De hecho, entendían que el cuarto del servo del timón se encontraba fuera del barco, en el sentido de que dado que trae mala suerte y están prohibidas las peleas abordo, entonces sancionadas con la Ley Penal y disciplinaria de la Marina Mercante, los que tenían que dirimir algún asunto para el que ya no valían las palabras quedaban en el cuarto del servo. "Ir al servo", "te espero en el servo", eran cosas que nadie oía, salvo los interesados, y mucho menos el Capitán, pero un chavalito entonces escuchó a un capitán decirle a un Primer Oficial: "quizá seas el mejor Oficial de la Marina Mercante, pero debes quitarte el gusto por ir al servo, si quieres ser un buen Capitán; los Capitanes no van al servo". Cuando su mujer dejó de navegar, ascendió a Capitán. Un magnífico Capitán.


