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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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"Dispuesto, pues, el corazón a creer lo que te he dicho, está. ¡Oh, hijo!, atento a este tu Catón, que quiere aconsejarte, y ser norte y guía que te encamine y saque a seguro puerto de este mar proceloso donde vas a engolfarte; que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones.
Primeramente, ¡oh, hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey; que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra. Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; y préciate más de ser humilde virtuoso, que pecador soberbio. Innumerables son aquellos que de baja estirpe nacidos han subido a la suma dignidad pontificia o imperatoria; y de esta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran. Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale. Siendo esto así, como lo es, que si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no lo deseches ni le afrentes, antes lo has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie le desprecie de lo que él hizo, y corresponderás a lo que debes a la naturaleza bien concertada. Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida, con los ignorantes que presumen de agudos. Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico. Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico, por entre los sollozos e importunidades del pobre. Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia. Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo tuyo, aparta las mientes de tu injuria, y ponlas en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en ella hicieres, las más veces serán sin remedio, y si le tuviere, será a costa de tu crédito y aún de tu hacienda. Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros. Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones. Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y, en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque aunque los tributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea, a nuestro ver, el de la misericordia que el de la justicia. Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible; casarás tus hijos como quieres; títulos tendrán ellos y tus nietos; vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y, en los últimos pasos de la vida, te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos." Don Quijote de la Mancha -Miguel de Cervantes. Miguel de Cervantes también pone en boca de Don Quijote estos consejos para Sancho, consejos mas bien para andar por . . . la ínsula.
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![]() Quiero vivir la vida aventurera de los errantes pájaros marinos; no tener, para ir a otra ribera, la prosaica visión de los caminos. Poder volar cuando la tarde muera ... |
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#2
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Sentenciosos estáis, pardiez. Yo, para compensar, traigo algo más ligero. Y no es por llevar la contraria.
![]() En la colina, que la hora morada va tornando oscura y medrosa, el pastorcillo, negro contra el verde ocaso de cristal, silba en su pito, bajo el temblor de Venus. Enredadas en las flores, que huelen más y ya no se ven, cuyo aroma las exalta hasta darles forma en la sombra en que están perdidas, tintinean, paradas, las esquilas claras y dulces del rebaño, disperso un momento, antes de entrar al pueblo, en el paraje conocido. —Zeñorito, zi eze gurro juera mío... El chiquillo, más moreno y más idílico en la hora dudosa, recogiendo en los ojos rápidos cualquier brillantez del instante, parece uno de aquellos mendiguillos que pintó Bartolomé Esteban, el buen sevillano. Yo le daría el burro... Pero ¿qué iba yo a hacer sin ti, Platero? La luna, que sube, redonda, sobre la ermita de Montemayor, se ha ido derramando suavemente por el prado, donde aún yerran vagas claridades del día; y el suelo florido parece ahora de ensueño, no sé qué encaje primitivo y bello; y las rocas son más grandes, más inminentes y más tristes; y llora más el agua del regato invisible... Y el pastorcillo grita, codicioso, ya lejos: — ¡Ayn! Zi eze gurro juera míooo... Platero y yo.- Juan Ramón Jiménez ![]() ![]() |
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#3
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¡Qué barbaridad, cuantas peticiones! Quiero..., quiero..., quiero.
¡Y dice sin condiciones! ¡A ver que piensa que quiere el otro! No me hagas caso Chiqui, pero es que no entiendo muy bien a estos que dicen que no ponen condiciones y están exigiendo como quieren que sea o actue el otro. ¿Y si al otro le gusta juzgar, aconsejar, decidir...? Si no te interesa te vas, o ni siquiera te acercas, pero no le dices que cambie él. ![]() ![]() Bueno yo venía a poner algo sencillito .PAPEL PRIMERO (Publicado en febrero de 1827) I.- ADVERTENCIA DE UN HOMBRE MORBOSAMENTE VIRTUOSO La mayoría de los que leemos libros tenemos noticias de una Sociedad para el Fomento del Vicio, del Club del Fuego del Infierno, fundado en el siglo pasado por Sir Francis Dashwood, etc. Creo que fue en Brighton donde se fundó una Sociedad para la Supresión de la Virtud. Esa sociedad se suprimió, pero tengo el sentimiento de decir que existe otra en Londres de un carácter más atroz aún. Por su tendencia puede denominarse Sociedad para el Fomento del Asesinato, pero según su propio y delicado εύφημισμός, se llama la Sociedad de Peritos en el Asesinato. Estos declaran ser curiosos del homicidio, aficionados y dilettanti de los diversos modos de la matanza y, en una palabra, caprichosos del crimen. Toda atrocidad de esa clase revelada por los anales de la policía europea hace que se reúnan para criticarla como si se tratara de una pintura, de una estatua o de otra obra de arte. Pero no tengo que esforzarme e intentar describir el tono de sus procedimientos, pues el lector lo deducirá mucho de una de las conferencias mensuales leídas ante la Sociedad el año pasado. Ha caído en mis manos incidentalmente, a pesar de toda la vigilancia que ejercen para que sus deliberaciones no sean conocidas por el público. Esta publicación los alarmará, y ése es mi propósito. II.- La Conferencia Señores: He tenido el honor de ser designado por vuestro comité para la difícil tarea de leer la Conferencia Williams sobre el asesinato considerado como una de las bellas artes, tarea que podía ser bastante fácil hace tres o cuatro siglos, cuando el arte era poco comprendido y se conocían pocos modelos de altura; pero en esta época, cuando se han realizado excelentes obras maestras por hombres profesionales, es evidente que el público buscará en el estilo de la crítica que se haga de ellas una perfección en consonancia. Práctica y teoría deben avanzar pari passu. La gente empieza a darse cuenta que en la composición de un bello crimen intervienen algo más que dos imbéciles, uno que mata y otro que es asesinado, un cuchillo, una bolsa y una callejuela oscura. Un designio, señores, la agrupación de las figuras, luz y sombra poesía, sentimiento, se consideran indispensables ahora para intentos de esa naturaleza. Mr. Williams ha exaltado el ideal del asesinato en todos nosotros y a mí, en particular, me ha hecho con ello más difícil la tarea de hoy. …. El asesinato, considerado como una de las bellas artes.- Tomas de Quincey. (Esta versión española es de la edición de 1966). |
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#4
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Pelea con la Xelma
Y de parte de tarde descubrimos un bajel al parecer grandísimo, como lo era; tomámosle por la juga por no perderle; y así nos encontramos a medianoche, y con el artillería lista le preguntamos «¿Qué bajel?». Respondió «Bajel que va por la mar». Y como él venía listo también, porque de un bajel no se le daba nada, a causa que traía más de cuatrocientos turcos dentro y bien artillado, dionos una carga que de ella nos llevó al otro mundo diecisiete hombres, sin algunos heridos. Nosotros le dimos la nuestra, que no fue menos. Abordámonos y fue reñida la pelea, porque nos tuvieron ganado el castillo de proa y fue trabajoso el rechazarlos a su bajel. Quedámonos esta noche hasta el día con lo dicho, y amaneciendo nos fuimos para él, que no huyó, pero nuestro capitán usó de un ardid que importó, dejando en cubierta no más de la gente necesaria y cerrados todos los escotillones, de suerte que era menester pelear o saltar a la mar. Fue reñida batalla, que les tuvimos ganado el castillo de proa muy gran rato, y nos echaron de él, con que nos desarrizamos y le combatíamos con el artillería, que éramos mejores veleros y mejor artillería. Aquí vi dos milagros este día que son para dichos: y es que un artillero holandés se puso a cargar una pieza descubierto y le tiraron con otra de manera que le dio en medio de la cabeza, que se la hizo añicos, y roció con los sesos a los de cerca, y con un hueso de la cabeza dio a un marinero en las narices, que de nacimiento las tenía tuertas. Y después de curado, quedaron las narices tan derechas como las mías, con una señal de la herida. Otro soldado estaba lleno de dolores que no dejaba dormir en los ranchos a nadie, echando por vidas y reniegos. Y aquel día le dieron un cañonazo o bala de artillería raspándole las dos nalgas, con lo cual jamás se quejó de dolores en todo el viaje, y decía que no había visto mejores sudores que el aire de una bala. Pasamos adelante con nuestra pelea aquel día a la larga, y viniendo la noche trató el enemigo de hacer fuerza para embestir en tierra, que estaba cerca, y siguiéndole nos hallamos todos dos muy cerca de tierra, con una calma, al amanecer, día de Nuestra Señora de la Concepción, y el capitán mandó que todos los heridos subiesen arriba a morir, porque dijo «Señores, o a cenar con Cristo o a Constantinopla». Subieron todos, y yo entre ellos, que tenía un muslo pasado de un mosquetazo y en la cabeza una grande herida que me dieron al subir en el navío del enemigo, con una partesana, el día antes cuando ganamos el castillo de proa. Llevábamos un fraile carmelita calzado por capellán y díjole el capitán «Padre, échenos una bendición, porque es el día postrero». El buen fraile lo hizo, y acabado mandó el capitán a la fragata que nos remolease hasta llegar al otro bajel, que estaba muy cerca; y abordándonos fue tan grande la escaramuza que se trabó que, aunque quisiéramos apartarnos, era imposible, porque había echado un áncora grande, con una cadena, dentro del otro bajel, porque no nos desasiéramos. Duró más de tres horas y al cabo de ellas se conoció la victoria por nosotros, porque los turcos, viéndose cerca de tierra, se comenzaron a echar a la mar, y no veían que nuestra fragata los iba pescando. Acabóse de ganar, con que después de haber aprisionado los esclavos se dio a saquear, que había mucho y rico. Y eran tantos los muertos que había dentro que pasaban doscientos cincuenta, y no los habían querido echar a la mar porque nosotros no lo viéramos. Echámoslos nosotros y vi aquel día cosa que para que se vea lo que es ser cristiano; digo que entre los muchos que se echaron a la mar muertos, hubo uno que quedó boca arriba, cosa muy contrario a los moros y turcos, que en echándolos muertos a la mar, al punto meten la cara y cuerpo hacia abajo y los cristianos hacia arriba. Preguntamos a los turcos que teníamos esclavos que como aquél estaba boca arriba, y dijeron que siempre lo habían tenido en sospecha de cristiano y que era renegado bautizado, y cuando renegó era ya hombre, de nación francesa. Discurso de mi vida desde que salí a servir al rey, de edad de catorce años . . . - Alonso de Contreras -
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| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a slocum | ||
Crimilda (05-10-2009) | ||
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#5
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Las cosas
El bastón, las monedas, el llavero, La dócil cerradura, las tardías Notas que no leerán los pocos días Que me quedan, los naipes y el tablero, Un libro y en sus páginas la ajada Violeta, monumento de una tarde Sin duda inolvidable y ya olvidada, El rojo espejo occidental en que arde Una ilusoria aurora. Cuántas cosas, Limas, umbrales, atlas, copas, clavos, Nos sirven como tácitos esclavos, Ciegas y extrañamente sigilosas Durarán más allá de nuestro olvido; No sabrán nunca que nos hemos ido. Jorge Luís Borges Canción Ven, muerte, tan escondida que no te sienta conmigo, porque el gozo de contigo no me torne a dar la vida. Ven como rayo que hiere, que hasta que ha herido no se siente su rüido por mejor herir do quiere; así sea tu venida, si no, desde aquí me obligo que el gozo que habré contigo me dará de nuevo vida. Comendador Escrivá. Siglo XV. … Vosotros, que lograsteis vuestros sueños, ¿qué entendéis de sus ansias malogradas? Vosotros, que gozasteis y sufristeis, ¿qué comprendéis de sus eternas lágrimas? Y vosotros, en fin, cuyos recuerdos son como niebla que disipa el alba, i qué sabéis del que lleva de los suyos la eterna pesadumbre sobre el alma! Cuando en la planta con afán cuidada la fresca yema de un capullo asoma, lentamente arrastrándose entre el césped, le asalta el caracol y la devora. Cuando de un alma atea, en la profunda oscuridad medrosa brilla un rayo de fe, viene la duda y sobre él tiende su gigante sombra. … Los tristes.- Rosalía de Castro |
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#6
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Bonito hilo. Me he detenido en algunas y ha valido la pena. Después del recorrido he echado de menos "El embargo", de Gabriel y Galan. Sobre el "papel" pierde fuerza. Mejor si te la recitan. La escuché siendo adolescente en boca de un profesor de literatura. Cuando la releo intento recordar aquella lectura y todavía se me ponen como escarpias ("porque aquí lo jinco delanti usté mesmo...").
![]() Señol jues, pasi usté más alanti y que entrin tos esos, no le dé a usté ansia no le dé a usté mieo... Si venís antiayel a afligila sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto! ¡Embargal, embargal los avíos, que aquí no hay dinero: lo he gastao en comías pa ella y en boticas que no le sirvieron; y eso que me quea, porque no me dio tiempo a vendello, ya me está sobrando, ya me está gediendo! Embargal esi sacho de pico, y esas jocis clavás en el techo, y esa segureja y ese cacho e liendro... ¡Jerramientas, que no quedi una! ¿Ya pa qué las quiero? Si tuviá que ganalo pa ella, ¡cualisquiá me quitaba a mí eso! Pero ya no quio vel esi sacho, ni esas jocis clavás en el techo, ni esa segureja ni ese cacho e liendro... ¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto si alguno de ésos es osao de tocali a esa cama ondi ella s'ha muerto: la camita ondi yo la he querío cuando dambos estábamos güenos; la camita ondi yo la he cuidiau, la camita ondi estuvo su cuerpo cuatro mesis vivo y una nochi muerto! ¡Señol jues: que nenguno sea osao de tocali a esa cama ni un pelo, porque aquí lo jinco delanti usté mesmo! Lleváisoslo todu, todu, menus eso, que esas mantas tienin suol de su cuerpo... ¡y me güelin, me güelin a ella ca ves que las güelo!... |
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#7
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muchas gracias Juan Capanegra por traer a uno de los mejores poetas del 98, a mi juicio. si, es verdad aun no había salido, quizás sea por que el castúo no se entiende bien. mantuvo correspondencia con unamuno, el cual fue su mentor e introductor en los círculos literarios de la época. sus recuerdos de infancia y juventud en tierras de castilla y, su amor por las tierras y por las gentes del pueblo llano extremeño encontraron en este dialecto, el castúo, su mejor forma de expresión. a mi si que me gusta mucho. es curioso que en este embargo de la cama . . . la cama fuese una de las pocas cosas que en aquel tiempo la ley ya no permitía su embargo.
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