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Antiguo 15-06-2009, 11:00
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La niña de la caña
 
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Predeterminado El perro (cachorro) de aguas

Como muchos sabréis Cachalote es nuestro nuevo perro de aguas.

Esa bolita negra y enternecedora que era está creciendo y convirtiéndose en un verdadero hijo de perra (ya lo era, pero ahora más). Ya no quedan apenas macetas en casa que contengan nada verde. Además de este tengo a Nell, una vieja pitbull tan noble como tranquilota. La tiene aburría, no sé ya que hacer con ese demonio.

Los dejamos en el porche de casa, pues tiene mucho espacio. Nell suele tumbarse allí, buscando el rinconcito en el que se posan los primeros rayos de sol matutinos. Nuestra perra se tumba panza arriba, luego pa un lao y pal otro, vuelta y vuelta, para calentarse toda. Hasta que llega el torbellino, que le hace el salto del tigre y empieza a morderle la cola. Nell de cuando en cuando le da un cabezazo y se lo quita de encima, pero este vuelve a la carga. Gruñe, ladra, un ladrido agudo de cachorro travieso, y recibe otro cabezazo. Pero Cachalote sigue en su empeño de amargarle la existencia a Nell, y esta, que empieza a perder la paciencia le enseña un poco los dientes. Nada, no sirve de nada, ese hijo de Satanás es un kamikaze convencido de que es el amo del lugar y que Nell es su juguete favorito, hasta que nuestra perra de ojos verdes harta ya le da un zarpazo y lo manda a la otra punta. Bueno, en realidad tiene que darle varios zarpazos porque Cachalote es insistente. Y el cachorro, cuando se harta de dar por saco a Nell la emprende con las macetas.

-Niñaaaaaaaaaaaaaaaaa (mi madre), coge al perro, ¡¡se está comiendo los claveles!!-. A mi madre le dan miedo los perros. Y me asomo desde la terraza, y ahí está cachalote, con un clavel en la boca como la típica estampa que snos venden de bailaor de tango. Y la maceta de lo que eran claveles toda espachurrada.

Lo cojo, le riño. Cachalote me mira con esos ojos negros muy brillantes y las orejas muy tiesas. Da la sensación de que se está riendo de mi. Me doy la vuelta y el muy cabrón se me tira encima intentando derribarme. Aún tiene que comer mucho. Sacudo la pierna para quitármelo de encima pero no hay manera, me sigue arrastrándose anclado a mi pie, enganchado a mis sandalias intentando morder talones, tobillos o cualquier cosa en la que se puedan clavar sus afilados colmillos. Ganas me dan de patearle, pero me contengo. Lo saco fuera, cierro la puerta y vuelvo a escuchar los ladridos y gruñidos, vuelta al calvario de mi vieja Nell, hasta que el nuevo silencio augura alguna diablura nueva.

-Niñaaaaaa (mi madre otra vez). Hay que ver, hay que ver hay que ver… que el perro se ha cargao los laureles, con los hermosos que estaban. ¡qué pena, eh, que pena! Dile a tu hermano que se lo lleve que no quiero ver a ese perro más por aquí. Niño,¿Dónde está el niño??? Llama a tu hermano que se lleve al perro, que se lo lleve eh, que no lo quiero. Mis laures, ay ay , que crimen, ya no queda ninguna maceta en pie. Cachalote ¡¡¡tira, chee tira!!

Y claro mi madre le grita desde la distancia porque le da miedo, y Cachalote cree que es un grito de ¡¡mami quiere jugar!!, y se lanza sobre ella. A mi madre le da un ataque de pánico y grita como una posesa –Niñaaaaaaaaaa, quítamelo de encima-, y me vuelvo a asomar por la baranda de la escalera, desde arriba y veo a mi madre empuñando la escoba para protegerse del Cachalote. Al final consigue “barrerle” de nuevo hasta el porche.
Cojo aire, Dios, esto es una casa de locos, vaya tela que no me van a dejar tranquila

-Niña (mi padre) ¿¿se puede saber qué pasa? Mira a ver qué quiere tu madre hay que ver la escandalera que tiene montá

¿y a mi que me cuentas? pienso, con lo bien que se estaría con mi otro cachalote, o sea, mi barco –Nada papá, que el perro está jugando con tu mujer

-Niñaaaa quítame a este bicho de encima que me da miedo- Vuelvo a bajar, lo vuelvo a sacar al porche y esta vez cierro la puerta para que no vuelva a entrar, pero el perro se pone a llorar porque quiere entrar en casa. Llora y llora y llora hasta tal punto que nos pone de los nervios.

Mi padre le abre la puerta y lo deja entrar. Mi madre reniega, -saca al perro fuera que no hace una limpia, ya no tiene más macetas que romper, y… ¡cachalote no te cagues ahí! ¿ves? ¿ves lo que te decía? ¡Me tiene harta!
Limpio lo que el perro ha ensuciado,¿por qué no me habré ido al puerto? me pregunto una y otra vez, le riño de nuevo y lo vuelvo a echar fuera

-¿quieres dejar al perro tranquilo? (mi padre otra vez) Que no hace nada, deja al perro dentro a su aire, que sois vosotras la que lo tenéis alborotado, narices.

Marga, contente, no respondas que es peor. Mi madre también se resigna y se encierra en la cocina. Ella odia las puertas cerradas, pero no quiere al Cachalote cerca. Lo que la pobre mujer ignora es que el perrito con el tiempo triplicará su tamaño y llevará rastas, y mejor así, ya habrá tiempo para que se haga a la idea

-Será posible,(mi padre sigue rezando en voz alta) igual se ha pensado que es un león, y es solo un cachorro inofensivo . Si no le haces caso el perro va a su aire y se queda tranquilo.

¡¡crashhhhhh!! Un estruendo que proviene de la cochera, nos asomamos y ahí está el inofensivo cachorro de cachalote, que ha dado con el cable del taladro y tirando de él ha tirado media caja de herramientas. Un follon de tornillos, cáncamos, arandelas, tuercas y destornilladores esparcidos por el suele consiguen que la relajada expresión de mi padre mute a la de un auténtico psicópata. ¡¡Cachalote estás muerto!!- Se dispone a ir a la caza de la pequeña bola peluda, pero esta ya ha emprendido la huida escaleras arriba a refugiarse debajo de una cama. En la cara de mi madre parece asomar una sonrisa maliciosa de ¿ves? Te está bien empleao, por listo.

Paciencia Marga paciencia. Subo en su busca, miro debajo de todas las camas, ha elegido la mía, en el rincón más remoto. Ahí esta el bicho, tumbado con la cara pegada al suelo mirándome con ojillos brillantes. Ya saldrás, ya. Y sale al fin, busca un rincón soleado pegado a la terraza del cuarto de la plancha, y ¡¡al fin!! Se echa a dormir. Bien, un poco de paz. En esas llega mi hermano, encargado de criar a Cachalote, le hacen lista de quejas, y claro, este se lo encuentra ahí, dormidito tan manso, con cara de no haber roto un plato, tanto que no acaba de dar crédito a los renegaeros de mis padres.

Volvemos cada uno a la nuestro. Solo mientras duerme se respira paz en casa. Bajo a comer y sentados a la mesa lo escuchamos trajinar. Seguro que está haciendo alguna de las suyas, pero paso de asomarme, total… Pero pasan los minutos y me escama que cachalote no haga acto de presencia en la mesa, a darnos por saco. Algo me dice que no trama nada bueno, así que al final me levanto y voy a ver.

-Mamonnnn ven pacá que te voy a cortar la cabeza. ¡¡Cachalote!! Ya verás cuando te coja-. Y ahí está Cachalote, destrozando el encaje de mi sujetador más bonito. No sé como pero ha dado con el cesto de la ropa limpia y ha elegido la mejor prenda. ¡¡Sus muertos!! Que vengas (ni caso), y emprendo una carrera escaleras arriba y abajo tras mi sujetador. Lo mato, a este chucho lo mato. A medio tramo de escaleras me encuentro mi suje, o lo que queda de él. Subo a por el chucho, y me lo encuentro. Hay un trozo de encaje enganchado a su fino colmillo, y ahí está el enano intentando quitárselo. Lo hago, se lo quito con todo el pesar por la prenda perdida, si por mi fuera le arrancaba los dientes, ¡qué digo! ¡la cabeza!, le cojo del pellejo del pescuezo y grita como un poseso, aunque no tanto como yo. Lo vuelvo a echar fuera, pero esta vez no llora, sabe que la ha cagado.

Al buen rato salgo y me siento al fresquito, y el chucho, muy prudente se me arrima y empieza a lamerme el pie con las orejas gachas. Aun enfadada me lo quito de encima, y este se sienta frente a mi, le miro y su expresión cambia, ladea la cabeza con las orejas erguidas, mirándome fijamente con esa carilla traviesa. Dobla la cabeza para el otro lado y me ladra juguetón.

¡Qué guapo es el joio!-Anda ven aquí- y antes de terminar la frase, se ha subido en mi regazo y me está dando lametones en la cara, encaramado como un mono, haciéndome finalmente reír. Si es que… por malo que sea sabe camelarme el puñetero.

Menos mal que de un momento a otro esperamos que Maio, mi sobrino de un añito haga acto de presencia. El crío, que es un clon de su padre y tan guapo como travieso (y es muy muy guapo), cuando ve al cachalote le brillan los ojillos maliciosamente e intenta tirarse pa él. Si el perro teme a alguien, sin duda es a Mario, pues hace perrerías con él.
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teteluis (20-06-2009)
 

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