La Taberna del Puerto Osmosis
"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." Altair
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Predeterminado Re: Los Relatos Del Iii Concurso

Sabor a sal (Addabaran)

Sabor a sal, olor a azahar y azul en los ojos. Se repetía una y otra vez.
Sabor a sal, olor a azahar y azul en los ojos. Rezaba mientras balanceaba con furia la palanca de la bomba de achique.

A la deriva, en medio del Atlántico desde hacía más de una semana, desarbolado cruelmente por una galerna y con el motor anegado, había pasado dos noches encerrado en la cabina, amarrado al palo y zarandeado sin piedad por olas de más de nueve metros que habían echado a perder la poca comida que le quedaba.

Según sus cálculos debía encontrase en algún punto situado al Noroeste de las Azores, quizá a unas sesenta millas escasas, que ahora, se le antojaban inalcanzables.

Lejos quedaba ya la ilusión por volver al mediterráneo.

Tras años de vivir en New Jersey añoraba la luz, el color, el olor de su infancia....sabor a sal, olor a azahar y azul en los ojos, musitaba entre dientes, mientras se sujetaba con fuerza a la brazola y oía el espantoso crujido del casco al caer en el seno de una ola.

Acondicionó su barco para el viaje con el ímpetu y el tesón del iluminado. Fue concienzudo en sus previsiones y no escatimó esfuerzos en reparar, sustituir o añadir aquellos elementos de seguridad que estimó necesarios para una perfecta singladura.

Revisó la ruta y las cartas de pilotaje cientos de veces, incluso diseñó alternativas de escape en caso de que se complicase la navegación.

Nada de eso parecía suficiente. Solo, en mitad de la nada, empezaba a sentirse muy cansado. Las manos le pesaban y sus piernas, atravesadas por miles de agujas invisibles, ya no le respondían, sólo quería dormir.


Sobresaltado, se incorporó sobre la bañera. El fragor de las olas batiendo contra las rocas le despertó. Rendido, había dormido desde el mediodía.
La poca luz que quedaba le ofrecía un nada halagüeño final.
Se encontraba a barlovento de una costa tajada y abrupta que irrumpía en el océano precedida por islotes que se alzaban verticales acuchillando el brumoso cielo del anochecer.

Apretó los dientes y se repitió: sabor a sal, olor azahar, azul en los ojos. Raudo abrió el tambucho de estribor y extrajo el ancla flotante, necesitaba tiempo para pensar.

Amarró el ancla a una estacha de treinta metros de cabo y diez de cadena y deslizando la maroma por el ojo de la bita de babor la llevó hasta el chigre del mismo costado. Después arrojó el ancla por sotavento.

El corazón se le paralizó por unos segundos. Se sentó en la bañera agarrando con fuerza su arnés. El barco inició un ligero borneo hacía estribor. Sintió un pequeño tirón y el velero empezó a atravesarse lentamente a las olas hasta que una lo alcanzó por el costado haciendo tumbar el barco y a él caer sobre la regala de babor donde quedó sujeto a la línea de vida, sumergido en las gélidas aguas que irrumpían en la bañera.

El barco finalmente se aproó lo suficiente para recuperar la estabilidad lateral aunque sus cabeceos eran tan violentos que apenas le permitían mantenerse en pie.

A su popa los islotes se acercaban implacables. Sólo tendría una oportunidad de pasar entre ellos, confiaba en que, a su socaire, el mar estuviera más calmado y le permitiese embarrancar su viejo Halcón en algún lugar con bajo fondo.

Maniobró el timón para evitar que se atravesase al mar y le hiciera virar involuntariamente. La pala parecía soldada al casco y los brazos le temblaban por el esfuerzo de mantener la caña a la vía.

Comenzó a diluviar. El viento parecía darle un respiro aunque establecido aun por encima de los cincuenta nudos y sin gobierno seguía siendo demasiado.

El barco disminuyó la velocidad y acompasó su deriva a las olas que impactaban en la proa sumergiendo el casco para después hacerlo emerger. La estacha no soportaría mucho tiempo los violentos estrechonazos.

El Halcón se acercaba a los islotes. La espumaba blanca volaba a su alrededor entremezclada con la lluvia. Le costaba respirar.

A cada caída del barco en el seno de una ola imaginaba la orza aplastada contra el fondo. Restaban menos de cincuenta metros para cruzar los bajíos cuando la cresta de una ola elevó el barco hasta casi ponerlo vertical para después lanzarlo a plomo sobre el seno de la siguiente.

La estacha se tensó y arrancó la cornamusa llevándose consigo el balcón de proa, arrastrándose por los guardamancebos de babor doblando los candeleros hasta quedar fija en el chigre.

El barco borneo 180º hasta hundir su popa en la siguiente ola. Empezaba a cabalgar sobre el bajío arrastrando el ancla flotante y con la pala del timón a punto de reventar.

Sabor a sal, olor a azahar, azul en los ojos, repetía apretando los dientes.

Las olas encapillaban la popa del barco. Tarde o temprano alguna la alzaría más de la cuenta. El riesgo de que una guiñada lo atravesara al mar parecía inevitable. No tenía más opción. Alcanzó como pudo una hachuela que tenía estibada en el cofre de babor y sobre el balcón de popa retorcido sesgó la estacha golpeándola furiosamente.

El barco se lanzó proyectado hacia delante balanceándose sobre los costados. A duras penas podía gobernarlo y conseguir que derivará a suficiente velocidad sobre las olas como para permitirle superar los bajíos. Se alegró de tener un barco ligero, de quilla corta y esbelta.

El primer crujido sobre el costado le heló la sangre. El segundo le hizo acostarse en la bañera. Mientras, el lamento de las cuadernas de estribor, apagaba el ruido de las olas. El viejo Halcón clavó la orza y se apoyó sobre la banda de estribor al tiempo que giraba sobre sí mismo. Durante unos segundos dejó de derivar. Pensó que era el fin.

El impacto de la siguiente ola fue brutal, pero liberó el barco del fondo rocoso donde había embarrancado. Se adrizó derivando a más de tres nudos. Había superado el arrecife. Las olas ya no rompían con tanta intensidad aunque embarcaba demasiada agua por la herida abierta en su costado.
Frente a él, a un centenar de metros, la costa tajada entre la que se adivinaba un pequeño abra entre dos cantiles. Aprovechó la estrepada del barco para gobernar hacía él. Los balanceos eran constantes. La orza golpeaba y se liberaba alternativamente haciéndole rodar por la bañera.

El Halcón empezaba a perder velocidad, llevaba demasiada agua en su interior y encapillaba una ola tras otra provocando una guiñada que dirigió su proa hacia el cantil de babor proyectándolo contra la pared rocosa.

Tuvo el tiempo justo para dar un último golpe de timón y acostar la banda de babor sobre la roca. El mar le empujaba por popa rasgando el forro del casco contra el saliente, embocándolo dentro del abra. Recorrió, entre bandazos los pocos metros que le separaban de la costa hasta que la orza se clavó en el fondo. El agua comenzaba a superar la borda.

Alcanzó a nado la playa mientras la incipiente luna apenas traspasaba las nubes.

De bruces sobre la arena, con los ojos cerrados musitó.... sabor a sal, olor a azahar, azul en los ojos.
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Editado por Natachamar en 01-04-2008 a las 23:16.
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Predeterminado Re: Los Relatos Del Iii Concurso

Singladura por la costa Portuguesa (Libertyenlamar)

Mi primer amanecer en Portugal!....Ayer fue un día largo de aeropuertos, desde las 10h. a.m que salí de casa tocaba la cubierta del barco a las 20h. p.m., horario portugués, 1h. menos en España. Once horas bambando, para volar solo 2h. Los nervios de encontrar o no el lugar, entenderme con el idioma, etc, se disiparon una vez empecé con ello y puse pie en el aeropuerto. Hasta me permití ir de rebajas en el aeropuerto de Lisboa!

Vilamoura resultó ser un pueblo muy turístico y de lujo. Todo rodeado de campos de golf. El náutico era como una pequeña ciudad de tiendas, restaurantes, etc…y cada yate de lujo que te hacían flipar!.Aunque no los envidiaba, seguía prefiriendo un velero de 12’ de eslora, tres discretos camarotes y dos baños………….

Hacia un año que andaba sola por el mundo pero relativamente poco que navegaba, era mi primer viaje completamente sola, mi primera singladura en un barco desconocido con una tripulación completamente desconocida y un armador completamente desconocido, a excepción de un par de conversaciones telefónicas.

Era la más joven de la tripulación, como en mis inicios laborales, volvía a ser la benjamina a mis casi cuarenta años, paradójico no?. Por ello me empeñé en dejar claro al presentarme, que contaran conmigo para todo, para lavar, para cocinar…..y para navegar!. Y vaya si lo tomaron en serio, me estrené con un buen baldeo a la cubierta del barco, y eso que todavía no había saltado ninguna ola por culpa de mi gobierno!........al terminar procuré interesarme por lo que hacía el patrón, que en su mesa de cartas preparaba el derrotero para el próximo día. Tenía un sofisticado programa de cartas informatizado que era toda una maravilla, pero además, había que tener en cuenta la tabla de las mareas que variaban más de 3m de pleamar a bajamar cada 12 horas.

El derrotero previsto era zarpar rumbo a Albufeira, fondear y si el mar lo permitía quedarse allí y sino, seguir hasta Portimao, que tenía puertecito para pasar la noche, solo unas 7 millas pero solo teníamos una previsión de viento de 3 a 5 nudos, rolando NS y EO hasta las 19h que parecía que subiría a 9 nudos y rolaría a OE.

Salimos de Vilamoura finalmente a la hora prevista, 11,30h después del exhaustivo baldeo y despedirnos de los simpáticos vecinos brasileños.
Navegamos a vela con rumbo de ceñida hacia Albufeira, 8 a 9 nudos, de viento y una velocidad conseguida de 5’. El patrón me dejó la rueda y disfruté, al fin y al cabo, era para lo que había venido, cerré los ojos y sentí el barco y el mar en sincronismo, los ojos abiertos no me ofrecían mucha visibilidad más, pues el antirrociones era incompatible con mi pequeña estatura.

No era fácil elegir lugar de fondeo, pues aunque la costa era asombrosamente encantadora, no disponíamos de carta náutica de ese tramo y dudábamos de la fiabilidad de la sonda, además de ser una costa muy rocosa e impresionante con sus arrecifes cortados a cuchillo y pequeños y sugerentes calas desiertas, por inaccesibles desde tierra.
Al final hicimos un intento para fondear a la hora de comer, algunos se pegaron un chapuzón, pero era tal el mar de fondo que teníamos que solo pudieron tomar una ensalada de legumbres y hasta mi acostumbrado estómago, por un momento, estuvo a punto de pillar el colocón…..
Finalmente levamos ancla y seguimos la derrota dirección a Baleira a probar más suerte, pero el panorama era igual, así que decidimos ir a motor directos a rumbo y hacer 3 guardias, de esa manera, todos podríamos relajarnos fuera de nuestra guardia y tomar el sol, leer, o dormir……..

Así en poco tiempo la proa se convirtió en un solarium nudista, hasta que llegó el turno de mi guardia, intenté sacar Génova para quitar un poco de motor pero no avisé a los del solarium, con la mala suerte de que la escota se enredó en uno de los pies, eso junto con la sorpresa del controlador patrón que no estaba acostumbrado a que ningún tripulante tomara la iniciativa, provocó un momento de confusión y de tensión. Me apresuré a pedir disculpas a los amigos de Lorenzo y por supuesto al patrón, que me recalcó que solo permitía un error de ese tipo!.

Seguimos hasta Portimao para pasar la noche, pero al final nos quedamos en un precioso fondeadero a la entrada de la bocana, con una tranquila playa de fondo. Treinta y seis veleros conté fondeados, increíble sin embargo la quietud que nos rodea, alguien ha puesto música chill-out y hemos contemplado una maravillosa puesta de sol tras las casitas naranjas y amarillas del puerto de Portimao.

No deja de sorprenderme ver como los veleros siempre van buscando su proa al viento, todos al unísono y aquí además está el efecto de las mareas, siempre pendientes de la pleamar y de la bajamar, de repente quietos, de repente meciéndonos como en el vaivén.

Estuvimos tentados de bajar a la playa con la dingui a bañarnos y tomar algo en una terracita o chiringuito chill-out que se adivinaba desde la cubierta, pero entonces el patrón recordó un lugar que alguien le había recomendado, que venían a buscarte en lancha motora para cenar pescadito y después de un nuevo chapuzón, en pellejillo, pareo nuevo seco y nos dispusimos a bajar para cenar……

Al día siguiente desperté la primera, aproveché para salir a cubierta y aprovechar los suaves primeros rayos de sol de la mañana y la brisa marina matutina, que acariciaran mi piel, mientras escribía en mi diario….Estos momentos son los que no se pueden explicar, pero hacen más que justificables las más de 10h de trasiego entre aeropuertos.

Levamos ancla y cambiamos el fondeo por un amarre dentro del puerto de Portimao. Inicialmente lo hicimos en el muelle de espera, voluntariosamente me tiré al pantalán para hacer firme la amarra de proa pero con los nervios no fui capaz de hacer un as de guía que el día anterior había explicado yo misma al resto de la tripulación, ¡qué vergüenza!.
Después del papeleo habitual, nos asignaron amarre y soltamos amarras, en esta ocasión la tensión vino por el intento de saltar a cubierta las otras dos tripulantes que se ofrecieron a soltar las amarras.

De nuevo al llegar al amarre asignado, fui yo la que saltó al pantalán, y al intentar coger la amarra de babor que me tiró el patrón, fallé y ésta cayó al agua, y con ella mi alma, al ver la cara que me ponía el patrón, uf, no había manera de hacer las cosas perfectas para él! Era como una confabulación, cuánto mejor quería hacerlo todo, peor me salía!. Para compensar me ofrecí a hacer la comida. El patrón me ayudó, para facilitarme todos los ingredientes que necesitaba, realmente solo él sabía dónde estaba todo. Desde su mesa de cartas, mientras descargaba mi cámara de fotos en el ordenador, seguía atento a todas mis maniobras culinarias. Hubo un momento en que se paró observador en unas de mis fotografías y de repente me sorprendió preguntándome si era feliz…….le pregunté que si era una premonición, cómo dice que tiene a veces, o ¿era lo qué había visto o no había visto en mi foto?. Por supuesto he contestado intuitiva y rápidamente que sí, pero a continuación no he podido evitar quedarme sumida en un profundo silencio que supongo le ha dicho mucho más que mi simple contestación…..

La tarde la ocupo cada miembro de la tripulación a su manera, unos leyendo, otros andando por la playa, otros tomando el sol, y yo me fui a quemar energías en unos largos a la maravillosa piscina del náutico. Luego me recompensé con una margarita en una hamaca frente al acantilado y dejando navegar mis pensamientos entre el pasado y el futuro.
Después volví paseando por la dársena y observando los impresionantes trimaranes que habían arribado tras una regata al puerto.

Al día siguiente, nos concedimos unas horas más por tierra, un paseo por las tiendas del pueblecito, un collar de corales y una botella de vino de Oporto del 67 fueron fichados para mi maleta.
Zarpamos a las 12h, ayude en la maniobra, esta vez sin errores, y nos dirigimos al muelle de espera para dejar las tarjetas y recoger las fianzas. Salté al pantalán y esta vez hice firme sin problemas en el norai.
Luego nos dirigimos al fondeadero del día anterior para comer. Hoy sopla fuerte el SO, pensé que después podríamos disfrutar navegando a vela…..resultó muy gratificante el fondeo, pues después de la comida, tuvimos una intimista conversación de sobremesa, dónde todos y cada uno de los tripulantes, dejó conocer a los demás algo más de sí mismo. Acabamos todos en cubierta, desparramando nuestros cuerpos al sol. En el patrón resurgió su vena de artista, y haciendo acopio de una tablilla de acuarelas, estilo Dalí, se puso a pintar las espaldas blindadas al sol. Todos los barcos de alrededor nos observaban, todas las zodiacs reducían la marcha a nuestra altura….fue un rato entrañable, para recordar. El mar saca lo mejor de cada uno de nosotros, pensé.

Dejando el estandarte español bien alto, levantamos el fondeo y salimos de la bocana a vela solamente, con un par……..para seguir navegando a vela durante un par de horas, 8 a 9 nudos de viento, sacábamos 4 de velocidad en un largo por la aleta de babor, así navegamos plácidamente hasta arribar a Lagos. Nunca olvidaré la llegada a Lagos, fue preciosa, con la puesta de sol. Y para entrar en el náutico nos levantaron un puente de metal que lo hizo más impresionante si cabía.

Acabamos el atraque sobre las 21h. así que el patrón nos propuso irnos a cenar con el salitre en la piel, prescindiendo de la salud de bote, para poder disfrutar de pescadito fresco en un local que le habían recomendado de la cofradía de pescadores.

Pronto nos encontramos delante de una tosca mesa de madera, pero repleta de las mejores, ostras, langostas, y marisco que me pudiera imaginar. El dueño y camarero, era un portugués de larga melena, con ojos de gato que intentaba hacernos la estancia lo más acogedora posible. De repente y sin planearlo, empezamos a interpretar cada uno de nosotros un papel, como si de una familia nos tratáramos. Teníamos al papi y la mami feliz, a la tía solterona y a la hija, recientemente separada por la que sus padres suspiraban. El buen hombre, se lo creyó completamente y acabó haciéndonos de guía por los garitos del pueblo hasta la madrugada…..hasta ver amanecer en el espigón de la bocana.

La gran Nortada nos esperaba al amanecer, hubo obligada reunión de tripulantes, aunque finalmente la decisión estaba tomada, algo me decía que el éxito de la noche anterior había contribuido a ello.
Zarpamos a las 15,30 UTC, 16:30h local, rumbo a Baleira, soplaba viento del Norte, 28º de temperatura, bajamar a las 16:30h UTC, 1,40m, de 13 a 17’ de velocidad de viento hacia Sagres. Aunque los lugareños intentaron persuadirnos de que desistiéramos de nuestro intento que venía la Nortada, no parecía ser tanto como lo pintaban…….

Baje a descansar un poco después de mi primera guardia. Habíamos pasado punta Baleira. El viento no había bajado de 20 a 22 nudos de real, solo llevábamos media mayor, por precaución del patrón. Olas de 1m a 1,5m aproximadamente, y había bajado la temperatura. Empezamos a divisar Cabo San Vte, como un gran vigilante. Menos mal que el cielo está estrellado…..Sin embargo el panorama había cambiado completamente cuando salí a cubierta a mi siguiente guardia, el viento había subido, la mar también, el cielo se había cubierto completamente. Nuestro derrotero se había desviado 3 millas de lo previsto, el Cabo San. Vicente seguía impertérrito observándonos, y el motor parecía no hacer nada a sus 2000 rpm. Flotábamos como un corcho, puntas de 42’, F8, el patrón empapado y cansado me cedió el arnés y la linterna para que vigilara las olas que no nos dieran de través y me avisó que el piloto automático no respondía con tanta mar. Un par de veces me repetí ……”si quieres aprender a rezar ven al mar a navegar”………las horas fueron pasando y grado a grado fui consiguiendo virar y poner proa al norte para remontar la costa portuguesa rumbo a Lisboa. Aquel amanecer lo recuerdo como uno de los más deseados de mi vida. El Atlántico se mostraba ahora tendido, como rendido a nuestra tenacidad, con largas y constantes olas. Ahora nos mece, nos sube y nos baja, cual caballo domado. Finalmente avistamos Sines, cuna del gran navegante Vasco de Gama y sacando fuerzas de dónde no sabíamos dónde, baldeamos el barco, el gran héroe de la travesía antes de rendirnos a Morfeo.

Después del merecido descanso, seguimos nuestro derrotero hacia Sesimbra. Seguimos con viento del N pero más suave, 12’ de real, pero con un rumbo de ceñida total, no nos permitía poder disfrutar de las velas. Aunque el patrón me permitió hacer un par de zigzag a vela antes de arrancar el motor y poner rumbo directo. Supongo que fue su manera de recompensarme por el buen hacer durante mi guardia nocturna.

Al arribar a Sesimbra, el patrón nos eximió de la obligación de baldear y nos permitió ir a las duchas y arreglarnos para salir a cenar a un legendario lugar “Lobo de Mar”. A la vuelta, tuvimos que asegurar el toldo de la capota, el fuerte viento lo hacía peligrar.

A las 4h. U.T. C. tocó diana, para zarpar rumbo a Cascais, sin embargo un precavido marinero aconsejó al patrón que desistiera de su intención, fuera de la bocana seguía soplando la Nortada, como ellos la llaman, con más de 25 kn, así que después de un copioso y completísimo desayuno destinado a llenar de fuerzas a una tripulación que debía enfrentarse a la dura mar, volvimos a nuestros catres hasta la salida del sol. Entonces el viento había bajado y parecía un buen momento para pasar el Cabo Espiche. Así que enfilamos la proa a la bocana de Porto Abrigado y dijimos adiós por la popa a Sesimbra.

Se presentaba una plácida navegada, inicialmente pudimos sacar la mayor en un través, pero en cuanto llegamos a cabo Espichel y pusimos rumbo a Cascais, de nuevo teníamos el N en proa total, de nuevo recogimos prácticamente todo el trapo y seguimos con el ronroneo del motor.

Navegábamos a guardias de 1 hora, así siempre alguien está ojo avizor a palangres y otras naves y los demás se relajan y coquetean con sus cuerpos al sol. Aprovecho para coger el timón y poco a poco la mar va creciendo, caprichosa, desafiante y competidora, mujer contra mujer.

A unas 8 millas de Cascais, cerca ya de la entrada a Lisboa, fuimos recibidos por una veintena de grandes veleros del mundo, como si de una recepción se tratara. Era la salida de la Tall Ship Race, rumbo a Cádiz. Todas las cámaras de abordo se dispararon sin parar, ante tal espectáculo.
Cascais resultó un pueblo tranquilo y señorial, invadido de regatistas del mundo entero, que dejamos atrás mientras decíamos adiós a las gaviotas que formaban en fila de uno en el borde del espigón, para poner rumbo a Lisboa.

Aquel día el NO fue condescendiente conmigo y no sopló demasiado racheado, y nunca superando los 15 kn, F3-4. También el Océano Atlántico fue generoso conmigo y se presentó dócil y suave, para el que sería mi último día de navegación en esta travesía. Así que sacamos todo el velamen y pusimos rumbo a Lisboa en un largo por la aleta de babor. El patrón me cedió el timón y pude sentir una vez más la buena sintonía que había conseguido con el barco. Varios bordos trasluchando hasta enfilar la entrada por el Tajo.

Allí tuvimos que arriar velas y volver al motor, así que cambié popa por proa y fui a contemplar la entrada y toda su diversidad monumental. ¡Nunca podía haberlo imaginado igual.!

El día acabó a ritmo de fados por el barrio alto de la ciudad, al coincidir con la celebración de un cumpleaños y los familiares agasajaban al homenajeado cantándoselos.

Después de un par de días de turismo por la ciudad, atracados en una de las diversas marinas que hay en el río, llegó la tripulación que venía a cubrir la nueva quincena y a sustituirnos a los que estábamos. Gente estupendísima, cálida, extrovertida y de mi misma edad, con la que conecté un segundo antes de que llegaran. ¡Mala suerte la mía!, a veces el destino te gasta estas malas pasadas, disfrutamos un día de la ciudad juntos, les hice de guía turística, y compartimos ron y cigarritos de la risa en el pantalán antes de decirles adiós, al amanecer siguiente, mientras ellos enfilaban la bocana a mi me esperaba un taxi para llevarme al aeropuerto y regresar a la mundanal realidad terrestre……..
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Editado por Natachamar en 01-04-2008 a las 23:17.
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Soltaron amarras (Mordaza)

Aunque parezca mentira, se conocieron, gracias a un foro náutico, en internet, y decidieron cruzar el atlántico, rumbo, al ansiado Caribe.
No se conocían personalmente, pero a lo mejor, fue esa la pócima, para que reinase a bordo ese ambiente y camaradería, que se necesitaba para cruzar el charco.

La tripulación perfecta, como les gustaba decir a ellos, la componían, Carlos, que era al que se le ocurrió la idea de cruzar el Atlántico, que es un chico que lo que mas le gusta es navegar, y después todo lo demás de la vida, como le gusta decir. Tiene 25 años, está casado y tiene una hija de 15 meses, que lo primero que hizo, con ella, a la primera oportunidad que tuvo, fue llevarla en su barco, y enseñarle su maravillosa Ría.

Le seguía, Javier, un hombre ya curtido en mil batallas, de 50 años, que se había separado de su mujer, por esas disputas que nos juega la vida, y que su gran pasión además de navegar, era cocinar, y además cocinar bien, y lo hacía en su restaurante. Tenía dos hijos, ya en la universidad, y fueron los que mas le animaron, a que realizase su sueño de cruzar el charco.

Manuel, de 47 años es el veterano en cruces del Atlántico. Lo ha cruzado ocho veces Este-Oeste, y tres veces Oeste-Este. Es el navegante por excelencia, el tripulante que todo el mundo quiere llevar a bordo en una gran travesía. Es callado, mejor que callado, es reservado, capaz de estar horas a la rueda, y en el barco lo arregla todo, parece una enciclopedia náutica. Es soltero, con algunas amigas aquí y allá, y tuvo una tienda de accesorios para la náutica, que se le fue al tacho, según cuenta, y que luego se dedicó a vivir de transportes y algún que otro trabajo de reparación.

Miguel es el dueño del barco, en el que cruzarán .Tiene 63 años y es un hombre, que lo que ha echo ha sido labrarse a si mismo. Chupó alguna paliza de su padre, cuando aún era un mocoso, por recoger cartón por las noches, y luego venderlo, para sacarse unos duros, pero gracias a ese coraje, tiene hoy en día, dos empresas de exportación de pescado, que, aunque le obligan a viajar mucho, y estar apartado de la familia, muchos días al año, esto le ha permitido vivir con un poder adquisitivo muy alto, y el haberse podido comprar la ilusión de su vida, un 55 pies, de un astillero artesanal de Suecia, que es el barco donde espera poder realizar sus grandes sueños. Vive en Madrid, lo cuál le crispa, está casado, pero como el dice, vida no hay más que una, y mi familia, aunque es lo que más quiero en el mundo, para mi lo primero será navegar y navegar, todo lo que mi tiempo libre me permita.
Por último Miguelito, el hijo de Miguel el armador, un chaval de 32 años, excelentemente educado, con la carrera de medicina recién terminada, con novia, pero parece que nada formal, y con algo de tiempo libre, porque está preparando, el dichoso MIR.

Eran cinco, de diferentes ciudades, culturas y diferente clase social, pero compartían la misma ilusión, navegar, y lo mejor de todo, es como se habían conocido, en un foro náutico en internet

Después de ponerse de acuerdo, a través del foro, de que realizarían esta aventura juntos, decidieron sopesar el hecho de que no se conocían en absoluto, y que tantos días de navegación juntos en los que se saca a relucir lo peor y lo mejor de cada uno, deberían de tomárselo con mucha prudencia, y convivir antes navegando unos días, con el fin de no estropear, en medio del Atlántico, lo que era la ilusión de sus vidas.

A finales de Septiembre, quedaron en reunirse, en el náutico donde estaba el barco, para tomar las primeras decisiones, y navegar juntos un par de días.

Los primeros en llegar fueron Miguel y su hijo, pertrecharon el barco, y vieron aparecer al cabo de una hora, a Javier, con un jamón debajo del brazo y un gallardete, este ultimo, era el símbolo del foro donde se habían conocido. Se saludaron, bromearon sobre el jamón, y en el momento que se disponían ha izar el gallardete, llegaron Manuel y Carlos. Se dispusieron en la cubierta, cual guardiamarinas, el día de su primera uniformidad en cubierta en el Juan Sebastián el Cano, he izaron el gallardete, que sería testigo de su gran aventura.

Metieron víveres a bordo, para un par de días, soltaron amarras y salieron por la bocana del puerto, dispuestos a convivir, y ver como eran en realidad cada uno de ellos.

Tras estos días, el que si bien es verdad, no tuvieron ninguna situación extrema, debido a la bonanza climatológica, pudieron conocerse mejor, y decidieron crear una jerarquía a bordo, en el que cada cual, sería la máxima autoridad a bordo en sus menesteres, durante la travesía.
Miguelito, seria el médico de guardia, pero de guardia las 24 horas del día, durante 25 o 30 días. Hubo descojone general a bordo, pues se nombró a Carlos, por su pelo largo, enfermera de guardia. Manuel sería jefe de maquinas y radiotelegrafista/electrónico a bordo, o sea el que los llevaría al Caribe, o sabe Dios a donde.

Del acastillaje, velas, jarcia, y mantenimiento del los mismos se haría cargo, Carlos. Javier, el amo y señor de las suculentas pitanzas que se elaborarían a bordo, y encargado de despensa, y por ultimo Miguel, que como era el dueño, pues se rascaría las pelotas cuando le diese la gana, y se encargaría de vigilar a todo el mundo, para que así no le rompiesen el barco.

Elaborada una lista, con repuestos y necesidades a bordo, partió cada uno para su casa, con el propósito de agenciarse cada unos lo que le correspondía de la lista, y quedaron en verse una semana antes de partir.

El post que pusieron en el foro, a propósito de su viaje, no paraba de tener visitas, y mas visitas, y esto les hacía sentirse felices, pero también les ponía nerviosos, porque veían que estaría mucha gente pendientes de su travesía.
Se reunieron en Madrid,, en una cena en un conocido restaurante, y después de cenar Miguel obsequió a cada uno, con un polo, con el nombre del barco bordado, y así ya eran ya oficialmente una tripulación oceánica.

Se fueron a tomar unas copas juntos, lo cual aún reforzó mas su amistad, y quedaron en que el día 8 de Octubre, sería el gran día.
En el foro de internet, tuvieron alabanzas de todo tipo, ayudas sobre meteorología, recetas de cocina etc, etc, y fueron conscientes, de que una parte de sus compañeros foreros iba con ellos, en esta su gran aventura.

El día 8 de Octubre, a la diez de la mañana, estaban todos puntuales, con sus pertrechos estibados a bordo, y dispuestos a soltar amarras. El tiempo no iba a estar de su parte, en este día, soplando un temporal de fuerza 9 en el estrecho, que les pondría las cosas muy difíciles. Decidieron dedicar el día a repasar el barco, cosa que les vino estupendo, porque vieron un fallo en el piloto automático, que Manuel pudo arreglar tranquilamente.

A las 22:00 horas, hora local, viendo que el frente ya había pasado, y presentándose un parte meteorológico estupendo, para ir hasta Madeira, soltaron amarras, y a la aventura.
Empezaron ya en ese momento el sistema de guardias cada 4 horas, que fue el que utilizaron toda la travesía. Izaron spi, y en popa con levante suave, comenzaron sus primeras millas.

A la mañana siguiente, Javier ya tenía el desayuno listo a las 8:00, y todo marchaba estupendo, soltaron las cañas de pesca, y a disfrutar del mar. Comieron sin que les picara nada y al cabo de unas horas pasaron el estrecho, justo antes de la puesta de sol, con poco tráfico, y acompañados por delfines, buena cena, buen vino, lo que era placer de los sentidos, para estos cinco hombres enamorados del mar.

Con el transcurrir de los días, se observaba como el tamaño del jamón, descendía considerablemente, así que se tomó la decisión, de que como no les duraría la travesía entera, para poder comer jamón, habría que ganárselo, y propusieron como reto, un concurso diario de chistes, con lo cual siempre reinaba, un ambiente estupendo, y unos comían mas jamón que otros, cuando ganaban el concurso diario.

Como estaban haciendo unos buenos registros diarios de unas 150 millas, decidieron que no pararían en Madeira, y seguirían por una ruta un poco mas al sur de este archipiélago, hasta que encontrasen, los tan ansiados alisios, bien establecidos. Esto no tardó, en sucederles, y pronto se encontraron , con los portantes, que los lanzaban a 8 nudos, atlántico adelante.

Tras sufrir capotes y capotes, en sus incursiones, en el mundo de la pesca, en el decimocuarto día, sonó ese angelical ruido del carrete, de una de las cañas, y Miguel, tras una lucha de 15 minutos, puso en la bañera, un precioso dorado, de unos 6 kilos, que Javier, preparó como solo los maestros saben hacer, y se brindaron un homenaje, en medio del mar, en tierra de nadie, felices por su captura, y felices por su situación.

Decidieron, que esa noche habría sesión de cine de verano, con la proyección de la película Airbag, de su querido cine español, según Manuel, y las risas los tuvieron entretenidos, hasta bien entrada la madrugada.

Al día siguiente, observaron en los partes meteorológicos, una pequeña, baja, que se estaba formando cerca, de su posición, un poco mas al norte.

El viento, empezó a ir subiendo poco a poco, arriaron a Rambo, nombre que pusieron al spi, porque no rompía ni de coña, izaron la trinqueta, y decidieron hacer las guardias mas cortas, para no sufrir mas el temporal, unos que otros.

Se encontraron con viento de 45 a 50 nudos de proa, en los que el barco se comporto estupendamente, al igual que toda la tripulación, durante las 11 horas de mal tiempo que tuvieron. La jarcia silbó como nunca, y los pantocázos fueron crueles con la maltrecha espalda de Manuel, el radar solo marcaba ecos sin parar debido a la fuete lluvia tropical, y lo que aún se siguen preguntando hoy, es como en esas, condiciones Javier fue capaz de preparar, sopa y espaguetis a la Boloñesa, para cenar.
Miguelito, tuvo que hacer su primera intervención quirúrgica, en alta mar, le cosió una ceja a Carlos, que se había dado un golpe con una polea de la escota de mayor. Lo demás cooperaron a tope, ya que a quien se operaba era a la enfermera, y una vez acabada la faena, y visto que había sido todo un éxito, decidieron rebajar de sus atribuciones a Carlos, hasta su llegada al Caribe, y su lugar de mantenimiento lo ocuparía su alteza Miguel, que por fin dejaba el armador de vivir como un marqués.

Después de ver solo, un par de barcos de vela, en toda la travesía que llevaban desde España, y bien lejos por cierto, y ni tan siquiera haber podido hablar con ellos, por el vhf, se toparon, con un súper petrolero, que les parecía tan grande como cinco campos de fútbol.

Consiguieron hablar con el Capitán, y resultó ser un Vasco, que había oído hablar de ese foro de internet para navegantes, y prometió entrar en el, y conocerse un poco mejor con nuestros chicos. Había salido de Venezuela hacía dos días, y les informó de que las condiciones que tendrían hasta Barbados serían excelentes.

Ya se empezaba a notar en el ambiente, ese hormigueo que se produce tras una gran victoria, y es que estaban a punto de conseguir su objetivo tan deseado, pero al mismo tiempo sentían añoranza de que todo acabase en breve, y mas de uno ya empezaba a notar la falta de su familia.

Para celebrar que ya solo les quedaban 200 millas, y que parecía que esa noche no iban a tener chubascos, prepararon una gran cena homenaje de clausura de crucero, en el que se bebieron sus mejores reservas de rioja, y acabaron con unos magníficos Gin Tonics, que dejaron a mas de uno en pelotas en la cubierta cantando el himno de Real Madrid y del Barça.

Tras hacer una buena singladura, llegaron el día 1 de Noviembre a Barbados, donde pudieron observar que era cierto entre risas, como las luces de señalización eran al revés, que en Europa.

Tras el lío de luces, encontraron la marina, Port St. Charles, amarraron, y se fueron a dar esa mas que merecida ducha, y a llamar por teléfono a sus casas, para contar que ya estaban en tierra.

Esa noche, tras cenar en un típico restaurante, tomarse copas como si fueran agua y celebrar y celebrar su triunfo,al irse a dormir, uno a uno se fueron dando cuenta del logro que acababan de realizar, no solo habían cruzado el Océano Atlántico, en un barco de vela, si no que lo habían hecho, sin casi conocerse, y cada uno llevaba tras de sí a un ciento de compañeros del foro a sus espaldas, y la ilusión de muchos, de hacer lo que ellos habían logrado.

En realidad, una vez allí, no les pareció tan difícil, el cruzar el charco, esos miedos y temores que tenían a lo desconocido, lo difícil, que fue tomar la decisión de dejar todo por un mes, y embarcarse en esta aventura, en la que algunos los tildaban de casi locos, pero lo que si les quedó claro, es que volverían ha hacerlo.

El barco, lo transportó Manuel con un amigo, hasta España, y cada uno volvió a su rutina diaria. La hija de Carlos ya navega en optimist, Miguelito se ha casado, Miguel ya lleva tres vueltas a España a vela, Manuel sigue haciendo transportes, y a cruzado el charco dos veces mas, Y Javier, continúa con su restaurante, haciendo feliz con sus pitanzas a muchos.

Cada ocho de Octubre, se reúnen, para comer, solo ellos, sin familia ni amigos, solo la tripulación . Recuerdan esas innumerables historias que les sucedieron a bordo, y cada año prometen que volverán.
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Un mal trago, de agua salada. (Jose4d)

Cuando Luís abrió los ojos estaba en el suelo. Dolorido, magullado, aturdido, empapado. En un acto reflejo se incorporó y giró la cabeza hacia sotavento. La ola que acababa de arrasar el barco y le había arrastrado por cubierta, estaba a pocos metros de las rocas del arrecife, estrellándose en una explosión de espuma y azules grisáceos.

La situación era grave, no, gravísima.

Notaba que esa última ola le había dejado “tocado” el brazo izquierdo, un dolor sordo, sin estridencias pero contundente le hizo pensar que ahora la batalla sería aún más difícil.

Hasta ahora las esperanzas de alejar el barco del la costa y capear de manera aceptable y sin muchos riesgos el repentino temporal le animaban a olvidarse de la fiebre, del hambre, del cansancio de una travesía rodeada de infortunados acontecimientos.

El velero no era suyo, aunque lo conocía. Había navegado en él bastantes veces y su aptitud positiva, sus ganas de trabajar, su buena predisposición para aprender, siempre dispuesto a cumplir las órdenes del patrón, le granjearon la amistad, la confianza, la consideración de Néstor, el armador.

Un viaje repentino de por cuestiones familiares de Néstor a su país, cuestiones familiares graves, dejando el barco en una náutica extraña a su base. El echo de tenerse que visitar el barco por un posible comprador ese mismo fin de semana , en su puerto de origen, la confianza del armador en su tripulante habitual, facilitaron que la idea de confiar el barco para el traslado a Luís. El estuvo encantado y Néstor se fue tranquilo y agradecido a sus compromisos.
Pero la tormenta apareció sin anunciarse en las predicciones ni en el barómetro.

Al principio intentó unos rizos. No fue suficiente, no tenia tanta experiencia como para enfrentarse a una tormenta, n siquiera a una pequeña. Después del fracaso de los rizos, guardó como pudo las velas, ya con unos vientos, rociones y oleaje considerables.

Pero... ahí empezaron los verdaderos problemas. Quien podía pensar que el motor iba a fallar, precisamente ahora, justo en el momento de máxima necesidad.

No se puso nervioso, o no del todo. Estaba a varia millas de la costa y tenia el barco aproado al oleaje. Aun podía aguantar. Revisó el depósito y había combustible. Revisó baterías y tenían carga, ¿que más podía revisar? Allí no había nada raro, todo estaba en su sito habitual. La preocupación aumentaba pero sabía que una actitud desesperada le conduciría a situaciones desesperantes.

De nuevo intentó una pequeña vela que le permitiera algo de gobierno. Lo justo para moverse y no quedar absolutamente a disposición de la creciente tormenta que adquiría proporciones más que preocupantes. Erró. Decidió desenrollar una pequeño triangulo del Génova, no tenia mas que una elección, o eso o izar apenas metro y medio de mayor. Y optó por lo primero.

La costa ya no estaba a varias millas, que va, estaba apenas a una milla y no precisamente en un lugar de playas, o cerca de un abrigo. La tormenta lo arrastraba hacia el único arrecife en las cuarenta millas del trayecto a recorrer. Parecía que un cabo tirara de el desde el arrecife. La situación comenzó a sobrepasarle de manera obvia. Se sentía abrumado, los pensamientos comenzaron a agolparse en su mente atropelladamente. Intentos de recuerdos de lecciones aprendidas, de consejos leídos, de comentarios sobre situaciones desesperadas narradas en las navegaciones no aportaban soluciones. Más bien al contrario le embotaba las ideas.

Volvió al motor, nuevos e infructuosos intentos de arrancar. El Génova, mal ajustado por las prisas, por el aturrullamiento de acciones desesperadas, se desenrolló solo y cabos, pertrechos y miedos viraron el barco poniéndolo de través. Las olas hicieron el resto. Dos, tres, continuos golpes de mar terminaron por desestabilizarlo. El barco quedó a merced de vientos y olas. La vela, ya casi totalmente desenrollada y con las escotas liadas en obenques, o en el agua, sonaba como un látigo.

Luís no sabía que atender primero. ¿Recoger cabos y escotas por toda la cubierta? ¿Seguir intentando la batalla del motor? Y recurrió a la radio.

Ya se encaminaba enfebrecido, asustado, dolorido por los bandazos y los golpes hacia el interior, cuando una nueva ola de una fuerza poco habitual le hizo perder el equilibrio y que cayera al interior dándose golpes con la mesa.

Se incorporó y sin buscar ni recordar procedimientos de comunicación hizo una llamada desesperada de la manera que en ese momento le salió, “salvamento marítimo, salvamento marítimo, salvamento marítimo, aquí Balaytus, Balaytus, Balaytus, frente al arrecife de Denia en situación comprometida, navegando en solitario y necesitando ayuda por próximo naufragio, ayuda por favor…..” y un nuevo bandazo le separó de la radio con el comunicador en la mano arrancando el cable.
Se levantó, vio en su mano el micrófono y el cable y comenzó a maldecir, a jurar y blasfemar.

Con lágrimas de rabia, de impotencia. Con desesperación. Mezclando blasfemias con peticiones una ayuda divina, subió con fuertes dolores a cubierta.

Directamente miró a la costa. Apenas a cien metros las rocas del arrecife parecían sonreírle con una mueca demoníaca, sin dejar de maldecir, de blasfemar y de pedirle a Dios ayuda volvió a intentar girar el timón para enfrentarse de proa a las olas y darse así algo de tiempo.

Ese fue el momento de la ola que le tumbó. La que le produjo el dolor del brazo, tal vez una luxación, o rotura o dios sabe que. Levantándose como pudo miró por última vez al arrecife. Estaba muy cerca. La ola estrellándose contra él le hizo pensar durante un segundo que ya no había salvación, y al girarse hacia barlovento, la botavara le golpeó en la cara como un mazo.
Los ojos se abrían empañados, borrosos, turbios.

Al primero que vio fue a Néstor, serio, preocupado. De pie. Se percató que la luz y el hecho de ver a Néstor mas alto que él se explicaba porque estaba acostado, pero el cuerpo se negaba a dar sensaciones. La vista se fue aclarando y la voz de Néstor tranquila, surgiendo entre una sonrisa le animó a prestar atención.

Estaba en un hospital, Tenia el cuerpo entumecido, vendado, sin fuerzas. Néstor le fue explicando que la guardia civil le había salvado en el último momento, en una operación que había supuesto varias medallas para alguno de sus miembros que habían jugado con el diablo para burlarle.

Según le contaron la lancha de la salvación llegó cuando estaba a menos de cincuenta metros del arrecife. Que no tenía nada grave salvo una paliza por todo el cuerpo. Que el barco había podido ser remolcado sin desperfectos graves. Que gracias a que el freno del ancla se había soltado, esta había caído enganchándose en unas rocas que aguantaron durante el tiempo suficiente para esperar la llegada de la lancha de salvamento. Había tenido suerte, mucha suerte.

En su primera visita al club náutico. Unas semanas después, aun con muletas y vendajes, lo primero que pidió fue que le acompañaran a la base del equipo de socorro. Allí se le humedecieron los ojos agradeciendo la acción de sus salvadores, que aceptaron unas cañas y una celebración por el buen resultado de la operación. Ya en el bar del club la emoción dejó paso a la aventura, a los relatos, a las batallitas y a las risas cuando recordaron la llamada de socorro. Y un compañero vecino del pantalón dijo en voz alta “vaya llamada de socorro, jajajajaja ¿pero que os enseñan en el P.E.R?” todos estallaron a reír.
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Un navegante de excepción (Harfan)

Era el décimo día desde que sufrió el infarto y ya estaba, por los muelles de California, buscando el barco en el que viajar al sur, específicamente a Valdivia, Chile, en busca del Tehani, yate de 10 metros con el que pensaba dar la vuelta al mundo en solitario. Este viaje sería durísimo, ya que los planes eran hacerlo en solitario y sin radio desde San Francisco hasta Valdivia en solo 30 dias y con el mínimo costo.

No transcurrió mucho tiempo hasta que Peter lo encontró, no estaba mal y se veía bastante marinero y podría estar “a son de mar” en solo un par de semanas, un mes a lo sumo, le temblaban las piernas en el momento en que le entregaron los documentos que acreditaban que era el armador del “Spatz” un pequeño velero de 22 pies fabricado por Douglas y Mcleod y diseñado por los famosos Sparkman and Stephens, antes de 1970. En síntesis se debía reparar algo dentro de la cabina, repara el wc marino y comprar un nuevo motor fuera de borda; en la cubierta, instalar un panel solar para facilitar la carga de baterías y agregar un aparejo para subir con facilidad y seguridad al tope del palo, por si las moscas …

Los amigos y conocidos, una vez que se enteraron de sus planes intentaron disuadirlo, sin éxito sin embargo, haciéndole ver lo inconveniente de su salud, la locura de iniciar semejante aventura a su edad, 74 años, en solitario. Bastaba que dijera que viajaría en busca del Tehani, para que los consejos en contra surgieran como borreguitos en ventolina. No obstante las objeciones, Peter trabajó incansablemente para poner el barco en condiciones, hasta que, finalmente, pudo zarpar rumbo al sur. El rumbo hacia las Galápagos, luego Arica en Chile, Valparaíso y finalmente entrar por el río Valdivia hasta la ciudad del mismo nombre.

El mar estaba algo rizado al momento del zarpe, pero el viento soplaba en forma constante desde el NW haciendo que el Spatz navegara a 5 kn cortando limpiamente las olas del pacífico norte.
Día tras día se la navegación que promediaba los 5 nudos lo acercaba a las Galápagos, el tiempo fue cambiando lentamente y haciéndose mas caluroso a medida que se acercaba al trópico; el rumbo firme y cada día calculaba la posición usando su sextante, único instrumento que utilizaba para ello.

Luego de largos y monótonos días de navegación solitaria, mirando las olas y el viento, la aparición ocasional de un barco o de una ballena, que lo despertó de pronto al respirar a pocos metros del Spatz y que luego de mirarlo durante un rato se hundió con suavidad, para no volver a verse, llegó a la Galápagos. El archipiélago está compuesto por varias islas en el medio del pacífico y presentan una diversidad biológica muy interesante; para Peter fue muy importante de visitar y estudiar, considerando que tenia un doctorado en biología y sentía una verdadera pasión por la vida silvestre, el entorno y su preservación.

Después de unos días en los que disfrutó visitando algunos lugares interesantes dentro de las galápagos y otros reparando y poniendo a punto el barco; zarpó hacia el sur para llegar, así lo esperaba, dentro de unos 30 días a Arica, la puerta norte de Chile; la navegación le llevó 72 días luchando contra la corriente de Humbolt y con el escaso viento que se produce en esas latitudes debido a la alta semi permanente del pacifico y agravada por la “corriente de la niña”, fenómeno climático aun en estudio y que afecta cada 2 o 3 años, en alternancia con la “corriente del niño” , toda la climatología del pacífico sur. Al fin después de 72 días de navegación con un promedio de 4 nudos, llegó a Arica (18º 29’ S; 70º 19’ W), ciudad que cuenta con un buen club de yates, con una gran poza donde los yates, como es usual en estas costas, se amarran a muertos durante el periodo de primavera, verano y otoño, para quedar varados en seco solamente durante los meses de invierno (junio, julio y agosto); por estar a finales de primavera en el hemisferio sur, la poza del club de yates de Arica estaba algo concurrida; sin embargo Peter no tuvo problemas en conseguir un muerto de cortesía y en hacer los trámites de ingreso con aduana, inmigración y la gobernación marítima.
En este lugar Peter aprovecho de ver a sus antiguos amigos chilenos, reponer las fuerzas y preparar el Spatz para el viaje, ojalá directamente, hacia Valdivia (39º 52’ S; 73º 10’ W) 1.200 mn más, otra vez en contra de la corriente de Humbolt, contra el fuerte viento SW que sopla en esta época del año y que crea olas de hasta 6 metros, capaces de reventar un yate grande, con mayor razón uno pequeño como el fiel Spatz.

En la brega nuevamente, zarpando con viento del SW soplando a 8 – 10 nudos con rachas haciéndose mas fuerte y sostenido en mar abierto 12 – 15 nudos, con olas de 2 - 4 metros con algunos borregos dispersos; la idea es pasar de las 100 mn mar afuera para llegar en una sola singladura hasta el archipiélago de Juan Fernandez (33º 37’ S; 78º 50’ W) son algo así como 10 días de navegación, duros para una tripulación completa, durísimos para un solo hombre con problemas cardiacos. Sin embargo, gracias a las condiciones excepcionales del barco y a su amplia experiencia, Peter logro llegar después de 15 días de navegación, sano y salvo a la isla de Juan Fernandez distante a unas 380 mn de Valparaíso (33º 02’ S; 71º 38’ W); este es en verdad un archipiélago que tiene una sola isla habitada y en la que existe una pequeña villa de pescadores artesanales que viven especialmente de la langosta; la famosa langosta de Juan Fernandez, una delicia desde todo punto de vista.
Uno par de días bastan para conocerla, tiene alguna flora y fauna autóctona interesante y unos paisajes bellísimos; después zarpó nuevamente, esta vez hacia Valparaíso, con un fuerte oleaje y un viento que crecía en puntas a los 24 – 30 nudos; al inicio del segundo día de navegación, gracias a un golpe de mar, se reventó uno de los estanques de agua y forzosamente debió recalar en los astilleros de ASMAR, en Valparaíso, a fin de realizar reparaciones. Situación ideal para recorrer Valparaíso y sus alrededores, lindas ciudades, pueblos y paisajes y playas de gran belleza.
Tras las reparaciones, Peter, estaba seguro de poder zarpar hacia Valdivia lo que logró tras 1 semana de navegación con olas de 3 a 5 metros y vientos de 20 – 25 nudos del SW. Cabe destacar la entrada hacia Valdivia, por el río del mismo nombre donde aún se ven algunos de los estragos causados por el terremoto y maremoto mas grande que ha sufrido la humanidad en tiempos históricos, el terremoto de 1960. Se puede ver un barco hundido en medio del río, toda una costanera bajo el agua y partes importantes de terreno agrícola que fue inundado al bajar de nivel el suelo.

Una vez llegado a Valdivia, Peter, puso a la venta el Spatz e invirtió los fondos en las ultimas reparaciones del Tehani y prepararlo para partir a dar la vuelta al mundo en solitario, por la ruta larga, es decir por el ecuador.

Pero esa es otra historia.
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Predeterminado Re: Los Relatos Del Iii Concurso

Vendo barco (Panoramix)


Los dos días más felices para un armador son el día de la compra el barco y el de la venta.
Dicho náutico.

Con el rítmico y persistente clock… clock… clock… clock… clock… una idea va calando en mi mente de una forma clara, nítida y diáfana VENDER EL BARCO, y mandar al carajo las fantasías de surcar lejanos mares morada de míticas sirenas y descubrir remotas islas con ocultos tesoros dejados por crueles piratas.

Tomada la decisión como soy una persona de carácter pro-activo, con el nuevo día la primera llamada de teléfono es para Ramón, el de la náutica, al que en su día compre el barco y al que, junto con otros muchos armadores, contribuyo anualmente de forma altruista a mantener su negocio boyante.

-Ramón, buenos días… Si bien todo bien, solo te llamaba para decirte que quiero poner el barco en venta para ver si tu…
-Por supuesto se ofrece para lo que haga falta, faltaría más. Ya sabes que contamos con muchos clientes, así que creo que podemos encontrar rápidamente alguien interesado en tu barco. Por cierto ¿Por cuanto tenias pensado venderlo?
-Yo había pensado en unos nosecuantos mil €.

Sin dejarme terminar me acota. -Bueno veras, si pedimos unos 5.000 € menos será mas fácil encontrar gente interesada y después con redondear un poco el precio, pues tienes el barco vendido en un plis-plas.
-Vale después me paso por la tienda y hablamos. Claro que será de música, me digo pues si sumo o mejor resto los 5.000 € de entrada, los 3.000 € de redondeo y a esto le añado la comisión, al final con suerte recupero el importe de las velas nuevas que compre el pasado año.

Joder como esta el patio. Pero nada cuando se toma una decisión hay que persistir y en este mundo quedan otros muchos caminos por recorrer. Como no, me decido por internet.

Lo primero unas fotos para el anuncio. Me armo con la cámara que cuenta con miles de megaplixes y sus automáticos de luz, enfoque, velocidad, ojos rojos, que será por si hay alguien mirando, y ataco el barco desde todos los ángulos posibles disparándole como 90 fotos de calidad, de las que será por el encuadre, el contra luz o por la innecesaria presencia una caña o una toalla, solo consigo tres que den una imagen fielmente marinera del pedazo de buque que pongo a la venta.

Con la íntima seguridad de encontrar pronto cliente, es lo que tienen estos barcos construidos como antes sin escatimar resina ni fibra de vidrio, que están muy bien mirados porque duran toda la vida o quizás duran toda la vida porque no hay forma de venderlos, entro en el portal de todos los barcos que no se venden y tras darme de alta subo las fotos y cumplimento la ficha de las características del mismo de forma sucinta. Descripción: Velero clásico de toda la vida equipado de todo, anclas, bicheros toldos, ducha a proa y popa y otros muchos extras en dos palabras in pecable. Diseño Roberto Bruce confortable y al mismo tiempo regatero. Motor con pocas horas de funcionamiento. Velas Full.

Pasan unos días y llega la primera llamada.
-Buenas, ¿Es ahí donde venden un barco?
-Pues si, un precioso velero listo para salir a navegar.
-¿Velero? A, como ponía que tiene motor…
-Hombre, el motor se usa generalmente para entrar y salir del puerto.
-Y digo yo. Me refiere el llamante. ¿Para qué necesitas las velas si va motor? ya que sale a motor, andarse con más trabajos poniendo las velas como que... A ver si es que no es muy de fiar el motor. Mejor me lo pienso
-Sr. El motor esta perfecto, pero mira por donde no había pensado, lo que acaba de decirme, tiene usted toda la razón, me parece que voy a vender por un lado las velas o el motor y por otro el barco. Gracias por su interés

Llama otro, mismos preliminares.
-Buenas ¿es ahí donde venden un barco?
-Pues si, un precioso velero listo para salir a navegar.
-El precio será negociable, supongo.
-Todo es negociable. Pero antes de nada si usted quiere le invito salir a navegar sin ningún compromiso para que pueda ver por si mismo el estado del barco como se comporta y si le interesa nos podemos sentar a negociar.
-Lo de verlo esta muy bien pero.., al precio le podríamos quitar 4.000 €. ¿Le parece?
-Claro. ¿Y si al mismo tiempo le quitamos las velas por ejemplo? ¿Le parece? Como respuesta solo me llega al teléfono la señal de comunicando.

Ante tales experiencias reflexiono que esto del mundo virtual tan moderno, no se, no me termina de convencer, antes ponías unas velitas (de las de cera con su llamita) que tenia su cosa y bueno tampoco vendías el barco pero te quedaba una gran paz interior. Así que clamo al cielo por el desamparo en que me encuentro y sin quererlo me veo conducido por un querubín alado entre nubes de algodón con sonido ambiente de música celestial, que me deja frente a una pulcra mesa bajo un cartel donde se lee, Negociado de Milagros Imposibles. Me invitan a exponer mi caso, lo expongo y al funcionario le da un tic irrefrenable que le hace a mover la cabeza de izquierda a derecha sin razón aparente, poco a poco le remite el ataque, recobra la compostura y me aclara que sin una buena recomendación tipo Madre Teresa de Calcuta o similar no hay nada que hacer. Así que todos aquellos años de monaguillo y los mayos con flores a María na de na.

Rebotado, recalo en la competencia donde el puerta muy amable me alienta.
–Pase Don Miguel, le estábamos esperando, segunda puerta al fondo a la derecha. Una sonrisa acude confiada a mis labios, reconozco los pasillos de estos profundos sótanos excavados en lo mas hondo de la Tierra, con sus suelos pulidos, iluminación, mobiliario todo diseño minimalista de calidad, no como antes que no tenían ni aire acondicionado y aquella hortera decoración en rolos y negros al más puro estilo Heavy Metal. Llego a mi destino y me atiende Luci, que por el nombre tanto puede ser él como ella. Relato los caminos transitados para VENDER EL BARCO y me pide el NIF haber que es lo que se puede hacer, lo teclea en la PDA y mirándome con cara de director de banco cuando niega el crédito me indica que a estas alturas pesa sobre mi alma una hipotecas pendiente de saldar, a lo que pongo sobre la mesa mis meritos y refiero.
-De pequeño instigaba a mis amiguitas a jugar a los médicos.
–Eso ya no cuenta.
–Defraudo contumaz a la Hacienda Pública.
–No, tampoco me vale. Acercando su boca a mi oreja confidencialmente me susurra.
-Ándese con cuidado con esos que no son tontos, no pasan una y menos con la náutica, esto que no salga de aquí. Ante esta muestra de confianza, incauto pregunto, que puedo que hacer.
-¿Qué tal mover unos camiones cargados de Kalasnikofs con destino a África? Sugiere. Así que me pongo a hacer números sin olvidar el precio a que se ha puesto el gasoil últimamente, cuando un nuevo ruido diferente como rummmmmmm se superpone al familiar clock.. La bomba de achique automática ha empezado a vaciar la sentina.

En medio del duermevela como un autómata abandono el camarote, abro la trampilla, me agacho y cierro el grifo de fondo, prometiendo cambiar la manguera con el nuevo día desechando lo de vender el barco.
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Predeterminado Re: Los Relatos Del III Concurso

Bien. Ya la suerte está echada y esta noche, a las 21 horas, pondré el fallo del jurado, así como los nick de los cofrades participantes y ganadores.

¡¡Hasta la noche!! ( que nervios )
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