Echo en falta tu franqueza a la hora de abordar temas. También, tu desparpajo y claridad para responder cuando no estás de acuerdo. Sé que, a veces, te da algún arrebato, levantas la voz y provocas que toda la taberna se te quede mirando. Ocasionalmente, algún amigo te hemos tenido que sacar de ella porque hablabas demasiado o antes que interviniera el tabernero con la garrota.
Pero aún así, te sigo echando en falta. Siempre que entro en este antro, barro con la mirada a toda la gente que está en su interior a ver si te localizo. Pero, nada. Hace semanas que no vienes y me tienes preocupado. Sabes que tú aquí tienes un sitio (te lo dice uno que entró después), que no te tienes que esconder de nada, que no somos tontos y lo que hayan hecho otros no tienes por qué responsabilizarte tú.
En fin, que te voy a contar. Vuelve, que tomaremos un gin-tonic juntos (a mi cuenta), al tiempo que te desahogas un rato. Yo pondré mi brazo en tus hombros y te miraré a los ojos para descubrir tu verdad.
Un abrazo mu grande, princesa.
