaban, efectuar golpes sorpresa o retiradas a conveniencia siendo soporte indispensable para el mando embarcado. Mazarredo anunciaría con anticipación el desastre de Trafalgar en una crónica de una batalla perdida de antemano. Asimismo se quejaría amargamente del lamentable estado en que se encontraba la flota y el pésimo mantenimiento de los arsenales. Su destitución fue fulminante. Goya lo retrataría en su habitual serenidad en una obra que a día de hoy permanece en paradero desconocido. España es una nación muy proclive a la amnesia. Aterrorizaron literalmente y sin concesiones durante una veintena de años largos a los británicos. Junto a Mazarredo estaba ese día otro grande e ilustre marino donde los haya. Se llamaba este Luis de Cordova. Era un marino enjuto y de mirada sagaz. Sevillano de nacimiento era la pareja de baile perfecta de Mazarredo. Más conservador el andaluz que el vasco a pesar de tener en ocasiones posiciones encontradas, siempre acababan estrechando sus manos y su amistad fue siempre de largo recorrido. Ambos aterrorizaron literalmente y sin concesiones durante una veintena de años largos a los británicos, reconociendo estos en documentos ampliamente contrastados su impotencia para acabar con este par de elementos. Talento no nos faltaba, pero los medios eran escasos y además obsoletos. La desidia lo cubría todo y campaba a sus anchas. Mazarredo y Cordova lucharon contra viento y marea por dignificar el rol del marinero y dotar a la armada de una pegada importante. En aquella descafeinada batalla en la que los ingleses no llegaron a montar sus armas impresionados por el rápido golpe de efecto español, estaba al mando John Montray. Este almirante de segunda división no dio la talla en ningún momento, pues abandonó literalmente a la totalidad del convoy a su suerte. Su indigna e improcedente conducta, pues podía haber efectuado algunas salvas simbólicas para salvar la cara, le condujo ante un tribunal de guerra que fue muy expeditivo con él. Fue mandado a sembrar coles a Wight para los restos. España tiene debidamente documentadas sus derrotas en vitrinas y dioramas, en bibliotecas y en la memoria colectiva; por el contrario en Inglaterra no se ve atisbo alguno de las derrotas que infligió nuestra nación por docenas a Albión. Dios salve a la Reina de sus desmemoriados historiadores. ![]() ![]() ![]()
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Buen viento y mar de popa para vuesas mercedes. El mar dara a cada hombre una nueva esperanza, como el dormir le da sueños. (Cristóbal Colón) I've seen things you people wouldn't believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched c-beams glitter in the dark near Tannhäuser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in rain... Time to die. (Roy Batty) sigue mi blog Ganando Barlovento
Editado por Gambucero en 03-10-2018 a las 18:43. |
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Saludos, por eso ha sido el mas grande de todos los tiempos, me imagino que adivinareis quien es
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Mi paisano
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Nuestro héroe del día: Don Juan de Amézcueta y Quixano.
5 de octubre de 1625, hace 393 años, el capitán don Juan de Amézqueta y Quixano sale al medio día a la explanada del Morro con cincuenta soldados y embiste contra lo más florido de la capitanía holandesa. A las 9 de la mañana de aquel domingo festivo, por ser el día de la fiesta de la Naval, se escuchó la voz de alerta desde el Caballero de Austria. La guardia situada en este bastión del Morro, que da a la bahía, avisaron de cómo los holandeses se acercaban al foso del castillo moviendo un cañón por el interior de sus trincheras. El Gobernador, don Juan de Haro, se presentó en el baluarte y, tras comprobar lo grave de tal acercamiento, ordenó disparar a la amenazante pieza enemiga. El artillero hizo un tiro tan certero que desbarató el cañón holandés y sumó ocho bajas más entre los hombres de Balduino Enrico. Minutos antes del medio día, 50 soldados formaban en el interior del castillo escuchando atentos las palabras que les dirigía animosamente su capitán, don Juan de Amézqueta y Quixano. Un veterano de Guipúzcoa con 38 años de servicio a su Majestad. Superviviente de las galeras de Génova, cautivo del turco por 14 años en Argel y Constantinopla, liberado para embarcar en Malta abordo de una de las 72 galeras que dirigió el príncipe Andrea Doria a la toma de Argel, y tras aquellas expedición, navegó en la flota de Nueva España, antes de acabar sirviendo 18 años como Capitán de Infantería en Puerto Rico. Aquel hombre sólo habría escuchado hablar de Flandes, pero había conocido otros infiernos. La determinación con la que se dirigió a sus 50 soldados fue determinante, aquellos hombres saldrían a plena luz del día, a un campo en el que los esperaban cientos de holandeses, aquellos que habían cambiado de bandera La Fortaleza, mancillado sus templos y saqueado sus casas. En el caso de Amézqueta, dos de las mejores casas de la ciudad, en las que vivía con su mujer e hijos, hasta la llegada de la Armada de Príncipe de Orange. A las 12 del medio día, salieron del castillo los 50 soldados dirigidos por el Capitán don Juan Amézqueta con tan arrojo y valor que la embestida sorprendió y dispersó a los holandeses. Lo cual permitió que, mientras unos desbarataban y ganaban las trincheras, el Capitán, auxiliado por el resto, se dirigió a los líderes de la tropa enemiga, que identificaron por el lucimiento de sus ropas y la animosidad con la que intentaban reorganizar la defensa. Tras varios estoques certeros y mortíferos, la espada del Amézqueta chocó con otra de igual o mayor experiencia, iniciándose así un duelo cuerpo a cuerpo que hasta el Gobernador pudo ver desde el castillo, creyéndose que el Capitán Amézqueta podría estar luchando contra el mismísimo Balduino Enrico. Cuando finalmente don Juan desarmó y hundió la espada en el cuerpo de su adversario, le estaba quitando la vida al que los holandeses creían el más valiente y diestro de sus hombres, el Sargento Mayor Ussel. Al final del duelo le siguió una rociada de mosquetería holandesa, que fue el único daño que sufrieron los 50 defensores de Puerto Rico en su retirada. Volviendo a la seguridad del castillo del Morro, los hombres de Amézqueta cargaban con gran cantidad de mosquetes, venablos y alabardas arrebatadas al enemigo, que además se tenía que lamentar de casi sesenta heridos, 10 soldados muertos y la pérdida de un valeroso sargento. Los hombres de Balduino Enrico, recompusieron sus líneas y respondieron contundentemente a la afrenta recibida. La artillería holandesa no paró de golpear durante el resto del día las castigadas murallas del Morro, desde las cuales apenas se pudo contestar por la escasa pólvora con la que se contaba en el interior del castillo. Mientras tanto, por el mar otro barco amigo se acercaba al amparo de las baterías de los defensores, salvándose del patache holandés que cerraba la bocana y dejando alimentos a la resistencia. Con las últimas luces del día, la gente del campo lograron capturar la lancha de la nave almiranta que comandaba el ebrio capitán de la Nieuw Nederlandt. Se trataba de cinco valerosos "jíbaros" que navegaban cautelosos a bordo de su canoa intentando llevar víveres al castillo del Morro. Cuando se encontraron con esta flamante lancha holandesa armada con un pedrero a proa, veinte soldados y su capitán. Los cuales, en misión de buscar alimentos para su tropa, nunca imaginaron caer sorprendido por estos cinco bravos campesinos que abordaron su embarcación, degollando a 16 enemigos, escapando 3 y haciendo prisioneros a los dos soldados, que entregaron al Gobernador una vez llegaron al San Felipe del Morro. - Autor: Manuel Minero González. Museo del Mar. San Juan de Puerto Rico. Fuentes documental: - Amézqueta, J. (1627) Carta de Juan de Amézquita al Rey Felipe IV solicitando una merced, 15 de marzo de 1627 (AGI, Santo Domingo, 170) Transcripción obtenida en Rabel , C. (2016) La isla de Puerto Rico se la lleva el holandés. San Juan, Puerto Rico. Instituto de Cultura Puertorriqueña. - Larrasa, D. (1625) Relación de la entrada y cerco del enemigo Boudoyno Henrico, general de la Armada del Príncipe de Orange en la ciudad de Puerto Rico de las Indias. Documento recopilado en Tapia y Rivera, A. (1854) Biblioteca Histórica de Puerto Rico. Biblioteca Nacional de España. Madrid. - Laet. J (1644) Historia de los hechos de la Compañía Privilegiada de las Indias Occidentales. Traducción obtenida en Géigel-Sabat,. F (1934) Balduino Enrico. asedio de la ciudad de San Juan de Puerto Rico por la Flota Holandesa. Barcelona, España. Ed. Araluce.
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#6
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Saludos, con el permiso de Gambucero y demás Cofrades que nos siguen no podia dejar pasar hoy sin resaltar la mayor batalla naval de todos los tiempos, “Lepanto”, Juan de Austria, Alvaro de Bazan, Alejandro de Farnesio, Luis de Requesens.......los mejores que combatieron al Turco bajo la bandera de la Liga Santa!
Narración, de mi admirado Juan Antonio Cebrian ! Editado por coronadobx en 07-10-2018 a las 19:59. |
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Gambucero (08-10-2018), Hakuna Matata (08-10-2018), jorgesanchis (11-10-2018), leviño (07-10-2018), Loquillo (08-10-2018) | ||
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#7
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El ataque de Vernon a Portobelo y la contestación de Blas de Lezo!
“Me hubiera sobrado para contener su cobardia” Luego tuvo ocasion para demostrárselo en Cartagena de Indias ![]() ![]() Mas aqui https://www.abc.es/historia/abci-bru...neral&ns_fee=0 Saludos. Coronadobx |
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