Dos incidentes dolorosos:
Estaba una anilla de lata de cocacola de esas antiguas, de las que se arrancaba la anilla y la solapilla de aluminio, abandonada por algún rincón de la cubierta, con prisas para efectuar alguna corrección en la maniobra, doy un paso/salto y me la clavo hasta la anilla en la planta del pie. 3 puntos y desde entonces calzado obligatorio.
Ya anocheciendo llegamos a puerto después de una agotadora y salada travesía. Todos para casa y me quedo a endulzar la obra muerta. Acabada la faena doy un olímpico y gracioso salto para llegar al pantalán, pero mi pie resbala en lo húmedo y me encuentro -todo a cámara lenta- en el aire, sin posibilidad de llegar al pantalán, pensando que voy a golpearme de cabeza con el susodicho y caer al agua desmayado. Con un hábil giro estilo tirabuzón consigo caer en el borde del pantalán, dándome un costalazo de antología y quedando estirado y aturdido, sin poder moverme del dolor. En unos minutos llega el marinero de noche y sin reconocerme me comienza a increpar pensando que dormía la mona!
Todo acabó sin más lesión que unos moratones y unas cervezas en el chiringuito de marinería.
