Re: La soledad y el aislamiento a bordo.
Cuando tenía veintitantos, hice viajes en moto en solitario, no muy extensos, el más largo de 10 días recorriendo Andalucía y el litoral mediterráneo. Improvisando.
Ahora, navego. Casi cada semana navego, mayormente en solitario. La familia y los amigos se van apuntando pero ni de lejos con la frecuencia con la que yo salgo al mar. Poco a poco, me doy cuenta de que, aunque me gusta mucho navegar con ellos, mis horas (o dias) de solitario aportan algo especial, algo que no había vuelto a tener desde aquellos años de motorista indomable. Recupero una parte de mi que no aflora salvo en soledad. La vela te permite eso. Momentos únicos casi continuos, sin interrupción. Sensaciones que se ondulan con los más pequeños cambios. Sensaciones que no explicarás, porque no son explicables. Conexión entre el hombre y su barco. El placer del tiempo lento. La búsqueda de la armonía y la felicidad en lo simple.
Puede que vosotros, desconocidos amigos tabernarios, seais también así. No es ser antisocial, no es evasión de lo cotidiano, es un camino paralelo que tenemos la suerte de poder tener, a ratos.
LDN
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