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Predeterminado Historias de la pesca del atún tropical

No creo que nadie de bien ponga en duda tu palabra. (A la espera de nuevas singladuras).
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Ardi357 (05-06-2020), TXELFI (04-06-2020)
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Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

-¿Has salvado toda la documentación?- preguntó Jon a Eustaquio

-Afirmativo, tengo en mi mochila el rol además de todas las cartillas y pasaportes excepto las tuyas que las tienes tú- respondió el capi

-¿Y el Diario de Navegación?- siguió preguntando Somarriba

-No lo he cogido porque no estaba en mi camarote, no recuerdo ahora mismo si estaba en el puente, en la derrota o en otro lugar, no me he puesto en su busca con el barco a oscuras porque además se hubiera alargado el abandono- se excusó Eustaquio

-Bueno, pero por supuesto que has cogido el dinero que había en la caja de caudales del barco ¿no?-

Jon lo daba por sentado, pero se equivocó

-¡Caca de la vaca, pues no!, se me ha olvidado- soltó Eustaquio poniendo cara de circunstancias

Somarriba se llevó una sorpresa, pero relativa. En proporción a lo que estaba sucediendo con el barco que habían abandonado unos minutos antes y que además había sido su segundo hogar al tiempo que su lugar de trabajo durante años, aquello carecía de importancia.
Pero ¿qué carajo había metido en la mochila y el maletín?, las cartillas y pasaportes no abultaban tanto, mas ¡al diablo con todo!. Se le estaba chamuscando el barco por el que se había partido literalmente la crisma durante doce años. Cuántos devaneos, cuántos quebraderos de cabeza, cuántas noches de insomnio, cuántos disgustos y también algunas satisfacciones, seguro que menos que las deseables, pero estuvieron ahí.
Y ahora todo aquello se estaba yendo al cuerno devorado por las llamas.
El cielo estaba parcialmente cubierto de nubes, se veían algunas estrellas entre las masas algodonosas y la tardona Selene en cuarto creciente intentaba asomar tímidamente también la mitad de su rostro argénteo.

-Oye Sabino ¿se tiene idea de cómo ha comenzado el incendio?- preguntó Jon

-Negativo, el engrasador de guardia, Derek, y Julián estaban en el parque de pesca tomando temperaturas a las cubas con pesca, ya sabes que teníamos catorce llenas de pescado, así es que supongo que tardarían quince o veinte minutos en regresar al control. Cuando lo hicieron la sala de máquinas era un mar de llamas- respondió Porriño

-¿Cuál crees que puede haber sido la causa del comienzo del fuego?- siguió Jon

-No se puede demostrar porque nadie lo ha visto pero al noventa y nueve por cien ha tenido que ser un tubo de inyección de algún cilindro de popa que ha reventado y ha largado el gasoil al turbo. Tengo conocimiento de varios casos de atuneros que se han incendiado de esa manera, y digo atuneros porque es lo que conozco, pero supongo que no es un siniestro consustancial a los atuneros- terminó Sabino haciendo un gesto expresivo con los brazos mientras soltaba un juramento

-¡Maldita sea!- rezongó Javier sin poder contenerse -A la mierda el barco y la pesca, con la marcha que llevábamos. ¿Quién será el cabrón que nos ha echado la maldición?-

-Sea quien sea, solamente le deseo que se le caigan los huevos al suelo- vomitó Julián

-¿Cómo puede originarse semejante incendio en tan poco tiempo?- añadió ceñudo

-No sé pero ¡vaya barbacoa hemos montado! No la hacen así ni los bilbaínos, porque una barbacoa de mil toneladas de atún…….manda cojones- explotó Javier

-Menuda ocurrencia la tuya cuando mandaste poner el estrobo de nylón samson en la boza de la panga- soltó Lucio de improviso dirigiéndose al patrón

-Porque si hubiéramos tenido la boza de cable directamente engrilletada en la proa de la panga no hubiéramos podido arriarla ¡manda carallo!- remató poniendo cara de reo

-¡Ostras!, precisamente por eso ideé el sistema ¿no?, supuse que un día, o peor aún una noche podía suceder un percance en la sala de máquinas que imposibilitara el arranque del sistema hidraúlico para zafar la boza de cable de acero, y mira, nos ha sucedido precisamente a nosotros ¡tiene huevos!- resopló Somarriba

-Pues ya podemos dar gracias a Dios que te guió en su día para idear ese sistema, porque en caso contrario no sé cómo nos las hubiésemos ingeniado- opinó Sabino
-Bueno sí, hubiéramos tenido que embarcar en las balsas salvavidas- añadió

-Lo cojonudo del asunto es que el resto de la flota que yo sepa navega de noche con la boza de cable enganchada en la panga sin un “fusible” que se pueda cortar con cuchillo-
aportó su granito de arena Eustaquio

-Espera que se enteren de esto y ya verás cómo espabilan los demás- dijo Javier

En cuanto al resto de los naúfragos, unos fumaban en silencio y otros charlaban como cotorras, pero una cosa era común para los veintisiete atormentados tripulantes, todos ellos se pasaban la mayor parte del tiempo con sus ojos clavados en el barco cada vez más invadido por las llamas. Solamente apartaban la mirada para responder a su interlocutor o para orinar por la borda.
Permanecían sentados casi todo el tiempo, no era cuestión de aguantar de pie durante toda la noche, no tenía sentido.
Los africanos principalmente, dirigían también miradas furtivas a su patrón con relativa frecuencia, como si esperaran que su líder obrara algún milagro que salvara el navío.
Pero el milagro no se produjo, Jon Somarriba evidentemente no era Dios, ni muchísimo menos, y el incendio que se observaba a bordo no tenía visos de disminuir, si no todo lo contrario.
Permanecían parados de esa guisa durante una hora cuando casi de súbito se dieron cuenta de que la montaña de red que albergaba la cajonada de popa del cerquero estaba también siendo pasto de las llamas, la visión resultaba increíble, habían embarcado el arte de la mar unas horas antes anegada en agua salada. Si no hubiera vuelto al agua tardarían un mes en secarse los paños de red de la zona interior, tal era la masa de hilo de nylón amontonada allí ¿cómo era posible que estuviera ardiendo?, la escena parecía totalmente paranormal, surrealista.

-¿Cómo es posible que la red esté ardiendo?, si no lo veo no lo creo- exclamó Jon
-¿Qué temperatura habrá alcanzado la chapa debajo para que eso ocurra?- prosiguió

-No lo sé pero posiblemente mil grados o más- opinó Eustaquio

De repente sintieron en sus rostros que el aire que los acariciaba había descendido de temperatura ostensiblemente.
El cielo se había puesto negro como el carbón por Oriente, aquello anunciaba tormenta.

-Me parece que se nos viene encima un tornado- dijo Eustaquio, llamaban tornado a los aguaceros tropicales

-Lo que faltaba, éramos pocos y parió la abuela- exclamó Sabino airado

Al minuto siguiente comenzó a llover, y poco después el chaparrón era de campeonato, además hacía verdaderamente frío.

-Bajemos a la máquina si no queremos pillar una bronquitis- aconsejó Jon

Comenzaron a introducirse de uno en uno porque la escotilla no permitía hacerlo de otra manera, abajo, alrededor del motor había espacio para toda la dotación apiñándose, pero hacía mucho calor irradiado por la maquinaria, el patrón ordenó parar el motor a Ousmane.
Nada más poner los pies en las planchas de aluminio le llamaron la atención las numerosas maletas y bolsas de viaje de todos los colores que había allí, los tripulantes no habían perdido el tiempo, el único que lo había perdido todo era el gilipollas del patrón.
Una vez todos en el interior dejaron la escotilla abierta pero pocos minutos después hubieron de cerrarla porque entraba un verdadero diluvio y varios hombres se mojaban.
Aquello iba a más, no cabía duda de que les había pillado una buena tormenta tropical máxime si se tiene en cuenta de que la embarcación de cuarenta y dos toneladas se balanceaba como un orinal en un torrente de aguas bravas. Aunque permanecían sentados a veces se tenían que sujetar en las numerosas tuberías que había allí para no precipitarse de morros sobre el motor.
El tremendo chaparrón azotaba la cubierta y el guardacalor de la embarcación auxiliar con estruendo de tamborrada, aquello parecía una réplica del Diluvio Universal.
Lito que permanecía en silencio desde que habían embarcado en la panga se secaba las lágrimas que descendían por sus mejillas con su sucio trapo y escondía el rostro entre sus brazos a continuación. El patrón que se había percatado del asunto le dio una palmada en un hombro y se arrimó a él diciéndole:

-¿Qué pasa colega? ¿Cómo va el tema?- tuvo que elevar la voz para ser oído

-Pasa que es la segunda vez que naufrago, mecagüen a cona da reina- masculló el marinense

-Bueno hombre, aquí estamos seguros, no tardarán en recogernos- dijo Somarriba
El otro asintió y se secó las mejillas de nuevo.

<<Con lo desenvuelto y seguro de sí mismo que parece, mira por dónde>> pensó Jon.
<<Ahora el que llora como una niña es él>>.

Sudaban como si estuvieran dentro de una sauna, estaban todos empapados. El calor que hacía dentro de la cámara de máquinas de la panga cuyo motor había estado funcionando hasta poco antes era espantoso, y en ello coadyuvaba el hacinamiento de veintisiete almas en tan reducido espacio. El aire se hacía irrespirable y el bermeano abrió la escotilla pidiendo disculpas a los que se encontraban bajo ella. Salió al exterior linterna en ristre y echó mano de una caja entera de botellas de agua de litro y medio y las deslizó escotilla abajo, de paso lanzó una mirada rápida en derredor y no tardó en divisar un resplandor entre la intensa lluvia. Era imposible calcular la distancia pero no parecía que el barco estuviera más cerca que cuando hubieron parado, el viento y la lluvia azotaron sin piedad el rostro de Jon y éste se introdujo todo lo rápidamente que pudo a través de la escotilla.
No había tardado un minuto en efectuar la maniobra pero estaba casi calado desde la cabeza hasta los pies, atrapó una botella de agua y bebió el fresco líquido cual caído del cielo para un perdido en el desierto.

Aquella broma macabra de la climatología duró cerca de tres largas horas y después se desvaneció con la misma rapidez con la que había aparecido.
Los doblemente atormentados pescadores salieron al exterior aliviados y respiraron con ansia el aire fresco de la madrugada tropical.
Cuando la última gota de lluvia cesó pudieron contemplar una imagen que parecía irreal, fantasmagórica. Estaban aproximadamente a la misma distancia del barco que antes de la tormenta, es decir una milla naútica, y desde tamaña perspectiva podían contemplar sin paliativos que toda la zona de la popa del barco, red incluída era un infierno de llamas. Pero se adivinaba que el fuego había invadido también la habilitación, se veía el resplandor de las llamas a través de los grandes portillos rectangulares de la primera planta cual grandes luciérnagas geométricas dispuestas en hilera horizontal.
Por lo que se podía ver el fuego no tardaría en invadir el barco entero, poco menos de tres horas de chaparrón tropical no habían hecho ni cosquillas al pavoroso incendio, había demasiados combustibles que lo alimentaban.
A instancias de Jon hincharon una balsa salvavidas accionando de un fuerte tirón el mecanismo disparador y la colocaron sobre el anegado guardacalor asegurándola con cabos en previsión de otra tormenta, a buen seguro en su interior se podría respirar mejor que en aquel horno en el que habían permanecido acurrucados como cachorros sin madre.

-¿Quieres que te cuente un secreto?- preguntó Javier a Jon en un susurro

-Adelante- respondió el otro en sordina

-Yo también he naufragado por segunda vez con ésta- reveló en sordina

-Vaya por Dios ¿Y cuál fue la primera?- replicó sorprendido el rubio

-En un arrastrero en Gran Sol, pero allí había otros barcos a la vista y un arrastrero de Bermeo que hacía base en Ondárroa nos rescató enseguida- aclaró el lekeitiano

-Los arrastreros de mi pueblo han tenido desde siempre como puerto base el de Ondárroa en su gran mayoría, y unos pocos en Pasajes. El puerto de Bermeo no está preparado para los arrastreros aunque parezca mentira, quizá porque hasta hace unos años albergaba tal cantidad de barcos de bajura que no entraban todos, muchos tenían que amarrar en Bilbao durante los meses de invierno. Tengo entendido que incluso años atrás los arrastreros que operaban en el puerto de Ondárroa eran en su mayoría propiedad de armadores bermeanos, Actualmente mis paisanos están más centrados en el tema de la pesca del atún al cerco que en las demás modalidades de pesca-

-Conozco al dedillo todo eso que acabas de decirme- concedió el lekeitiano

-Bueno, esperemos que nos recojan pronto, estamos relativamente cerca de tierra y ésta es una zona de paso de muchos mercantes, no creo que tarde mucho en aparecer alguno. De hecho me extraña que no se haya acercado ninguno- tranquilizó Jon

Amaneció a las seis y cuarto sin que nadie se acercara por allí, la columna de humo negro que manaba de lo que quedaba del “Apóstol Segundo” era de órdago a la grande y se extendía hasta por lo menos dos millas naúticas por sotavento.
Nada más amanecer Jon fue el primero en descubrir que las llamas habían alcanzado el puente de mando y por ende la derrota y lo que habían sido sus aposentos anexos al mismo.
Poco después ardían las nasas de plástico afianzadas sobre el techo del puente ¡aquella visión era increíble!, máxime si se tiene en cuenta que teóricamente la habilitación se había construído para que fuera ignífuga. Todos los mamparos estaban hechos de una especie de sándwich con láminas de acero por ambos lados y pica-pica en el interior, los techos huecos lucían recubiertos de laminado de aluminio e incluso las puertas laminadas de acero y cantos de aluminio estaban rellenas de escayola para que no pudieran ser atravesadas por el fuego.
Pero al igual que otras muchas veces se había demostrado que la teoría no siempre va ligada a la práctica porque la totalidad de las tres plantas que componían la habilitación del barco habían ardido como la yesca.


-¡Ya sé lo que ha pasado!- bramó de repente Lito

-¿A qué te refieres?- respondió Eustaquio que estaba a su lado

-A que ya sé por qué se ha quemado el barco- soltó el gallego muy serio. Los compañeros que estaban a su alrededor le miraron asombrados

-¡No me jodas Lito! ¿Y qué ha sido?- interrogó Sabino rápidamente

-Qué va a ser, ¿Os acordáis que cuando salíamos de Abidján encontramos un fiambre flotando en el agua?, eso es lo que nos ha traído la mala suerte- soltó tan fresco

-¡No me jodas! ¡Vete a la mierda!- y expresiones por el estilo surgieron de las gargantas de los que le rodeaban

-No tenéis ni puta idea de esas cosas. Por supuesto que ha sido el encuentro con el cadáver del moreno, tanto si me creéis como si no- terminó obstinado el gallego

De repente Jon se acordó de todas sus pertenencias perdidas.

-¡Su puta madre!- bramó con rabia -Podía haber salvado todos mis enseres si no hubiese estado pendiente de otras cosas. El ordenador, un disco duro de sobremesa, dos relojes buenos, el aparato de música, la tele, el lector de DVDs, un montón de calzado y ropa, los dos pares de gafas polarizadas, tres de lectura y no sé cuántas cosas más ¡qué desastre!. ¡Ostia!, el libro gordo del Molón se perdió también, menos mal que atrapé el pendrive donde guardo copia de mi libro- soltó cabreado de un tirón

Se había referido naturalmente a su viejo y grueso cuaderno en el que tenía recopilados un sinnúmero de datos de túnidos.

-Perdona pero tú eres tonto de remate- le espetó Lito -Te pones a recoger ropa para los morenos y pierdes todas tus pertenencias, mientras ellos estaban con sus maletas a bordo de la panga. Tenían ropa de sobra para ponerse si hubieran querido-

-Pero eso yo no lo sabía- se defendió el rubio

-Tú dales ropa y pierde lo que es tuyo. Si hubiera sido al revés te morirías de frío como un perro- intervino en la conversación Eustaquio

-No lo creo, hay unos cuantos aquí que sé que me aprecian- respondió obstinado Jon

-Koyo, que escuchaba ceñudo y expectante a la discusión dulcificó su semblante al escuchar las palabras de su patrón.

-¡Otro que cree en los reyes magos!- exclamó Sabino

-No son tan cabrones hombre, también son seres humanos- opinó Israel, y rápidamente situándose junto al rubio le conminó suavemente:

-¿Y qué va a suceder ahora conmigo?- ponía cara de cordero degollado

-¿A qué te refieres Lafarque?- respondió Somarriba, aunque lo intuía

-¿A qué va a ser? a mi tema laboral ¿cómo quedo yo?- estaba visiblemente preocupado

-Vaya momento para preguntar cosas jodidas has elegido Israel- el bermeano, que no cesaba de otear el horizonte exclamó acto seguido:

¡Un barco, viene un barco hacia nosotros!-

-¿Quieres que encienda los walki-talkis?- preguntó Javier

-Afirmativo- respondió escuetamente Jon

Se subieron varios tripulantes encima de la balsa que estaba sobre el guardacalor para tener mejor visión, entre ellos el patrón

-Parece un barco mercante de color oscuro, quizá negro- dijo éste

Y así fue, media hora más tarde, justo a las siete podían leer el nombre en la amura de estribor del carguero ruso, “Captain Saieski” rezaba en blanco sobre el negro casco del vetusto barco de ciento cuarenta y tres metros de eslora por veintidós de manga y diecisiete mil quinientas toneladas, que había acudido en primer lugar al rescate coordinado desde tierra, debido naturalmente a la cercanía al lugar del siniestro en el momento de recibir la orden de auxilio.
El barco había reducido su velocidad al mínimo pero en lugar de dirigirse en línea recta hacia la panga dejó ésta por el costado de estribor a media milla y comenzó a girar lentamente a esa banda, indiferente a las angustiosas señas que hacían los naúfragos brazos en alto.

-¿Qué está haciendo el hijoputa ese?- explotó Jon fuera de sí

-Está receloso, no quiere acercarse más- respondió Eustaquio

-¿Receloso de qué?, ¡será lerdo!, Javier, dame un walkie-talkie-

Hubo de llamar en tres ocasiones por el canal dieciséis de VHF (el canal marino de emergencia internacional) para obtener respuesta del capitán del carguero. Lo primero que preguntó el marino mercante fue de qué nacionalidad eran los ocupantes de la embarcación auxiliar, y después de varios dimes y diretes averiguaron en inglés que lo que quería el que mandaba el barco mercante eran todos los datos de la casa armadora del atunero siniestrado, números de teléfono incluidos. Se negaba a acercar su barco a los naúfragos en tanto en cuanto no se comunicara primero con el armador del “Apóstol Segundo” para negociar el rescate.
Jon ordenó a Ousmane que arrancara el motor pero no hubo manera, con el temporal que les había azotado durante la noche había entrado agua de mar por el tubo de escape que estaba en el costado de babor de la panga y el motor había quedado momentáneamente inutilizado.
El patrón del barco siniestrado al igual que sus compañeros estaba más cabreado cada vez, acercándose el aparato portátil de VHF a los labios soltó una sarta de improperios entre los que incluyó el epíteto de cabrón, el otro hizo caso omiso.

-No le insultes Jon, es capaz de dejarnos tirados aquí- rogó Lito angustiado

-No puede hacer eso, si le denunciamos se le cae el pelo- respondió Eustaquio

Después de cerca de media hora girando alrededor de la panga azul ocupada por los tripulantes del cerquero del mismo color en llamas, el “Captain Saieski” puso proa a ellos y su capitán les comunicó por VHF que el tema de su rescate estaba resuelto y que procederían a recogerlos.
Jon informó al capitán del barco mercante de que su motor estaba inutilizado y que en consecuencia deberían ser ellos los que efectuaran la maniobra de abarloamiento.

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Editado por TXELFI en 05-06-2020 a las 09:31.
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Ardi357 (05-06-2020), azogue (06-06-2020), sacratif (05-06-2020)
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