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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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(III)
Ella miró hacia arriba y le dedicó una débil sonrisa . Despues miró otra vez al suelo y frotó enérgicamente con la punta del delantal - Malditos hombres, siempre derramando la cerveza- dijo . Handsome Tood se relajó, pero miró alrededor con la sospecha de que los demás bucaneros, las paredes, o el mismo rey, estuvieran escuchando.-Vámonos a un lugar un poco más tranquilo, ¿de acuerdo? Como se suele decir, los hombres muertos no cuentan historias. Arabella se dio la vuelta y se alejó. Normalmente nadie se daba cuenta de si estaba o no. Para los clientes de la Bride, solo era una chica que llenaba las jarras . A lo largo de los años había escuchado cientos de historias y leyendas. Cada historia era casi como estar viviendo una aventura . Casi. Decidió que todavía no podía decir que aquella era una mala noche. Podía haber sido mucho peor. Mucha veces las tormentas parecían sacar lo peor de ese montón de hombres malos. Y entonces, de repente, un rayo de luz iluminó a la persona que ocupaba la entrada. Era un forastero. Calado hasta los huesos. Una maraña de pelo negro le cubría la cabeza como una bola de escayola y de sus ojos salían chispas. Arabella se llevó las manos al pecho. Nunca había visto a alguien como él. La puerta se cerró de golpe y la luz de las velas reveló a un hombre joven, no mayor que Arabella, enfadado y chorreando. Se hizo el silencio por un momento. Despues, los clientes se encogieron de hombros y siguieron bebiendo. El forastero se abrió paso entre la multitud, abriendo los ojos a un lado y a otro, arriba y abajo, como los de una vaca. Era obvio que buscaba a alguien. Tenía la mandíbula encajada por la ira. Sus ojos de color avellana se iluminaron por un momento, parecía haber encontrado lo que buscaba. Se agachó para mirar detras de una silla y cogió algo. Arabella estaba de puntillas para no perderse nada. Parecía un simple saco viejo. En absoluto algo digno de ser robado por el infame pirata que lo guardaba. - ¡Oh, no!- suspiró Arabella. El forastero apretó los labios muy concentrado. Estiró los dedos todo lo que pudo para tratar de alcanzar el objeto de manera discreta a través de las patas de la silla. ....
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--- Todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarquemos en ellas. (José Saramago. El cuento de la isla desconocida)
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