La Taberna del Puerto Social
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Antiguo 19-07-2019, 23:16
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Predeterminado Re: Traerme el barco a Suecia

En cuanto nos incorporamos al Rhin la velocidad empieza a subir. Voy cantando en alto: Seis nudos, seis y medio, seis con ocho, siete, siete con dos, siete con cuatro, siete con ocho! Ocho nudos! Ocho con dos! Ocho con cuatro! A ocho nudos y medio el viaje cobra una nueva perspectiva. Y solo tenemos seis esclusas por delante hasta Estrasburgo!
Las orillas están muy separadas y como es domingo hay poco tráfico de mercantes. En la orilla de babor Francia, en la de estribor Alemania. Así iremos, recorriendo la mismísima frontera otras 140 millas.



Embriagado por la velocidad, se me olvida la hora, llegamos a la primera esclusa a las ocho y media y vamos directos hacia dentro. Cuando estamos saliendo de ella esclusa me doy cuenta: solo nos queda una hora de luz, y no hay ni un solo punto de amarre hasta la siguiente esclusa. Llegaremos? La opción de dar la vuelta y enfrentarme a esta corriente no es nada atractiva, por lo que aprieto el motor un poco y nos ponemos a nueve nudos. Un poco apurados, pero a las diez menos cuarto ya estamos amarrados en la siguiente esclusa. Todavía queda algo de claridad. Hemos redondeado el día. El día ha sido largo, llevo sin para desde las siete y media de la mañana, pero la recompensa está ahí. Mi Navionics dice 59 millas. Si el Rhin sigue así, esto va a ser un paseo hasta el canal de Mitteland. No tengo fuerzas para celebrarlo, ni siquiera para cenar. Me tumbo y me quedo dormido.


Al día siguiente el objetivo es llegar a Estrasburgo. Solo hay seis esclusas y cincuenta millas y a ocho nudos de velocidad deberíamos llegar sobre las cuatro de la tarde. Todo va de perlas en las primeras tres esclusas, pero cuando llegamos a la cuarta... Lamentablemente nos informan de que hay una avería. Los operarios están tratando de solucionarlo. Otros dos barcos de recreo están esperando con nosotros. Hartos de flotar esperando nos amarramos. Una hora más tarde abren la compuerta y entramos a la esclusa. Estamos en plena ola de calor y el termómetro lleva varios días por encima de los treinta grados, de modo que la espera se hace eterna. Un grupo de operarios baja a reparar algo y nos dejan dentro de la esclusa otros veinte minutos, sudando a chorros. Finalmente suena la sirena que indica que la compuerta se va a cerrar y salimos, aliviados por la brisa que producen nuestros ocho nudos y medio de velocidad, pero hartos de sol. Los otros dos barcos van más rápido que nosotros y digo "corred corred, ya nos veremos en la siguiente esclusa. Entre que os anunciais, os preparan la esclusa os la abren y os amarrais llego yo y bajo del tirón". Efectivamente, cuando llegamos a la siguiente esclusa ahí están los dos. Pero no dentro de la esclusa, sino fuera. "Bueno, al menos yo esperaré menos". La espera se alarga, y cuando finalmente el semáforo avisa de que la esclusa va a abrirse, nos ponemos en fila india y dejamos pasar a un gran carguero. Grande no, muuy grande. El carguero tarda una eternidad en entrar en la esclusa mientras nos torramos bajo el sol. Finalmente se amarra y entonces entra uno de los barcos pequeños, luego el otro y... Nos ponen el semáforo en rojo. Mierda!!! Me tengo que comer mis palabras. Un operario de la esclusa está en las proximidades y entablamos conversación. Me dice que lo siente mucho pero que no cabíamos, que tendremos que esperar. Ahora van a subir ahora dos cargueros grandes y después viene otro carguero grande. Nosotros bajaremos con él. De acuerdo. Media hora más tarde, cuando finalmente los cargueros están saliendo de la esclusa, el mismo señor viene a hablar conmigo. "Tengo malas noticias para ti". No me digas... "Viene otro carguero grande de manera que tendréis que esperar. Después de que bajen estos dos cargueros van a subir otros dos y luego ya bajaréis vosotros." Joooder. Que se le va a hacer.Ahí nos quedamos sudando como pollos otra hora hasta que finalmente entramos en la esclusa solos. Estas esclusas son inmensas y cuando tu barco es el único dentro de la esclusa la sensación es muy extraña. Finalmente salimos de la maldita esclusa a las ocho de la tarde.


Parece que no vamos a tener tiempo de llegar a Estrasburgo. Tendremos que dormir en la esclusa que hay cinco millas antes. Es un fastidio porque queríamos llegar a puerto y mañana dedicar el día a aprovisionarnos y hacer turismo... Pero qué se le va a hacer. Cuando llegamos a la esclusa son las nueve y cuarto. Les llamo por teléfono, y les pregunto si me puedo quedar en donde estoy amarrado. Me dicen que no. Y al otro lado? Detrás del carguero que hay amarrado en la orilla opuesta? No, tampoco. Mire es que no llevo luces y ya es un poco tarde, solo para la noche y salgo mañana temprano. No, no se puede. Malas noticias. Nos puede bajar entonces para que lleguemos hasta Estrasburgo? Vale, en quince minutos cuando termine de subir un carguero. De acuerdo. Se nos va a hacer un poco de noche pero son pocas millas. Vamos a ello. Cuando finalmente estamos amarrados en la esclusa las puertas no se cierran. Un hombre joven viene andando desde la torre de control. Tarda al menos siete minutos en llegar hasta nosotros. Nos dice que como vamos sin luces. Le muestro el palo encima de la cubierta. Creo que está claro. "Tendríamos que haber llegado aquí a las cuatro de la tarde pero una esclusa estaba averiada y en la otra nos han tenido dos horas y media..." "Además", me interrumpe, "los de la esclusa anterior nos tendrían que haber avisado de que veníais y no nos han dicho nada". Ya oiga, pienso, y que tal si nos vas bajando para que no se nos haga de noche del todo en vez de estar aquí de charleta? Al final nos felicita por llevar el chaleco salvavidas puesto y se vuelve a su torre de control. Otros diez minutos. Cuando se abre la compuerta ya casi es noche cerrada. Arrancamos en seguida para salir cuanto antes pero el hombre se asoma por la ventana y nos grita "llamadme por telefono". Bueno, eso hago, le llamo por teléfono. Entonces me pasa con su jefe que es todavía más cabeza cuadrada que él. "Esto que estáis haciendo no puede ser, si os pilla la policía os va a caer una gorda a vosotros y otra a mí, tened mucho cuidado. A que puerto vais?". Bajar el Rhin a oscuras es un reto, pero encima tener que estar manteniendo una conversación telefónica con este anormal que lo que tenía que haber hecho es dejarme amarrar... Veinte minutos me tiene al teléfono, y al final me conmina a que llame cuando llegue al puerto. Le aseguro que lo haré y me esfuerzo por no mandarle a tomar por culo. Si me hubiera bajado directamente ya estaría en puerto, pero no, claro me tiene que soltar su sermón. Llegamos a Estrasburgo como un barco de contrabandistas. Voy rezando para no encontrarme con la patrullera. En la carta veo que hay un puerto en el lado alemán un poco antes de llegar a Estrasburgo. Sobre la marcha le digo a Silvia que vamos a entrar en ese puerto, la entrada está justo detrás de ese puente, así no tendremos que atravesar toda la ciudad sin luces. Antes de llegar al puente empiezo a virar, de manera que el barco pasa bajo el puente de costado. Silvia no entiende que con la corriente que hay esa es la maniobra correcta y se cree que he perdido el control "Que pasa??" "No pasa nada, es así como hay que entrar con esta corriente". Clavo la entrada y unos segundos después estamos en aguas calmas, en un puerto que duerme. Nos amarramos y unos minutos después también nosotros estamos durmiendo.

Editado por dhow en 22-01-2021 a las 19:20. Razón: errata
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Predeterminado Re: Traerme el barco a Suecia

Finalmente podemos pasar ese día planeado de turismo en Estrasburgo. La ciudad es bastante bonita pero el calor sigue apretando.




El paisaje que hemos recorrido hasta aquí por el Rhin, salvo un pequeño tramo, es muy arbolado. Transcurre entre la Selva Negra en el lado alemán y el bosque de los Vosgues en el lado francés. A partir de aquí el paisaje se deteriora enormemente. Refinerías, industria pesada y muchísimo tráfico que forma un oleaje muy desagradable.







Pero después de pasar la última esclusa, el paisaje mejora y mi estado de ánimo también. Vamos lanzados a más de nueve nudos y sin esclusas esto va a ser un paseo.



Al final del día hemos hecho ochenta millas, y eso que hemos empezado un poco tarde. Hemos parado en un puerto que está prácticamente desierto. Llamo por teléfono al número que viene en el Navionics y me contesta el hafenmeister, pero su inglés es tan bueno como mi alemán de manera que pasamos cinco minutos en un diálogo de besugos del que al final consigo lo más importante: el código de la puerta. Y para pagar? No entiende "pay", ni "money", ni "tariff"... Le pregunto "Es gratis?" "Ja Ja " "Ohhh Danke, danke". Que gozada, amarre gratis con agua y electricidad, eso si que es hospitalidad. Media hora más tarde descubro un cartel que viene escrito en alemán e inglés. En él se informa del procedimiento de check in: se coge un sobre de aqui, se rellenan los datos del formulario, y se mete en el sobre el formulario con el dinero dentro: tarifa por noche 10 euros, con electricidad 12. O sea que este señor me ha dicho que es gratis porque se ve que le resultaba tan complicado explicármelo que lo ha dado por imposible. Por un momento dudo si dejar el dinero. Pero finalmente no lo hago ¡Que aprenda inglés!



En algunos tramos el Rhin es tan ancho que parece que estas en el mar. El oleaje que montan los barcos también ayuda a dar esta sensación. En varias ocasiones los pantocazos y los rociones nos hacen recordar el Mediterráneo.



Al día siguiente llegamos a los cañones del Rhin. Aquí el río se estrecha para pasar entre montes y la velocidad de la corriente se dispara. Llegamos a tener picos de once nudos. Cuando me acuerdo de los días de sufrimiento para hacer diez millas en el Doubs y ahora hacemos la misma distancia en una hora y sin ningun motivo de preocupación. Por fin el viaje parece que gana momento y llegar al báltico ya no parece tanto una quimera.
En este tramo el paisaje es muy bonito, alternándose las laderas boscosas con los viñedos y sucediéndose ciudades pintorescas, muchos castillos y algunos palacios espectaculares.





Todo pasa muy deprisa porque la corriente nos arrastra a toda velocidad. Las boyas de balizamiento se hunden bajo la fuerza del río y al pasar bajo los puentes hay que cuidarse mucho de acercarse a los pilones, porque el barco puede girar bruscamente en los remolinos. Afortunadamente esto ya lo traigo aprendido del Ródano: cuando hay corriente fuerte, pasa bien lejos de los pilones.



A las seis de la tarde ya estamos en Koblenz. Tenemos algunas horas de tarde para hacer compra y dar una vuelta y es tiempo mas que suficiente para empezar a pensar en lo que viene más adelante. El Rhin es muy rápido así que es posible que mañana entremos en el canal de Mitteland. Allí empiezan de nuevo las esclusas y la velocidad del viaje volverá a caer. Y si sigo por el Rhin hasta el mar? En tres días podría estar en Amsterdam. Mientra que con el tiempo que me queda de vacaciones es posible que no pueda llegar a Travemunde. Hay otras ventajas en esta opción. Los alemanes no hablan nada de inglés y yo no hablo nada de alemán. Travemunde es un sitio pequeño y Amsterdam una gran ciudad donde habrá muchas opciones, muchas tiendas náuticas, muchos mecánicos... y un aeropuerto. El aeropuerto más cercano a Travemunde es Hamburgo, a casi cien kilómetros. Y para continuar viaje desde Amsterdam tengo dos opciones: ir al canal de Kiel por el mar del Norte o, en caso de encontrar mal tiempo, ir por la ruta de los "palos en alto", donde se puede circular con el mástil arriba por aguas interiores hasta casi el canal de Kiel. Teniendo en cuenta todos los factores, me voy a acostar con la decisión tomada. El destino final de este tramo de viaje es Amsterdam.
Con el nuevo plan desaparecen un poco las prisas y podemos incluso permitirnos un poco de turismo, con lo cual decidimos que nuestro siguiente destino va a ser la ciudad de Colonia.


Llegamos a Colonia sobre las cuatro de la tarde. La ola de calor todavía continúa y ni siquiera con la velocidad del barco se refresca uno. Cuando ya estamos a menos de una milla del puerto nos cruzamos con una patrullera de la policía alemana que, cuando nos ve, vira en redondo y se pone a nuestra popa. Bajo de vueltas el motor y se abarloan. Una agente muy sonriente me pregunta que dónde me quiero parar para enseñarles los papeles. Le digo que nos dirigimos al club náutico de Colonia que está muy cerca. "De acuerdo, os seguimos". Silvia está muy nerviosa. "Tranquila, llevamos todo en regla". Me esmero en todas las maniobras y la verdad es que bordo la entrada al puerto y el amarre. La policía salta de la patrullera al pantalán y se dirige a darnos la mano, siempre muy sonriente y amable, lo cual siempre es de agradecer. Lo primero que me pregunta es la nacionalidad. Soy español. Ah... ¿Y por qué lleva bandera belga? ¿No es suyo el barco? Le explico que Bélgica permite registrar barcos a cualquier ciudadano comunitario. ¿Y dónde está el número de matrícula? Entonces le explico que la normativa belga no requiere que pongamos el número de matrícula sino solo el nombre del barco y su puerto base. La conversación se anima cuando le digo de dónde vengo y a dónde voy. ¿Y el permiso de patrón? Le explico que la normativa belga no requiere ningún tipo de titulación, pero no obstante tengo el offshore español (patrón de yate) y me he sacado el ICC y el CEVNI antes de hacer este viaje, o sea que no tengo el carnet físico pero sí los papeles que muestran que he aprobado. Me dice que le enseñe todo y entro al barco a por los papeles. Silvia sigue muy nerviosa. La policía le dice que luego tenemos que ir a hablar con el capitan del puerto para registrarnos y ella dice "Yes yes" y sale disparada. "No, ahora no, luego", le dice la policía. Y se para en seco. Si, sabiendo que llevamos todo en regla, se pone tan nerviosa, no quiero imaginar cómo estaría si llevásemos contrabando. Desde luego, nos hace parecer sospechosos de algo. Pero la poli sigue con su tono amable, acepta los papeles de mi examen del ICC. Satisfecha, nos da la mano y nos desea buena estancia en Colonia.

Colonia es una ciudad bastante sosa, lo único bueno que tiene es que, como en todo Alemania, los restaurantes son muy baratos. Lamentablemente pinchamos de mala manera al escoger el restaurante y cenamos fatal.


El bajo Rhin tiene un tráfico salvaje. A la altura de la frontera entre Holanda y Alemania pasa una media de 600 barcos mercantes al día. El río es bien ancho y en general no es un problema, pero los barcos que suben te piden el cruze por estribor muy a menudo, supongo que a causa de la corriente, y eso hace que tengas que estar bastante atento. El peor problema del tráfico es el oleaje, que me hace sufrir, sobre todo por el mástil. Afortunadamente parece que mi estiba es buena porque ha habido balanceos y pantocazos que me han hecho temer que se saliera de sitio.

Yo pensaba que al dejar el Rhin para coger el canal que lleva a Amsterdam el tráfico de mercancías desaparecería, pues suponía que Rotterdam se llevaría la mayor parte del tráfico, pero no es así. Los canales de Holanda nos hacen sufrir otra jornada de pantocazos, incluso peor, creo que debido a que las orillas del canales son totalmente rectas y las olas rebotan una y otra vez en las orillas.

Algunos tramos de canal son muy pintorescos, con urbanizaciones de casas flotantes y los típicos molinos de viento holandeses, pero al irnos acercando a Amsterdam el día se va poniendo gris y el paisaje suburbano es bastante feo.








En la última esclusa, entramos detrás de un gran barco mercante y dos barcos pequeños. El mercante se amarra por babor y los barcos pequeños por estribor a popa de él. Yo lllevo las defensas por estribor por lo que les adelanto y me sitúo justo delante de ellos. El capitán del mercante me dice que ahí no me ponga, que me vaya alante del todo. Le hago caso. Esta esclusa es de las grandes pero a diferencia de las esclusas del Rhin y el Ródano tiene el sistema de cruces en las paredes como las esclusas pequeñas. Eso te obliga a ir cambiando la amarra según vas bajando de una cruz a la siguiente, pero con cuidado de no quedarte a la deriva. Como estamos muy cerca de la compuerta el tirón de la corriente me abre la popa y como estoy haciendo fuerza para mantenerlo recto, no tengo oportunidad de cambiar la amarra, de manera que estoy amarrado a un noray que está a tres o cuatro metros por encima del barco y cada vez más alto y la corriente va en aumento con lo que soy incapaz de enderezar el barco. A esto se une la mala suerte de que justo a la altura de la punta del mástil hay un hueco por el que transcurre una escalera. La punta del mástil se encaja entre dos escalones y Silvia no tiene fuerza para sacarlo de ahí. La dejo a cargo de la amarra, que ya poco hace, porque está amarrada a seis metros sobre nuestras cabezas y corro a la proa para empujar el barco y sacar el mástil de ese hueco pero... demasiado tarde. La luz tricolor, el último accesorio que quedaba vivo en la punta de mi mástil queda destrozada. Aún así, no me lamento demasiado porque he llegado a temer por el mástil mismo. Joder, después de doscientas esclusas tiene que ser en la última esclusa. Ni haciéndolo a propósito.

Media hora después amarramos junto al varadero donde quiero realizar las reparaciones. Es la tarde del 1 de julio. Han sido veintiocho días de travesía y sólo he hecho la mitad del camino entre Barcelona y Estocolmo, pero me doy por satisfecho. Creo que lo más difícil ha quedado atrás. Ahora solo queda navegar. Los siguientes días transcurren buscando piezas, cosiendo el puño de la génova, cambiando el aceite y el filtro del motor y limpiando los tensores de los obenques. También hay tiempo para hacer algo de turismo.



Una familia de gallinas, padre madre y tres churumbeles feísimos pero muy graciosos, se encarga de devorar nuestro pan duro. Los padres, muy concienzudos, no prueban bocado, todo para sus pollitos. Solo cuando los pollos rechazan la comida empiezan ellos a comer, pasándoselo el uno al otro de forma muy solidaria.



Cuatro días después, Silvia vuelve a Madrid y yo a Estocolmo. El soporte del radar va a tardar en llegar dos semanas de modo que es mejor que me reincorpore al trabajo y vuelva cuando esté listo. Mañana vuelo a Amsterdam a continuar con mi viaje. En principio iba a venir Gerardo a acompañarme pero le han surgido problemas y parece que no va a poder ser. Silvia se ha ofrecido a acompañarme pero no quiere ni oir hablar del Mar del Norte y quiere que lo hagamos por los canales. El parte es buenísimo para hacerlo por mar, en cuarenta y ocho horas podríamos estar en el Báltico, pero no hay manera de convencerla, me lee el artículo de la Wikipedia que dice que el Mar del Norte es muy peligroso para la navegación por sus grandes tormentas y yo le digo que estamos en pleno mes de julio, que el parte es genial... No hay manera. Al final, viendo que el parte es perfecto para hacerlo por mar saliendo el lunes, le he dicho que prefiero hacerlo en solitario. Tengo diez días y me gustaría al menos llegar a algún puerto del sur de Suecia. Hay varios que tienen buena comunicación por tren con Estocolmo y a lo largo de agosto podría ir acercando del barco durante los fines de semana. Si tomamos la ruta de los canales, aparte del retraso que supone de por sí, me arriesgo a que haya mal tiempo cuando tengamos que salir al Mar del Norte y quedarme atascado unos días.
Por cierto que si alguien ha hecho esta ruta y me puede dar algún consejo al respecto lo agradecería.

Y con este último post cierro la crónica de la primera parte de mi viaje. La siguiente entrega ya llegará en el mes de agosto, así que.

Tabernero! Una ronda para todos!!

Editado por dhow en 20-07-2019 a las 15:58.
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Predeterminado Re: Traerme el barco a Suecia

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Originalmente publicado por dhow Ver mensaje
Y con este último post cierro la crónica de la primera parte de mi viaje. La siguiente entrega ya llegará en el mes de agosto, así que.

Tabernero! Una ronda para todos!!


Buff, eres mi héroe... espero algún día poder hacer una gesta similar...
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dhow (02-09-2019)
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