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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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CAPITULO II ( TODO ENTERO EMPIEZA A SER MUY LARGO
El sol casi tocaba el mar, mientras la tripulación terminaba sus tareas del dia, Manuel saco una red del agua, dentro, un precioso atun, tres caracolas y una Langosta. Con una habilidad musical, limpio el pescado y lo bajo a la cocina. Un gran caldero bullia al fuego de una antigua estufa. Sin embargo, y a pesar del reluciente Sol, Manuel de un gesto le indicó que diera un vistazo al sudoeste, donde unos oscuros y tenebrosos nubarrones se estaban estableciendo. -És una tormenta tropical, explicó Manuel, pero debemos controlar que no se convierta en un huracán. Voy a bajar al tambucho a mirar el parte y si viene para acá, zarparemos inmediatamente para poner agua de por medio. -Está bien -contestó Esteban, mientras disimulaba su cojera- yo mientras voy a proa a asegurar el fondeo. Eso le daria ocasion para mirar algo el barco, aunque su avezado ojo ya le hablaba vida y milagros de su nuevo pupilo..los barcos pasaban a ser casi personas para el, si decidia hacerse cargo de alguno. Un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesqueria en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algun canal de Amsterdam. Como hubiera terminado en el Mediterraneo y en manos de Manuel...cocinero de buque de linea, como llegaria a saber mas tarde, formaba parte de una historia todavia desconocida pero que terminaria conociendo al detalle, se temio..encogiendose finalmente de hombros. Tras una primera toma de contacto decidió mirar hacia el puerto, quizás para ver lo que dejaba atrás tras tomar la decisión más arriesgada en lo que llevaba de año. Su rostro, instantáneamente melancólico, enseguida con aire de seguridad y satisfacción por haberse embarcado en lo que podría ser una aventura sin precedentes, experimentó un brusco cambio seguido de la segregación de sudor frío mientras observaba cómo la grúa se llevaba el viejo coche que dejó mal aparcado por las prisas. La rabia se apoderó momentáneamente de su estado de ánimo y no paró de gritar improperios referidos al conductor y su familia durante tres largos minutos. Con el sentimiento de impotencia, característico de estos casos; cogió el móvil, escaso de batería quiso hacer una última llamada digital a tierra. Es evidente que su exmujer cuando escuchó esa petición de recoger el coche y pagar la pertinente multa, no prolongó la conversación más de lo necesario, permitiendo que la batería de nuestro protagonista mantuviera un nivel de carga suficiente como para hacer, en el futuro, una llamada más, la cual se convertiría en la más importante de su vida. Manuel salió decidido del tambucho arreó unos fuertes mamporrazos a una campana de bronze. - Preparados para zarpar!- gritó con todo el aliento que tenía. - Todo el mundo a cubierta! Y al momento Panxut, Embat y Comodoro se reunieron con ellos. Esteban seguia cojeando sigilosamente, y a cada paso que daba con el pie malo, notaba como si lo hundiera en el fango, por causa de la sangre empapada en los vendajes. - Tenemos una tormenta tropical que se acerca; viene directa hacia aquí. No creo que se convierta en huracán, pero zarpamos inmediatamente porque dudo que el fondeo aguante unos vientos de Beaufort 8 y más allá. En el mar estaremos mas seguros, bueno, por lo menos Siete Mares estará más seguro. - Pero yo no venía con vosotros, yo solo estaba repasando el motor- argumentó Comodoro. - Por el momento no hay elección, el motor del auxiliar no funciona y a remos dudo que alcanzaras la costa. Además nos harán falta todos los brazos que podamos disponer. - ... y piernas!- pensó Esteban. - Levad el áncla! - Izad la Mayor con un rizo, zarpamos! Sólo se oyó el sordo ruido de la cadena sobre el barbotén y el de la driza de la mayor bajo las poleas. La pesada ancla quedó a pique casi al momento, pendulando bajo la amura. Un último esfuerzo para estibarla junto al bauprés y todo listo para cortar el agua. Esteban ordenó izar el foque. -Dónde está el enrrollador? Preguntó inocente Panxut. -En mi barco,- repuso el armador- mariconadas las justas!. El tono disgustó a todos, pero poco a poco iban a conocer el verdadero carácter del armador. Izaron el foque y tomaron rumbo SW. La tripulación cumplía las ordenes de Esteban y éste aprovechó para bajar a su cabina y ponerse el traje de aguas, la cabina era más bien estrecha y repleta de enseres inservibles, más parecía un cajón de sastre que el camarote del capitán, mientras se cambiaba de ropa para ponerse más comodo, se observó en un viejo espejo atornillado a la pared, a sus casi cincuenta años aun se conservaba bien, era espigado y de hombros anchos, su cara alargada rematada con un mentón recto y duro, sus ojos grandes color avellana y una profunda cicatriz que nacía en la ceja izquierda y resbalaba por su mejilla hasta perderse entre una barba de varios días, le daban un aspecto entre descuidado e inquietante, se quedó pensativo por unos segundos recordando el porqué de la cicatriz, el sonido de una baliza retumbó en sus oidos devolviéndole a la realidad se embutió rapidamente en su traje de aguas y subió a cubierta cuando el Siete Mares se deslizaba raudo, al través, el arrecife sur.
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La vela hay que velarla, y si no, no largarla ![]() "No soy un fulano con la lágrima fácil, de esos que se quejan sólo por vicio. Si la vida se deja yo le meto mano y si no aun me excita mi oficio .............. Jamboequipoderegatas
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#2
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[quote=addabaran;48844]CAPITULO II ( TODO ENTERO EMPIEZA A SER MUY LARGO
El sol casi tocaba el mar, mientras la tripulación terminaba sus tareas del dia, Manuel saco una red del agua, dentro, un precioso atun, tres caracolas y una Langosta. Con una habilidad musical, limpio el pescado y lo bajo a la cocina. Un gran caldero bullia al fuego de una antigua estufa. Sin embargo, y a pesar del reluciente Sol, Manuel de un gesto le indicó que diera un vistazo al sudoeste, donde unos oscuros y tenebrosos nubarrones se estaban estableciendo. -És una tormenta tropical, explicó Manuel, pero debemos controlar que no se convierta en un huracán. Voy a bajar al tambucho a mirar el parte y si viene para acá, zarparemos inmediatamente para poner agua de por medio. -Está bien -contestó Esteban, mientras disimulaba su cojera- yo mientras voy a proa a asegurar el fondeo. Eso le daria ocasion para mirar algo el barco, aunque su avezado ojo ya le hablaba vida y milagros de su nuevo pupilo..los barcos pasaban a ser casi personas para el, si decidia hacerse cargo de alguno. Un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesqueria en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algun canal de Amsterdam. Como hubiera terminado en el Mediterraneo y en manos de Manuel...cocinero de buque de linea, como llegaria a saber mas tarde, formaba parte de una historia todavia desconocida pero que terminaria conociendo al detalle, se temio..encogiendose finalmente de hombros. Tras una primera toma de contacto decidió mirar hacia el puerto, quizás para ver lo que dejaba atrás tras tomar la decisión más arriesgada en lo que llevaba de año. Su rostro, instantáneamente melancólico, enseguida con aire de seguridad y satisfacción por haberse embarcado en lo que podría ser una aventura sin precedentes, experimentó un brusco cambio seguido de la segregación de sudor frío mientras observaba cómo la grúa se llevaba el viejo coche que dejó mal aparcado por las prisas. La rabia se apoderó momentáneamente de su estado de ánimo y no paró de gritar improperios referidos al conductor y su familia durante tres largos minutos. Con el sentimiento de impotencia, característico de estos casos; cogió el móvil, escaso de batería quiso hacer una última llamada digital a tierra. Es evidente que su exmujer cuando escuchó esa petición de recoger el coche y pagar la pertinente multa, no prolongó la conversación más de lo necesario, permitiendo que la batería de nuestro protagonista mantuviera un nivel de carga suficiente como para hacer, en el futuro, una llamada más, la cual se convertiría en la más importante de su vida. Manuel salió decidido del tambucho arreó unos fuertes mamporrazos a una campana de bronze. - Preparados para zarpar!- gritó con todo el aliento que tenía. - Todo el mundo a cubierta! Y al momento Panxut, Embat y Comodoro se reunieron con ellos. Esteban seguia cojeando sigilosamente, y a cada paso que daba con el pie malo, notaba como si lo hundiera en el fango, por causa de la sangre empapada en los vendajes. - Tenemos una tormenta tropical que se acerca; viene directa hacia aquí. No creo que se convierta en huracán, pero zarpamos inmediatamente porque dudo que el fondeo aguante unos vientos de Beaufort 8 y más allá. En el mar estaremos mas seguros, bueno, por lo menos Siete Mares estará más seguro. - Pero yo no venía con vosotros, yo solo estaba repasando el motor- argumentó Comodoro. - Por el momento no hay elección, el motor del auxiliar no funciona y a remos dudo que alcanzaras la costa. Además nos harán falta todos los brazos que podamos disponer. - ... y piernas!- pensó Esteban. - Levad el áncla! - Izad la Mayor con un rizo, zarpamos! Sólo se oyó el sordo ruido de la cadena sobre el barbotén y el de la driza de la mayor bajo las poleas. La pesada ancla quedó a pique casi al momento, pendulando bajo la amura. Un último esfuerzo para estibarla junto al bauprés y todo listo para cortar el agua. Esteban ordenó izar el foque. -Dónde está el enrrollador? Preguntó inocente Panxut. -En mi barco,- repuso el armador- mariconadas las justas!. El tono disgustó a todos, pero poco a poco iban a conocer el verdadero carácter del armador. Izaron el foque y tomaron rumbo SW. La tripulación cumplía las ordenes de Esteban y éste aprovechó para bajar a su cabina y ponerse el traje de aguas, la cabina era más bien estrecha y repleta de enseres inservibles, más parecía un cajón de sastre que el camarote del capitán, mientras se cambiaba de ropa para ponerse más comodo, se observó en un viejo espejo atornillado a la pared, a sus casi cincuenta años aun se conservaba bien, era espigado y de hombros anchos, su cara alargada rematada con un mentón recto y duro, sus ojos grandes color avellana y una profunda cicatriz que nacía en la ceja izquierda y resbalaba por su mejilla hasta perderse entre una barba de varios días, le daban un aspecto entre descuidado e inquietante, se quedó pensativo por unos segundos recordando el porqué de la cicatriz, el sonido de una baliza retumbó en sus oidos devolviéndole a la realidad se embutió rapidamente en su traje de aguas y subió a cubierta cuando el Siete Mares se deslizaba raudo, al través, el arrecife sur. En cubierta y de la mano de la memoria de los navegantes de antaño, aquel barco orientándose por las estrellas, con sus propios ojos, con su propia memoria después. Instrumentos, mapas y cartas marinas. El tiempo da la razón a la historia de estos navegantes, la calidad de los hombres del mar que, hoy dista mucho de parecerse y parecernos a ellos. Todos tienen su tarea escrita en la suerte y la experiencia en ella.
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Avrei voglia di correre all’infinito e vedermi arrivare sempre prima di me e Avrei tanta voglia di te B. Costa |
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Propongo un estrategema operativo. Abrir otro hilo, aqui o en algun subforo donde vayamos poniendo nuestras contribuciones narrativas..y que luego Addebaran las vaya editando en el hilo de la novela escueta y limpia de polvo y paja, segun le parezca, asi evitamos sobreposiciones y desvarios...
Daros cuenta que de una vez esto solo admite 1.500 caracteres..y esto de seguir va para largo...el barco es robusto y los personajes casi que mas... ![]() Mira, para empezar y antes de apartarlo del mainstreet del foro, lo abro yo ahora como: Repositorio de SieteMares
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..la lontananza sai
é come il vento che fa dimenticare chi non s'ama.. spegne i fuochi piccoli, ma accende quelli grandi Editado por malamar en 28-02-2007 a las 10:29. |
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El sol casi tocaba el mar, mientras la tripulación terminaba sus tareas del dia, Manuel saco una red del agua, dentro, un precioso atun, tres caracolas y una Langosta. Con una habilidad musical, limpio el pescado y lo bajo a la cocina. Un gran caldero bullia al fuego de una antigua estufa.
Sin embargo, y a pesar del reluciente Sol, Manuel de un gesto le indicó que diera un vistazo al sudoeste, donde unos oscuros y tenebrosos nubarrones se estaban estableciendo. -És una tormenta tropical, explicó Manuel, pero debemos controlar que no se convierta en un huracán. Voy a bajar al tambucho a mirar el parte y si viene para acá, zarparemos inmediatamente para poner agua de por medio. -Está bien -contestó Esteban, mientras disimulaba su cojera- yo mientras voy a proa a asegurar el fondeo. Eso le daria ocasion para mirar algo el barco, aunque su avezado ojo ya le hablaba vida y milagros de su nuevo pupilo..los barcos pasaban a ser casi personas para el, si decidia hacerse cargo de alguno. Un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesqueria en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algun canal de Amsterdam. Como hubiera terminado en el Mediterraneo y en manos de Manuel...cocinero de buque de linea, como llegaria a saber mas tarde, formaba parte de una historia todavia desconocida pero que terminaria conociendo al detalle, se temio..encogiendose finalmente de hombros. Tras una primera toma de contacto decidió mirar hacia el puerto, quizás para ver lo que dejaba atrás tras tomar la decisión más arriesgada en lo que llevaba de año. Su rostro, instantáneamente melancólico, enseguida con aire de seguridad y satisfacción por haberse embarcado en lo que podría ser una aventura sin precedentes, experimentó un brusco cambio seguido de la segregación de sudor frío mientras observaba cómo la grúa se llevaba el viejo coche que dejó mal aparcado por las prisas. La rabia se apoderó momentáneamente de su estado de ánimo y no paró de gritar improperios referidos al conductor y su familia durante tres largos minutos. Con el sentimiento de impotencia, característico de estos casos; cogió el móvil, escaso de batería quiso hacer una última llamada digital a tierra. Es evidente que su exmujer cuando escuchó esa petición de recoger el coche y pagar la pertinente multa, no prolongó la conversación más de lo necesario, permitiendo que la batería de nuestro protagonista mantuviera un nivel de carga suficiente como para hacer, en el futuro, una llamada más, la cual se convertiría en la más importante de su vida. Manuel salió decidido del tambucho arreó unos fuertes mamporrazos a una campana de bronze. - Preparados para zarpar!- gritó con todo el aliento que tenía. - Todo el mundo a cubierta! Y al momento Panxut, Embat y Comodoro se reunieron con ellos. Esteban seguia cojeando sigilosamente, y a cada paso que daba con el pie malo, notaba como si lo hundiera en el fango, por causa de la sangre empapada en los vendajes. - Tenemos una tormenta tropical que se acerca; viene directa hacia aquí. No creo que se convierta en huracán, pero zarpamos inmediatamente porque dudo que el fondeo aguante unos vientos de Beaufort 8 y más allá. En el mar estaremos mas seguros, bueno, por lo menos Siete Mares estará más seguro. - Pero yo no venía con vosotros, yo solo estaba repasando el motor- argumentó Comodoro. - Por el momento no hay elección, el motor del auxiliar no funciona y a remos dudo que alcanzaras la costa. Además nos harán falta todos los brazos que podamos disponer. - ... y piernas!- pensó Esteban. - Levad el áncla! - Izad la Mayor con un rizo, zarpamos! Sólo se oyó el sordo ruido de la cadena sobre el barbotén y el de la driza de la mayor bajo las poleas. La pesada ancla quedó a pique casi al momento, pendulando bajo la amura. Un último esfuerzo para estibarla junto al bauprés y todo listo para cortar el agua. Esteban ordenó izar el foque. -Dónde está el enrrollador? Preguntó inocente Panxut. -En mi barco,- repuso el armador- mariconadas las justas!. El tono disgustó a todos, pero poco a poco iban a conocer el verdadero carácter del armador. Izaron el foque y tomaron rumbo SW. La tripulación cumplía las ordenes de Esteban y éste aprovechó para bajar a su cabina y ponerse el traje de aguas, la cabina era más bien estrecha y repleta de enseres inservibles, más parecía un cajón de sastre que el camarote del capitán, mientras se cambiaba de ropa para ponerse más comodo, se observó en un viejo espejo atornillado a la pared, a sus casi cincuenta años aun se conservaba bien, era espigado y de hombros anchos, su cara alargada rematada con un mentón recto y duro, sus ojos grandes color avellana y una profunda cicatriz que nacía en la ceja izquierda y resbalaba por su mejilla hasta perderse entre una barba de varios días, le daban un aspecto entre descuidado e inquietante, se quedó pensativo por unos segundos recordando el porqué de la cicatriz, el sonido de una baliza retumbó en sus oidos devolviéndole a la realidad se embutió rapidamente en su traje de aguas y subió a cubierta cuando el Siete Mares se deslizaba raudo, al través, el arrecife sur. En cubierta y de la mano de la memoria de los navegantes de antaño, aquel barco orientándose por las estrellas, con sus propios ojos, con su propia memoria después. Instrumentos, mapas y cartas marinas. El tiempo da la razón a la historia de estos navegantes, la calidad de los hombres del mar que, hoy dista mucho de parecerse y parecernos a ellos. Todos tienen su tarea escrita en la suerte y la experiencia en ella. Tan pronto como rebasaron el atolón, bordaron hacia el oeste. El mar estaba formado y el viento desaparecía por momentos. Manuel y Panxut decidieron bajar a la sala de máquinas a poner en marcha el motor. Esteban pilló el timón, tomando al mar por babor y el viento por la aleta, casi por popa. Sudaba a causa de la meticulosa faena de recomponer el rumbo, con la rueda, a cada bandazo que le daba una nueva ola. Sudaba a causa del calor y el bochorno que se estaba apropiando de la átmósfera y sudaba, temía, por causa de la fiebre que le producía la herida que se había hecho en el pie, y que nno había dejado acabar de curar a esa linda enfermera. El sonido sordo y acompasado de los primeros pistonazos del motor, que se percibía potente bajo sus pies le reconfortó.
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Siempre llevo un fino sedal, con un anzuelo y un señuelo en el bolsillo, para cuando llegue mi hora, y me halle navegando, con Caronte hacia el otro lado del río, aprovechar para hacer curri; pues no hay duda que daré mejor impresión, de presentarse ante el portero con unos buenos peces recién pescados como ofrenda. |
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#5
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Recapitulando:
Personajes: Esteban: Patrón por encargo, Marino de profesión, cercano a los 50 años, espigado, ancho de hombros, ojos grandes de color avellana, cara alargada de mentón recto, tiene una cicatriz que va desde la ceja izquierda y baja por la mejilla izquierda y se oculta tras una barba de varios días. Aspecto descuidado e inquietante. Casi toda su vida la ha pasado en el mar, no sabemos de que tiene la cicatriz. Se ha hecho una herida en el pie antes de subir al barco. Manuel: Armador es un hombre rechoncho, de mediana edad, su piel cetrina endurecida por el sol no oculta una mirada serena y pícara, que contrasta con una ristra de dientes desalineados y amarillos que sobresalen de su ancha cara. Panxut: No conocemos descripción, es mecánico y Esteban no confia del todo en él. Comodoro: No conocemos descripción. Embat: No conocemos descripción. Barco: Siete Mares es un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesqueria en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algun canal de Amsterdam. Singladura: No conocemos nada aun, pero será larga. Objeto de la singladura: Aun lo deconocemos. Como se hace largo voy a enviar los dos capitulos en dos post seguidos.
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La vela hay que velarla, y si no, no largarla ![]() "No soy un fulano con la lágrima fácil, de esos que se quejan sólo por vicio. Si la vida se deja yo le meto mano y si no aun me excita mi oficio .............. Jamboequipoderegatas
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CAPITULO II
El sol casi tocaba el mar, mientras la tripulación terminaba sus tareas del dia, Manuel saco una red del agua, dentro, un precioso atun, tres caracolas y una Langosta. Con una habilidad musical, limpio el pescado y lo bajo a la cocina. Un gran caldero bullia al fuego de una antigua estufa. Sin embargo, y a pesar del reluciente Sol, Manuel de un gesto le indicó que diera un vistazo al sudoeste, donde unos oscuros y tenebrosos nubarrones se estaban estableciendo. -És una tormenta tropical, explicó Manuel, pero debemos controlar que no se convierta en un huracán. Voy a bajar al tambucho a mirar el parte y si viene para acá, zarparemos inmediatamente para poner agua de por medio. -Está bien -contestó Esteban, mientras disimulaba su cojera- yo mientras voy a proa a asegurar el fondeo. Eso le daria ocasion para mirar algo el barco, aunque su avezado ojo ya le hablaba vida y milagros de su nuevo pupilo..los barcos pasaban a ser casi personas para el, si decidia hacerse cargo de alguno. Un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesqueria en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algun canal de Amsterdam. Como hubiera terminado en el Mediterraneo y en manos de Manuel...cocinero de buque de linea, como llegaria a saber mas tarde, formaba parte de una historia todavia desconocida pero que terminaria conociendo al detalle, se temio..encogiendose finalmente de hombros. Tras una primera toma de contacto decidió mirar hacia el puerto, quizás para ver lo que dejaba atrás tras tomar la decisión más arriesgada en lo que llevaba de año. Su rostro, instantáneamente melancólico, enseguida con aire de seguridad y satisfacción por haberse embarcado en lo que podría ser una aventura sin precedentes, experimentó un brusco cambio seguido de la segregación de sudor frío mientras observaba cómo la grúa se llevaba el viejo coche que dejó mal aparcado por las prisas. La rabia se apoderó momentáneamente de su estado de ánimo y no paró de gritar improperios referidos al conductor y su familia durante tres largos minutos. Con el sentimiento de impotencia, característico de estos casos; cogió el móvil, escaso de batería quiso hacer una última llamada digital a tierra. Es evidente que su exmujer cuando escuchó esa petición de recoger el coche y pagar la pertinente multa, no prolongó la conversación más de lo necesario, permitiendo que la batería de nuestro protagonista mantuviera un nivel de carga suficiente como para hacer, en el futuro, una llamada más, la cual se convertiría en la más importante de su vida. Manuel salió decidido del tambucho arreó unos fuertes mamporrazos a una campana de bronze. - Preparados para zarpar!- gritó con todo el aliento que tenía. - Todo el mundo a cubierta! Y al momento Panxut, Embat y Comodoro se reunieron con ellos. Esteban seguia cojeando sigilosamente, y a cada paso que daba con el pie malo, notaba como si lo hundiera en el fango, por causa de la sangre empapada en los vendajes. - Tenemos una tormenta tropical que se acerca; viene directa hacia aquí. No creo que se convierta en huracán, pero zarpamos inmediatamente porque dudo que el fondeo aguante unos vientos de Beaufort 8 y más allá. En el mar estaremos mas seguros, bueno, por lo menos Siete Mares estará más seguro. - Pero yo no venía con vosotros, yo solo estaba repasando el motor- argumentó Comodoro. - Por el momento no hay elección, el motor del auxiliar no funciona y a remos dudo que alcanzaras la costa. Además nos harán falta todos los brazos que podamos disponer. - ... y piernas!- pensó Esteban. - Levad el áncla! - Izad la Mayor con un rizo, zarpamos! Sólo se oyó el sordo ruido de la cadena sobre el barbotén y el de la driza de la mayor bajo las poleas. La pesada ancla quedó a pique casi al momento, pendulando bajo la amura. Un último esfuerzo para estibarla junto al bauprés y todo listo para cortar el agua. Esteban ordenó izar el foque. -Dónde está el enrrollador? Preguntó inocente Panxut. -En mi barco,- repuso el armador- mariconadas las justas!. El tono disgustó a todos, pero poco a poco iban a conocer el verdadero carácter del armador. Izaron el foque y tomaron rumbo SW. La tripulación cumplía las ordenes de Esteban y éste aprovechó para bajar a su cabina y ponerse el traje de aguas, la cabina era más bien estrecha y repleta de enseres inservibles, más parecía un cajón de sastre que el camarote del capitán, mientras se cambiaba de ropa para ponerse más comodo, se observó en un viejo espejo atornillado a la pared, a sus casi cincuenta años aun se conservaba bien, era espigado y de hombros anchos, su cara alargada rematada con un mentón recto y duro, sus ojos grandes color avellana y una profunda cicatriz que nacía en la ceja izquierda y resbalaba por su mejilla hasta perderse entre una barba de varios días, le daban un aspecto entre descuidado e inquietante, se quedó pensativo por unos segundos recordando el porqué de la cicatriz, el sonido de una baliza retumbó en sus oidos devolviéndole a la realidad se embutió rapidamente en su traje de aguas y subió a cubierta cuando el Siete Mares se deslizaba raudo, al través, el arrecife sur. En cubierta y de la mano de la memoria de los navegantes de antaño, aquel barco orientándose por las estrellas, con sus propios ojos, con su propia memoria después. Instrumentos, mapas y cartas marinas. El tiempo da la razón a la historia de estos navegantes, la calidad de los hombres del mar que, hoy dista mucho de parecerse y parecernos a ellos. Todos tienen su tarea escrita en la suerte y la experiencia en ella. Tan pronto como rebasaron el atolón, bordaron hacia el oeste. El mar estaba formado y el viento desaparecía por momentos. Manuel y Panxut decidieron bajar a la sala de máquinas a poner en marcha el motor. Esteban pilló el timón, tomando al mar por babor y el viento por la aleta, casi por popa. Sudaba a causa de la meticulosa faena de recomponer el rumbo, con la rueda, a cada bandazo que le daba una nueva ola. Sudaba a causa del calor y el bochorno que se estaba apropiando de la átmósfera y sudaba, temía, por causa de la fiebre que le producía la herida que se había hecho en el pie, y que nno había dejado acabar de curar a esa linda enfermera. El sonido sordo y acompasado de los primeros pistonazos del motor, que se percibía potente bajo sus pies le reconfortó.
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La vela hay que velarla, y si no, no largarla ![]() "No soy un fulano con la lágrima fácil, de esos que se quejan sólo por vicio. Si la vida se deja yo le meto mano y si no aun me excita mi oficio .............. Jamboequipoderegatas
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