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#11
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Saludos mi entrada de hoy, fuente; Españoles Invisibles. Algunas veces ganamos otras perdimos pero siempre con honor!
LUIS VICENTE DE VELASCO E ISLA, UN HÉROE ESPAÑOL EN LA HABANA Tal día como hoy, pero de 1762: en La Habana (Cuba), tropas británicas ocupan el castillo del Morro pese a la heroica resistencia que ofrecieron los españoles. En la defensa del Castillo muere el insigne marino español Luis Vicente de Velasco e Isla Tras el periodo de paz que caracterizó el reinado de Fernando VI, la llegada de Carlos III significó un cambio de rumbo y la firma del Tercer Tratado de Familia con Francia fue lo que empujo al monarca español a involucrarse en una nueva guerra, sin olvidar las afrentas inglesas con sus continuos ataques a los barcos españoles en las Antillas y el Atlántico. Nos encontramos en el marco de la Guerra de los Siete Años (1756-1763), la que Winston Churchill consideró como la verdadera primera guerra mundial de la historia, ya que se desarrolló en tres continentes (Europa, América y Asia) e involucró a Gran Bretaña, Hannover, Prusia y Portugal contra Francia, España,Austria, Rusia, Suecia y Sajonia. Luis Vicente de Velasco Nacido en la villa cántabra de Noja en 1.711, su padre era caballero de la Orden de Santiago y su inclinación por el mundo del mar le hizo sentar plaza de guardia marina a los quince años de edad, participando ya con tan sólo 16 en el sitio que España puso para intentar la toma de Gibraltar. Seis años después participó en la reconquista de Orán destinado en la escuadra del teniente general Francisco Cornejo y después tomó parte en campañas contra los piratas berberiscos, y realizó varios viajes entre América y la Península, ascendiendo en los grados inferiores desde alférez de fragata a teniente de navío. Al iniciarse las hostilidades con Inglaterra Velasco era teniente de navío, participando al principio de la guerra estuvo en algunos combates con los ingleses en el Mediterráneo, donde al transportar tropas a Italia. Ascendió a capitán de fragata hacia 1741 y al mando de una fragata pasó al Nuevo Mundo como parte de los refuerzos enviados a las Antillas y América. Allí su primer encuentro con los británicos fue con una fragata y un bergantín cerca de Matanzas a los que apresó a pesar de la falta de viento y de que su nave apenas portaba 30 cañones. Se le otorgó el mando de la división de jabeques de la costa norte de Cuba, apresando al abordaje otro buque de guerra inglés de treinta y seis cañones (1746). Tras la efímera paz firmada, Velasco ascendió a capitán de navío (1754) y tomó el mando del navío Reina, encontrándose en La Habana integrado en la escuadra de Gutiérrez de Hevia, marqués del Real Transporte, cuando se produjo el ataque inglés a la ciudad. La armada británica El 4 de junio de 1.762 parte desde Portsmouth y Martinica la escuadra británica del almirante George Pockock, compuesta por 50 buques de guerra (23 navíos, 24 fragatas, 3 brulotes y otros menores) con más de 2.000 cañones y 150 de transporte; con 8.226 marinos y 12.041 soldados (reforzados luego con otros 4.000) al mando de George Keppel, conde de Albemarle, con el fin de atacar y tomar La Habana. La defensa en La Habana Mientras en La Habana el Capitán General de Cuba, Don Juan de Prado Malleza Portocarrero y Luna, empezaba a tomar decisiones desafortunadas como no juntar todas las fuerzas marítimas de la isla, junto a las francesas para hacer frente a la escuadra inglesa. No obstante, en la defensa destacan muchos marinos, como Ignacio Ponce de León y Antonio Valdés y Fernández Bazán (futuro ministro de Marina y capitán general de la Real Armada). Por orden de la Junta de Guerra, el capitán de navío Pedro González Castejón y Salazar hunde su navío “Asia”, así como el “Neptuno” (2º de este nombre, de 74 cañones) y el “Europa” en el punto más estrecho del canal de acceso al puerto y frente al castillo de la Fuerza para proteger a los otros 12 navíos ahí refugiados, la mayoría de ellos de la escuadra de Gutierre de Hevia, marqués del Real Transporte (luego sometido a consejo de guerra en España y expulsado de la Armada), como el “Aquilón”, cuyo comandante, Vicente González-Valor de Bassecourt se convierte en el Segundo de Luis Vicente de Velasco. Los británicos desembarcan al Este de la ciudad y atacan el castillo de El Morro. Los cañones del castillo del Morro hacían que fuese más prudente desembarcar por otra zona, pero la orden del gobernador de quemar las naves para evitar la entrada de los buques ingleses dejó a los defensores sin barcos y la defensa al puro machete. Tan es así que el alcalde de la villa aledaña de Guanabacoa, Juan Antonio Gómez, protagonizó la primera carga de machetes que se conoce. Desde la posición de La Cabaña se hostigó también al enemigo pero por poco tiempo. Quedaba el castillo; los 30 cañones del Morro contra los 143 de los cuatro buques ingleses que libres de entrar tras la estúpida decisión de la quema de naves, se acercaron tanto para poder causar el máximo daño posible, que casi se quedan sin dos de ellos, quedando sólo uno ileso. El artífice y héroe de la defensa fue Luis Vicente de Velasco El ataque británico El 6 de junio los ingleses se situaron frente a La Habana. Se creó una junta de defensa presidida por Don Juan de Prado, la cual tomará dos decisiones trágicas que marcarán el futuro de la defensa; tras mandar subir con gran esfuerzo dos baterías de cañones a el cerro de La Cabaña, sitio estratégico pero con escasas defensas y ser este atacado por tierra por los ingleses, se ordenó al segundo día de ataque despeñar los cañones y retirarse si atacaban los ingleses, lo cual ocurrió. Posteriormente hundió el 9 y 10 de Junio tres navíos en el estrecho canal de entrada de la bahía para evitar la entrada de la flota inglesa. Estos navíos eran de los mejores de la escuadra española, el Neptuno de 70 cañones y los Asia y Europa de 60 cañones. Los ingleses no se creen su propia suerte tras ser inutilizada la flota enemiga sin disparar un solo tiro. Perdida la flota se ordenó desmantelar los cañones y repartir las provisiones, así como tropa y marineros entre las diferentes guarniciones. Es aquí donde empieza a tomar protagonismo el gran héroe de esta historia, el Capitán de Navío Don Luis de Velasco y Fernández de la Isla, que es enviado a la defensa del Morro. El 11 de junio los ingleses son dueños del cerro de la Cabaña, así como de los fuertes de la Chorrera y Torreón de San Lázaro. La situación de La Habana es desesperada y se empieza a evacuar a los civiles. Los ingleses disponen el 14 de junio de tres baterías de cañones en La Cabaña, a escasos 190 metros del Morro y en posiciones más elevadas, los cuales disparan sobre la ciudad y el Morro, sumándose a los que disparan desde el mar. Durante los siguientes días las decisiones de la Junta de Defensa, más que ayudar son un estorbo para los intereses españoles, y Luis de Velasco no cesará de pedir que se organicen salidas para atacar las posiciones enemigas y aliviar la presión a la que se ve sometido el Morro. El día 29 de junio se lleva a cabo un ataque a las baterías inglesas que fracasa pero permite que 300 soldados al mando del coronel Arroyo entren en el Morro para reforzar a la guarnición. El 1 de julio se lleva a cabo un ataque general por tierra y mar contra el castillo. Por mar un navío inglés, el Namur, debió ser remolcado por lanchas al haber perdido todos sus palos, otros dos, el Cambridge y Marlborough sufrieron daños. El comandante de un cuarto, el Stirling Castle, fue relevado de su cargo y juzgado por cobardía. Por tierra las baterías del general Keppel van desmontando una a una las piezas que defienden al castillo. Los baluartes y las cortinas se resquebrajaban, los soldados mueren despedazados por los proyectiles de los cañones o enterrados al derrumbarse los muros que protegen el Morro. Con todo el castillo resiste. Al día siguiente han desaparecido las obras exteriores del castillo. Los cañones dentro del Morro son cada vez más escasos y por la tarde solo dos de ellos están en situación de hacer fuego. Por la noche, tras estos interminables días, se hacen prodigiosos esfuerzos para llevar al castillo, desde la Habana, tropas de refresco y cañones para sustituir aquellos que han sido destrozados. Pero los ingleses también van aumentando el número de bocas de fuego que disparan desde tierra por lo que los españoles siempre están en inferioridad. El 12 de julio veinte cañones ingleses disparan contra cinco o seis españoles que responden. El 15 de julio Luis de Velasco, a pesar de encontrarse ya enfermo, acude a las murallas en ruinas y con su presencia anima a los soldados a mantener la defensa. Allí es gravemente herido en la espalda por la metralla y contra su voluntad debe ceder el mando de la guarnición al Capitán de Navío Francisco de Medina siendo trasladado a la Habana para que le cursen las heridas. El combate continuó pero el 17 de julio solo quedaban dos cañones activos y los ingleses iniciaban un túnel para volar los muros. Los días 19 y 20 se consiguieron instalar tres nuevos cañones que pronto quedaron inservibles. Los merlones (partes de un parapeto) que daban a tierra estaban todos destruidos y el trabajo de los túneles prosiguía amenazadoramente. El día 23 de julio las tropas españolas atacaron a las inglesas con idea de destruir sus baterías. Este ataque desde la Habana había sido ideado por Luis de Velasco quien, a pesar de la gravedad de su herida, no cesaba en la idea de una defensa activa frente al enemigo al contrario que el gobernador y la Junta que postulaban una defensa pasiva a la espera de que la enfermedad destruyese al ejército enemigo como sucedió en Cartagena de Indias durante la defensa de Blas de Lezo. Fracasó el ataque debido a un fallo en la coordinación. Sin esperanzas de poder parar las obras de los túneles que cada vez se aproximaban más a los muros del castillo, Luis de Velasco, a pesar de su herida, volvió a asumir su puesto en la defensa del castillo que se sabía sentenciado. El día 27 de julio los cañones ingleses cortaron la única posibilidad que tenían los españoles del Morro de comunicarse con la ciudad que era con pequeñas embarcaciones por el centro de la bahía. Desde ese instante la guarnición del Morro se encontraba aislada y sin ninguna posibilidad de recibir suministros o refuerzos. Al día siguiente los ingleses recibieron un refuerzo de 3.000 soldados procedentes de las colonias americanas, subiendo enormemente su moral al punto que deciden al asalto final. Velasco sabe que el castillo está sentenciado por lo que comunica a la Junta la situación y solicita órdenes. La Junta de Defensa, en su línea e incapaz de tomar ninguna decisión, le contesta que actué como crea oportuno. Para un hombre como Velasco, con un sentido del deber y del honor tan acusado es prácticamente una incitación a que lleve a cabo una lucha hasta la última gota de sangre. El final El día 30 de julio de 1762 el general William Keppel da la orden de atacar. El orden de ataque será los destacamentos de zapadores por delante y tras ellos cuatro compañías de soldados, el general Keppel al mando de una brigada por detrás y al final el resto de las brigadas. A las dos de la tarde, la hora de más calor, explotan las minas de los túneles y las tropas parten al asalto. Se inicia un combate cuerpo a cuerpo por el castillo. Don Luis reúne entorno a sí una fuerza de cien hombres en los parapetos que están alrededor de la bandera y anima la defensa hasta que una bala le atraviesa el pecho. El mando de la fortaleza pasa al otro gran héroe de la jornada, don Vicente González-Valor de Bassecourt que no permitió que se le fuera robado su estandarte y murió con el cuerpo atravesado por las bayonetas enemigas mientras abrazaba la enseña nacional. Ante la falta de líderes y tras tantos días de sufrimiento, combate y penurias, los supervivientes deciden rendir la fortaleza. En un gesto que los honra los ingleses organizaron el traslado de Luis de Velasco a la Habana para que fuera cuidado por médicos españoles. Pese a todo, las heridas eran muy graves y nada se puedo hacer. Dos días después fallecería el heroico marino. Posteriormente, lord Abermale escribió a Londres dando cuenta a su rey de los hechos, y refiriéndose a él como «el capitán más bravo del rey católico». Los médicos ingleses intentan salvarle la vida, pero todo resulta inútil y muere a consecuencia de la herida el 31 de julio de 1762. Ingleses y españoles pactan un alto el fuego de 24 horas para enterrar al héroe. Después todo fue un paseo para los británicos, que se apoderaron de La Habana (la cual volvería a la Corona española por el tratado de París del 10 de febrero de 1763). En España, el rey Carlos III, junto al honor otorgado a la Infantería de Marina (la Infantería de Marina Española recibió la consideración de Cuerpo de la Casa Real, el cual le fue concedido por R.O. DE 22 de Marzo de 1763), concedió títulos a los familiares de don Luis de Velasco y del no menos heroico don Vicente González , construyó un monumento a Velasco cerca de Noja y dispuso que un navío de guerra español siempre llevara su nombre, lo cual me consta que no se ha cumplido. Por el contrario, la desastrosa Junta de Defensa fue tratada con total deshonor por los ingleses, y los principales oficiales españoles fueron embarcados y devueltos a España donde les esperaba un juicio para dilucidar su actuación. El proceso reveló los fallos cometidos en la defensa de la plaza de la Habana. La pérdida de la batalla significó perder La Habana, pero no por mucho tiempo, ya que tras la firma de la paz esta volvió a España, a cambio de Florida, recibiendo España la Luisiana por parte francesa a modo de compensación, cambio éste que no sería del agrado de todos los británicos y particularmente para Sir Winston Churchill que – como todo el mundo sabe – tenía (o se le atribuye) una frase para todo que en este caso fue:“Es una desgracia que cambiásemos La Habana por Florida”. |
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