Está claro que tener un barco no solo supone la posibilidad de navegar y la libertad que pueda implicar en sí mismo. Para la mayoría de nosotros es la culminación de un deseo y aspiración que nos ha acompañado incluso desde niños. Es cierto que su tenencia supone un coste considerable pero no es menos cierto que el beneficio anímico que nos aporta su mera visión es muy importante, el simple placer de sentarte en tu bañera y disfrutar del entorno genera una intima sensación de bienestar. ¿Disfrutémosla mientras podamos!

