Eso lo probé yo en un restaurante buenisimo a los pies de Le Mont Saint Michel, en Normandía. Pero sin el yogurt y la canela.
Era un espectáculo ver cómo la hacian las cocineras vestidas con trajes regionales. Primero batían los huevos puestas todas en fila, y dando un auténtico recital de percusión con las varillas contra los boles de cobre en diferentes ritmos sincronizados. El huevo se quedaba muy espumoso porque primero batían la clara hasta dejarla a punto de nieve y después le añadían la yema y el azucar y seguían mezclando: tan tarantan tan tan tantarantán!
Luego, con unas sartenes antiguas con el mango de madera larguísimo, las cuajaban en una chimenea enorme con fuego de leña. Todas le daban la vuelta a su tortilla a la vez, y las hacian volar a la misma altura, como malabaristas de circo, oiga
Por último las servían en el plato y ya en la mesa la flambeaban con un licor en tu presencia, mmmmmmmm
Vamos, igualica que la tortilla del vago


