La Taberna del Puerto Sergio Ponce
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Antiguo 27-05-2020, 18:27
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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

Ten en cuenta también que los túnidos cambian de aspecto de vivos a muertos.
Por ejemplo el Listado cuando está vivo casi no se le notan las listas ventrales pero una vez muerto se le marcan bien.
Al Bonito cuando lo embarcas vivo se le notan como unas franjas transversales que al morir desaparecen.
El Tasarte es el más alargado de todos, todo lo contrario que el Patudo que es el más rollizo. En fin, todos tienen su sello a excepción hecha del Patudo y el Rabil en sus primeros meses de vida que son tan parecidos entre sí que es casi imposible su identificación si no se extrae el hígado en el que en el Patudo una de sus caras está estriada y en el Rabil no.
Las estrías en una de las 2 caras del hígado es un sello del Albacora también pero éste no necesita de mirar su hígado para identificarlo dado el desmesurado tamaño de sus aletas pectorales.
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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical


Muy buen hilo Txelfi, gracias, interesante y personal. Hace un par de años hice dos campañas en un reefer que principalmente cargábamos atún y pertrechos para los atuneros, me has traído muy buenos recuerdos de las cargas de atún en Abidjan, Dakar y otros puertos. La verdad es que es un mundillo muy interesante.

A tu salud
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TXELFI (30-05-2020)
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Antiguo 30-05-2020, 13:07
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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

Es un pozo de sabiduría, Txelfi!

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https://youtu.be/hJlojXdQVDQ
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TXELFI (30-05-2020)
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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

Y ahora viene la traca final. Va a resultar un poco largo os lo advierto, pero creo que merece la pena para ponernos un poco en situación de lo que vendrá después, cómo se puede pasar de estar en el Edén a entrar en el Averno en tan solo 7 horas.
Vamos a situarnos en Abril del 2008.



SINGLADURA 23 (Miércoles)





El plantado súper-veterano con su boya estaba situado a veinticinco millas al Nordeste de la isla de Santo Tomé y se desplazaba arrastrada por la corriente a tan solo tres o cuatro décimas de nudo en dirección Sur. La mar era prácticamente como una inmensa balsa de aceite cuando el “Apóstol Segundo” se acercaba rápidamente hacia él. Aún faltaba un poco para que comenzara a amanecer y había Luna Nueva, o sea, no había Luna, así es que la noche era negra cual boca de lobo como vulgarmente se suele decir.
Aquella boya había hecho un recorrido casi inaudito, estuvimos haciendo seguimiento visual de ella durante meses en la pantalla de las boyas satelitarias con asombro pero sin poder visitarla porque viajaba por la costa de diversos países en cuyas aguas no podíamos pescar. Se echó al agua cerca del banco del 3º Sur y viajó haciendo W y WNW hasta que cruzó el Ecuador en 22º W.
después hizo N hasta el 5º Norte y posteriormente E hasta el Cabo Palmas, de allí viajó sucesivamente por las costas de Costa de Marfil, Ghana, Togo, Benín y Nigeria. De allí hizo Sur pasando por la parte oriental de la isla de Príncipe y ahora estaba con la isla de Santo Tomé por su parte SW.
Había realizado todo este periplo en 5 meses pero lo más asombroso del tema es que no hubiera sido interceptado por ningún cerquero o cañero coreano en su paso por Costa de Marfil, Ghana, Togo, Benín o Nigeria.

Faltaba algo más de una milla para llegar junto a la boya de la cual aún ignoraban los tripulantes si estaría con su plantado correspondiente o no, cuando Jon amoderó el motor hasta el ralentí y segundos después desembragó.
Inmediatamente después el sónar de baja frecuencia que permanecía en transmisión al igual que el otro desde media hora antes detectó algo que no era muy habitual a tan temprana hora ni a semejante distancia. En la parte de arriba del monitor a poco más de una milla de distancia apareció una mancha roja algo mayor que un huevo de gallina, Eustaquio exclamó:
-¡Ostia, ahí hay morterada, seguro!-
-Ojalá sea así pero yo no estoy seguro. Os he dicho muchas veces que aquí el interior del Golfo de Guinea, entre islas, es el criadero natural de barracudas y bananas principalmente, y como ya sabéis ambas especies tienen grandes y abundantes escamas. Debido a eso pueden generar una mancha descomunal en los sonares porque tanta escama actúa como reflectante de las ondas haciendo creer que hay mogollón de pescado. Lo mismo puede suceder en esta zona como en las proximidades de Guinea Bissau con el jurel, como ya nos sucedió la campaña pasada-
-¡Coño, no me jorobes Jon, no seas agorero!- protestó el capi
-Esperemos que sea material del bueno- porfió Javier
-De momento vamos a ponernos listos para largar- ordenó Somarriba
Javier hizo sonar la alarma en tres lagos timbrazos, Abdou echó a correr hacia el bote rápido con amplia sonrisa en el semblante, como hacía siempre.

Con la arrancada se habían acercado a seiscientos metros y el manchón en ambos sonares ahora era más grande que la cajetilla de cigarrillos que Jon acababa de extraer del bolsillo lateral de la sudadera de su chándal.
Encendió uno y después de meter todo el timón a estribor dió una palada avante para evitar que el barco se fuera encima del cardúmen. En su fuero interno presentía que aquello era pescado del bueno pero no quería echar las campanas al vuelo porque de equivocarse el berrinche sería monumental para todo el mundo, pero sobre todo para él, que lo tomaba todo tan a pecho, por añadidura era el responsable del barco así es que huelga añadir más.
-El bote está en el agua- informó Agustín
Un cuarto de hora después se encontraban con el arte en remojo y acababan de comenzar a virar los cables. Estaba amaneciendo y aunque el Astro Rey no había hecho acto de presencia aún se veía ya con bastante claridad. Entre otras cosas se divisaba nítidamente la brisa de pescado que había aflorado en plena largada alrededor del bote manejado por Abdou que sujetaba en su gancho de remolque el cabo que procedía del viejo plantado.
El mismo cabo que hasta poco antes estuviera sujeto a la boya forrada de percebes en toda su parte sumergida.

Una vez virados los cables y el plantado a bordo, Apolo, que sí era rubicundo ese día puesto que apenas había nubes en el firmamento, lucía en todo su esplendor mientras la brisa originada por la pesca encerrada en el cerco se hacía cada vez más grande y áspera, como cada vez era más grande y áspero el ansia que embargaba el corazón de Jon Somarriba.
Cuando habían virado la mitad del arte era más que evidente de que allí había mucho pescado, había que ser muy cegato para no verlo. La sonda lateral marcaba mucho, los brillos del gran cardúmen de listado grande que se movía próximo a la superficie eran continuos y numerosos y patudos jóvenes venían mallados vivos de continuo en las mallas grandes de la parte central de la red.
Cuando Koyo preguntó que cuántas anillas del saco debía coger, el patrón le respondió que diez, y el africano acogió la respuesta con júbilo, el saco de la red del “Apóstol Segundo” tenía doce en total.

La silueta de la isla de Santo Tomé se divisaba nítidamente por el Suroeste, un avión comercial de pequeño tamaño se acercaba por el Norte procedente de Príncipe, mientras un transbordador de pasajeros que se asemejaba más a un bus acuático que a una embarcación salía raudo en dirección contraria.
Estaba el extremo del saco entrando en el halador cuando éste casi se detuvo debido al peso. Había calma y chicha y el barco apenas se balanceaba, de haber un poco de balance la cosa se simplifica puesto que las oscilaciones del barco originan que a cada bandazo a estribor la red suba y cuando es a babor el halador recoja, así de simple. También es cierto que la ausencia de balances es primordial para en caso de que la cantidad de pesca encerrada en el saco sea muy grande éste no se rompa dando al traste con la faena. Un desastre mayúsculo, moral y económico.
A duras penas el gran “power-block” consiguió subir toda la red en posición de poder traer el fondo del saco arriba para poder embarcar la pesca.

Jon observó que aún al ralentí la panga les arrastraba poco a poco hacia atrás.
-¡Para, Abdou!, desembraga el motor- ordenó al panguero a través del walkie-talkie
-Ok, está parado patrón- respondió el senegalés
No hubo manera de halar ni un metro de paño con el rodillo hidraúlico del costado de babor puesto que el saco en su totalidad estaba muy tenso, tuvieron que comenzar a estrobar desde el principio usando como es habitual el lanteón manejado por una maquinilla con un tiro de diez toneladas.
-¡¡Chacha mowi!!- Animó Jon a sus muchachos
-¡¡Angawa!!- (1) berreó acto seguido, micro en ristre
Pero habían conseguido subir el saco hasta la mitad cuando la maquinilla del lanteón dijo basta, y se negó a virar ni un milímetro más, los paños del saco estaban tensos como cuerdas de violín apuntando hacia el fondo marino.
(1) ¡¡Adelante!! = En Kwa
-¡Koyo, vamos a poner el lanteón en doble!- gritó Jon a su contramaestre
-¡Javi, arría el aparejo real- prosiguió
Mientras tanto Koyo se apoderó de una pasteca de una sola roldana acabada en un gancho que estaba colgada de una barra en la banda de estribor de la maquinilla principal y la transportó a la banda de babor. El contramaestre ghanés había hecho aquella maniobra muchas veces con Jon, sobre todo cuando estuvieron faenando en el Pacífico, y se la sabía de memoria, por lo demás tampoco era muy difícil lo que iban a hacer, solo que al ser una maniobra ideada por el bermeano, era una faena desconocida por algunos tripulantes del barco en particular y por el resto de tripulantes de la flota en general.

Lo habitual en estos casos es continuar estrobando con el aparejo real, la consecuencia es que subir sube arriba lo que sea si el saco aguanta sin romper, que no siempre aguanta. Lo malo del asunto es que el aparejo real tiene tanta desmultiplicación que resulta lentísimo tanto al virar como al arriar, y mientras tanto el pescado se muere y en consecuencia el peligro de que reviente el saco se multiplica puesto que el pescado muerto lógicamente pesa mucho más dentro de la red que el vivo.
Cuando el cuadernal doble acabado en gancho que utilizaban para virar la panga estuvo a metro y medio de la cubierta Koyo encapilló la gaza del extremo del cable del lanteón en el gancho del aparejo real. Previamente había quitado de allí el gancho desengrilletándolo y después había pasado la gaza por la pasteca que trajera de estribor.
Jon ordenó a Javier virar el aparejo real hasta que hicieran tope ambas pastecas en lo alto del arraigado de la pluma principal a doce metros de altura sobre la cubierta, mientras tanto tuvo que arriar cable del lanteón.
En el momento que la pasteca doble hizo tope arriba, el lanteón pasó a ser doble puesto que en el seno de su cable había otra pasteca simple como ya he dicho antes.

-Bueno, vamos a ver, Eustaquio, no hagas lo posible para que reviente el saco, ya sabes, tienes que virar el lanteón y el rodillo a la vez y con suavidad- rogó Somarriba
-¿Cómo voy a hacer lo posible para reventar el saco?, qué cosas dices-
-Al bermeano hay que entenderle por lo que quiere decir, no por lo que dice- soltó el patrón
-Ya, mensaje recibido- accedió el capi con sequedad
Continuaron dando estrobadas a los paños del saco con facilidad hasta que estuvo en disposición de ser salabardeado, en poco tiempo comenzaron a embarcar la pesca.
Porriño se personó en la cónsola hidraúlica y preguntó al patrón:
-Oye, tenemos un lance de puta madre ¿no?- había estado mirando el saco desde la regala antes de subir
-Afirmativo- respondió el otro mientras miraba inquisitivo el gran saco
-Pero ¿cuánto crees que hay?- quiso saber el maquinista
-Yo creo que así a ojo debe haber unas doscientas-
-¡Carajo! Tenía preparadas dos cubas pero voy a preparar una más- y se largó
Cuando llevaban embarcadas cerca de doscientas toneladas, hora y media después, apareció de nuevo preguntando que cuánto quedaba.

-Pues si no queda una cuba más, no andará lejos- respondió Somarriba, que lo había pasado mal, como cualquier otro patrón cada vez que se realiza un gran lance
-Mecagüen la puta- exclamó Sabino y echó a correr de nuevo
Embarcaron finalmente doscientas cincuenta toneladas de las buenas, habían descontado diez por si las moscas y otras cinco que calcularon de especies asociadas que inevitablemente habían caído en las cubas. En cuatro horas había finalizado todo, contando desde que la panga había salido de la popa del barco hasta que regresó de nuevo a su alojamiento.
La mitad del total de la pesca estaba compuesta por listado grande, de dos a cuatro kilos, la otra mitad se trataba de rabil de todos los tamaños, desde tres kilos hasta setenta, y patudo joven de cinco a veinticinco kilos a partes iguales, es decir, la captura había sido magnífica no solo por el volumen, además de esto y cosa poco habitual en aquella zona no habían capturado especies de pequeño tamaño ni melvas ni bacoretas. Tres barreños de barracudas de buen tamaño pasaron a engrosar el “avituallamiento” de la gambuza, además de numerosos peces-ángel, bananas, dorados etc y el cocinero Lass con su pulgar vendado señalaba el cielo encantado.

Sujetaron cuatro flotadores más de poliestireno al viejo plantado por su cara inferior, limpiaron de percebes la boya y después de depositarlos en el agua embarcaron la panga y pusieron rumbo Sur-suroeste.
Tenían una boya de radiofrecuencia a diez horas de allí y pararían cerca de ella para visitarla por la mañana siguiente.
Cuando el batelero Abdou apareció por el alerón de babor, la exultante sonrisa le llegaba de una oreja a la otra, se le veía muy contento.
-Allahu akbar- (1) exclamó contento dirigiéndose al patrón cuando vio a éste mirándole
-Salam aleikum- (2) respondió el bermeano sonriendo también
-Aleikum salam- concedió el senegalés, feliz
El resto de la jornada de pesca hubo más animación que de costumbre entre la dotación del “Apóstol Segundo”, como es lógico. Lito, que no cabía en sí de gozo hacía kilómetros por todo el barco con su trapo sucio en la mano recordando la repetición de la jugada a todo aquel que se le ponía a tiro.
Después de la ducha cotidiana cuando Jon apareció en el salón-comedor, le recibió con una sonrisa de oreja a oreja y un cubata recién preparado
-Oye viciño- saludó al que de vecino suyo no tenía nada -Ya se ve que me estás haciendo caso ¿eh?, otras dos de esas y nos vamos a casa llenos- soltó ladino
-Otras dos de esas no entran a bordo, con una me conformo- replicó Javier
-Ya empieza Paco con las rebajas, que vengan dos, que ya me encargaré yo de darles frío- intervino Porriño
Continuaron de esa guisa durante toda la cena, entre pullas y bromas. Por lo visto al capi y al primer mecánico se les había olvidado la que montaron unos días antes. Sin embargo a Jon le costaría quitarse el disgusto de encima por lo menos hasta las vacaciones.
Llevábamos 23 días de mar y teníamos 900 Tm de pescado a bordo, era una marea horrible para toda la flota pero tuvimos suerte o acierto y habíamos pescado más del doble que el segundo en el ránking.
Teníamos un montón de días por delante para llenar el barco hasta las cartolas, aquel barco metía 1.300.

(1) Allahu akbar= Alá es grande, en árabe
(2) Salam aleikum= La paz sea contigo, en árabe

Jooooooobar, hay que ser ceporro, se me habían olvidado las fotos.


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Editado por TXELFI en 31-05-2020 a las 22:22.
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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

Esos objetos flotantes balizados, se respetan?, tienen por decirlo de alguna manera dueño? Ha habido casos de intromisión. Las frecuencias de localización tienen algo que ver?. pregunto desde la ignorancia.
Supongo, por lo que me ha llegado siempre, que la ética en la mar es un denominador común y algo más si cabe entre entre colegas.
Pero con el abanico tan amplio de procedencia de buques, idiosincrasias, intereses, money money, zonas etc. No podría haber piques , astucias , carreras, calados por delante, situaciones comprometidas de rivalidad no siempre limpias etc.??
Perdóname Txelfi si soy tan preguntón; pero es que me puede, me apasiona. Es donde me hubiese gustado estar entre los treinta y los sesenta. Hubiese sido mi sueño. Pero ya sabes, el hombre se pasa la vida haciendo planes y el destino desbaratándolos.

Por cierto esta mañana he tenido un encuentro particular con un zorro de mar, se ha ido y me he alegrado, por él y por mi. Creo que están protegidos.
Unos compis también han tenido una clavada y lo han grabad, expectacular los saltos. tampoco lo han puesto en seco.
sabes algo de estos escualos, dicen los veteranos que es muy rico culinariamente hablando.

Menuda batería te he largado...

Pide lo que quieras, barra libre.
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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

El que encuentra una baliza ajena amarrada a un objeto si tiene pesca se le larga el arte y santas pascuas. Con tantos barcos de tantas nacionalidades no puedes andar con zarandajas.

Tiburones he pescado sin querer tropecientos, tales como marrajos, azules, grises, martillos enormes, de puntas blancas, de puntas negras, tiburones ballena hasta 6 en un lance. He visto parir en cubierta unas cuantas veces 30 o 50 crías del tamaño de una pintarroja pero zorros no hay por allí.
De todos los que nombro sin duda culinariamente hablando el mejor es el marrajo.
Supongo que sabes que todos los elasmobranquios regulan su equilibrio osmótico mediante la urea de manera que tiburones y rayas tienen en su sangre una cantidad de urea tal que la décima parte mataría a un humano.
De ahí que cuando se abre el vientre a un tiburón apesta a meada y no se hace agradable.
Entonces tenemos que entre los tiburones son el marrajo y el cazón los que casi no huelen a urea y entre las rayas la común o (raja clavata).
No sé si es coincidencia o no pero son los que carne más blanca y delicada tienen de todos ellos.
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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

SINGLADURA 24 (Jueves)




Esa mañana se encontraron con la desagradable sorpresa de que al plantado le habían cercenado la corbata y no tenía nada de túnidos bajo él. Solamente habían quedado los peces de escama o especies asociadas.
En ocasiones suele suceder que la corbata del objeto artificial se engancha en un anzuelo de un palangre para túnidos o peces-espada, y posteriormente cuando el palangrero hala su aparejo, al embarcar la franja de paño de red viejo el marinero de turno corta con su navaja el estorbo y así el plantado queda sin rabo y corre con la corriente superficial perdiendo la pesca que estaba con él y que estaba habituada a habitar asociada a un objeto “sujeto” a corrientes más profundas. Al perder el “fondeo” el objeto flotante cambia de velocidad y rumbo y los túnidos en casi todas las ocasiones abandonan el biotopo.
-El plantado es como el hombre, si no tiene rabo no vale- dijo Jon a Koyo cuando embarcaron el artilugio con la grúa de proa para ponerle una corbata nueva y depositarlo en el agua de nuevo, <<ya tendrá pescado algún día>> opinaba siempre el bermeano
Durante el intervalo de tiempo que permanecieron parados el barco balanceaba como un descosido porque se sincronizaba el período de balance con el de la ola. El patrón recordó el lance de la víspera y también el hecho de que el tanque antibalance permanecía vacío desde la salida de puerto. Estaba claro, tenían exceso de estabilidad, el rubio bermeano llamó por teléfono interno a Porriño ordenándole llenara el tanque “Flume” hasta su nivel de rendimiento óptimo.
Pusieron rumbo Sur hacia otra boya de radiofrecuencia, no había señal de pesca por parte alguna aparte de los típicos lances sueltos por aquí y por allá que cada día unos pocos barcos efectuaban, lances por otro lado discretos o míseros todos ellos.
Jon llamó a Gregorio por teléfono pues hacía cuatro días que no hablaba con él, el responsable del macicero le comunicó que debía haber unas cuarenta toneladas de túnidos reunidos bajo su barco. Según él la cantidad aumentaba paulatinamente día a día y sugirió veladamente a Somarriba que fuera pensando en darse una vueltecita por allí. No era cosa de esperar a que entrara una gran manada de delfines, calderones o de cualquier otro depredador que espantara la pesca que tantos días había costado reunir.
Justo a la hora del almuerzo Isaac llamó para comunicar al patrón de que no había mercante alguno para transbordar la pesca en los próximos quince días y que en consecuencia tendrían que retrasar los relevos una semana. Cuando se enteró por boca del rubio de lo que habían hecho la víspera, el gerente se mosqueó mucho y llegó a insinuar al patrón que había encontrado pesca días atrás en algún lado y se lo había ocultado a él y a los dos barcos de la compañía.
El bermeano se armó de paciencia y replicó al interfecto que conociendo los movimientos del barco desde su poltrona a través del Stándard C, cómo podía llegar a desconfiar hasta ese extremo.
De hecho, su desconfianza enfermiza le había inducido a instalar un monitor en su despacho de la oficina para mediante un dispositivo GPS cuya antena todos los barcos de la empresa llevaban instalado sobre el puente, para así conocer en todo momento las posiciones y movimientos de los mismos.
Al atardecer Somarriba puso una velocidad de diez nudos, aún así sobre las once de la noche estarían cerca de la boya que tenían en su proa.


SINGLADURA 25 (Viernes)





Ésta vez el objeto artificial estaba completo, no le faltaba corbata ni nada, pero no tenía pesca, es decir, sí tenía pero en poca cantidad (unas seis u ocho toneladas), un salabardo como vulgarmente solía decir el rubio patrón bermeano.
Para no faltar a la costumbre al responsable de aquél barco no le apetecía para nada largar el arte para capturar tan exigua cantidad de pesca, sostenía y no exento de razón que quitar la pesca a un objeto significa dejarlo desnudo durante mucho tiempo.
Mientras que dejándolo tranquilo con un salabardo de pesca, muy probablemente en dos, tres o cuatro semanas como máximo podrían hacerle un lance bueno.
Había practicado ese sistema desde que vino la moda de “sembrar” objetos artificiales y le daba buen resultado hasta la fecha. A veces sucedía que días después la boya “desaparecía”, pero bueno, esos episodios forman parte del juego de la pesca, hay que saber perder como también hay que saber ganar.
Resultó otro día en blanco porque nada de provecho encontraron. Esa jornada divisaron innumerables bandadas de aves marinas que acechaban los bancos de clupéidos que abundaban en la zona, sin embargo los atunes no hicieron acto de presencia.
Al atardecer se cruzaron con un cañero koreano de construcción japonesa, un barco de sesenta metros y trescientas cincuenta toneladas de capacidad de pesca pintado de blanco. A Jon, que ya había tenido alguno abarloado al costado de su barco otrora, siempre le habían llamado la atención aquellos cañeros con su proa tan lanzada y con cavidades en la parte superior destinadas a romper las olas cuando vienen de proa, su superestructura de tres plantas totalmente a popa como los barcos mercantes de cabotaje, y su tamaño inusual en flotas pesqueras del resto de países que no fueran orientales. Un barco de semejante porte dedicado a la pesca a caña es impensable para nuestra flota, no así para ellos que embarcan tripulaciones de treinta y cinco o cuarenta hombres con sueldos de miseria si los comparamos con los de aquí, y sin vacaciones por añadidura para períodos de dos años.
Navegaron a marcha reducida al rumbo suroeste hasta encontrarse a siete millas de una boya satelitaria que llevaba cuatro meses en el mar desde que había sido “plantada” junto con su objeto prefabricado, en las proximidades de Luanda por el “Urbero”. Eustaquio detuvo el barco a las doce y media de la noche.


SINGLADURA 26 (Sábado)




Nueva visita mañanera a una boya y nuevo chasco. También esta vez estaba todo completo pero no había más que ocho o diez toneladas de pesca, además de especies asociadas y tampoco en abundancia. El agua de mar estaba más fría que todos los días anteriores (veinticuatro grados), no es que fuera una temperatura particularmente fría pero a algo había que echarle la culpa. Jon estuvo tentado de largar el arte pero resistió la tentación. Ya le harían un buen lance la marea siguiente si tenían la suerte de que el objeto en cuestión no fuera “requisado”.
Tampoco esa jornada el tiempo estaba como en las precedentes, soplaba una brisa fresca del Sur de quince nudos que para navegar de costado o proa a ella molestaba bastante porque había levantado olas de dos metros.
A mediodía encontraron un objeto plantado amarrado a una boya de radiofrecuencia en la que se pudo leer “Avel Viz”, un cerquero galo de quinientas toneladas. Puesto que no tenía pesca le pusieron una boya propia y la dejaron en el lugar.
Antes de retirarse a la ducha diaria Javier llamó a casa por teléfono. La conversación no duró dos minutos, rápidamente colgó el auricular y salió al alerón con lágrimas en los ojos. Unos segundos después entraba en el puente Lito por la misma puerta que había salido el lekeitiano
-¿Qué le pasa a ese que está lloriqueando como una niña?- preguntó el gallego
-Si está llorando es que algo muy grave ha sucedido en su casa ¿no crees?- respondió Jon muy serio -Javi no es ninguna niña, todo lo contrario, hay que ser muy hombre para llorar. El hombre que no llora nunca no es un hombre, es un monstruo- añadió el patrón, además de serio, preocupado
En esos momentos entraba en el puente el interfecto secándose las mejillas con el dorso de la mano
-¿Qué pasa colega, malas noticias?- preguntó Jon pasándole un brazo por los hombros
El lekeitiano les aclaró breve y entrecortadamente el motivo de su repentina desazón. Uno de sus mejores amigos de la infancia se había ahorcado porque su novia de toda la vida le había dejado por otro. Sin comentarios.
Dos horas después de oscurecer estaban parados cerca de otra baliza.

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Editado por TXELFI en 01-06-2020 a las 21:54.
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Antiguo 01-06-2020, 15:41
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Pirata pata palo
 
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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

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Originalmente publicado por TXELFI Ver mensaje
El que encuentra una baliza ajena amarrada a un objeto si tiene pesca se le larga el arte y santas pascuas. Con tantos barcos de tantas nacionalidades no puedes andar con zarandajas.

Tiburones he pescado sin querer tropecientos, tales como marrajos, azules, grises, martillos enormes, de puntas blancas, de puntas negras, tiburones ballena hasta 6 en un lance. He visto parir en cubierta unas cuantas veces 30 o 50 crías del tamaño de una pintarroja pero zorros no hay por allí.
De todos los que nombro sin duda culinariamente hablando el mejor es el marrajo.
Supongo que sabes que todos los elasmobranquios regulan su equilibrio osmótico mediante la urea de manera que tiburones y rayas tienen en su sangre una cantidad de urea tal que la décima parte mataría a un humano.
De ahí que cuando se abre el vientre a un tiburón apesta a meada y no se hace agradable.
Entonces tenemos que entre los tiburones son el marrajo y el cazón los que casi no huelen a urea y entre las rayas la común o (raja clavata).
No sé si es coincidencia o no pero son los que carne más blanca y delicada tienen de todos ellos.
Gracias
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La tierra firme me marea, sobre todo cuando estoy en la Cantina del puerto.
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TXELFI (01-06-2020)
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Sergio Ponce

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