La Taberna del Puerto Svb
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Antiguo 27-02-2007, 13:54
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Predeterminado Re: Os propongo un juego

Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
" Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.
__________________
..la lontananza sai
é come il vento
che fa dimenticare chi non s'ama..
spegne i fuochi piccoli,
ma accende quelli grandi



Editado por malamar en 27-02-2007 a las 14:01.
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  #2  
Antiguo 27-02-2007, 14:37
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Predeterminado Re: Os propongo un juego

Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
" Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.
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  #3  
Antiguo 27-02-2007, 14:47
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Predeterminado Re: Os propongo un juego

Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
" Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.
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  #4  
Antiguo 27-02-2007, 14:57
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Predeterminado Re: Os propongo un juego

Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
" Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.

El Siete Mares era un pequeño bote de pesca de escasos cinco metros de eslora, capaz de tender un trapo en un esmirriado palo, más pensado en mantener su precaria estabilidad que en la posibilidad de navegar con él, con un viejo motor Seagull fueraborda, que arrancaba cuando quería, y que dejaba tras si una humareda tan espesa que, Manuel, su armador siempre decía que facilitaba la pesca pues los peces nunca podían imaginar que tras esa densa nube pudiera haber un bote con sus dos pescadores, sus cañas y sus volantines.
__________________
Siempre llevo un fino sedal, con un anzuelo y un señuelo en el bolsillo, para cuando llegue mi hora, y me halle navegando, con Caronte hacia el otro lado del río, aprovechar para hacer curri; pues no hay duda que daré mejor impresión, de presentarse ante el portero con unos buenos peces recién pescados como ofrenda.


Editado por pim en 27-02-2007 a las 15:26.
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  #5  
Antiguo 27-02-2007, 15:16
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Predeterminado Re: Os propongo un juego

Hey Pim!!! El Siete Mares es un velero, tal como se define en el segundo parrafo.

Solo te falta matar al pobre personaje
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  #6  
Antiguo 27-02-2007, 15:28
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Predeterminado Re: Os propongo un juego

Cita:
Originalmente publicado por harfan Ver mensaje
Hey Pim!!! El Siete Mares es un velero, tal como se define en el segundo parrafo.

Solo te falta matar al pobre personaje
Arreglado. gracias.
Respecto al personaje, que aun no me cae ni bien ni mal, no vamos a ponerle las cosas fáciles, verdad?
Apuesto a que a la mayoría de vosotros os costó bastante enrolaros en vuestro primer barco.
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  #7  
Antiguo 27-02-2007, 15:56
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Predeterminado Re: Os propongo un juego

[quote=pim;48603]Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
" Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.

El Siete Mares era un pequeño bote de pesca de escasos cinco metros de eslora, capaz de tender un trapo en un esmirriado palo, más pensado en mantener su precaria estabilidad que en la posibilidad de navegar con él, con un viejo motor Seagull fueraborda, que arrancaba cuando quería, y que dejaba tras si una humareda tan espesa que, Manuel, su armador siempre decía que facilitaba la pesca pues los peces nunca podían imaginar que tras esa densa nube pudiera haber un bote con sus dos pescadores, sus cañas y sus volantines.

No pudo ocultar fruncir el entrecejo al observar con detenimiento al Siete Mares, alguien le había jugado una mala pasada. En la agencia le aseguraron que éste era un buen encargo, debía pilotar un viejo velero de rancio abolengo en un viaje, cuyo destino era para él todavía una incognita, pero que le alejaría de tierra varios meses.

A decir verdad, el Siete Mares bien se podía decir que era rancio, pero desde luego no afloraba por ninguna parte su tan cacareado abolengo.

Manuel se dio cuenta de su sorpresa y sonrió divertido.
__________________
La vela hay que velarla, y si no, no largarla


"No soy un fulano con la lágrima fácil, de esos que se quejan sólo por vicio.
Si la vida se deja yo le meto mano y si no aun me excita mi oficio ..............




Jamboequipoderegatas

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  #8  
Antiguo 27-02-2007, 16:13
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Predeterminado Re: Os propongo un juego

[quote=addabaran;48625][quote=pim;48603]Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
" Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.

El Siete Mares era un pequeño bote de pesca de escasos cinco metros de eslora, capaz de tender un trapo en un esmirriado palo, más pensado en mantener su precaria estabilidad que en la posibilidad de navegar con él, con un viejo motor Seagull fueraborda, que arrancaba cuando quería, y que dejaba tras si una humareda tan espesa que, Manuel, su armador siempre decía que facilitaba la pesca pues los peces nunca podían imaginar que tras esa densa nube pudiera haber un bote con sus dos pescadores, sus cañas y sus volantines.

No pudo ocultar fruncir el entrecejo al observar con detenimiento al Siete Mares, alguien le había jugado una mala pasada. En la agencia le aseguraron que éste era un buen encargo, debía pilotar un viejo velero de rancio abolengo en un viaje, cuyo destino era para él todavía una incognita, pero que le alejaría de tierra varios meses.

A decir verdad, el Siete Mares bien se podía decir que era rancio, pero desde luego no afloraba por ninguna parte su tan cacareado abolengo.

Manuel se dio cuenta de su sorpresa y sonrió divertido.

El marino le vio llegar y con mirada avezada, gris como de sueño y ceniza
que no desconocía el peligro que albergaban los mares, era eso mismo que le movía a acudir a aquel barco, le dio la bienvenida con un movimiento de cabeza y continuó su tarea.
En silencio, los movimientos precisos, como de paz que tantas veces ha experimentado. La mar azul, les abraza en silencio y no se distraen y los pensamientos miran lejos, muy lejos.
__________________
Avrei voglia di correre all’infinito

e vedermi arrivare sempre prima di me
e

Avrei tanta voglia di te

B. Costa
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  #9  
Antiguo 27-02-2007, 16:17
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Predeterminado Re: Os propongo un juego

Pim, hemos coincidido y no copiaste mi párrafo.
Lo pongo


Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
Las sombras de la noche rodean el barco, parecen líneas inmóviles que aguardan la mano del dibujante.
Le gusta llegar sin prisas, esperar a que amanezca y tranquilamente, sin despertar sus pensamientos medio dormidos, fumar pausadamente.
Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
" Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.

El Siete Mares era un pequeño bote de pesca de escasos cinco metros de eslora, capaz de tender un trapo en un esmirriado palo, más pensado en mantener su precaria estabilidad que en la posibilidad de navegar con él, con un viejo motor Seagull fueraborda, que arrancaba cuando quería, y que dejaba tras si una humareda tan espesa que, Manuel, su armador siempre decía que facilitaba la pesca pues los peces nunca podían imaginar que tras esa densa nube pudiera haber un bote con sus dos pescadores, sus cañas y sus volantines.

No pudo ocultar fruncir el entrecejo al observar con detenimiento al Siete Mares, alguien le había jugado una mala pasada. En la agencia le aseguraron que éste era un buen encargo, debía pilotar un viejo velero de rancio abolengo en un viaje, cuyo destino era para él todavía una incognita, pero que le alejaría de tierra varios meses.

A decir verdad, el Siete Mares bien se podía decir que era rancio, pero desde luego no afloraba por ninguna parte su tan cacareado abolengo.

Manuel se dio cuenta de su sorpresa y sonrió divertido.
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  #10  
Antiguo 27-02-2007, 17:37
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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Os propongo un juego

Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
Las sombras de la noche rodean el barco, parecen líneas inmóviles que aguardan la mano del dibujante.
Le gusta llegar sin prisas, esperar a que amanezca y tranquilamente, sin despertar sus pensamientos medio dormidos, fumar pausadamente.
Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
" Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.

El Siete Mares era un pequeño bote de pesca de escasos cinco metros de eslora, capaz de tender un trapo en un esmirriado palo, más pensado en mantener su precaria estabilidad que en la posibilidad de navegar con él, con un viejo motor Seagull fueraborda, que arrancaba cuando quería, y que dejaba tras si una humareda tan espesa que, Manuel, su armador siempre decía que facilitaba la pesca pues los peces nunca podían imaginar que tras esa densa nube pudiera haber un bote con sus dos pescadores, sus cañas y sus volantines.

No pudo ocultar fruncir el entrecejo al observar con detenimiento al Siete Mares, alguien le había jugado una mala pasada. En la agencia le aseguraron que éste era un buen encargo, debía pilotar un viejo velero de rancio abolengo en un viaje, cuyo destino era para él todavía una incognita, pero que le alejaría de tierra varios meses.

A decir verdad, el Siete Mares bien se podía decir que era rancio, pero desde luego no afloraba por ninguna parte su tan cacareado abolengo.

Manuel se dio cuenta de su sorpresa y sonrió divertido.
El marino le vio llegar y con mirada avezada, gris como de sueño y ceniza
que no desconocía el peligro que albergaban los mares, era eso mismo que le movía a acudir a aquel barco, le dio la bienvenida con un movimiento de cabeza y continuó su tarea.
En silencio, los movimientos precisos, como de paz que tantas veces ha experimentado. La mar azul, les abraza en silencio y no se distraen y los pensamientos miran lejos, muy lejos.

No arrastraba tras de si una turbia historia que olvidar, no dejaba en puerto un amor maldito que le empujara al mar, tumba de marinos y recuerdos, no tenía un su saco ni uno solo de los ingredientes que aderezan cualquier relato, sea en prosa o en verso, sea con música o sin ella, de ambiente marinero. Pero necesitaba poner distancia de por medio con todo y, una vez más, el centro del mar le parecía el lugar más alejado.
Sabía que no era cierto. Sabía que el mar era pequeño porque siempre se acaba al llegar a tierra pero esas horas en las que la esclavitud de las guardias o la liberación de ellas le permitían estar solo pendiente del horizonte, fumando acodado en la regala o con los ojos vacíos de pensamientos era todo lo que le pedía a la vida en ese momento. Eso y que la maldita herida no le volviera a doler.
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Editado por Nonick en 27-02-2007 a las 17:43.
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Predeterminado Re: Os propongo un juego

[quote=ARIELON;48634]Pim, hemos coincidido y no copiaste mi párrafo.
Lo pongo


Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
Las sombras de la noche rodean el barco, parecen líneas inmóviles que aguardan la mano del dibujante.
Le gusta llegar sin prisas, esperar a que amanezca y tranquilamente, sin despertar sus pensamientos medio dormidos, fumar pausadamente.
Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
" Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.

El Siete Mares era un pequeño bote de pesca de escasos cinco metros de eslora, capaz de tender un trapo en un esmirriado palo, más pensado en mantener su precaria estabilidad que en la posibilidad de navegar con él, con un viejo motor Seagull fueraborda, que arrancaba cuando quería, y que dejaba tras si una humareda tan espesa que, Manuel, su armador siempre decía que facilitaba la pesca pues los peces nunca podían imaginar que tras esa densa nube pudiera haber un bote con sus dos pescadores, sus cañas y sus volantines.

No pudo ocultar fruncir el entrecejo al observar con detenimiento al Siete Mares, alguien le había jugado una mala pasada. En la agencia le aseguraron que éste era un buen encargo, debía pilotar un viejo velero de rancio abolengo en un viaje, cuyo destino era para él todavía una incognita, pero que le alejaría de tierra varios meses.

A decir verdad, el Siete Mares bien se podía decir que era rancio, pero desde luego no afloraba por ninguna parte su tan cacareado abolengo.

Manuel se dio cuenta de su sorpresa y sonrió divertido.

Era un hombre rechoncho, de mediana edad, su piel cetrina endurecida por el sol no ocultaba una mirada serena y pícara, que contrastaba con una ristra de dientes desalineados y amarillos que sobresalían de su ancha cara.

De un brinco bajo del Siete Mares y se plantó en el pantalán, le tendió la mano y estrechándosela le dijo:

-
__________________
La vela hay que velarla, y si no, no largarla


"No soy un fulano con la lágrima fácil, de esos que se quejan sólo por vicio.
Si la vida se deja yo le meto mano y si no aun me excita mi oficio ..............




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