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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#11
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Año 2004. Golfo de Vizcaya, mes de julio 2 de la mañana, cielo cubierto visibilidad reducida lluvia intensa y mar de fondo de 4 metros.
Navegábamos en familia mi hija de 10 años dormida en su camarote y mi marido y yo en cubierta. Empieza una tormenta mas fuerte de lluvia con rayos, y la visibilidad se hace mas reducida. Al estar cruzando una zona de mercantes, mi marido baja a la cabina a poner el radar, mirar la carta y no se que disculpas mas me dijo, pero el caso es que me deja en la rueda indicándome que mantenga el rumbo 190ª, yo que soy muy obediente allí que me quedo soportando las gotas de lluvia que parecían alfileres al chocar en la cara. De vez en cuando miraba a mi marido que estaba al calor de la mesa de cartas fumándose un cigarro tranquilamente mientras apretaba un montón de botoncitos del radar. En un momento dado se asoma y me pregunta cual es el rumbo que llevamos, alumbro el compás con la linterna que llevaba en el bolsillo y no pude creer lo que veían mi ojos. El compás daba vueltas una velocidad de vértigo como si fuera una peonza, parecía que tenia vida propia, en ese momento me arrepentí de haberme reído de las historias del triangulo de las Bermudas. La imagen del compás dado vueltas sin parar unido a lo negro de la noche me hizo sentirme completamente perdida, mi marido insistía gritándome a que le diera el rumbo, y yo no sabia que decirle, no sabia como trasmitirle lo que mis ojos estaban viendo, ¡ ¡ ¡ !!!como le digo que el compás esta dando vueltas¡¡¡, por fin recuerdo que le dije “no se que rumbo llevamos” y nada mas decirlo me sentí la mas tonta del mundo. Recuerdo que a el le costo unos largos segundos reaccionar, subió rápidamente a la bañera y pudo comprobar que realmente no le engañaba, el compás seguía dando vueltas. Estaba nerviosa cansada mojada y con mucho frío. Nos quedamos los dos un buen rato en la bañera sin hablarnos nada hasta que le dije que bajaba un rato a la cabina, no me dijo nada y allí le deje sentado detrás de la rueda acurrucado a una banda y pensativo. Al bajar a la cabina me quite la chaqueta de agua, vacíe los bolsillos, deje la linterna y unas barritas de chocolate sobre la mesa de cartas y me senté mirando la pantalla del radar. Tengo que confesar que estaba asustada. No pasaron ni dos minutos cuando el barco se salio de rumbo atravesándose a la mar dando una fuerte escorada y desde la bañera oí unos gritos que decían “La linterna” “La linterna” y entonces me di cuenta. Nota: Siento desvelar el secreto de este expediente x Acabábamos de comprar una linterna de esas que se cargan agitándola, y que tienen unos fuertes imanes, habíamos estado jugando días antes con mi hija y la linterna enseñándole como era capaz de parar el segundero del reloj y no se cuantas cosas más. El caso es que al acercar la linterna para alumbrar el compás este se volvía loco y al colocarla junto al piloto automático que esta empotrado en la mesa de cartas este también hacia lo mismo. Lo peor de todo es que, aún después de esta experiencia, este verano pasado también dejamos la linterna famosa en la mesa de cartas y nos ocurrió lo mismo pero en esta ocasión no pensé en marcianitos verdes ni en las desapariciones del triangulo de las Bermudas. Editado por maite en 28-11-2008 a las 02:21. |
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