Poco que añadir al argumentario de los "clásicos", magníficamente expuestos.
El básico es que nadie se ha atrevido a eliminar el astrolabio o la ballestilla o el mismísimo cuadrante de la navegación astronómica, sino que se introdujo instrumentos más exactos y cómodos: el octante y el sextante. Como los precisos relojes de cuarzo no fondearon a los preciosos cronómetros de cuerda. Cada uno, como repite Caribdis, lleva (o debe llevar) a la mar lo mejor que tiene/puede, no olvidando que "lo mejor" ha de apreciarse desde la propia operatividad en manos de la tripulación abordo. Esto es, si la ballestilla de Davis, en mis manos y en mi barco, me da una meridiana más fiable que un sextante Mark Davis, no es que deba desembarcar este último, si ya lo tengo, debiendo mejorar con práctica su operatividad, sino que deberé llevar siempre la ballestilla. El megacojoplotter de última generación con más menús y funciones, hasta que yo me lo aprenda a manejar con soltura, no puede dejarme amarrado al pantalán, cuando sea capaz de navegar seguro con otros medios. Porque el problema aquí debatido no es que sea mejor y preciso y rápido el último modelo de GPS, sino que han decidido QUITAR un sistema válido y maravilloso, que ya no estará disponible para los que o lo manejen mejor, o lo quieran tener para determinadas tareas, entre las que no es menor, en mi caso, la diversión, pero es que, después de tanto marino profesional en la familia, alguien tenía que serlo por puro recreo. Cuando el viento, después de toquetear todos los reglajes, dice que no te empuja a más de cuatro nudos y no te sale de los adentros poner el motor, no hay nada más divertido que guardar el móvil con las cartas electrógenas, apagar el ordenador conectado a internet incluso, y echarte un rato de papel y lápiz, hasta usando viejas tablas para no encender la calculadora. A mí, el vermout me sabe mejor cuando veo que no estoy tan oxidado como cabría esperar. Y sí, siento eso que Caribdis llama confianza y seguridad. Y hasta me chuleo con la Almiranta: "¡lo he clavao!". Y la Almiranta me pone como medalla más aceitunas y me rellena el vermout. Ella, mi tripulación, también lo siente. Y navegar es todavía más maravilloso.
Por eso, que los chupatintas de los ministerios piensen siquiera en quitarme eso cuando no se quitan ellos, sino que continuamente incrementan, sus placeres inconfesables (y no hablo sólo de los desarrollados en las casas con luces navideñas todo el año) a nuestra costa, cuando el mío me sale tan caro, me pone de los nervios y a vosotros os largo todo este rollo. Perdonad.


