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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Un hilo de los chulos-chulos...
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#2
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Bernard Moitessier contaba en uno de sus libros una vieja leyenda indochina:
Las estrellas son lamparitas de aceite que brillan en honor a Buda. A veces, un espíritu del mal sopla sobre ellas para apagarlas y las lamparitas vacilan y centellean, pero siguen encendidas toda la noche. Cuando sale el Sol, el maligno, enfadado por no haber podido apagar las estrellas, sopla con furia sobre el mar y la tierra. Y así parece que sea, pues después de una noche de estrellas inquietas suele soplar el temporal. La explicación está en las turbulencias atmosféricas que causa el viento fuerte de las capas altas. |
| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a werke | ||
teteluis (09-01-2014) | ||
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#3
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A mi en el cole me contaron que las estrellas no titilan, es un defecto de nuestra visión al esforzarse en observar un objeto muy lejano.
De todos modos no me deis mucha bola, en este mismo cole me decían que maturbarse produce ceguera.... y.... no es verdad, ¿noooooo? ![]() |
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#4
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Bandit, ciertas cosas hay que comprobarlas por uno mismo.
Se podría hacer bastante guasa, viendo que las estrellas titilan unas noches más que otras, especulando sobre los problemas de visión del que os prevenía sobre la masturbación. Otra leyenda: Hacia el final de la II Guerra Mundial, un avión alemán apareció sobre la isla de Cabrera e intentó un amerizaje sin éxito. El cadáver del piloto fué recuperado por la guarnición militar que allí había y enterrado en el pequeño cementerio que hay junto al castillo. Como no llevaba ninguna documentación hubo que enterrarlo bajo la inscripción de "piloto alemán desconocido". En su cartera tan sólo llevaba una fotografía en la que se veía a una joven mujer con un niño en brazos. En las noches de tramontana el viento silbaba y gemía entre los muros del cementerio y los soldados de la guarnición afirmaban que se podía oír el lamento del piloto, muerto lejos del hogar sin que su familia supiera donde. Pronto creció la leyenda de que quien subiera al castillo durante esas noches correría la misma suerte que el alemán. Visité el cementerio en el verano de 1991. Ví que la tumba del piloto tenía una cruz en la que figuraba un nombre. Algo así como Johannes Bohler, aunque no estoy seguro del apellido. Así que alguien consiguió encontrarlo, por fin, y la leyenda debió terminar. Ahora sólo se escucha, en Cabrera, el clamor de las almas de más de 5.000 franceses que allí murieron por el hambre y las privaciones. Pero esa es otra leyenda que alguien conocerá mejor que yo. |
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#5
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Albatros, me has emocionado, justamente estaba pensando en que dejè en Bs.As. mi libro de leyendas guaranìes y que me vendrìa muy bien para este hilo...
La has contado con tanta dulzura que casi lloro.
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gracy "El lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistò. De esa miel no comen las hormigas" |
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#6
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Cita:
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#7
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En esta página está la leyenda que nos ha regalado albatros
![]() Hay más, muchísimas, he leído tres y todas merecen la pena. Enhorabuena Albatros, por tu sensibilidad, no podemos dejar de vernos este verano. http://www.folkloredelnorte.com.ar/leyendas |
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#8
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Buenos días,
Os adjunto esta leyenda de mi pueblo que lo leí ayer en un libro que recoge las leyendas de Euskal Herria. El libro se llama LEYENDAS DE EUSKAL HERRIA y es de Toti Martínez de Lezea. Se trata de una leyenda de pescadores. Espero que os guste: Bermeo, Bizkaia Según recoge R. Mª de Azkue en su «Euskalerriaren Yakintza», los pescadores vascos nunca mencionan a las brujas con el nombre de sorgin mientras navegan, sino que las llaman “pendulen kontrakoak”, (enemigas de las olas). Hasta hace muy poco, las mujeres de los pescadores no relataban cuentos de brujas mientras sus maridos estaban en el mar porque, si así lo hacían, no había pesca. J. M. de Barandiaran recogió varias versiones de la siguiente narración. En Bermeo vivía una bruja que siempre quería quedarse con lo que no era suyo. Un día, Matxin, un pescador, volvía de la pesca y traía consigo una hermosa cesta llena de anchoas que aún coleaban. La bruja le salió al encuentro. —Hola, Matxin —le saludó—, buena pesca traes hoy... —Sí, no esta mal del todo. La faena ha sido dura, pero el resultado ha sido bueno —dijo el pescador. Ya iba a marcharse, pues no le gustaba que lo viesen hablando con la bruja, cuando ésta le dijo: —¡Oye! ¿Porqué no me regalas esas anchoas? —Pero, ¿qué dices? —respondió Matxin muy enfadado—. ¡Estás loca! ¡Aparta de mi camino, vieja desdentada! Diciendo esto, el joven la apartó de un empujón y continuó su camino. La bruja no podía ocultar su rabia. —¡Maldito seas, Matxin! ¡Me las pagarás! ¡Me las pagarás! —gritó, levantando el puño. Después, la bruja fue en busca de su hija y de una amiga, también brujas las dos. —¡Oídme bien! —les dijo—. Matxin, el pescador, no ha querido darme su cesta de anchoas. Además, me ha llamado vieja desdentada, ¡y eso no se lo perdono! Mañana, cuando salga a la mar, lo estaremos esperando. Nos convertiremos en tres olas gigantes. La primera le preocupará, la segunda le asustará y la tercera..., ¡la tercera le hundirá! Y las tres se dirigieron a la playa. Nada hubiese podido salvar al pobre Matxin si Takio, un chaval vecino del pescador, no lo hubiese oído todo y hubiese ido a contárselo a su amigo. Matxin se quedó un poco preocupado, no era buena noticia estar a malas con una bruja tan poderosa que podía convertirse en ola... A pesar de todo, decidió salir a la mar y prepararse para el ataque. Al día siguiente, como de costumbre, preparó las redes y salió a navegar acompañado por el joven Takio, que había insistido en ir con él. Llevaban navegando un buen rato cuando vieron venir hacia ellos una enorme ola. —¡He aquí la primera! —exclamó Matxin. La ola llegó y levantó la barca muy alto, muy alto. Al poco, apareció la segunda ola. —¡He aquí la segunda! —gritó Matxin—. ¡Agárrate bien, Takio, que ésta nos va a hacer bailar! En efecto, la segunda ola era aún más grande que la primera e hizo inclinarse la barca hacia la derecha y luego hacia la izquierda, de tal forma que parecía que iba a zozobrar en cualquier momento. Pero también pasó la segunda ola. Finalmente, vieron, a lo lejos, la tercera ola. Era enorme, mucho más grande que las anteriores, negra y amenazadora. —¡Y aquí está la tercera! ¡Prepárate, Matxin —se dijo el pescador a sí mismo—, porque, si te equivocas, estarás perdido! Matxin asió un arpón y se preparó para la embestida. Cuando todo indicaba que la enorme ola iba a tragarse la barca y a sus ocupantes, el pescador lanzó con todas sus fuerzas el arpón al corazón de la ola, al centro. Se oyó un grito terrible, la ola se volvió roja y desapareció sin llegar a zarandear la barca. Matxin y Takio se abrazaron con alegría y regresaron a puerto, sin haber pescado nada pero contentos de estar sanos y salvos. Al día siguiente, todos se preguntaban qué es lo que le habría pasado a aquella mujer tan rara, con fama de bruja, que había desaparecido y cuya toquilla había sido encontrada en la playa. Nadie se atrevió a preguntarles nada a la hija y a la amiga que, vestidas de negro, no hacían más que llorar a la orilla del mar. Por eso, los marineros de Bermeo siempre recuerdan esta historia, y llaman a las tres olas que siempre aparecen juntas “las tres Marías”. * * * |
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