Lo confieso, mi primera embarcación, antes de abrazar la fe verdadera, fue una lancha Faeton 5,50 con un motor fueraborda de 90 cv. Pues bien al cabo de unos meses de tenerla y cuando ya me creía casí un experto, al tomar en una ocasión una ola de proa la, lancha cogío un ángulo que yo en aquellos momentos creí de casi 90 grados, y el consiguiente pantocazo me dejo los huesos descoyuntados por una temporada. Una vez y no más, a partir de entonces mis precauciones fueron obsesivo-compulsivas, y suerte que ese día no venía la almiranta, porque si no es seguro que se vuelve alpinista.
Saludos y unas

para acompañar el aperitivo.