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#1
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Tampoco a bordo de los barcos son siempre días de vino y rosas. A veces se producen roces entre tripulantes e incluso alguna pelea, afortunadamente no me ha tocado presenciar ninguna. Os voy a hacer un copia y pega de una discusión ocurrida en el comedor de oficiales de mi barco exactamente tal y como fue:
Durante la cena la conversación recayó sobre las emisiones de televisión vía satélite. Quien más quien menos estaba bastante harto de resignarse a ver día sí día también la sempiterna película grabada cotidiana a continuación de los vídeos musicales o el documental durante la cena. No era la primera vez que salía el tema de las antenas parabólicas alrededor de aquella mesa, habían debatido el problema de los cambios de rumbo, que se solucionaría con una antena motorizada y con mando a distancia. Pero estaba el tema de los balances, peor aún por lo inevitable, de todas formas habían pensado incluso en adquirir una prorrateándola entre todos los oficiales para en el peor de los casos poder visionar la televisión aunque solo fuera durante las estancias en puerto, allí no hay balances. Conocían la existencia de parabólicas montadas sobre suspensiones cardan que eliminaban el problema de los balances y cabeceos, además estaban dotadas de un sistema mandado con una aguja giroscópica similar a las que se utilizan para el gobierno de las naves y que hace que la antena parabólica esté orientada siempre en la dirección elegida en el firmamento. Exactamente el mismo principio por el cual se regían las voluminosas antenas de los sistemas de telefonía satelitaria denominados Stándard A y Stándard B, y que habían utilizado entre otros, los atuneros congeladores de cerco de la flota mundial hasta que pocos años atrás habían sido relegados primero por el Stándard mini M y últimamente por el Fleet, mucho más económicos. Obviamente los tripulantes reunidos alrededor de aquella mesa habían desechado la opción de la parabólica comandada por giróscopo por su elevadísimo coste, pero no descartaban la opción de adquirir una doméstica para cuanto menos utilizarla en puerto. Eustaquio no acababa de creer que hubieran emisiones televisivas gratuitas vía satélite por mucho que Jon se lo aseverase, hasta tal punto que acabaron mosqueándose el uno con el otro. El capi llamó sabelotodo al patrón, y ahí se acabó la discusión porque el bermeano rehusó a seguir discutiendo mientras su interlocutor no se informara bien del tema. Pero lo verdaderamente desagradable vino cuando Lito apoyó a Eustaquio de una manera que a Jon le pareció mezquina en demasía. -Vosotros los vascos creéis que lo sabéis todo, ¿por qué razón pensáis que sois superiores a los demás?- el bermeano quedó tan sorprendido que no sabía si el marinense hablaba en broma o de veras, después de doce años de aparente camaradería no se esperaba esto de él -¿Qué estás diciendo Lito?, supongo que no te he dado motivos para que me digas lo que me acabas de largar- dijo muy serio el bermeano -Algo de cierto hay en lo que acaba de decir Lito- soltó Eustaquio, huraño -¿Es que acaso no es verdad?- continuó el marinense envalentonado -Siempre queréis saliros con la vuestra, sois la ostia. No queréis saber nada de España pero cuando os jubiláis cobráis con la mano tendida la pensión española- Jon no daba crédito a lo oído -Eso no tiene nada que ver Lito- dijo el capi -Si cotizan durante toda su vida laboral en España ¿de dónde van a cobrar después?- razonó -Sí, eso es verdad- reconoció Lito -Pero de todas formas son la leche- prosiguió terco -No sé si somos la leche o el vinagre, pero no creo que nos sintamos superiores a los demás, de hecho no conozco ninguno. Sí soy de la opinión al igual que la mayoría de mis paisanos de que somos distintos, lo mismo que los andaluces son distintos, los catalanes son distintos y vosotros los gallegos ¿me negarás que seáis distintos? Los aborígenes de cada comunidad tenemos nuestras peculiaridades, eso es innegable. Muy diferente es que pienses que nos sentimos superiores, estás equivocado- el rubio intentaba mantenerse sereno y encendió un pitillo -Estás muy equivocado- intervino Porriño -Soy hijo de asturianos pero me considero vasco porque he nacido en Bermeo, pero nunca me he sentido superior a los habitantes de las demás comunidades, sería el tío más estúpido del mundo si pensara eso- -Vaya discusión de besugos has montado- soltó Javier dirigiéndose a Lito -Parece mentira que seáis los dos únicos tripulantes que quedan de los comienzos de la empresa, y por lo tanto los más antiguos, y que encima siempre os hayáis llevado bien, según tengo entendido- y no andaba descaminado el lekeitiano -Sí pero es que hay algunos vascos que son bravos de cojones- siguió el marinense obstinado -Por ejemplo el patrón del barco gemelo es insufrible, continuamente con sus aires de superioridad- -¿A qué patrón te refieres?- quiso saber Sabino -A uno de los dos- respondió el marinense, enigmático -Pero la culpa de eso no la tengo yo- Jon estaba visiblemente enfadado -No, tú a fin de cuentas eres el más dócil, pero hay otros que para qué- continuó Lito -O sea que tú nos clasificas como bravos o dóciles, está bien, es bueno saberlo. Y para entrar en la clasificación de los dóciles ¿hay que mirar para otro lado y dejar que hagáis y digáis lo que queráis?, ¿o si se intenta poner orden, automáticamente entramos en el casillero de los “bravos”, o de los que somos la leche- -A todo esto Eustaquio- intervino de nuevo Sabino -Estás completamente equivocado si piensas que Jon se inventa el que haya televisiones que emiten vía satélite gratis, pregúntaselo a Ignacio Moreira, el informático de la compañía, la próxima vez que hables con él- -Pues si me acuerdo se lo preguntaré, porque a mí no me cabe en la cabeza que emitan gratis, pero bueno, si vosotros lo decís…….- suavizó su discurso Arqueros -Llevas demasiados años fuera de tu tierra Eustaquio, te lo creas o no, es cierto que hay televisión vía satélite gratis. No emiten lo que te dé la gana pero sí que hay canales libres. Debe ser una condición impuesta por los distintos gobiernos o algo así. No sé yo si cada cadena tiene que emitir un canal gratis por cada cuatro de pago o algo por el estilo- informó Javier -Puede ser que esté un poco desfasado- requebró el capi, no muy convencido -¿No te habrás mosqueado, no?- preguntó taimadamente Lito a Jon, con su sonrisa puta bailándole en los labios -Claro que me he mosqueado, mejor dicho me he enfadado. No hay derecho a que me deis la cena que me habéis dado sin motivo. Por cierto, si os metéis con los vascos sin ton ni son, os estáis metiendo con toda mi familia ¿cómo pretendes que no me enfade?. ¿No crees que también hay gallegos que son la leche?, ¿o que son “bravos”, como dices tú? Sin embargo nunca habrás escuchado de mi boca un comentario despectivo hacia vosotros- al rubio patrón bermeano le habían herido en su amor propio sin motivo y se rebelaba ante tamaña injusticia -Bueno hombre, tampoco ha sido para tanto, lo siento- se excusó el marinense, mientras el que había lanzado la primera piedra se mantenía en silencio con la mirada fija en el plato que tenía ante sí. Tanto al castellonense de nacimiento como al otro había echado un cable como vulgarmente se suele decir, y en más de una ocasión el bermeano, tanto en lo profesional como en lo personal y ahora aquel comportamiento de ambos le pareció al rubio más propio de Judas Iscariote. Terminada la cena Somarriba se levantó de la mesa y dando las buenas noches se dirigió a su despacho a escribir. Prefería eso a quedarse a ver la película y exponerse a estallar ante la afrenta recibida sin motivo, por mucho que no escatimara en esfuerzos para contenerse. Inmediatamente después de su marcha, los dos compinches hubieron de recibir la reprimenda de Sabino, que estaba tan cabreado o más que Jon: -Habitamos en un submundo, eso es verdad. Vivimos encerrados en un área restringida a ochenta metros y cada vez que salimos de puerto ignoramos si volveremos en dos semanas o en dos meses. Esto da lugar a que estemos sometidos a una tensión que a veces desemboca en alguna discusión o mal rollo entre los tripulantes, pero ¿no creéis que en un pesquero el que más presionado se encuentra es el patrón?. ¿Qué derecho creéis poseer para decirle a Jon lo que le habéis dicho?, le habéis ofendido a él y por añadidura a nosotros, a todos los vascos, os habéis pasado de la raya. Y lo peor de todo es que ha sido sin razón, que yo sepa nunca os ha dado motivos para que os metáis con él, y en éste caso concreto menos, porque os cueste creerlo o no, sí que existen cadenas que emiten vía satélite gratis- Los interfectos terminaron reconociendo que habían metido la pata hasta el corvejón, pero el daño ya estaba realizado. De hecho, en adelante jamás la relación del bermeano con ellos sería igual de fluida como hasta ahora, se dirigiría a ellos con total corrección pero nunca con la camaradería, amiguismo y complicidad que antes del incidente verbal.
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¿¿Queráis saber algo de los personajes que se movían por los muelles del puerto de Abidján??. Ahí va otro copia y pega de otro fragmento de mis memorias:
<<Cuando el patrón terminó de inspeccionar las boyas de radiofrecuencia descendió a la cubierta superior y allí se encontró con Conan, su nombre completo era Seraphine Conan Drogba, natural de Agorko Adafienu (Ghana). Se trataba de un individuo de unos cuarenta años, metro ochenta, atlético, con cara de caníbal y habitualmente lucía su cráneo rapado. En su juventud había aterrizado en el puerto de Abidján huyendo del hambre y la miseria como tantos y tantos. Pronto se hizo notar en aquella selva de cemento donde su notable anatomía y su determinación le sirvieron para en poco tiempo integrarse en la banda de Jack, junto con Karim, Willy y algún otro personaje de muy baja estofa y cuyo currículum al igual que los del resto de la banda solo podría escribirse con tinta negra. Se dedicaban al pillaje indiscriminado en todo el recinto portuario, pero donde verdaderamente se movían como pez en el agua era preferentemente en la zona pesquera por ser los pesqueros más vulnerables a los robos que los buques mercantes. Resultaba muy difícil por no decir imposible librarse del robo organizado de apreciables cantidades de pescado, pertrechos o víveres mientras los atuneros principalmente realizaban sus operaciones de descarga o transbordo de la pesca capturada, y con más vulnerabilidad en los muelles del puerto pesquero si cabe, donde disponían de mil trucos y artimañas para sacar el pescado robado y venderlo para sus vicios. Putas, alcohol y porros, hablando en plata. En todo el recinto portuario se estableció una jerarquía en la que sus cuatro primeros integrantes en orden a su “categoría” del uno al cuatro eran Jack, Karim, Willy y Conan. Se da la circunstancia de que Jon Somarriba, durante su anterior etapa de diez años como patrón en otra compañía atunera había sufrido durante ocho de aquellos diez años las penalidades de las descargas a conserveras locales que se hacen lógicamente con los barcos atracados al muelle, donde las múltiples autoridades de todo tipo les hostigaban a diario y de postre tenían que torear con las acometidas de la banda de Jack. Hasta tal punto el bermeano se curtió en aquellas lides que llegó a pactar con los cuatro “jefes” de aquella banda la paga de tres mil francos diarios a cada uno de ellos durante cada estancia de su barco en puerto con la condición de que permanecieran a bordo durante la jornada laboral haciendo de guardianes para que nadie, ellos incluidos, robara nada en su barco. A algunos la idea les pareció descabellada pero el caso es que Somarriba se hizo el duro con aquellos desalmados y acertó, porque dejaron de sufrir el acoso de las aves de rapiña. Es decir, ahora las zorras cuidaban a las gallinas. Al final de cada descarga el bermeano entregaba un barreño de especies asociadas como propina a cada uno de los cuatro secuaces y punto. La efectividad del sistema se demostró para sorpresa de propios y extraños, y tal es así que los otros dos cerqueros de la compañía lo adoptaron también. Pocos años después Jack murió de tuberculosis (Jon lo había visto escupir sangre en un trapo mientras tosía como un perro) y Karim tomó el mando, pero Conan renegó de este nombramiento porque no consideraba al sujeto con suficiente carisma para ser su “jefe” y pidió a Jon que le embarcara de marinero. El bermeano le respondió que para empezar obtuviera su cartilla de navegación y su pasaporte y que si se portaba bien ya se vería. Pero lo cierto es que pocos meses después en el último momento de una estancia en puerto tuvo que embarcarlo porque un marinero que estaba de vacaciones no apareció. Conan se convirtió así en marinero, trabajador nato, obediente con sus superiores y eficiente como pocos en muchas tareas dada su constitución atlética. Su talón de Aquiles naturalmente lo constituía su desconocimiento en las tareas de reparación de redes y cabullería, pero a buen seguro aprendería a no tardar mucho. Un par de años después Somarriba cambió de aires y embarcó en el “Apóstol Segundo” que operaba en el Índico y en el ínterin Alberto “Akelarre” embarcó a Conan en su barco “Lapurdi” que operaba en el Atlántico. Cinco años más tarde cuando el bermeano apareció por allí con el barco gallego el otrora bandido ghanés pidió embarque a Jon y éste se lo dio. Y finalmente pocos años antes de la fecha de esta narración aquel bravo marinero contrajo el terrible Sida que derivó en tuberculosis, viéndose en la obligación de quedar en tierra definitivamente. Desde entonces el infortunado Conan a instancias de Somarriba hacía de guardián del “Urbero Dos”, un viejo macicero de la compañía que permanecía amarrado a una boya mientras se pudría poco a poco. Además, durante las estancias del “Apóstol Segundo” en aquel puerto el ghanés hacía de guardián durante el día como en los viejos tiempos, para retirarse a “su” barco durante la noche para la pernocta. De esta manera Conan podía vivir desahogadamente y pagarse sus medicamentos, eso sí, ahora su cuerpo no estaba ya tan musculado y las canas salpicaban a la sazón su rapado cráneo. En la actualidad distaba mucho del sujeto pendenciero de tres lustros atrás, hablaba muy bien en español y además lo hacía con educación. Cuando el rubio patrón bermeano le preguntaba con sorna sobre cuántas toneladas de pescado calculaba que había robado de los atuneros en sus tiempos de bandidaje, el africano respondía evasivamente que <<unas cuantas>>. Jon se paró un rato a charlar con su otrora marinero, éste le preguntó: -Hola patrón, ¿ya eres papalolo? (1)- -¡Qué va, todavía no!, ¿tan viejo parezco?, aún soy joven para ser papalolo pero no me importaría serlo. Es mejor eso que ser yogolongo (2)- remachó risueño el rubio. Conan estalló en una sonora carcajada de inmediato mientras meneaba la cabeza, le hacían gracia las salidas de su interlocutor. -Eso es verdad patrón. Pero bueno, no estás tan viejo- concedió Conan ladino Jon se despidió como de costumbre instándole a que pusiera empeño en que no les fuera hurtado un solo pescado.>> (1) Papalolo = Abuelo, en Kwa (2) Yogolongo = Chingado, en Kwa
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Txelfi, buen dia
Que es un macicero? Muchas gracias. Paz y salud para todos.
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Macicero= macizar= macizador. Barco que maciza, viene del comienzo de la década de los 70 del siglo XX cuando aquellos primeros atuneros de cerco de pequeño porte(como los cañeros actuales) tenían mil y una dificultades para capturar un cardumen de túnidos a mancha libre con sus pequeños artes de tamaño similar a los utilizados hoy en día para la pesca del bokarte, y me refiero a los primeros que comenzaron a trabajar en la costa senegalesa en el 65. Como quiera que los barcos que pescaban atún a caña ya trabajaban allí desde el 56 hicieron pruebas de reunir pesca bajo un cañero macizando con cebo vivo(su forma natural de trabajar) pero en lugar de lanzar las cañas rodear el cañero con un arte de cerco y una vez cerrado el cerco por los bajos el cañero salía por encima de la relinga de corchos quedándose todo el pescado encerrado en el arte.
Como las pruebas resultaron un éxito rotundo rápidamente las empresas atuneras se lanzaron al alquiler de cañeros de bajura unas y a la construcción de barcos exprofeso para utilizarlos de macicero otras. Cada cerquero tenía su macicero que era su barco auxiliar y listo. Pero en el año 76 por mutuo acuerdo de todos los armadores se prohibió el uso de maciceros si utilizaban cebo vivo en sus viveros. La mayoría de maciceros desaparecieron, volvieron a la pesca de bajura o se vendieron para el palangre, y unos pocos continuaron allí haciendo trabajos de recadista, relevos de tripulantes etc. Alguna empresa incluso fondeó algunos de estos barcos dotados de potente alumbrado sobre montañas submarinas para reunir pesca bajo ellos y ser después cercados por un barco de la empresa. Y finalmente cuando se puso de moda la pesca con objetos flotantes fabricados a bordo y localizados con radioboyas comenzaron a ponerse de moda de nuevo estos barcos algunos de los cuales son de quitar el hipo. Parece mentira que un barco de estos sea auxiliar de un pesquero, y a las pruebas me remito...….. Aunque desde el 76 como he dicho no llevan a bordo ningún cebo y por ende no macizan se les continúa denominando comúnmente maciceros. ![]() ![]() ![]() ![]()
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#5
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Increíble, no tenía ni idea, muchas gracias.
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#6
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¿¿Queréis conocer un poco de la isla de Annobón??. Está a 15 horas al W de Cabo López en Gabón. Pertenece a Guinea Ecuatorial.
Los habitantes de Annbón conocían un poco las andanzas de los atuneros congeladores de cerco, algunos patrones esporádicamente visitábamos la isla e incluso si llegábamos a sus inmediaciones por la tarde en alguna ocasión fondeábamos en la única playa al noroeste de la isla, con quince metros de sonda como a doscientos metros de la orilla, para pasar la noche allí y al amanecer levar ancla y marcharnos a buscarnos la vida. La mayoría de patrones éramos reacios a acercarnos tanto porque a los que fondeaban los rodeaban los cayucos y subían al barco bastantes nativos solicitando su caridad. La sal en Annobón es oro, necesitan sal imperiosamente para poder secar el pescado que capturan cuando hay en abundancia para tener suministro cuando no hay. Los mayores les pedían sal, cigarrillos, monofilamento, anzuelos y pilas para alguna que otra radio portátil que había allí. Los niños venían en busca de cuadernos y lápices. Si teníamos Melva o Bacoreta a bordo (la mayoría de las veces) les regalábamos dos o tres toneladas para que repartieran, además de un cuarto de tonelada de sal, normalmente guardabamos diez o quince toneladas en el parque de pesca para reforzar la salmuera. Alguna vez les dimos un bidón de los de aceite de doscientos litros pero lleno de gasoil para un motor de cabeza caliente que por lo menos databa del Cretácico Superior y que tenían para mover una dínamo. Una vez el sacristán pidió en el “Apostol Segundo” mi barco, una garrafa de vino para celebrar las misas dominicales de parte del sacerdote, el cocinero lo consultó conmigo y éste accedió. Después de cenar unos tripulantes fueron a tierra a visitar la isla y se encontraron al sacristán con la garrafa a medias y cantando desaforadamente la canción de Manolo Escobar "Que viva España". Cierto patrón bermeano, capitán de la marina mercante para más señas aunque ejercía de Patrón de atunero, excelente persona y como tal buen samaritano, frecuentaba la isla probablemente más que ningún otro marino. Éste personaje entrañable al que perfectamente se le podría calificar de filántropo y que se llama Luis Mari se preocupaba de coleccionar ropa usada durante sus vacaciones para después llevársela a los habitantes de Annobón, por supuesto sin recibir nunca nada a cambio, además de las consabidas donaciones de pescado, sal, gasoil, lápices, cuadernos, pilas etc, etc. Decían las buenas lenguas que la calle principal del villorrio asentado frente a la playa noroccidental de la pequeña ínsula había sido rebautizado con el nombre de “Calle del capitán Luis Mari”. <<Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios>>, todavía quedan personas agradecidas en éste valle de lágrimas. <<Es de bien nacidos el ser agradecidos>>, les arengaba periódicamente el único pastor que cuidaba de aquel rebaño, desde el púlpito de la saneada iglesia de ladrillo y cemento, y los bien educados feligreses seguían al pie de la letra sus constructivas enseñanzas. Jon decía refiriéndose a los aborígenes del lugar <<En general son buena gente, sencilla, honrada y muy religiosa. Hablan correctamente el español. Annobón es una Isla formada por un volcán que surgió en medio del mar, conserva su cráter que los milenios y las lluvias se han encargado de convertir en laguna. Su vegetación es asombrosamente frondosa, en el Golfo de Guinea llueve mucho. Recolectan frutas tropicales, principalmente plátanos, pequeños pero riquísimos. Recolectan también huevos de aves marinas que allí pernoctan a miles y anidan y crían a sus polluelos cada año. Pescan un variado abanico de peces tropicales y pulpos, les he visto pescar pequeños atunes al curricán con cayucos con un palo de quita y pon y una vela a veces asombrosamente remendada con telas de diversos colores.** Jamás he visto a una nativa acercarse al barco, y si algún tripulante desembarcaba desaparecían como por arte de magia, por lo visto estaban bien instruidas por ya sabéis quién. Aún así y como siempre parece que debe haber una excepción que confirma la regla, según las malas lenguas parece ser que un gallego marinero de un atunero de cerco había engendrado un retoño en la isla años atrás. Había un único cayuco en Annobón que se movía mediante un motor fuera borda, era el más grande de todos y cómo no propiedad del alcalde. Creo que el exclusivo uso que le daba era trasladarse de la playa al pesquero que esporádicamente les visitase. El resto de los mortales movían sus cayucos, en número aproximado de medio centenar, con tracción a sangre y a vela. En fin, guardo un grato recuerdo de aquellos tiempos y aquellas gentes, aunque en varias ocasiones estuve con mi barco fondeado en su playa jamás he puesto pie en Annobón, les deseo a sus habitantes lo mejor porque desde que se desanexionaron de España quedaron prácticamente abandonados a su incierta suerte, espero que San Antonio les ayude todo cuanto se merecen. Una tarde anocheciendo paramos a la deriva a veinticinco millas al Sur de la Isla de Annobón, antiguamente Pagalu, perteneciente a Guinea Ecuatorial, antigua Guinea Española, donde subsiste una población de cerca de tres mil almas y una iglesia-misión denominada de San Antonio. Paré el barco allí como he hecho muchas veces para a primera hora de la mañana siguiente dar una pasada por la parte Sur de la Isla pues en ocasiones hemos pescado allí cantidades apreciables de Rabil. Acababa de acostarme alrededor de las diez de la noche después de la cena y la película de vídeo cotidianas cuando el marinero de guardia llamó a la puerta de mi camarote. En el costado de estribor de nuestro barco, a sotavento, había aparecido un pequeño cayuco de unos tres metros tripulado por dos nativos de la isla, uno de avanzada edad que se llamaba cómo no Antonio y el otro su nieto de unos catorce años, de cuyo nombre no puedo acordarme. Antonio ya me recordaba de algunas veces que fondeamos en la playa-resguardo que hay al Noroeste de la Isla, y yo lo recordaba a él por su parecido asombroso con el célebre actor de Hollywood Morgan Freeman, aunque no era tan alto como el norteamericano. Cuando bajé a cubierta estaban ya sobre ella ambos y su nave amarrada al costado. Primero ordené a los tripulantes que aparecieron por allí que embarcaran el cayuco con la grúa eléctrica de estribor, y después pregunté a nuestros visitantes qué es lo que les había traído hasta nosotros. Simplemente habían salido a pescar, se habían alejado más de la cuenta y el viento y la corriente habían hecho el resto. Les dimos ropa de abrigo, cenaron en el comedor de marinería y descansaron en un camarote libre casi toda la noche. Dos horas antes de amanecer puse el barco en dirección a la Isla y amaneciendo estábamos a una milla, arriamos el cayuco al mar, nuestros visitantes cargados de regalos embarcaron en él y nos despedimos efusivamente. Recuerdo también un día de víspera de Corpus Cristi que fondeamos en la playa por la tarde. Embarcaron a bordo once niños que celebrarían su Primera Comunión al día siguiente, es costumbre allí que el día del Corpus reciban su primera Hostia todos los niños que cumplen nueve ese año. A uno de ellos le obsequié con una botella de leche sin desprecintar que tenía en el frigorífico de mi despacho, hacía pocos días que habíamos salido de puerto, pues bien, tomando la botella de plástico blanco en sus manos me miró a los ojos asombrado y me preguntó <<¿esto se come?>>. Son situaciones que hacen que a uno se le encoja el corazón. A otro niño le caían unos mocos como cataratas y tosía de cuando en vez, evidentemente sufría un fuerte resfriado. Dado que calzaba unas chancletas de plástico como todos los demás pero el que moqueaba era él, marché a mi camarote y cogiendo un par de calcetines nuevos se los regalé. La escena de la botella de leche se repitió casi de idéntica forma, el pobre rapaz desconocía totalmente para qué servían aquellas prendas. Dios mío, y nosotros nos quejamos por cualquier minucia, ¡qué asco de mundo!
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Stemma Proderi In Primis Bermei Editado por TXELFI en 16-05-2020 a las 11:15. |
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#7
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Cita:
![]() Comprensible dentro de todo. Todo lo demás no tiene desperdicio. No sabemos lo que tenemos. Gente de mar, brava y generosa si que quedan algunos.
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La tierra firme me marea, sobre todo cuando estoy en la Cantina del puerto. |
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TXELFI (15-05-2020) | ||
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#8
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Egun on txelfi,
muy muy interesante me encantan estas historias de la mar, me podrias decir donde encontrar tus memorias. ![]() Por cierto a el que llamas el rubio en la historia que has contado es Juan pedro? |
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#9
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El rubio es el patrón, Jon Somarriba
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Stemma Proderi In Primis Bermei |
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#10
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Hoy arribo al muelle de reparaciones en Vigo, el majestuoso ARTZA, un precioso atunero de nada menos que 112 metros de eslora, un gustazo verlo entrar despacito con su color rojo y un proa espectacular.
Muchos atuneros arriban aquí para mantenimiento o reparaciones, pero este, como digo, es majestuoso. ![]() |
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