Pues que estáis bendecido de tan tiernos sentimientos y que vuestro corazón abriga tales y tan tiernas poesías, atrévome a pensar que no es desmesura esperar de vos benevolencia si mi pregunta incomoda por ingenua, que no por otra causa cual impertinencia o falacia pudiérase pasar por éstas mis limitadas mientes:
¿No se dice doncella de aquella mujer que no conoció varón? Sorprende en tal caso que, hermosa y de tal condición, en vuestro regazo abandone su cabeza (en el regazo la pasión empieza) y en carro, que no en avión, emprenda tan largo viaje. ¿No usásteis en el Aire du Midi como excusa la pereza? ¿Vencísteis la tentación en el peaje?
¿Llegó doncella a París? ¿No pudo? ¿O estuvo en un trís?
