Hace unos 6 años, en navegación en flotilla (6 barcos juntos) por las islas griegas, pude vivir, casi de primera mano (pues yo iba en el siguiente barco a tan sólo unas esloras), un suceso que me marcó mucho, precisamente por haberse producido en un barco a varias millas de la costa.
Una chica se agarró a la escota de la mayor (sobre el tambucho, por delante de la capota antirociones) con tan mala fortuna que el barco se fue de orzada y la chica, en lugar de soltar la escota, todavía se agarró con más fuerza, mientras el patrón -sin percatarse de esta situación- amolló completamente la escota para adrizar el barco..., con tan mala fortuna que la roldana (polea) segó tres de las falanjetas de una mano de la chica.
Uno de los pasajeros del barco tuvo suficiente sangre fría para recuperar dos de esas falanjetas (la tercera se perdió) y las puso entre los hielos de la nevera. La hemorragia la taponaron como fue posible, presionando con apositos, mientras el barco se dirigia a toda máquina al puerto de Sporos, que era el más cercano (afortunadamente a sólo un par de horas de donde nos encontrabamos).
Cuando llegamos a puerto, le realizaron una cura de primeros auxilios y la montaron en un hidrofoil para llevarla a Atenas por la vía más rápida. No he vuelto a tener noticias directas de esta persona, pero por terceros me he enterado que finalmente le volvieron a implantar las dos falanjetas recuperadas.
La pregunta es, en este caso, lo de poner las falajetas entre hielos
¿Es lo más conveniente? ¿Recomiendas algún comportamiento especial que no sea el descrito en situaciones parecidas?
Muchas gracias!!

