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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#17
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La primera vez
Permanecía mirando fijamente el techo de la habitación, cuando notó el roce de sus manos. Se dejó tocar, aunque la sensación le pareciera molesta. Él le pidió sólo un beso, y ella cerró los ojos. Sentía que la besaba un extraño. Al primer leve movimiento de su cabeza, volvió el vértigo, la nausea y el fuerte dolor. Él se dio la vuelta. Ella pensó otra vez que ojala hubiera terminado todo aquella tarde del último día que salieron juntos a navegar. Una calurosa mañana salió. Sola. Ya era verano. Intentaba disimular el paso desequilibrado por vergüenza. Consiguió coger el autobús, pero el collarín no sirvió para que le cedieran un asiento. Otra vez el vértigo. Le era hasta difícil hacer el tramo de pantalán que la llevaba a su amarre. Se sentía mareada y necesitaba cogerse a alguien, pues tenía la sensación de que iba a perder el equilibrio y caer al agua. Una vez sentada en la bañera, su cerebro parecía que se movia dentro del craneo, meciéndose al compás del barco amarrado. Al cabo de poco rato tenía que bajar y los efectos de la desagradable experiencia le duraban hasta al día siguiente. Desde el autobus parado en un semáforo, observó a una joven en moto y recordó, como una revelación, que ella había tenido una. Y que solía pararse en los semáforos de la ciudad con la vista al frente, evitando mirar al conductor del coche de su derecha, que casi seguro la miraba por la gran cilindrada, la sorpresa de que fuera una chica o por sus piernas. O todo a la vez. Aunque algunas veces bromeara con ellos, si estaba de muy buen humor. El casco tapaba su rubor. Era otra. Se perdió por las calles y también olvidó adónde quería ir. Deambuló hasta sentir un fuerte pitido en sus oídos y se le nubló la vista. Acabó apoyada en una pared a punto de caer, angustiada y mirando fijamente al móvil sin saber cómo ni a quién tenía que llamar. -¿Cómo te ha ido hoy cariño? Médicos El médico le hizo la exploración neurológica rutinaria: Cerrar los ojos y tocarse la punta de la nariz con los dedos. Andar un poco con los ojos cerrados. Responder a preguntas tontas con coherencia...El TAC no había señalado ninguna lesión. Alzó la vista y la miró inquisidoramente a los ojos: Tiene usted alguna poliza de accidentes? Había visto esa expresión en algún compañero de trabajo que se había encontrado por la calle, y le reprochaba irónicamente la suerte que tenía: ¡Estar de baja y salir a pasear! Aprendió a esquivar la incomprensión, con una sonrisa cómplice y dolor en el interior. Al fin y al cabo, su piel tenía un bonito color dorado, a pesar de las horas que pasaba inactiva encerrada en casa. No podía entretenerse mas que con las imágenes del televisor, con el volumen justo para ocultar los ruidos de su oído, cambiando compulsivamente de canal. O cerrando los ojos, con la cabeza muy quieta, abandonándose a recuerdos inconexos que encontraba en su interior. Hasta que llegaba el sueño y otra vez la paz. No quería ver a nadie porque, aunque conocido, nadie le era emocionalmente familiar y hablar le suponía un gran esfuerzo. La presión del esguince cervical sobre las venas que irrigan el cerebro...requiere tiempo... a ver cómo evoluciona.... Ella habría pasado los cinco minutos de visita, de la abarrotada consulta externa del hospital, sólo enumerándole al doctor las secuelas que padecía. Pero iba sola, tartamudeaba a menudo y no conseguía plasmar en palabras las ideas que tenía en el interior. Se sentía una idiota. Consiguió decirle unas pocas, pero deseaba tanto preguntarle por el olfato, la libido, sus recuerdos... que se derrumbó y comenzó a llorar. -Quizás lo que usted necesita es otro tipo de profesional...yo en su lugar iría a....-y cerró suavemente su expediente.-El siguiente, por favor. Estaba tan segura de que había algo más, que fue a la consulta de otro médico, esta vez de una prestigiosa clínica privada de su ciudad. El médico ojeó por encima las copias que a ella tanto le habían costado ordenar. Pero esta vez la escuchó pacientemente, ella se sintió comprendida y confió. Un cóctel de medicamentos le levantó el ánimo, aunque no resolviera todo lo demás. Pero en el fondo el médico sólo hacía tiempo con ella y lo empezó a notar cuando le decía: Quiero verte otra vez, pero vas a venir más pronto. Dejó de confiar el día en que, al preguntarle ella sobre el deseo, él le insinuó muy delicadamente que quizás ella nunca había tenido clara su orientación sexual. Y ella le respondió con una sonrisa irónica porque, aunque ahora no pudiera sentir nada, si una cosa recordaba haber tenido clara en la vida era ésa. . Editado por desvelada en 04-09-2009 a las 09:24. |
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