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Predeterminado Re: Respuesta: Historias de la pesca del atún tropical

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Originalmente publicado por azogue Ver mensaje
Pues olé por el capitán Luis Mari y por las buenas personas, que muchas hay.
Gracias Txelfi.

Tuve el honor de hacer de capitán de Luis Mari una campaña, meses antes de que me pusieran de patrón. Excelente persona y de cerebro privilegiado.
Siempre guardaré un buen recuerdo de él.
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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

-Hace unos veinte años nos quedamos sin marmitón y salíamos a la mar al día siguiente, teníamos que buscar uno en Abidján. No hubo manera de localizar ninguno que hubiera estado embarcado antes, pero me trajeron un chaval de quince años natural de Burkina Faso conocido en el puerto porque se ganaba la vida ayudando en la cocina de los pesqueros en sus estancias en puerto. El muchacho llamado Parfait que chapurreaba un poco en español me aseguró cuando se presentó ante mí que había realizado una marea en un arrastrero andaluz que faenaba en Gabón a la gamba, haciendo una sustitución. Le pedí escéptico que me enseñara sus documentos y para mi sorpresa me mostró su pasaporte nuevecito y su cartilla de navegación en la cual efectivamente aparecía sellado un embarque de un mes en el “Monte Azote”. ¿Cómo había conseguido aquellos documentos?, a buen seguro le habían costado lo que le pagaron por la marea en el gambero.
Me pareció un buen muchacho y efectivamente el tiempo demostró que lo era, así es que lo embarqué sin más elucubraciones. Se trataba de un chaval muy peculiar porque se había criado en un ambiente más peculiar aún, en la selva y sin padre, y con una madre que no podía mantener a sus cinco hijos, Parfait, al que pronto rebautizaron en mi barco como Alfredo, se escapó de su aldea con doce años y mendigando, “cogiendo” comida y ropa de donde había, caminando hasta destrozar sus fuertes pies, subiéndose clandestinamente en los bajos de camiones, y de cualquier forma imaginable nuestro niño marmitón apareció en Abidján un año después, medio muerto de cansancio, sueño y desnutrición.

Hacía un año ya que se había establecido definitivamente en la zona portuaria del popular puerto y sobrevivía ayudando en la cocina y limpiando barcos.
En nuestro barco se le asignó el camarote que compartían el marmitón y el camarero, había un catre para cada uno de ellos igual que el de cualquier marinero pero Alfredo se negaba a dormir en el mismo y se acostaba en el suelo sobre un cartón al igual que lo había hecho casi desde que naciera. El camarero se quejaba de que se lo encontraba a diario tirado en el suelo roncando hecho un ovillo.
Un día Alfredo había literalmente desaparecido, el susto que nos llevamos fue mayúsculo porque registramos el barco de cabo a rabo y no aparecía. Estábamos ya convencidos de que había caído al mar así es que dí media vuelta y aguzamos la vista oteando el mar desesperados y angustiados, intentando navegar por nuestra propia estela en un ímprobo esfuerzo por localizarle.
Llevaríamos una hora aproximadamente navegando en dirección contraria cuando al oficial de puente se le ocurrió levantar la lona que tapaba el bote rápido que estaba en la cubierta de botes, el que no usábamos porque tenía el motor averiado. El que estaba en uso lo llevábamos colgando de su pescante en el costado de estribor. Parfait estaba dormido como un tronco en el interior de la pequeña embarcación de aluminio, que expuesta al sol debía ser una especie de horno.
Recuerdo que era media tarde, o sea, la hora del bocadillo, y el marmitón no aparecía, de ahí la voz de alarma. Cuando por orden mía se presentó en el puente y le pregunté por qué se había escondido para echar la siesta, me respondió que en el camarote hacía mucho frío debido al aire acondicionado y él estaba acostumbrado a dormir con mucho calor. Le advertí que no volviera a esconderse ni para dormir ni para nada porque habíamos perdido dos horas por su culpa, y me prometió que no lo volvería a hacer.
La alegría que nos llevamos al verle sano y salvo hizo minimizar el cabreo por su acción.

Una semana después nuestro Alfredito “desapareció” de nuevo, nos preguntábamos dónde se habría escondido esta vez mientras registrábamos todo el barco, pero como no aparecía el rapaz la angustia se hacía cada vez más acuciante a medida que transcurría el tiempo. Al igual que en la ocasión anterior se había dado la voz de alarma a toda la tripulación y excepto yo, que no puedo abandonar el puente dejándolo solo y el engrasador de guardia en la cámara de máquinas, todos los demás tripulantes registraron el barco exhaustivamente hasta que el caldereta lo encontró esta vez dormido como un tronco debajo de la proa de la panga, en el hueco que queda entre la panga y la cara de popa de la red.
Ésta vez no supo responderme al motivo por el que se había escondido para su siesta, y con el disgusto y el cabreo que pillé se me fue la mano y le solté un cachete en la mejilla, no fue un fuerte bofetón, si no más bien una torta dada sin fuerza.
Pero al muchacho le dolió muchísimo más el hecho que el golpe del que ya consideraba su padrino. Todavía tengo grabada en mi memoria su expresión impertérrita después del sopapo, sin moverse un milímetro frente a mí (a la sazón tenía casi mi estatura), mientras unas gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas. Me arrepentí en el acto de mi acción, os lo juro, es más, estaré arrepentido el resto de mi vida porque aquel rostro con los lagrimones descendiendo por su piel de ébano no se me borrará jamás-

-¡Hombre!, yo creo que el cachete se lo tenía bien merecido- justificó Eustaquio

-Vaya una manía de esconderse que tenía el mocoso ese, lo aprendería en la selva- opinó Javier

-Seguro- confirmó Jon -En aquel momento pensé que cuando regresáramos a puerto se marcharía para siempre, pero nada de eso pasó, continuó con nosotros por lo menos dos años más que fue cuando decidí cambiar de empresa. Posteriormente a éste episodio me contó muchas cosas de sus vivencias, nos habíamos hecho casi amigos. Cierta vez le extraje con tijeras un incisivo superior enorme porque tenía dos montados uno sobre otro, le quedó la boca mucho mejor. Pero lo más cojonudo del tema fue cuando vinimos a pescar con este barco aquí al Atlántico hace ocho años y alguien me dijo que Alfredo vivía en Las Palmas de Gran canaria, pero cuál fue mi sorpresa mayúscula cuando la campaña pasada se me presenta en el barco en Abidján para saludarme porque se había enterado que estaba yo allí. Él había llegado la víspera para visitar a sus amistades y pasar con ellos quince días, ahora debía tener veintinueve años y si no se identifica no le hubiera reconocido, debe medir un metro noventa más o menos. Me dio una gran alegría saludarle después de tanto tiempo- Somarriba respiró aliviado y encendió un cigarrillo

-Menos mal que no se le ocurrió sacudirte otro sopapo para quedar en paz- bromeó el lekeitiano

¡Menudo cimarrón!, un metro noventa, se ve que ha comido bien desde entonces- dijo el capi

-Ya os he dicho que nos hicimos casi amigos, prueba de ello es que en cuanto se enteró de que estaba en puerto con mi barco vino rápidamente a saludarme. Lo que pasa es que estuvo solamente veinte minutos y tú no llegaste a verle, Eustaquio.
Pero recuerdo otra anécdota que me pasó también en un barco de mi empresa anterior hace unos veinte años. Contrataron en la oficina de Bermeo, casualidades de la vida, un joven de veintiséis años como marmitón para mi barco. El individuo en cuestión, sorprendentemente era natural de Soria y no había visto un barco en su vida, a no ser por la tele, pero desesperado por la falta de trabajo y la necesidad económica en la casa de su madre, que tenía que alimentar a él y sus tres hermanos más pequeños además de a sí misma, cogió su hato y se fue a buscar la vida al País Vasco como habían hecho antes muchos paisanos. Después de patear las calles de Bilbao sin resultado alguno, contactó por azar con dos jóvenes bermeanos de parecida edad que tras escuchar la triste historia del soriano le llevaron a su Villa sugiriéndole que la manera más fácil de encontrar trabajo era enrolándose en algún pesquero. Como al soriano le importaba un bledo meterse en la boca del lobo si hacía falta con tal de poder mandar un sueldo a su madre, llamó a la puerta de varias compañías de atuneros acompañado de sus dos benefactores y precisamente en la empresa en la que yo estaba a la sazón le dieron la plaza de marmitón porque necesitábamos uno en breve.
A la sazón un servidor trabajaba en una de las empresas más pobres del mundo del atún y embarcaban lo que las compañías potentes no querían, como por ejemplo gente que no había embarcado nunca. En nuestra oficina le dieron trabajo en seguida, al jefe de personal le importaba un rábano que hubiera embarcado o no, con el concurso del soriano se le solucionaba el tema de la búsqueda de un marmitón y punto.
Pero había un problema, el muchacho no tenía Cartilla de Navegación. El jefe de personal de mi empresa le firmó y selló un documento que decía que necesitaba la Cartilla para embarcar en breve para que el trámite se hiciera por vía de urgencia. Sus “colaboradores” le acompañaron la mañana siguiente a la Capitanía Marítima y tres días después estaba en posesión de la libreta que le habilitaba a embarcar.
Una semana contada desde que puso los pies en Bermeo embarcaba con nosotros, durante ese tiempo durmió en una habitación que generosamente le había cedido uno de sus dos samaritanos. Aparte de esto, durante ese período de tiempo ayudaron ambos paisanos además de otros amigos de su cuadrilla a que el soriano que se llama Luis, no estuviera solo y mantuviera su andorga llena. Para más señas embarcamos juntos porque yo estaba en casa de vacaciones y viajamos en el mismo vuelo junto con el resto de relevos, excepto los africanos-

El patrón hizo un receso para arrojar la colilla de su cigarrillo al mar desde el alerón de babor como hacía habitualmente. Eustaquio, que no encontraba conexión con la historia anterior preguntó:

-Pero ¿qué tiene que ver la historia del soriano con la del burkinés?-

-Ahora os lo cuento. Luis, el soriano, se mareó solamente el primer día de su bautismo de fuego. Al segundo día habían desaparecido las naúseas y vómitos del neófito y aparentemente al tercer día se comportaba casi como un tripulante veterano, se adaptó al mar con una celeridad sorprendente.
Pero cierto día, cuando llevábamos un mes de mar más o menos, a las once de la mañana que como sabéis es la hora habitual del almuerzo en toda nuestra flota, el camarero no aparecía en el puente con la comida, y finalmente lo hizo a las once y cuarto. Cuando le llamé la atención por el teléfono interno al cocinero por el retraso se quiso justificar diciéndome el muy cabrón, que el marmitón no le ayudaba nada.
Después de almorzar llamé a Luis al puente y le solté simple y llanamente que si había embarcado cubriendo una plaza en el barco era para trabajar y que en un mes había tenido tiempo más que de sobra para aprender todas sus tareas. El joven me preguntó el porqué de mi reprimenda, a lo cual respondí transmitiéndole la queja del cocinero.
Los lagrimones descendiendo por las mejillas del soriano que permanecía inmóvil en el centro del puente del barco me hicieron encoger el corazón, os lo digo muy en serio. Me respondió sin levantar la voz pero denotando sufrir una humillación enorme que, cómo podía haberme dicho eso el cocinero si él hacía absolutamente todo lo que le ordenaba con diligencia.
Os prometo que no sé porqué pero le creí a pies juntillas, cogí el teléfono interno y ordené al cocinero presentarse en el puente. Cuando vió al marmitón ante mí se puso nervioso y ante mi requerimiento sobre su acusación de una hora antes, se desdijo de sus palabras el pedazo de Judas.
Solamente les dije a ambos que hicieran lo posible para llevarse bien y se marcharon. Entonces hice venir al camarero y le pregunté sobre el marmitón soriano, éste me respondió que el neófito era un buen muchacho, callado, obediente y trabajador.
Creedme que aún a día de hoy me arrepiento de no haber pedido disculpas a aquel hombre, y me estaré arrepintiendo mientras viva. Me gustaría estrechar su mano pero me parece muy difícil por no decir imposible. Desde que regresamos a nuestros respectivos hogares cuatro meses después del embarque no lo he vuelto a ver, porque pidió la cuenta y nos dejó, espero que no fuera yo el motivo- terminó Jon muy serio
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Editado por TXELFI en 16-05-2020 a las 18:34.
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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

TXELFI, todos los días, lo primero que miro, es este foro, solo por ver tus comentarios, GRACIAS, y si me lo permites, estas invitado a unas cervezas, aunque sean virtuales
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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

Pues ¿queréis leer una de indios?, voy a hacer otro copia y pega de otra tertulia en el comedor de oficiales en la que tomé parte:


Por la noche y después de cenar pusieron una vieja película de indios y soldados norteamericanos en la que uno de los protagonistas era el celebérrimo jefe apache Jerónimo. Lito llamó piojosos a los pieles rojas y Jon se mosqueó el primero:

-¿Porqué llamas piojosos a esa gente?, son más dignos a mi entender que los que visten el uniforme azul-

-Sí hombre, lo que faltaba, por lo menos los soldados van vestidos y limpios, mientras esos lameculos están sucios y semidesnudos como animales, van pintarrajeados como payasos y montan a caballo sin silla- soltó el marinense obstinado

-No necesitaban sillas de montar para nada, eran unos jinetes excepcionales, mucho mejores que esos robatierras vestidos de azul- replicó Jon

-¿Y para qué querían Norteamérica entera unos pocos indígenas?. Si hubieran compartido no los hubieran cazado como a conejos-

-¡No me jodas, Lito!, ¿no estarás hablando en serio?- protestó Sabino enojado -Los pieles rojas eran los auténticos propietarios de aquellas tierras desde hace 19.000 años. Desde luego que desde mucho antes que Cristóbal Colón apareciera por allí perdido y medio muerto de hambre, ese sí que era un auténtico piojoso, y que además lamía culo de Isabel La Católica, que de católica no tenía nada. Después llegaron horda tras horda de europeos facinerosos, borrachos y ex-presidiarios a los que siguieron una pléyade de mujeres de dudosa reputación y que además de apropiarse aviesamente de unas tierras que tenían sus legítimos dueños, para más ignominia los exterminaron-

-Pues vaya unos antepasados más ilustres que lucen los tan presumidos gringos, mi hermano- exclamó Israel riéndose a carcajadas

-No eran unos pocos indígenas, Olivares- se vio en necesidad de aclarar Somarriba -Desconozco la población total pero los estudiosos del tema hablan de entre sesenta y noventa millones de personas en toda Norteamérica por aquella época. Lo que sí es seguro es que se trataban de muchas tribus distintas que hablaban su propio idioma cada una de ellas. Los Sioux que eran los más numerosos, poblaban todo el Noroeste norteamericano. Practicaban tres dialectos de un mismo idioma y se sabe con certeza que eran inmigrados de Asia, de la que habían llegado cruzando el estrecho de Bering hace probablemente diecinueve siglos o más, no me digas que no tiene mérito la cosa. Además de éstos pululaban por las praderas norteamericanas Apaches, Hopis, Comanches, Arapajos, Navajos, Cheyennes, Mohicanos, Wichitas, Kiowas, Dakotas, Iroqueses, Pies Negros, Shoshones y un largo etcétera. Hasta cuarenta pueblos que amaban la libertad en las inmensas praderas sobre las que pastaban los bisontes que les servían de sustento. Contra lo que algunos idiotas nos han querido hacer creer hablándonos de Manitou o el Gran Espíritu, los pieles rojas norteamericanos adoraban al Sol, al Trueno y a la Luna y vivían en perfecta comunión con la madre Natura hasta que llegaron los matasiete y se dedicaron a masacrar bisontes e imponer la ley del revólver y el fusil.
Cuando a finales del siglo XIX, exactamente en las postrimerías de 1890 acabó la guerra de gringos contra indígenas la extirpe de los Sioux que había sido la más numerosa con diferencia, prácticamente había pasado a la Historia, quedaban vivos una treintena de individuos, y algo parecido había sucedido con la mayor parte de las razas que habían cabalgado a sus anchas durante siglos por aquellas tierras que les pertenecían por derecho. Digamos que el mayor núcleo de indígenas que se salvaron del exterminio fueron un buen número de apaches que cruzados con mexicanos poblaron las tierras de Dakota del Sur en su parte septentrional-

-¿Y por qué los exterminaron?, digo yo que algo harían ¿no?, como por ejemplo atacar las caravanas de colonos, matar mujeres y niños y cortarles las cabelleras después- Lito estaba obcecado o mal informado, no cabía duda

-Estoy completamente convencido de que los blancos ultrajaron vilmente muchas más mujeres indígenas que al revés- no pudo dejar de decir el cubano

-Antes de masacrar a los indígenas masacraron primero la población de bisontes que constituían su principal sustento- a Porriño le caían simpáticos los pieles rojas y lo demostró a continuación con una exposición magnífica

-De cuarenta millones de ejemplares que pastaban en aquellas inmensas praderas antes de la irrupción de los gringos, quedaron cuatrocientos. William Frederick Cody, más conocido como “Buffalo Bill” mató él solito cuatro mil doscientas ochenta cabezas en un período de tan solo dieciocho meses en el estado de Wyoming, al Oeste de Cheyenne, para dar de comer a los trabajadores del primer tendido de ferrocarril transcontinental y las tropas que lo custodiaban, que sumaban la nada despreciable cifra de treinta mil hombres. Este personaje había sido contratado por la “Kansas Pacific”, la constructora enfrascada en una carrera frenética con la “Southern Pacific” por terminar antes el tendido y que exigía una media de cincuenta animales diarios para asegurar la manutención de todo el personal.
Pero si ésta matanza digamos “moderada” estaba justificada en parte, la que no lo está es la que realizaron una verdadera invasión de individuos ávidos de dinero fácil que organizados en pequeños equipos y pertrechados con carromatos, fusiles de gran calibre, revólveres, cuchillos y arrobas de municiones mataban docenas de bisontes diarios cada uno, con el único fin de despojar de su piel a los animales muertos abandonando después los cadáveres. Las pieles de bisonte se pagaban a un precio bastante alto en los mercados de todo el Oeste y medio Oeste norteamericano por aquellas fechas.
Empujados por la codicia mataban a tiros de fusil a tantos de aquellos magníficos rumiantes indefensos que después les resultaba imposible despellejarlos a todos y en consecuencia muchísimos de ellos se pudrían miserablemente en la pradera, piel incluida. Pero ya de por sí, solamente los cuerpos de los animales que conseguían despellejar suponían muchos, demasiados millones de toneladas de excelente carne abandonada para pasto de alimañas incapaces de acabar con tal demencial cantidad producto de las matanzas cotidianas.
Los originales dueños de aquellas tierras se encontraban después con la desgarradora escena de los cadáveres putrefactos diseminados por las llanuras, aquellas llanuras que ellos amaban y que aquellos malnacidos estaban mancillando con crueldad y avaricia inusitadas. Aquella masacre amenazaba su pervivencia como especie y en consecuencia no tuvieron más remedio que ponerse en pie de guerra contra los que estaban ultrajando la tierra de sus antepasados, y que además, de continuar así abocarían a su pueblo al hambre y la miseria. Se sabe de forma fehaciente gracias a descubrimientos arqueológicos que los pieles rojas se alimentaban y vestían de los bisontes que cazaban desde hace 10.000 años- el maquinista se dio un respiro

-La abominable costumbre de cortar los cueros cabelludos de los enemigos muertos la iniciaron los feroces Iroqueses que poblaban las regiones del Este y Nordeste- explicó Jon interesado en el tema y haciendo defensa a ultranza de los pieles rojas al igual que su amigo Sabino -Pero no olvidemos que poco después esta macabra práctica se generalizó también entre los blancos, ¿o es que nos vas a decir que los gringos son hermanitas de la caridad?-

-¡Hombre!, hermanitas de la caridad no somos nadie- se defendió Lito -Pero ¡cojones!, los indios estarían contentos con la defensa que hacéis vosotros de ellos, ¿o es que simplemente los gringos os dan grima?-

-Al final de la guerra punitiva contra los indígenas a los supervivientes los confinaron en reservas de las que no podían salir, algo así como las actuales reservas para animales salvajes. Tampoco a nosotros nos gustaría acabar así- opinó Israel con su sempiterno acento cubano

-A los que habría que confinar, mejor dicho enjaular, es a los gringos, por su desmedida e insana costumbre de meterse siempre en casa ajena y descojonarlo todo- soltó esta vez Javier

-A mí no me dan grima los gringos, Lito, todo lo contrario, sabes que los admiro porque son la nación más poderosa del mundo, por algo será- se justificó Sabino

-Eso no tiene nada que ver- protestó Javier -Los colonos “aterrizaron” en una tierra además de inmensamente grande, inmensamente rica. De acuerdo que tuvieron que trabajar, ¡pero coño!, se hincharon a expoliar oro, plata y no sé cuántas riquezas naturales más, y de postre petróleo. Aquello no lo habían sembrado sus antepasados, se lo encontraron allí-

-Bueno, también es de justicia recordar que no fueron solamente colonos norteamericanos los que desvalijaron aquel continente, con anterioridad los españoles por ejemplo se llevaron alrededor de ciento ochenta toneladas como mínimo solamente de oro, según las recopilaciones hechas por los historiadores. Aparte claro está de la plata y otras riquezas- quiso aportar Jon

-Mejor así ¿no?- soltó Lito riéndose de nuevo -La pena es que no trajeran mil toneladas de oro para España, ahora seríamos un poco menos pobres-

-Nosotros seríamos igual de pobres, seguro- agoró Javier con una sonrisa maliciosa

-Hay que reconocer que los gringos son la ostia- intervino Eustaquio -Consiguen todo por la fuerza o por dinero, a mí tampoco me caen simpáticos-

-Oye, vosotros dos para ser rostros pálidos entendéis mucho de pieles rojas ¡carallo!, estoy asombrado- dijo Lito dirigiéndose obviamente a Jon y Sabino

-Rostro pálido se dice “Pahe-aska” en cheyenne- replicó Jon con media sonrisa

Lito observó asombrado y a la vez inquisitivo el rostro del bermeano pero no pudo adivinar si hablaba en serio. En este caso el rubio no se había inventado nada.

-No creo yo que en los anales de la Historia se haya superado nunca la ignominia que tuvo lugar en aquel continente- apostilló pensativo Sabino

-¡Carallo!, ¿qué tendrá que ver el ano con la Historia?- exclamó Lito haciendo un chiste malo que nadie rió

El marinense se había quedado solo en su absurda tesis y se retiró a descansar el primero dando las buenas noches.
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CARACTERES GENERALES DE LOS ATUNES





<<He considerado oportuno hacer una descripción detallada de los Atunes, cuya familia se llama Túnidos ó Thunnidae, y que a su vez se divide en algunos géneros y subgéneros clasificados principalmente por tallas, para familiarizarnos un poco más con el tema si cabe, y de paso conocer a fondo algunas de las especies de pescados más estimadas en las mesas de la mayor parte del mundo.
Los Túnidos, se encuentran encuadrados en el superorden de los Teleósteos Acantopterigios, clase Osteictios, orden Perciformes, y suborden de Escómbridos.

Son peces fusiformes con un estrecho pedúnculo caudal en el que se pueden observar unos salientes longitudinales llamados “crestas” ó “quillas”.
Su aleta caudal suele ser amplia, potente y semilunar, y la distancia entre los extremos de ambos lóbulos normalmente es igual a la anchura máxima del tronco. La superficie del cuerpo es muy bruñida, y tiene generalmente color azul muy oscuro, casi negro acharolado ó azul verdoso en el dorso.
El vientre normalmente es plateado, con tonos que van del cromo al zinc.
Detrás de la segunda aleta dorsal y de la aleta anal poseen unas pequeñas aletitas dotadas de movimiento propio, llamadas “pínulas”, que seguramente son restos de antiguas aletas más largas.
Constituyen un grupo de especies eminentemente gregarias, pelágicas y emigrantes.
Son unos nadadores formidables, que forman una de las familias de peces más interesantes, tanto por su enorme volumen económico mundial como por la singularidad de su comportamiento y costumbres.

Habitan en todos los mares cálidos y templados del globo, llegando incluso algunas especies hasta aguas frías, alejados de su hábitat habitual, sobre todo en los años muy cálidos o de fuerte transgresión oceánica.
Sus ojos son relativamente grandes, el hocico es puntiagudo, la cabeza es cónica, la boca más bien pequeña y los dientes que la arman son agudos y cónicos, aunque también de pequeño tamaño y dispuestos siempre en una única hilera en ambas mandíbulas.
Algunas especies poseen dientes también en el vómer y en los palatinos.

El cuerpo, fusiforme y fuerte, semejante a un proyectil, se agudiza en los extremos, por ser delgados tanto el rostro como el pedúnculo caudal y voluminoso el tronco.
Principalmente la mitad ventral es plateada, bruñida y protegida por pequeñas escamas cicloideas y lisas.
A veces se forma una agrupación de escamas grandes y fuertes en la parte anterior del tronco, el pecho para ser más exacto, formando una especie de escudo denominado “peto” ó “corselete”.
La piel es muy fuerte, y está constituida por cuatro ó seis capas de tejido distintos que se entrecruzan de forma similar a como lo hacen en los neumáticos de los automóviles, por lo que como cabe esperar es muy resistente.
El pedúnculo caudal es estrecho y tiene dos “crestas” longitudinales cortas y convergentes hacia atrás, y unas “quillas” ó repliegues más alargados de la piel, que van en medio y a lo largo de cada cara del pedúnculo, la línea lateral está normalmente bien marcada y es algo sinuosa.

Los radios de la aleta caudal llegan hasta la última vértebra, lo que hace que ésta aleta pueda proporcionar al pez un impulso mayor que la de cualquier otro.
Esto unido a que poseen un cuerpo muy hidrodinámico los convierte en magníficos nadadores. (Contra lo que muchos puedan pensar, no todos los peces lo son).
Por otra parte, las aletas pueden replegarse contra el cuerpo, como las ventrales, e incluso algunas se alojan en unos surcos ó “rebajes” destinados a tal fin para ofrecer menor resistencia al avance, (léase la primera dorsal y las pectorales).
La segunda dorsal y la anal carecen casi de movimiento.
El bruñido del tegumento externo unido a una especie de baba lubricante que segrega el mismo, como en la mayoría de los peces tanto marinos como fluviales, favorece aún más el deslizamiento del individuo en el agua.
A pesar de que algunos de ellos alcanzan pesos que superan los de un toro de lidia, son capaces de cambiar de dirección en fracciones de segundo con un solo golpe de su poderoso “timón”. De la misma forma también su “reprise” es digno de mención, pues estando parados pueden alcanzar su velocidad máxima en muy pocos segundos.

Estos viajeros infatigables de los océanos llegan a alcanzar tamaños de tres metros y pesar cerca de la tonelada, como es el caso del Atún Rojo ó Atún de aleta Azul.
La familia de los Atunes ó Túnidos (Thunnidae), está compuesta por nueve especies diferentes que a su vez agrupan algunas subespecies con pequeñas diferencias que se deben al distinto hábitat y el no cruzarse entre sí.
Estas nueve especies son por orden alfabético:

ALBACORA (Thunnus Alalunga), llamado también Atún Blanco ó Bonito del Norte.

ATUN COMUN (Thunnus Thynnus), ó Atún de Aleta Azul, ó Atún Rojo, ó Cimarrón.

BACORETA (Euthinnus Alletteratus), mal llamada Melva Negra

BONITO (Sarda Sarda), ó Bonito del Sur, o Sierra.

LISTADO (Katsuwomus Pelamis), denominado también Serrucho, Bonito rayado ó Bonito de altura.

MELVA (Auxis Thazard), en el Sur Melva canutera el de menor tamaño de todos los peces de su familia.

PATUDO (Thunnus Obesus), conocido también por Bigueye por sus grandes ojos, en el Cantábrico Monja.

RABIL (Thunnus Albacares), más conocido por Atún de Aletas Amarillas o Yellowfinn Tuna.

TASARTE (Orcynopsis Unicolor), probablemente el menos conocido de todos ellos.

Todos ellos tienen muy desarrollada la circulación sanguínea periférica, y por su intensa actividad muscular, su temperatura corporal es unos grados superior al del líquido elemento que le rodea, por eso a veces se dice de ellos que son peces de sangre caliente, aunque evidentemente esto no es cierto, puesto que ellos no pueden regular su temperatura corporal, como es el caso de los mamíferos.
Son peces gregarios, emigrantes y que viven en alta mar, aunque frecuentemente se acerquen mucho a las costas.
Al igual que el resto de peces, crecen mientras viven, sea la edad que sea. Además el tamaño que alcanza es directamente proporcional tanto a la cantidad como a la calidad del alimento de que es capaz de procurarse el individuo, de ahí se deduce que el hábitat donde se mueve tiene mucho que ver con la talla.
La longevidad de estas especies es más ó menos proporcional a su talla. Por ejemplo los más longevos son los Patudos y los Atunes Rojos que pueden llegar a vivir hasta veinte años.
Realizan una freza ó puesta de huevos anual. La madurez sexual la alcanzan de manera proporcional a su talla, es decir, las especies menores a los 3 años aproximadamente, mientras que los grandes Atunes lo hacen a los 5 años.
La cantidad de huevos por puesta varía también mucho, y asimismo de forma también directamente proporcional al tamaño. Lo mismo puede ser de 50.000 en una joven Melva, como de 5.000.000 nada menos en un viejo Atún común.
La importancia económica que tienen estos peces exquisitos es inmensa dado que su carne es muy apreciada, y están situados en primer orden en este aspecto en unión de los Gádidos como el Bacalao (Gadus Morrhua) y la Merluza (Merluccius Merluccius).
Los Clupéidos, como el Arenque (Clupea Arengus), la sardina (Clupea Pilchardus) y el Boquerón (Engraulis Encrasicholux).
Los Cefalópodos, como el Calamar (Loligo Vulgaris), la Sepia (Sepia Officinalis) y el Pulpo (Octopus Vulgaris).

Vamos a estudiar una descripción separada para cada una de las nueve especies que menciono unos párrafos atrás, con especial detalle a las tres que poseen verdadera importancia para la obra que nos ocupa, por ser las que mayormente se capturan con Arte de cerco, y que no son otras que Listado, Patudo y Rabil>>
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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

Ahora vamos con nuestro querido Bonito del Norte


LA ALBACORA





<<Conocida también por los apelativos de Atún Blanco y de Bonito del Norte, tiene todas las características descritas al estudiar la familia de los Túnidos.
Posee la cabeza y los ojos relativamente grandes, la boca amplia y los dientes pequeños, el cuerpo robusto es fusiforme y algo panzudo al final del vientre, el descenso de volumen es brusco hacia el pedúnculo caudal, por lo que la región posterior es la menos estrecha de todos los Túnidos en unión del Listado. Posee crestas y quillas muy desarrolladas en el pedúnculo caudal.

La piel es muy fuerte y está constituida por seis capas de tejido que se entrecruzan, la línea lateral más bien recta hace poco arco y no está muy marcada, hay otro repliegue de la piel que es longitudinal y sirve de alojamiento a las aletas pectorales, aunque no está tan marcado como los de la quilla, y va a lo largo y por encima de las dos terceras partes de la aleta pectoral.
El corselete de escamas es el más amplio de todos los peces de su familia y se extiende hasta los dos tercios de la longitud total del cuerpo.
En el resto del cuerpo, es decir el pedúnculo caudal y zonas adyacentes, las escamas son más escasas y pequeñas.

Es más largo su seno ventral que el dorsal, y llega éste último hasta el final de la base de la primera aleta dorsal. El peso medio más común de estos individuos oscila entre los 5 y los 15 kilos, con una talla de 55 a 100 centímetros, pero de viejos llegan a medir un metro y cuarto y pesar alrededor de 40 kilos.
Precisamente el récord de tamaño registrado para esta especie lo ostenta un ejemplar capturado en las Islas Canarias en 1977, que con una longitud de 127 cm dió en báscula un peso de 40 kilos. Se habla de algunos ejemplares de hasta 45 kilos, pero sin contrastar ni acreditar fehacientemente lugares ni fechas.
El número de vértebras es de 18 precaudales y 21 caudales.

El tamaño de sus aletas pectorales es desmesurado, de ahí proviene el nombre vasco de Egaluze, el inglés Long finned Tuna, el italiano Germo alalunga, el portugués Voador, y cómo no, su nombre genérico en latín (Thunnus Alalunga).
Estas aletas tienen forma de hoja de guadaña, la segunda aleta anal y la dorsal son muy parecidas entre sí y afiladas en su parte delantera, quedando algo más corta y retrasada la anal.
La aleta caudal es semilunar y amplia, y tiene los lóbulos estrechos.
Las ventrales son muy pequeñas.
La sección central de su tronco es casi cilíndrica, muy poco comprimida en los flancos.

Tiene el dorso de un color negro azulado, los flancos son de un gris azulado con reflejos irisados y verdes, excepto los individuos pertenecientes a la subespecie del Mediterráneo, que tienen los flancos parduzcos, y el vientre es plateado con un brillo metálico apagado como de aluminio.
El color de las pínulas es negruzco y en esta especie las superiores son 8, mientras que las inferiores son 7.
Las aletas pectorales son también casi negras, las ventrales son bastante más claras. Las dorsales y la caudal son de color pardo.
Indudablemente forma un sorprendente mosaico de colores, más apreciables cuando los individuos están vivos.

Posee de 25 a 31 branquispinas en el primer arco branquial, lo que da a entender que por lo menos durante su edad inmadura se alimenta de plancton.
Es capaz de sumergirse a 1.000 metros de profundidad, tiene la vejiga natatoria muy desarrollada y la cara ventral de su hígado es estriada.
Las Albacoras superan los 60 kilómetros por hora de velocidad punta (32 nudos), y están dotadas de una vista y una capacidad sensitiva poco común entre los peces.
Es muy asustadizo y desconfiado. Le espantan los brillos, los ruidos chirriantes, los golpes etc. Esto se traduce en una dificultad añadida a la hora de capturarlo.
Para redondear el currículum de este escurridizo pez añadiré que además es de boca fina y no ingiere por tanto cualquier cosa. Para atraerlo es necesario que el pez que se coloque en el anzuelo esté vivito y coleando, porque si permanece inmóvil rara vez morderá el anzuelo, a no ser que esté medio muerto de hambre.

Casi nunca se concentra bajo objetos flotantes, sin embargo su asociación con Listados, Patudos y sobre todo Rabiles es relativamente frecuente.
No le atrae mucho la luz artificial. Durante la noche se mantiene fuera del alcance de las luces de los barcos parados, es decir justo en el límite de su alcance.
Pocas veces se asocia con Cetáceos ó Tiburones, y cuando esto sucede es porque a su vez estaba asociado con otra ó otras especies de Túnidos.

Alcanza la madurez sexual a los cinco años, cuando su peso es de alrededor de 17 kilos y desova entre 2.000.000 y 3.000.000 de huevos por puesta.
En cuanto a éste último detalle he de hacer un inciso muy importante, como es el hecho de que los Túnidos se agrupan principalmente por edades.
Como ya expliqué con anterioridad, los Túnidos son unos peces eminentemente gregarios, pero en la misma medida lo son también emigrantes. Sus dos grandes migraciones son la trófica ó alimentaria, y la reproductiva ó de desove, llamada también freza, de ahí que los inmaduros y los adultos no puedan vivir juntos durante mucho tiempo, puesto que las zonas de desove difieren geográficamente mucho de las tróficas.
Veamos por ejemplo qué sucede con nuestro inestimable Bonito del Norte.
La totalidad de los individuos de esta especie invernan dentro del triángulo comprendido entre Azores, Madeira y Canarias. Son los únicos cuatro meses que convivirán jóvenes y adultos, puesto que al final de la primavera los primeros se dirigirán hacia aguas del Golfo de Vizcaya para alimentarse allí de alevines de todo tipo de peces principalmente, hasta bien entrado el otoño, mientras los mayores lo harán hacia el Mar Caribe para cumplir con su misión reproductiva anual.

La Albacora es una especie de amplia distribución en las zonas tropicales y templadas.
En el Océano Atlántico se encuentran los adultos principalmente en aguas tropicales ó subtropicales, mientras que los ejemplares jóvenes se encuentran en zonas más templadas.
En este océano están presentes en casi toda su extensión, al Oeste desde la Península del Labrador hasta la frontera de Argentina con Brasil, y al Este desde la costa Oeste de Escocia hasta Sudáfrica, continuando hacia el Índico.

En el Pacífico vive preferentemente en el hemisferio Sur, desde Chile hasta Indonesia.
Los ejemplares jóvenes suelen agruparse formando cardúmenes en la superficie.
Cuando se están alimentando se les ve por sus zambullidas, saltos y cabriolas que a veces forman una espuma en la superficie del mar llamada sarda ó barballa.
Incluso si el cardumen es importante forman una marejadilla ó brisa llamada serguera.
Esta forma de presentarse es común para todos los Túnidos.

Para poder vivir necesita aguas templadas de entre 12 y 30 grados centígrados, pero donde más a gusto se encuentra es con aguas de 17 a 21, de ahí que casi siempre se encuentre en aguas con esas temperaturas.
Con respecto a esto último he de subrayar que los Túnidos son peces estenotérmicos, es decir, que solamente pueden vivir dentro de unos márgenes más ó menos estrechos de temperatura de agua de mar, y además no pueden cambiar bruscamente la misma, puesto que la temperatura de su sangre va íntimamente ligada a la temperatura del agua que le rodea, y un cambio repentino le acarrearía graves consecuencias, incluso la muerte.
Esta importantísima particularidad es consustancial en todos los Atunes, en menor medida en el Patudo.

La alimentación de la Albacora se compone básicamente de peces pelágicos principalmente clupéidos como el Boquerón (Engraulis Encrasicholux) y la Sardina
(Clupea Pilchardus). Carángidos como el jurel (Trachurus Trachurus). Y escómbridos como la Caballa (Scomber Scombrus) y el Makarel (Scomber Japónicus).
Cuando se acerca a la costa también se alimenta de crustáceos y cefalópodos.
No se han descrito casos de canibalismo en esta especie, cosa que sí sucede en otras, por ejemplo uno de sus “primos”, el Listado (Katsuwomus Pelamis).

Sus únicos enemigos naturales son los grandes Marlines (Tetrapterus Belone), los peces más rápidos del Planeta, que con sus 100 kilómetros por hora de velocidad punta, son capaces de dar caza a los atunes, de ahí que los Túnidos sientan un pánico cerval por estos espadachines depredadores de los mares.
En cuanto a cetáceos se refiere, solamente la Orca (Orcinus Orca), trabajando en equipo como los lobos, es capaz de igualar esta hazaña.
La Albacora es especie bastante longeva pues pueden llegar a vivir quince ó dieciséis años.

Cuando se encuentra encerrado en un “Arte” de cerco se mantiene escondido en el fondo de la red mientras dura el virado de la misma, de manera que es muy difícil saber si está dentro de la red ó se ha tomado las de Villadiego.

Al final de la izada, cuando se vira el “saco”, al subir obligado a superficie desde una
profundidad de más de 100 metros, aparecen flotando panza arriba y con el buche fuera de la boca por efecto de la brusca descompresión, de forma similar a como sucede con los Gádidos como la Merluza (Merluccius Merluccius).

La Albacora posee junto con el Bonito del Sur (Sarda Sarda) la carne más clara de todos los atunes. Una vez cocinada su color es el del marfil, es decir casi blanca, de ahí el apelativo de Atún Blanco, esto unido a que su sabor es muy delicado, hace que sea bien cotizado en todo el mundo.
La ventresca de Albacora en aceite de oliva es uno de los manjares de paladar más exquisito que existe en opinión de la mayoría de los “gourmets”, por no decir todos.
También es opinión generalizada que la única carne de Túnido que le puede hacer sombra es la ventresca de Atún Rojo ó “Blue finn Tuna” (Thunnus Thinnus).

El rendimiento neto que se obtiene de él está comprendido entre el 50 y el 60 % del peso total del individuo dependiendo del tamaño. Lo cual significa que el desperdicio total, producto de la suma de las vísceras, aletas, piel, cabeza y huesos ronda entre el 40 y el 50 %. Lógicamente a mayor ejemplar menor desperdicio y viceversa.
También es justo subrayar que el desperdicio no es total, puesto que si esas partes que menciono como tal no se envasan con la parte digamos “buena”, también es cierto que se utilizan para otros menesteres secundarios en este caso, como pueden ser por ejemplo la confección de alimentos envasados para animales. Por lo tanto la pérdida por desperdicios no es total, de los Túnidos se aprovecha todo, incluída la proteína que se desprende de las piezas durante su cocción y que flota en el agua de las calderas de las conserveras.

Su nombre científico es Thunnus Alalunga y fué descrito por primera vez por Bonnaterre en 1788.
Otros autores posteriores lo definen como Scomber Alalunga ó Germo Alalunga, aunque insisto, la definición de Bonnaterre es la universalmente aceptada en la actualidad en el mundo entero>>

Como tan a menudo se me habían olvidado las fotos


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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

Tremenda ficha técnica con introducciones de campo.


Cita:
La ventresca de Albacora en aceite de oliva es uno de los manjares de paladar más exquisito que existe en opinión de la mayoría de los “gourmets”, por no decir todos.
También es opinión generalizada que la única carne de Túnido que le puede hacer sombra es la ventresca de Atún Rojo ó “Blue finn Tuna” (Thunnus Thinnus).
Doy fe de ello, en mi casa es un plato para ocasiones especiales. Al carbón vuelta y vuelta, sal gorda y al buche... ummm. De hecho he encargado una ventresca de rojo para el viernes con motivo del reencuentro familiar tras confinamiento.

En Barbate en esta época es fácil encontrar atún rojo de almadraba fresco.

El tartar es otro plato muy cotizado. Solo que hay que congelar por aquello del anisakis. A falta de atún, en casa lo solemos hacer con bacoretas y también sale rico. Aunque no es lo mismo. Lo que llamamos aqui bonito, (Sarda sarda) es mucho mas blanducho. No vale para eso.
El Alalunga , por aqui se ve poco. El rojo se ve demasiado. A mi me han echado para tierra más de un día. De ejemplares pequeños hablo. Lo mas voraz que he visto. Pero mirar y no tocar.
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La tierra firme me marea, sobre todo cuando estoy en la Cantina del puerto.
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