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Capitán Barceló Capitán Barceló esta desconectado
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Predeterminado Domingueros, egoismo e imprudencia en una cala de Mallorca.

Cofrades.

Llegué ayer tarde a Illetas, un lugar ideal para echar el ancla y difrutar de la tranquilidad cerca de la ciudad de Palma de Mallorca. Aguas cristalinas y fondos arenosos a poca distancia de la ciudad. Allí me encontré al cofrade Pipe a bordo de su Puma 26, disfrutando del momento. Yo iba solo.

Tras una buena cena a base de pasta y una buena cerveza de trigo a dormir. Junto a mi había un Hallberg Rassy de muy buen ver con una banderola del arcoiris y la palabra "Pace" escrita en letras blancas. En fin, una noche agradable.

Esta mañana de domingo ha amanecido soleada y calurosa. A eso de las nueve y media las lanchas motoras han ido apareciendo una tras otra sin parar. Se acercaban mucho a mi fondeo y he tenido que advertir a una de ellas que iban a posarse encima del ancla. El patrón, un tipo alto y chillón, ha hecho caso omiso y se ha colocado muy cerca. Su padre, un hombre amable y considerado, ha intendado tranquilizarme diciendo que el borneo nos afecta a todos por igual, y que irán con ojo... Era una motora de 32 pies.

Poco después, y ante el avance masivo de las motoras, (es curioso, pero los veleros han optado por fondear más lejos, y siempre midiendo las distancias con sus vecinos) he decidido señalizar mi ancla con una defensa. Me he lanzado buceando y ahí he dejado mi baliza señalizadora, confiando en que la gente viera que el radio tomado desde ahi hasta mi popa debía tenerse en cuenta. ¡Qué equivocado estaba!

Ha aparecido una nueva lancha y ha fondeado a siete u ocho metros de la anterior. Sus tripulaciones se conocían y esto ha sido motivo de gran alborozo. Nada, a fondear. Mi baliza es invisible. La playa es de todos. El mar también. Veinte minutos más tarde aparece un amigo de este amigo. No le apetece largar cadena y se abarloa. Tres lanchas a menos de seis metros de distancia. Aparece una lancha más patroneado por un señor de unos sesenta años. Se me viene encima directamente y ante mis señas de precaución me dice con acento alemán que no me preocupe, que no hay peligro. Y sí, este hombre se aleja lo suficiente. Se lo agradezco.

Al poco aparece un tipo en una pequeña lancha amigo del primero de todos. Gran regocijo. Gritos, tacos, felicitaciones. Le enseña su nuevo equipo de música y pone el volumen a tope. "Chill Out, cómo mola" grita el patrón de la motora de 32 pies. A pleno pulmón, y con una copa de champán en la mano nos hace partícipes de que "va borracho". Le interesa que lo sepamos, odia la discreción y el andarse por las ramas.

Pipe aparece. Me dice que él es un veterano de los domingos en Illetas y que debo abandonar la zona. Imposible hacerlo ahora. No me apetece maniobrar solo en estas condiciones. Además,estoy rodeado. Mi velero tiene la quilla corrida y no es precisamente un portento dando atrás. Se está levantando viento.

Me doy un chapuzón. Qué bien se estaba ayer tarde cuando no había nadie... En fin, más vale tomarse esto con humor, le comento al bueno de Pipe que ya está curtido en estas lides. Si alguien puede estar casi pegado a ti, aun habiendo sitio, porqué no va a hacerlo... Bravo cofrade, me gusta tu estilo.

Diez minutos más tarde subo a bordo. El sol abrasador no ha acabado de secarme cuando los de la lancha abarloada sacan... un televisor. El programa debe ser la monda porque lo tienen a todo volumen. La popa de esta lancha no golpea contra mi proa porque la señora ha colocado una tumbona inflable entre los barcos. La intención es buena pero no basta porque el viento arrecia. Su brazo derecho logra a duras penas que nuestros cascos no se golpeen una y otra vez. Me mira esperando algo, y le digo que han fondeado demasiado cerca, que qué coño espera. La rabia me paraliza. El marido sigue pegado a la pantalla. Se hace el loco, pero se da cuenta de todo.

No sé qué hacer, si decirle lo que pienso o calmarme. Intento lo segundo. En esas estoy cuando noto que mi velero empieza a cambiar de ubicación a gran velocidad. La señora del sofá inflable me mira aliviada y se gira para seguir con el programa. Bien, se acabó la pesadez de separarme de este velero con el brazo. ¿Qué está pasando? Mi ancla, la cadena estaba debajo de esas dos lanchas abarloadas. Busco mi baliza señalizadora y veo que la lleva arrastrando una lancha mediana repleta de alemanes grandes y chicos. Les grito. Miran para otro lado. Vuelvo a gritar y veo que se lanza un chavalín a desengancharse de la baliza. Habían tomado mi ancla por un muerto y se habían amarrado a ella. Su lancha empezó a garrear y ante la inminente colisión arrancaron sin deshacer el nudo. Con el ancla sin tocar fondo mi velero está sin control.

Fuerza 5 en Illetas. Los alemanes se deshacen de la defensa y se largan sin pedir media disculpa. Les grito en alemán algo así como "¡Qué cojones estáis haciendo!" y ellos contestan diciendo "ja, ja, ja..." (sí, sí, sí...) y se despiden. Me abalanzo sin remedio contra el lanchón del dominguero sexagenario de antes. El espacio que nos rodea es insuficiente para maniobrar. Sale su mujer por proa con un pareo y le pido que tome mi amarra de respeto. Entre su marido y ella me quedo abarloado provisionalmente mientras estudiamos la situación. Los del Hallberg Rassy hace horas que se han ido. Creo que se veían venir la tormenta. Gracias a Dios no ha habido daños. Es la primera vez en mi vida que me levantan un ancla, y no hablo metafóricamente. Y menos mal que estaba a bordo. No quiero ni pensar en lo que podría haber ocurrido cinco minutos antes...

Maldiciendo mi suerte, o mi poco acierto al elegir, me asaltan varias cuestiones.

Sé que el domingo es el único día para mucha gente, yo incluido a menudo, y la única oportunidad de la semana para sacar el barquito. Todos tenemos derechos, lo sé. Pero estadísticamente, he comprobado el egoísmo de muchos propietarios de embarcaciones que hacen de su capa un sayo, y no están dispuestos a retroceder un milímetro de su posición si no les da la gana.

¿Es cuestión de educación, de respeto al prójimo? ¿Saca el domingo a bordo lo peor de cada uno? ¿Ocurre en la mar como en un atasco de tráfico en una carretera, que sacamos a la bestia, o en este caso, al maleducado, al zafio, al grosero que tenemos dentro?

Editado por Capitán Barceló en 14-06-2009 a las 22:21.
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