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Rincón literario

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  • Re: Rincón literario

    Iba a continuar con el siglo VI de la Roma decadente y con Fortunato y Gregorio de Tours, pero creo que no interesa a nadie, así que pondré un poema que os gusta mas. En version bilingüe, para el que le guste la versión original.

    Oda a la Melancolía.

    No, no, no acudas al Leteo, ni exprimas
    El jugo venenoso del acónito o de las raíces;
    Ni permitas que tu pálida frente sea besada
    Por la dulcamara, la uva Rubí de Proserpina;
    No armes tu rosario con las bayas del tejo,
    Ni permitas que el escarabajo o la mariposa
    Se conviertan en tu Psiquis luctuosa, o que el búho
    De suaves plumas comparta los misterios de tu tristeza,
    Pues sombra a sombra el sueño se tornará profundo,
    Y terminará ahogando la vigilante angustia del alma.

    Pero cuando la Melancolía descienda súbitamente
    Desde el cielo, como una nube deshecha en llanto,
    Sobre las flores de tallos marchitos alentando,
    Escondiendo la verde colina en un sudario de Abril,
    Vacía entonces tu pena sobre una rosa matinal,
    O en el arco iris de la ola sobre la playa,
    O en el resplandor de las multicolores peonías;
    O, si tu amada da muestras de femenina ira,
    Envuelve entre las tuyas su mano deliciosa,
    Y déjala delirar, sumérgete hondo, muy hondo,
    En sus ojos incomparables.

    Ella vive con la Belleza (la Belleza condenada a morir),
    Y con la Alegría, cuya mano siempre se posa sobre sus labios,
    Dando el último, definitivo adiós;
    Cerca también del doloroso placer, que la boca
    Ávida no ha dejado de saborear, aún cuando sea veneno.
    Si, en el mismo templo del Deleite
    Tiene la Melancolía su castillo soberano,
    Aunque invisible para muchos ojos,
    Excepto para aquel cuya lengua temeraria es capaz
    De exprimir contra su paladar el fruto de la Alegría,
    Y cuya alma, tras beber la tristeza de su poderío,
    Será colgada entre sus vastos trofeos sombríos.


    John Keats.


    Ode to Melancholy

    No, no, go not to Lethe, neither twist
    Wolf's-bane, tight-rooted, for its poisonous wine;
    Nor suffer thy pale forehead to be kiss'd
    By nightshade, ruby grape of Proserpine;
    Make not your rosary of yew-berries,
    Nor let the beetle, nor the death-moth be
    Your mournful Psyche, nor the downy owl
    A partner in your sorrow's mysteries;
    For shade to shade will come too drowsily,
    And drown the wakeful anguish of the soul.
    But when the melancholy fit shall fall
    Sudden from heaven like a weeping cloud,
    That fosters the droop-headed flowers all,
    And hides the green hill in an April shroud;
    Then glut thy sorrow on a morning rose,
    Or on the rainbow of the salt sand-wave,
    Or on the wealth of globed peonies;
    Or if thy mistress some rich anger shows,
    Emprison her soft hand, and let her rave,
    And feed deep, deep upon her peerless eyes.
    She dwells with Beauty - Beauty that must die;
    And Joy, whose hand is ever at his lips
    Bidding adieu; and aching Pleasure nigh,
    Turning to poison while the bee-mouth sips:
    Ay, in the very temple of Delight
    Veil'd Melancholy has her sovran shrine,
    Though seen of none save him whose strenuous tongue
    Can burst Joy's grape against his palate fine;
    His soul shall taste the sadness of her might,
    And be among her cloudy trophies hung.
    Vive y deja vivir,
    pero vive como piensas,
    o acabarás pensando como vives.

    Comentario


    • Re: Rincón literario

      Con permiso, otra de cocina:

      La creatividad culinaria apasiona e involucra, como protagonista a milllones de personas, a la par que gratifica a muchas otras que saborean los productos ya elaborados. El momento de "hacerlo", en sí mismo, está lleno de satisfacciones, pero en el caso de las mermeladas no va tan unido, como en el de un guiso o una tarta, a aquel en que se sirve y se saborea el resultado de nuestro trabajo. Al contrario, se suele posponer el momento del consumo, porque la mermelada es una conserva y su dimensión es la de la espera y la paciencia. Dentro de un tarro herméticamente cerrado su vida se prolonga indefinidamente, hasta que llega la ocación en que, por necesidad o por capricho se abre finalmente la caja fuerte de cristal y se sacrifica su valioso contenido.

      Así pues, entra en juego la afición al aprovisionamiento, el placer de reservar algo para el día de mañana, la sensación de ser más ricos, de sentirse más seguros, de estar preparados para hacer frente a cualquier eventualidad.

      Los tarros llenos y panzudos, alineados en el aparador, custodian sus dulzuras bien tapadas. Puedes gozar con sólo mirarlos, porque sabes que la compesación a tu esfuerzo está allí, a mano; cuando se destapen, habrá llegado el momento de las alabanzas, de la continuación de un ritual. Porque dentro de cada tarro de mermelada casera se encierran diferentes componentes psicológicos, y cuando decides que, por fin, ha llegado el momento de consumir lo que allí has conservado , se percibe siempre algo de ansiedad, un instante de suspense(........)

      Producto de la cultura, por tanto, pero también objeto de hedonismo; aquel que cultiva los placeres de los sentidos debería, de vez en cuando, dedicarse a la elaboración de mermeladas o presenciarlo, ya que durante su cocción el aroma que se desprende es sublime. Si el olfato se embriaga, la vista se fascina: la masa en ebullición de la fruta, densa y oscura, en la cazuela, constituye una visión de misteriosa alquimia.(......)

      La fruta es, por su naturaleza, un alimento que favorece el amor. Sus formas redondeadas y sus plásticos volúmenes, las cáscaras lisas como la piel o recubiertas por una finísima pelusa aterciopelada, y sobre todo su pulpa húmeda y jugosa de la que gotean líquidos vitales, hacen de las frutas unos objetos marcadamente simbólicos de la energía reproductora y de la fecundidad de la tierra, impregnados, pues, de sensualidad y erotismo.

      A ellos se añade el de la victoria sobre la efímera fragilidad del fruto, que el fuego de la cocción destruye y que encierra la orgullosa idea de la posesión, la ilusión de haber detenido el proceso de descomposición, y por tanto de la muerte, para retener la dulce vida.........

      "Mermeladas y Confituras" Enza Candela Bettelli

      Me voy por unas tostadas...con mermelada
      ..mis sueños son mentiras, que algún día dejaran de serlo.

      Comentario


      • Re: Rincón literario

        Very, malvada, me has recordado las confituras de picotas y las de moras que hacía mi abuela... ¡y los patés!.

        Me voy a la cama.
        Vive y deja vivir,
        pero vive como piensas,
        o acabarás pensando como vives.

        Comentario


        • Re: Rincón literario

          Hola a tod@s, se que casi no participo en este hilo pero si me lo permiten yo vuelo a tiempos más actuales... con Octavio Paz y su poema:


          NI EL CIELO NI LA TIERRA

          Atrás el cielo,
          atrás la luz y su navaja,
          atrás los muros de salitre,
          atrás las calles que dan siempre a otras calles.

          Atrás mi piel de vidrios erizados,
          atrás mis uñas y mis dientes
          caídos en el pozo del espejo.
          Atrás la puerta que se cierra,
          el cuerpo que se abre.
          Atrás, amor encarnizado,
          pureza que destruye,
          garras de seda, labios de ceniza.

          Atrás, tierra o cielo.

          Sentados a las mesas
          donde beben la sangre de los pobres:
          la mesa del dinero,
          la mesa de la gloria y la de la justicia,
          la mesa del poder y la mesa de Dios
          —la Sagrada Familia en su Pesebre,
          la Fuente de la Vida,
          el espejo quebrado en que Narciso
          a sí mismo se bebe y no se sacia
          y el hígado, alimento de profetas y buitres…

          Atrás, tierra o cielo.

          Las sábanas conyugales

          insomnes,
          cubren cuerpos entrelazados,
          piedras entre cenizas
          cuando la luz los toca.
          Cada uno en su cárcel de palabras,
          y todos atareados construyendo
          la Torre de Babel en comandita.
          Y el cielo que bosteza
          y el infierno mordiéndose la cola
          y la resurrección
          y el día de la vida perdurable,
          el día sin crepúsculo,
          el paraíso visceral del feto.

          Creía en todo esto.
          Hoy duermo a la orilla del llanto.
          También el llanto sirve de almohada.






          Octavio Paz


          Espero que les guste tanto como a mi
          La belleza de la vida la podemos encontrar en ...la sonrisa de un niño, en un bello rostro,
          un cuerpo hermoso, pero lo más divino de la
          creación esta en... el Corazón...

          Chiquisunica

          Comentario


          • Re: Rincón literario

            /…

            Una fuerza tan poderosa que podía eliminar todos los obstáculos. De ahí que estuvieran resultando tan fuertes las evidencias de su presencia. La Muerte estaba a punto de ser vencida... ¡Sólo faltaba que ella se materializara!

            Es posible que las ideas funcionen como los seres vivos. El conde con su insistencia había moldeado en el aire las formas de su amor, y ese vacío se estaba llenando con una materia cada vez más consistente. Y en aquel preciso instante obtuvo la sensación definitiva, absoluta, de que resultaba imprescindible que ella apareciese en la habitación. Se hallaba tan convencido del prodigio como de su propia existencia, y cada uno de los objetos que le rodeaban se encontraban repletos de la misma convicción. ¡La estaban aguardando! Únicamente faltaba Vera, como un cuerpo tangible, para que el inmenso Sueño de la Vida y de la Muerte abriera un instante su umbral infinito. El sendero de la resurrección ya había sido extendido, a la manera de una alfombra. El primer aviso apareció con el fresco estallido de una risa musical, capaz de iluminar el lecho nupcial... El conde se dio la vuelta. Y delante de él, moldeada por su voluntad y sus recuerdos, reclinada voluptuosamente sobre la almohada de encaje, sujetándose con la mano derecha su abundante cabellera negra, con la boca deliciosamente entreabierta por una sonrisa de paradisíaca felicidad, hermosa hasta enloquecer a quien la veía, surgió ella ... ¡La condesa Vera, la deseada! Parecía adormilada, como si acabara de despertar.

            -Roger -llamó con una voz lejana.

            El conde se aproximó muy despacio, hasta que no pudo contenerse... ¡Con qué sed de amor recogió con los suyos los labios divinos, en una muestra de pasión inmortal!

            Y en aquel instante los dos se dieron cuenta de que eran, de verdad, un único ser.

            Así las horas fueron pasando con un vuelo singular, alimentadas por un éxtasis en el que se entremezclaban, por vez primera, el cielo y la tierra.

            De repente, el conde Athol se sintió atacado por un arrebato de cordura, de lógica malsana. Por eso se estremeció bajo el dominio de una realidad que nunca había sido suya, y exclamó ridículamente:

            - ¡Vaya, si se me había olvidado! ¿Cómo puedo estar aceptando este juego? ¡Lo que tengo ante mis ojos no es real…, porque tú estás muerta!

            En aquel preciso momento la beática lámpara del icono se extinguió.

            …/

            Vera.- Villiers de L’Isle-Adam
            Vive y deja vivir,
            pero vive como piensas,
            o acabarás pensando como vives.

            Comentario


            • Re: Rincón literario

              Pero, gracias a aquel anciano, casi había dejado de soñar con los cautivos eretrios. Bastante tenía con contemplar todas las noches el rostro del verdugo desnarigado que le arrancaba las uñas. No necesitaba más tormentos.

              Ahora, cuando las Keres se lo llevaran y se presentara ante los jueces de ultratumba, sólo tendría que decirles:

              Vengo puro de entre los puros,
              pues pertenezco a vuestra estirpe bienaventurada.
              He pagado castigo por mis impíos hechos,
              y acudo suplicante ante la casta Perséfone
              para rogarle que me envíe a la morada de los limpios.
              Sálvame, Brimó, ¡oh gran Brimó!
              Andricepedotirso, Andricepedotirso, ¡oh gran Brimó!

              Temístocles había memorizado los versos, incluso las contraseñas del final, que no tenían ningún sentido para él, pero que según Zeuxis le servirían para franquear la puerta del Elíseo, el rincón del infierno donde moraban los bienaventurados. Más, por si acaso, en la lámina de oro llevaba unas instrucciones en letras tan diminutas que el purificador las había grabado aumentándolas con cristal de roca:


              "Cuando llegues a la morada de Hades, hallarás a la derecha una fuente, y junto a ella un blanco ciprés. Allí se refrescan las almas de los muertos, ¡pero no se te ocurra beber de ella, pues son las aguas del Olvido! Más adelante encontrarás la laguna de la Memoria. Di a sus guardianes: «Hijo de Gea soy y de Urano estrellado. Seco estoy y de sed me muero. Dadme a beber las frescas aguas de la Memoria.»

              Las aguas que había junto al ciprés blanco eran las del Leteo el río del Olvido. No bebería de él por nada del mundo. Si ni siquiera su espíritu recordaba lo que había hecho en vida, ¿qué sentido habría tenido su propia existencia?

              Pero Temístocles temía que pudiera caer víctima del mismo mal que aquejaba a su madre desde hacía unos años. ¿Qué ocurriría si, al igual que Euterpe, empezaba a olvidar primero lo que había comido el día anterior, después los nombres de sus hijos, sus caras, los sucesos de sus últimos años y, por fin, su existencia entera? Si moría en esas condiciones, con la mente convertida en una tablilla de cera derretida y borrada, cuando llegara al Infierno ni siquiera se acordaría de consultar la lámina de oro. Se olvidaría de la contraseña y de que gracias al purificador órfico había limpiado el crimen de Eretria, y sufriría tormento al igual que otros grandes pecadores como Sísifo, Tántalo o Ixión.

              Salamina.- Javier Negrete
              Vive y deja vivir,
              pero vive como piensas,
              o acabarás pensando como vives.

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              • Re: Rincón literario

                En la pared, los diplomas, en ricos marcos, fechados veintitrés años atrás. En uno de ellos estaba escrito y sacramentado por la firma del antiguo capitán de puertos, haber aprobado Vasco Moscoso de Aragón todos los exámenes y pruebas exigidas para la obtención del título de capitán de altura, que le daba derecho a mandar cualquier tipo de navío de la marina mercante por mares y océanos. Veintitrés años atrás, aún relativamente joven, a los treinta y siete años de edad, había obtenido el diploma de comandante. Joven de edad, pero ya un viejo marinero, pues, según contaba, había empezado a los diez años como grumete en un destartalado carguero, y había ido ascendiendo escalón tras escalón hasta llegar a primer piloto, a segundo comandante y así sucesivamente. Innumerables veces había cambiado de navío, le gustaba ver nuevas tierras, correr mares bajo las más diversas banderas, envuelto en aventuras de guerra y amor. Pero cuando, a los treinta y siete años, se halló apto para optar al puesto de capitán de altura, volvió a Bahía y allí, en su Capitanía de Puertos, obtuvo el codiciado título. Deseaba que su puerto de origen, aquél donde estuvieran registrados sus datos y capacidad, fuese el muelle de Salvador , desde donde, niño aún, había partido a la aventura del mar......... En otro marco, el diploma de Caballero de la Orden de Cristo, la importante condecoración lusitana, honoraria, con derecho a medalla y collar, conferida al comandante por sus relevantes servicios al comercio marítimo por Don Carlos I rey de Portugal y los Algarves.
                Se sentaba en un sillón plegable, de los de a bordo, con asiento y respaldo de hule, al lado del rueda de timón, la pipa en la mano, el mirar perdido más allá de las ventanas. En una larga mesa, el globo enorme y giratorio, varios instrumentos de navegación: brújula, anemómetro, sextante, higrómetro, el gran catalejo negro, con el que se veía la ciudad de Bahía como si estuviera allí mismo, la paralela para trazar rumbos y la admirada colección de pipas que enamoraba a todos. El reloj de a bordo se llamaba cronógrafo.

                En las paredes, mapas de navegación, cartas oceánicas, rutas de golfos y bahías, de islas perdidas. Sobre un mueble donde guardaba el comandante botellas y copas, en una enorme caja de cristal, la reproducción de un transatlántico, "un gigante de los mares", mi inolvidable "Benedict", el último de los muchos en que había navegado, su último barco.
                Fotos ampliadas de otros navíos, de diferentes tamaños y nacionalidades enmarcadas, algunas en color. Cada uno de aquellos navíos representaba un trozo de vida del comandante Vasco Moscoso de Aragon, le recordaban historias, casos, alegrias y largas noches solitarias.

                Los viejos marineros. Jorge Amado
                ..mis sueños son mentiras, que algún día dejaran de serlo.

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                • Re: Rincón literario

                  El caño, dándole el sol toda la mañana, está tibio, pero el agua está fresca, aunque no muy fresca, y sabe, si no a sapo, a algo vivo, a algo entrañable, al hierro entrañado de la tierra. Sabe a algo sustancial, se podría partir el pelo en cuatrocientos -cuatrocientos es un número perfectamente concebible y el pelo se podría partir en lo inabarcable, en lo incalculable, porque son inconcebibles las venas de la tierra- son inconcebibles porque no son venas, por donde viene y se reparte luego por las venas - verdaderaas venas- de los chicos que traen las madres, llenas de fe, a esa nodriza- les traen y les obligan a beber, sujetan a los pequeños contra el caño como contra la teta de una pasiega- y esa vena abierta queda fuera del recinto, su pródiga riqueza está al alcance de todos. A lo acotado, a lo regio sólo entra el que tiene una tarjeta. Hay que entrar, con ella, por una puerta y pasar por unos guardas - pasas por delante de ellos, pasas por su permiso; una ancha zona de oposición, de temor, de desconfianza...¿Será posible pasar?..¿Será suficiente la tarjeta?...¿Será auténtica?....¿No habrá caducado?...En la avenida de entrada - enorme- la grava suena bajo los pies como algo difícil de mascar, algo artificial puesto allí para dejar delimitado el suelo con aquella dureza que no suena a campo. Luego, ya no suena: se empieza a pisar la tierra, que no es blanda, pero parece suave, silenciosa, tanto que se deja olvidar. Se puede correr y avanzar por los caminos laterales, por donde no hay caminos, por entre malezas de donde surgen a veces bichos que estaban allí escondidos, pero parece que brotasen de la tierra, como el agua. Unos echan a volar, otros corren, se escurren por entre la hierba, veloces, dejando un surco -un surco dejado ya antes por ellos mismos - por sus congéneres mismos, por sus mismos- y corren como corrre un chorro de agua por la arena y se meten en ella, por otro agujero.........

                  Barrio de Maravillas. Rosa Chacel
                  ..mis sueños son mentiras, que algún día dejaran de serlo.

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                  • Re: Rincón literario

                    Considero este el lugar ideal para rendir un homenaje al escritor fallecido hace unos días

                    Los lectores perdimos una gran fuente de maná literario y periodístico

                    Por Luis Di Giacomo (*).
                    Lo que cualquiera escribe, sólo adquiere sentido a partir de la presencia de un lector.
                    Antes de que éste haga su aparición, consumiendo el texto, estudiándolo o dejándose envolver por él según el caso, las palabras impresas son sólo manifestaciones en espera, expresión frustrada, desgarro o autosatisfacción de quien dice algo con la esperanza de ser escuchado.
                    Hay quienes tienen el don de encantar con sus palabras. Son aquellos que saben hilar los términos de manera tal que nos atrapan en su red semántica de la cual no queremos ni podemos escapar, devorando las páginas hasta el final de cada historia.
                    Escritores, periodistas y poetas se adueñan de las palabras y nos alimentan a veces el intelecto, otras el afecto o la fantasía. Los escritores/periodistas nos conectan con la realidad o nos invitan a imaginar, haciéndonos en definitiva lecto-devoradores de sus fuentes.
                    Con la muerte de Tomás Eloy Martínez los lectores nos quedamos sin una fuente de maná.
                    El improbable alimento mágico que fluía en el desierto mantuvo a todo un pueblo en los inicios de la diáspora bíblica y hoy se repite en su fluencia a través de cada relato, cuento o novela que nos saca de la realidad a veces yerma y nos introduce en mundos que de tan inexistentes llegan a ser reales, mientras transcurrimos desde la primera frase hasta el final de un libro de ficción.
                    Cuando las ficciones narran la realidad histórica, y casi toda la novelística de Tomas Eloy Martínez se trata de ello, el pasaje realidad/fantasía/realidad es un continuum serpenteante a través de cada página que desorienta, fascina y al mismo tiempo hace pedagogía de la historia viva.
                    En ese sentido es probable que el Martínez periodista haya alimentado al escritor de una constante dosis de realidad, de incontables personajes existentes y de circunstancias cotidianas tan ciertas como increíbles con las cuales iba construyendo su universo ficcional.
                    En otro sentido, cuando leemos una crónica de la realidad -entiéndase artículo periodístico-, a veces nos suele pasar lo mismo. Cuando un periodista es escritor, y Tomás Eloy Martínez lo era, sucede que aunque sea en un breve relato de actualidad nos termina "contando" un cuento, "narrando una historia" que trasciende lo informativo y se transforma en una pequeña creación literaria.
                    La literatura argentina ha tenido varios de estos exponentes que, mal que les pese a los académicos de letras que suelen motejarlos de hacedores de un arte menor, han calado masiva y hondamente en nosotros, los lectores.
                    Pondría entonces sin temor en el mismo estante de la biblioteca, aun a costa de estar cometiendo sacrilegio y a espaldas de cualquier consideración crítica o de jerarquías, a quien hoy recordamos, junto a Roberto Arlt, Osvaldo Soriano, Martín Caparrós, Marcelo Birmajer, Orlando Barone y por qué no a los foráneos pero universalmente nuestros Ernest Hemingway y Graham Greene, todos escritores/periodistas de relatos inolvidables.
                    El coronel Mori Koenig, la santa Evita, el general Perón, Arcángelo Gobbi, Julio Martel, el cantor de tangos que nunca grabó, el desaparecido Simón Cardozo, la masacre de Trelew y la matanza de Ezeiza existen para los lectores de Tomas Eloy Martínez en una dimensión literaria, donde fueron noticia y son novela.
                    Desde el punto de vista de un simple lector, Tomas Eloy Martínez queda impreso como un dador de imaginación, a quien debemos agradecer que nos contara historias ciertas como si fuesen cuentos y haya escrito monumentales novelas indiscutiblemente realistas.




                    el primer beso siempre se da con la mirada

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                    • Re: Rincón literario

                      Gracias Farera. No le conocía.

                      Vive y deja vivir,
                      pero vive como piensas,
                      o acabarás pensando como vives.

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                      • Re: Rincón literario

                        Elegía

                        Sin que nadie lo sepa, ni el espejo,
                        ha llorado unas lágrimas humanas.
                        No puede sospechar que conmemoran
                        todas las cosas que merecen lágrimas:
                        la hermosura de Helena, que no ha visto,
                        el río irreparable de los años,
                        la mano de Jesús en el madero
                        de Roma, la ceniza de Cartago,
                        el ruiseñor del húngaro y del persa,
                        la breve dicha y la ansiedad que aguarda,
                        de marfil y de música Virgilio,
                        que cantó los trabajos de la espada,
                        las configuraciones de las nubes
                        de cada nuevo y singular ocaso
                        y la mañana que será la tarde.
                        Del otro lado de la puerta un hombre
                        hecho de soledad, de amor, de tiempo,
                        acaba de llorar en Bueno Aires
                        todas las cosas.

                        - Jorge Luis Borges -

                        esto . . . . . . joé . . . menos mal que ya estaba escrito.


                        Quiero vivir la vida aventurera
                        de los errantes pájaros marinos;
                        no tener, para ir a otra ribera,
                        la prosaica visión de los caminos.

                        Poder volar cuando la tarde muera ...

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                        • Re: Rincón literario

                          No he de callar por más que con el dedo,
                          ya tocando la boca o ya la frente,
                          silencio avises o amenaces miedo.
                          ¿No ha de haber un espíritu valiente?
                          ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
                          ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
                          Hoy, sin miedo que, libre, escandalice
                          , puede hablar el ingenio, asegurado
                          de que mayor poder le atemorice.

                          Francisco de Quevedo

                          Comentario


                          • Re: Rincón literario

                            "The wind blew"


                            Soplo el viento estridente y raudo,
                            y a mi corazon desperto ese viento:
                            oh!, volver a navegar y surcar los mares,
                            y oir el llanto de las jarcias,
                            crujir de cuadernas al estirarse,
                            y ver la grimpola a sotavento ondeando.

                            ¡Oh tu, marino de la flota,
                            llegada es la hora de ponerse en marcha!
                            ¡De tripular el bote, de remar es hora!
                            ¡De poner tu mano en la mia
                            y vaciar nuestros vasos de vino,
                            y antes de partir hacer brindis por la muerte!

                            Pues hacia la muerte zarpamos;
                            y es la muerte quien envia galernas
                            y quien sujeta el timon cuando navegamos.
                            ¡Pues reina es de todas las cosas
                            en la turbonada y la tempestad,
                            e impera en el oceano violento y vasto!


                            De mi admirado Robert Louis Stevenson.

                            Comentario


                            • Re: Rincón literario

                              Los Justos




                              Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
                              El que agradece que en la tierra haya música.
                              El que descubre con placer una etimología.
                              Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
                              El ceramista que premedita un color y una forma.
                              El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
                              Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
                              El que acaricia a un animal dormido.
                              El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
                              El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
                              El que prefiere que los otros tengan razón.
                              Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

                              Jorge Luis Borges.

                              por ellos


                              Quiero vivir la vida aventurera
                              de los errantes pájaros marinos;
                              no tener, para ir a otra ribera,
                              la prosaica visión de los caminos.

                              Poder volar cuando la tarde muera ...

                              Comentario


                              • Re: Rincón literario

                                para que lo conozcas un poco, en su faceta de periodista, este es el ultimo articulo que esribio en el pais

                                Argentina: doscientos años de soledad

                                La Argentina se ha ido tornando impredecible, un enigma ante el que se estrellan todas las respuestas. ¿Cómo imaginar el futuro inmediato entre las brumas de un país a la deriva?

                                Historia no es sólo aquello que se cuenta del pasado; es también, y a veces sobre todo, el relato de lo que se omite, de lo que queda en los márgenes. En mayo de 1910 Argentina celebró el primer centenario de su emancipación de la Corona española. Pocos meses después, el adolescente Juan Domingo Perón fue llevado por su abuela paterna al Colegio Militar de la ciudad de San Martín, donde estudió amparado por una beca de misericordia. Venía de un hogar inestable, errante, y en el colegio descubrió el único modelo de familia que conoció en la vida. Se dijo que si aquello era bueno para él, también debía ser bueno para el país.
                                Con esa escena empieza el siglo XX en Argentina. Tres décadas más tarde, cuando alcanzó el poder, Perón puso en práctica las lecciones de disciplina y orden que había aprendido en la milicia. Organizó el país en torno a la figura de un líder fuerte, carismático, cuya palabra era ley. Si bien esos dictámenes dependían de la aprobación de instituciones formales, como las dos cámaras del Parlamento y las cortes de justicia, las instituciones respondían por lo general a los designios del líder. A ese modelo jerárquico y autoritario pueden atribuirse las alternancias civiles y militares que se sucedieron a partir de 1955 y que cerraron el camino a todos los proyectos de desarrollo. Desde entonces Argentina se convirtió en un campo de batalla entre facciones que se disputaban fragmentos de poder y que obedecían, todas ellas, a diferentes caudillos únicos intolerantes con las ideas de los otros. Cada uno de esos caudillos, a su turno, fue debilitando las instituciones, estimulando formas de corrupción cada vez más sofisticadas y más sometidas a la voluntad de quien estuviera al mando.

                                El peronismo domina la política argentina aun desde antes de que Perón regresara de su exilio en Madrid en 1973. Con el paréntesis de las dictaduras militares -que trataron, en vano, de aniquilarlo- se ha mantenido en el poder de una manera u otra hasta hoy y es posible que siga prevaleciendo durante otras dos o tres generaciones. Nadie, sin embargo, sabe con certeza qué es el peronismo. Y porque nadie sabe qué es, el peronismo expresa el país a la perfección. Cuando un peronismo cae, por corrupción, por fracaso o por mero desgaste, otro peronismo se levanta y dice: "Aquello era una impostura. Este que llega ahora es el peronismo verdadero". La esperanza del peronismo verdadero que vendrá está viva en Argentina desde hace décadas, como si se tratara de un imposible Mesías que iluminará el fin de los tiempos, cuando el país recuperará la grandeza de una vez para siempre.
                                Argentina, así, se ha ido tornando impredecible, un enigma ante el que se estrellan todas las respuestas. ¿Cómo imaginar el futuro inmediato, la celebración del segundo centenario de la independencia entre las brumas de un país a la deriva? Las instituciones siguen inestables. A diferencia de lo que sucede en Chile y Brasil, cuando un gobierno sustituye a otro, los técnicos y los cuadros medios del gobierno que se va son desalojados y reemplazados por funcionarios promovidos menos por sus méritos que por afinidad de intereses con el caudillo de turno. Así se derriban proyectos elaborados durante años, se ponen a prueba otros y las buenas experiencias acumuladas se derrochan. El seleccionado argentino de fútbol es una eficaz metáfora del país. Algunos de sus jugadores se cuentan entre los mejores del mundo y los clubes europeos pagan fortunas para tenerlos en sus planteles. En Europa deslumbran pero en Argentina fracasan. Se pasean desorientados por los campos de juego, después de que demasiados entrenadores les han dado directivas opuestas. La grandeza está en la imaginación de todos. Nadie parece resignarse a los límites de la realidad.
                                También el periodismo pierde la calma. Si el gobierno se crispa, si los humores se enardecen, el periodismo lo imita: se divide en facciones efervescentes, sordas a las razones de los bandos opuestos. El periodismo debería releerse a sí mismo. Muchos de los intereses y principios que defiende y predica hoy son inversos a los que defendía ayer.
                                A partir de lo que aparece ahora en la superficie de los hechos se vislumbra la silueta de un futuro más bien opaco, que en nada se asemeja al del primer centenario. En 1910 el gran Rubén Darío escribió un largo "Canto a la Argentina" impregnado de una imbatible fe en el futuro. "¡He aquí la región del Dorado, he aquí el paraíso terrestre,/ he aquí la ventura esperada!" La voz del gran Juan Gelman se oscurecía en 2004 al entonar su propio canto a la Argentina: "Cuando el dolor se parece a un país / se parece a mi país. Los/ sin nada envuelven con/un pájaro humilde que/ no tiene método".
                                En toda la despoblada extensión de Argentina se oyen tambores de guerra. La batalla por conservar el poder o por arrebatarlo es a vida o muerte. Sindicatos adictos al gobierno contra sindicatos adversarios; piquetes contra piquetes. Las calles de las grandes ciudades han entrado en ebullición. La justicia se mueve a paso lento, tratando de proteger las instituciones. Gracias a la justicia, el mejor legado del gobierno Kirchner no se ha perdido en el polvo de las reyertas. Los imperdonables crímenes de la dictadura, los robos de recién nacidos en cautiverio, las torturas despiadadas, los vuelos con prisioneros a los que se arrojaba vivos en el océano y en el río de la Plata, no van a quedar ya sin condena y sin memoria.
                                Que se haya recuperado la dignidad vuelve aún menos explicable que la educación agonice degradada en sótanos de negligencia que medio siglo atrás parecían imposibles. La influencia de la Iglesia, que ha sido siempre un poderoso factor de regresión e intolerancia, no cesa de crecer. La prédica de los últimos tiempos trata de llamar la atención sobre el escándalo de la pobreza, pero no recuerda que por la pobreza mueren cientos de madres adolescentes en abortos clandestinos y que la mortalidad infantil supera el trece por mil.
                                Todos los diagnósticos sobre Argentina del futuro inmediato son pesimistas, porque el país pone sus esperanzas muy en alto, evoca las grandezas del pasado y sigue creyendo en una superioridad que las dictaduras militares convirtieron en polvo.
                                Vale la pena entonces, volver los ojos y preguntarse dónde está ahora Argentina. ¿En qué confín del mundo, centro del atlas, techo del universo? ¿Argentina es una potencia o una impotencia, un destino o un desatino, el cuello del tercer mundo o el rabo del primero?
                                Siempre se creyó que Argentina estaba en un sitio distinto del que le habían adjudicado la geografía, el azar o la historia. Pero nunca hubo tanto divorcio entre la realidad y los deseos como en estos últimos seis años. Ya en 1810 una de las obsesiones argentinas era alcanzar la grandeza. Lo que ahora obsesiona al país es el miedo a la pequeñez. Para evitar ese derrumbe, se oye repetir una y otra vez: Somos grandes, estamos entre los grandes. La única lástima es que los grandes no se dan cuenta.
                                "Estamos llamados a iniciar una nueva era", escribía Juan Bautista Alberdi en 1838. Y después Sarmiento, Mitre, Martí, Roca, Darío: todos se sumaron al coro, todos esperaban que la grandeza se manifestara de un momento a otro. ¿Dónde estábamos entonces, en qué lugar? Éramos un inagotable cuerno de la abundancia: los ganados y las mieses se derramaban por los costados.
                                Hacia 1928, las estadísticas señalaban que Argentina era superior a Francia en número de automóviles y a Japón en líneas de teléfonos. A fines de 1924, el poeta nacional Leopoldo Lugones proclamó que los militares eran los "últimos aristócratas" del espíritu y les exigió que, espada en mano, ejercieran su "derecho de mejores", con la ley o sin ella y emprendieran cruzadas para imponer un "orden nuevo". Las sucesivas cruzadas de los "aristócratas del espíritu" -que culminaron en la guerra de las Malvinas, en los campos de concentración de la dictadura y en los cementerios de desaparecidos-, precipitaron el país en un desastre para el que todavía busca salida.
                                Pertenecer a lugares a los que sólo Argentina cree pertenecer; imaginarse árbitro, mediador, factor de decisión en pleitos a los que no ha sido invitada: tales son las antiguas maldiciones de la nación, los signos alarmantes de un destino descolocado. Los países del primer mundo se distinguen, a grandes rasgos, por tener seguros de desempleo, escasa o nula mendicidad, bajísimo índice de mortalidad infantil, educación laica, gratuita y obligatoria. Y trenes. Sobre todo trenes. Los trenes (más que cualquier otro medio de transporte) son el termómetro de cuándo un país anda bien y cuándo no. Vaya a saber por qué, pero la modernidad se mide a través de vagones puntuales, frecuentes y limpios, como lo descubrieron los alemanes del este cuando cayó el Muro y pudieron viajar, deslumbrados, en la segunda clase del expreso Francfort-Hamburgo.
                                Mucha de la infelicidad argentina nace de una lección que la realidad siempre contradice. A los niños se les enseña en las escuelas que son hijos de un país grande acechado por desgracias de las que no es responsable. Nunca le será fácil alcanzar la dicha a un país que cree tener menos de lo que merece y que desde hace décadas imagina que es más de lo que es. "¿Cómo se vive allá, en América Latina?", me preguntaba un amigo cuando volví del exilio. Argentina no estaba, entonces, en América Latina sino en ninguna parte: ni en el continente al que pertenecía por afinidad geográfica ni en la Europa a la que creía pertenecer por razones de destino. Estaba, como quien dice, en el aire. Lo peor es que cuando tenga que bajar, no sabrá dónde.


                                Originalmente publicado por Crimilda Ver Mensaje
                                Gracias Farera. No le conocía.




                                el primer beso siempre se da con la mirada

                                Comentario


                                • Re: Rincón literario

                                  y algo de su faceta como escritor, a mi me gustaba mucho como escribe y describe,

                                  Imágenes de la felicidad (fragmento)
                                  Madre creyó que Carmona cantaría antes de aprender a hablar, como el hijo de la señora Ikeda. Muchas veces, en medio de la noche, se acercaba a la cuna y acechaba su respiración, con la esperanza de que estuviera dibujando alguna melodía. Y cuando oía maullar (porque siempre, aunque no hubiera gatos, Madre oía maullar), despertaba a Padre y le decía: "Por fin el niño ha empezado con su canto". Padre se levantaba en puntillas y no encontraba nada. A veces, sí, brotaba del niño un gorjeo tonto, como un desperezo de las cuerdas vocales, y entonces Madre se arrebataba, corría de un lado a otro del dormitorio con su camisón de reina: "¿Has oído, has oído?", preguntaba. "¿Ahora te convencés?" Padre se apresuraba a darle la razón: "Claro que sí. Algo he oído". Pero la mayor parte de las noches Madre se dormía desalentada, con el presentimiento de que Carmona nunca tendría voz.
                                  Al poco tiempo Madre parió gemelas con sendos lunares en la espalda, sombreados por cerdas negras, como parches de una piel animal. Madre supo desde el principio que las gemelas no querrían aprender a nadar, para no mostrar sus espaldas escotadas, y decidió que si Carmona nadaba por los tres desarrollaría prodigiosamente los pulmones y músculos de la voz. Había leído en una revista que los niños nadan por instinto, como los otros mamíferos, y que el instinto se les adormece con las primeras luces de la inteligencia. Carmona estaba por cumplir dos años: ya casi no quedaba tiempo. Lo llevaron a una pileta de agua fría, al pie de las montañas amarillas, y lo arrojaron sin miramientos. El agua estaba podrida, con manchas de insectos y rayas de bronceadores rancios. No había nadie alrededor. Ni Madre ni Padre sabían nadar, de modo que Carmona se hubiera ahogado si no hubiera sido por los instintos, que seguían despiertos. Tocó el fondo del agua espesa y no sintió frío: su atención estaba demasiado ocupada en los movimientos de las tinieblas, que eran más frenéticos cuanto más abajo llegaba. Antes de hundirse en el limo, se izó hacia la superficie. Había aprendido a respirar ya no sólo con el aire sino con el recuerdo del aire. Los alvéolos de los pulmones estaban henchidos de abejas de aire que continuaban con su ajetreo sin inquietarse por lo que pasaba afuera: el frío, la humedad, el agua, el vacío, los tóxicos, nada les hacía mella. ¿Sabía Padre cuánto tiempo había estado sumergido? Unos nueve segundos, le dijo a Madre, orgulloso. Fueron más: por lo menos el doble.
                                  Padre se entusiasmó tanto con los progresos de Carmona en el agua que decidió cortar de raíz el pudor de las gemelas por sus lunares y obligarlas a nadar. No se arriesgó a lanzarlas a la pileta confiando en sus instintos, porque nunca supo si los tenían. Las dejaba horas llorando en la cuna, para que ejercitaran los pulmones, y cuando las bañaba les sostenía la cabeza bajo el agua tres o cuatro segundos. Las gemelas aprendieron a contener la respiración pero nunca nadaron. Odiaban el agua.
                                  A Padre le desesperaba la indiferencia de las gemelas por todo lo que no fuera sus lunares, y cada vez que llegaban visitas a la casa, las presentaba diciendo: "Aquí las tienen, pobrecitas. Las dos nacieron con un lunar monstruoso en la espalda. A ver, hijas, muestren el lunar a los señores".
                                  Aunque hay una sola manera de ser bondadoso, la manera de Padre no se parecía a la de nadie más. Solía levantarse en medio de la noche para arropar a los niños ­algo que Madre jamás hizo­, y cuando bebía un tazón de leche fresca por la mañana mojaba trozos de pan y se los daba en la boca a las gemelas, como si ellas fueran pajaritos. Pero las visitas lo perturbaban: no sabía de qué hablar. Cuando el silencio entraba en las conversaciones sentía que era su culpa, y en la desesperación por ahuyentarlo echaba mano a los lunares. Las gemelas lloraban con una angustia que partía el corazón y corrían a esconderse en los roperos, atontadas por la humillación y la vergüenza. Esos raptos de rebeldía indignaban a Padre. Las buscaba por todas partes y no cejaba hasta que conseguía llevarlas ante las visitas. Cuando las tenía allí, bien sujetas de las muñecas ­con aquellas manos poderosas­, obligaba a las gemelas a desvestirse y a mostrar la espalda. Ellas se arrastraban por el piso, estirando sus vestiditos con desesperación, y aunque las visitas intervinieran cortésmente, "Déjelas en paz. Un lunar es un lunar. Podemos imaginar cómo son éstos", Padre se mantenía inflexible. "No", decía, "ustedes jamás verán nada igual. Son lunares dignos de un circo".
                                  Para atenuar la impresión que los arrebatos de Padre causaban en las visitas, Madre explicaba que los lunares eran consecuencia de un susto casi pueril durante el embarazo. Cierta mañana, cuando caminaba por la vereda del asilo de locos, uno de los internos le agarró un tobillo. Faltaban tres o cuatro meses para que nacieran las gemelas y el abdomen se veía llegar desde lejos. Madre iba demasiado próxima al foso donde los locos, trepados sobre cajoncitos de frutas, se distraían tomando el fresco. El súbito manotazo en el tobillo casi la hizo caer. Por fortuna, Padre alcanzó a sujetarla por detrás. Pero al trastabillar, la mirada de Madre barrió el horizonte ralo de la vereda y se detuvo en la frente del loco, ornada por un lunar en forma de semilla, como el del niño de la señora Ikeda. La impresión fue imborrable. Durante el resto del embarazo no cesó de soñar con el lunar. Soñó con él de tantas maneras que cuando lo vio en las espaldas de las gemelas advirtió que el sueño, con su insistencia, había terminado por abrir las puertas de la realidad.
                                  Cada vez que Padre exhibía los lunares de las gemelas, Carmona tenía miedo de que le pasara lo mismo. Tarde o temprano me tocará el turno a mí, decía. Parado frente al vestidor de Madre, examinaba su cuerpo en busca de alguna imperfección escondida. ¿Un dedo atrofiado en el ombligo: a ver? ¿Pelos en la planta de los pies? ¿El tatuaje de una letra en la espalda? Las criadas confirmaban sus temores: Ya te llegará el día a vos también. Y él se dormía pensando que era verdad: cuando despertara habría llegado el día.
                                  Llegaron otras cosas. En lo peor del verano ­que era siempre atroz en la provincia: una larga llaga­ se mudaron a la casa de al lado unos árabes estrepitosos llamados Al Amein o Alamino. Como la pared que separaba los dos patios era muy baja, las voces circulaban libremente. Madre se sentía tan humillada por la vecindad de los árabes que cuando llegaban visitas pasaba la mayor parte del tiempo disculpándose por vivir donde vivía. A Padre, en cambio, la jerga incomprensible que se filtraba desde el otro lado le servía de pretexto para no hablar. "Oigan eso, qué descaro", comentaba, y se quedaba largo rato meneando la cabeza. Así, los lunares de las gemelas fueron pasando a segundo plano y cuando reaparecían los silencios, Padre callaba en paz .
                                  Hacía ya tiempo que Madre buscaba la felicidad, pero cada vez que la sentía en la punta de los dedos, a la felicidad se le presentaban otros compromisos. Los Alamino, en cambio, no buscaban nada. Vivir felices era para ellos una manera de ser como cualquier otra.
                                  Al poco tiempo de la mudanza, y sin razón alguna, se convirtieron en una fatalidad insoportable para Madre. Aunque ella nunca lo dijo, yo sé que les deseaba la muerte. Tenían la costumbre de lavarse dos veces por día, antes del almuerzo y a la caída de la tarde. Hundían la cara y los brazos en jofainas de porcelana y se frotaban las piernas con arena, obedeciendo al Profeta. De rodillas, con las manos tendidas hacia los páramos del oriente y la frente clavada en los humores del piso, cantaban a Dios una letanía que Padre remedaba cuando había visitas: la ilajá ilá laj. Para colmo, los hombres andaban desnudos por el patio y besaban a sus mujeres delante de todo el mundo, estallando cada dos por tres en carcajadas que a Madre le sonaban obscenas. El dinero no parecía importarles, como si les lloviera del cielo. "Han de ser contrabandistas", suponía Padre. "De otra manera, tanta alegría no tiene explicación". Por si fuera poco, alimentaban a montones de gatos. Durante los rezos, los gatos se les trepaban a las espaldas y maullaban, ellos también con los hocicos vueltos hacia los páramos. La hija mayor de los Alamino, con un lunar redondo y abultado en mitad de la garganta, estaba a punto de casarse. Lo primero que hacía el novio por las noches, cuando la visitaba, era quitarle el echarpe y lamer el lunar apasionadamente. "¿Vieron que es bueno tener lunares?", explicaba la señora Alamino a las gemelas cuando empezaron a contarle sus desconsuelos. "Si no fuera por la tentación de besar el lunar de Leticia, el novio no la querría tanto".



                                  el primer beso siempre se da con la mirada

                                  Comentario


                                  • Con permiso, os copipego una letra de rap, que aunque urbana, sigue siendo poesia, pertenece a Nash Scratch, tiene alguna falta de ortografia, pero no es cosa mia, lo mio es pasar de las tildes

                                    "Anochece"
                                    una cuidad que nos atrapa
                                    un amigo que traiciona
                                    una puerta que se abre
                                    una ventana en la que nadie asoma
                                    una caricia en la mañana
                                    una pasion una rabia como simbolo de accion
                                    de una generacion
                                    una luz que ilumina
                                    una cancion que me anima
                                    una lagrima que cae y que limpia una vida herida
                                    una calle colapsada
                                    un amor que no se acaba
                                    un politico que mira hacia otro lado y no hace nada
                                    un respeto que se gana
                                    una inocencia que se pierde
                                    un corazon que se acelera cuando un enemigo vuelve
                                    un policia que me insulta
                                    un lugar lejos de aqui
                                    un sentimiento que se oculta por miedo a que diran de mi
                                    una familia que se abraza
                                    un hermano de otra raza
                                    un jefe que sonrie
                                    un consejo que sin mas rechazas
                                    un atajo
                                    un lujo que me distrae
                                    una calma que me arropa si el sol cae
                                    un olor que trae recuerdos
                                    una chica que no sabe que la observo
                                    un album de fotos roto pero que aun conservo
                                    una libertad que hulye
                                    un micro que me comprende
                                    ,una venganza justa
                                    un secreto que se vende
                                    una historia sin comprender
                                    un cuerpo de mujer
                                    ,un beso distanteun instante de placer
                                    un ayer que ya no existey un mundo que nos repudia
                                    un dia en suburbia
                                    y a los que quiero les digo que aguanten, no desfallezcan
                                    que nuestros dias de gloria se acercan
                                    que solo quien lo merezca sera libre
                                    va por vosotros mis hermanos de otra madre
                                    seremos indestructibles
                                    escupir vuestra rabia aunque no digan si esta bien o mal
                                    sacar lo que os pudre gladiadores sin puñal
                                    por todos los que me sienten y me aceptan como soy
                                    va por vosotros b-boys.
                                    un tiempo dificil
                                    un silencio que relaja
                                    un hombre que no se rinde
                                    un simple perro de paja
                                    una distancia que se asume
                                    un porro que me consume
                                    una noche, una plaza,
                                    una botella que nos une
                                    una rima que se escapa
                                    un sueño por conseguir
                                    un horario que encarcela
                                    un nombre que no quiero oir
                                    una madre que me espera
                                    un acto de bondad
                                    un crimen,
                                    un rap que resisita cuando el resto me deprime
                                    un te quiero, un hasta luego y un porque
                                    una suerte que me ampara porque yo me la busque
                                    un billete que sale de mi bolsillo
                                    un vacio
                                    un barrio que me recuerda donde estan los mios
                                    un pecado sin remordimientos
                                    un juguete que aun divierte
                                    un solo camino
                                    una vida, una muerte
                                    un paso firme sobre un charco
                                    un retrato sin un barco
                                    una pagina que sigue en blanco
                                    un canto,un parto,un salto un llanto
                                    una gota de sangre secandose en el asfalto
                                    un arbol que llora hojas secas
                                    una estatua que se pudre
                                    un cielo que nunca veo porque el humo lo recubre
                                    un regalo que agradezco
                                    un arte que me hace temblar
                                    un mar que siempre escucha cuando quiero hablar
                                    un hogar donde descanso
                                    un lugar de odio y de furia
                                    un dia en suburbia
                                    ya quien me escuchen que luchen no todo esta perdido
                                    va por vosotros mis fans os considero amigos
                                    a San Blas y los recuerdos que aun conservo
                                    Alicante y sus calles a las que vuelvo
                                    a mi familia por su amor incondicional desde el inicio
                                    mi madre y su ternura, mi padre y su sacrificio
                                    a quien a hecho posible que yo sigua aqui
                                    saltando al vacio en cada disco, esto va por ti.
                                    (Solo necesito un dia, un dia en esta cuidad
                                    un dia para demostrar que estoy aqui, que siguo vivo,
                                    pueden llamarme nach, el aliado o el enemigo,
                                    o el loco, el iluminado,pero yo soy uno mas,
                                    y solo necesito un papel, un microfono y unas mentes dispuestas a escuchar
                                    y sentir, solo necesito un dia, un dia en suburbia)
                                    By **ScorpioN**Fuente: musica.com
                                    Editado por última vez por VERYFLOW; 17/02/2010, 14:09:36.
                                    ..mis sueños son mentiras, que algún día dejaran de serlo.

                                    Comentario


                                    • Re: Rincón literario

                                      Originalmente publicado por Fareraa Ver Mensaje
                                      y algo de su faceta como escritor, a mi me gustaba mucho como escribe y describe,

                                      Imágenes de la felicidad (fragmento)
                                      Madre creyó que Carmona cantaría antes de aprender a hablar, como el hijo de la señora Ikeda. Muchas veces, en medio de la noche, se acercaba a la cuna y acechaba su respiración, con la esperanza de que estuviera dibujando alguna melodía. Y cuando oía maullar (porque siempre, aunque no hubiera gatos, Madre oía maullar), despertaba a Padre y le decía: "Por fin el niño ha empezado con su canto". Padre se levantaba en puntillas y no encontraba nada. A veces, sí, brotaba del niño un gorjeo tonto, como un desperezo de las cuerdas vocales, y entonces Madre se arrebataba, corría de un lado a otro del dormitorio con su camisón de reina: "¿Has oído, has oído?", preguntaba. "¿Ahora te convencés?" Padre se apresuraba a darle la razón: "Claro que sí. Algo he oído". Pero la mayor parte de las noches Madre se dormía desalentada, con el presentimiento de que Carmona nunca tendría voz.
                                      Al poco tiempo Madre parió gemelas con sendos lunares en la espalda, sombreados por cerdas negras, como parches de una piel animal. Madre supo desde el principio que las gemelas no querrían aprender a nadar, para no mostrar sus espaldas escotadas, y decidió que si Carmona nadaba por los tres desarrollaría prodigiosamente los pulmones y músculos de la voz. Había leído en una revista que los niños nadan por instinto, como los otros mamíferos, y que el instinto se les adormece con las primeras luces de la inteligencia. Carmona estaba por cumplir dos años: ya casi no quedaba tiempo. Lo llevaron a una pileta de agua fría, al pie de las montañas amarillas, y lo arrojaron sin miramientos. El agua estaba podrida, con manchas de insectos y rayas de bronceadores rancios. No había nadie alrededor. Ni Madre ni Padre sabían nadar, de modo que Carmona se hubiera ahogado si no hubiera sido por los instintos, que seguían despiertos. Tocó el fondo del agua espesa y no sintió frío: su atención estaba demasiado ocupada en los movimientos de las tinieblas, que eran más frenéticos cuanto más abajo llegaba. Antes de hundirse en el limo, se izó hacia la superficie. Había aprendido a respirar ya no sólo con el aire sino con el recuerdo del aire. Los alvéolos de los pulmones estaban henchidos de abejas de aire que continuaban con su ajetreo sin inquietarse por lo que pasaba afuera: el frío, la humedad, el agua, el vacío, los tóxicos, nada les hacía mella. ¿Sabía Padre cuánto tiempo había estado sumergido? Unos nueve segundos, le dijo a Madre, orgulloso. Fueron más: por lo menos el doble.
                                      Padre se entusiasmó tanto con los progresos de Carmona en el agua que decidió cortar de raíz el pudor de las gemelas por sus lunares y obligarlas a nadar. No se arriesgó a lanzarlas a la pileta confiando en sus instintos, porque nunca supo si los tenían. Las dejaba horas llorando en la cuna, para que ejercitaran los pulmones, y cuando las bañaba les sostenía la cabeza bajo el agua tres o cuatro segundos. Las gemelas aprendieron a contener la respiración pero nunca nadaron. Odiaban el agua.
                                      A Padre le desesperaba la indiferencia de las gemelas por todo lo que no fuera sus lunares, y cada vez que llegaban visitas a la casa, las presentaba diciendo: "Aquí las tienen, pobrecitas. Las dos nacieron con un lunar monstruoso en la espalda. A ver, hijas, muestren el lunar a los señores".
                                      Aunque hay una sola manera de ser bondadoso, la manera de Padre no se parecía a la de nadie más. Solía levantarse en medio de la noche para arropar a los niños ­algo que Madre jamás hizo­, y cuando bebía un tazón de leche fresca por la mañana mojaba trozos de pan y se los daba en la boca a las gemelas, como si ellas fueran pajaritos. Pero las visitas lo perturbaban: no sabía de qué hablar. Cuando el silencio entraba en las conversaciones sentía que era su culpa, y en la desesperación por ahuyentarlo echaba mano a los lunares. Las gemelas lloraban con una angustia que partía el corazón y corrían a esconderse en los roperos, atontadas por la humillación y la vergüenza. Esos raptos de rebeldía indignaban a Padre. Las buscaba por todas partes y no cejaba hasta que conseguía llevarlas ante las visitas. Cuando las tenía allí, bien sujetas de las muñecas ­con aquellas manos poderosas­, obligaba a las gemelas a desvestirse y a mostrar la espalda. Ellas se arrastraban por el piso, estirando sus vestiditos con desesperación, y aunque las visitas intervinieran cortésmente, "Déjelas en paz. Un lunar es un lunar. Podemos imaginar cómo son éstos", Padre se mantenía inflexible. "No", decía, "ustedes jamás verán nada igual. Son lunares dignos de un circo".
                                      Para atenuar la impresión que los arrebatos de Padre causaban en las visitas, Madre explicaba que los lunares eran consecuencia de un susto casi pueril durante el embarazo. Cierta mañana, cuando caminaba por la vereda del asilo de locos, uno de los internos le agarró un tobillo. Faltaban tres o cuatro meses para que nacieran las gemelas y el abdomen se veía llegar desde lejos. Madre iba demasiado próxima al foso donde los locos, trepados sobre cajoncitos de frutas, se distraían tomando el fresco. El súbito manotazo en el tobillo casi la hizo caer. Por fortuna, Padre alcanzó a sujetarla por detrás. Pero al trastabillar, la mirada de Madre barrió el horizonte ralo de la vereda y se detuvo en la frente del loco, ornada por un lunar en forma de semilla, como el del niño de la señora Ikeda. La impresión fue imborrable. Durante el resto del embarazo no cesó de soñar con el lunar. Soñó con él de tantas maneras que cuando lo vio en las espaldas de las gemelas advirtió que el sueño, con su insistencia, había terminado por abrir las puertas de la realidad.
                                      Cada vez que Padre exhibía los lunares de las gemelas, Carmona tenía miedo de que le pasara lo mismo. Tarde o temprano me tocará el turno a mí, decía. Parado frente al vestidor de Madre, examinaba su cuerpo en busca de alguna imperfección escondida. ¿Un dedo atrofiado en el ombligo: a ver? ¿Pelos en la planta de los pies? ¿El tatuaje de una letra en la espalda? Las criadas confirmaban sus temores: Ya te llegará el día a vos también. Y él se dormía pensando que era verdad: cuando despertara habría llegado el día.
                                      Llegaron otras cosas. En lo peor del verano ­que era siempre atroz en la provincia: una larga llaga­ se mudaron a la casa de al lado unos árabes estrepitosos llamados Al Amein o Alamino. Como la pared que separaba los dos patios era muy baja, las voces circulaban libremente. Madre se sentía tan humillada por la vecindad de los árabes que cuando llegaban visitas pasaba la mayor parte del tiempo disculpándose por vivir donde vivía. A Padre, en cambio, la jerga incomprensible que se filtraba desde el otro lado le servía de pretexto para no hablar. "Oigan eso, qué descaro", comentaba, y se quedaba largo rato meneando la cabeza. Así, los lunares de las gemelas fueron pasando a segundo plano y cuando reaparecían los silencios, Padre callaba en paz .
                                      Hacía ya tiempo que Madre buscaba la felicidad, pero cada vez que la sentía en la punta de los dedos, a la felicidad se le presentaban otros compromisos. Los Alamino, en cambio, no buscaban nada. Vivir felices era para ellos una manera de ser como cualquier otra.
                                      Al poco tiempo de la mudanza, y sin razón alguna, se convirtieron en una fatalidad insoportable para Madre. Aunque ella nunca lo dijo, yo sé que les deseaba la muerte. Tenían la costumbre de lavarse dos veces por día, antes del almuerzo y a la caída de la tarde. Hundían la cara y los brazos en jofainas de porcelana y se frotaban las piernas con arena, obedeciendo al Profeta. De rodillas, con las manos tendidas hacia los páramos del oriente y la frente clavada en los humores del piso, cantaban a Dios una letanía que Padre remedaba cuando había visitas: la ilajá ilá laj. Para colmo, los hombres andaban desnudos por el patio y besaban a sus mujeres delante de todo el mundo, estallando cada dos por tres en carcajadas que a Madre le sonaban obscenas. El dinero no parecía importarles, como si les lloviera del cielo. "Han de ser contrabandistas", suponía Padre. "De otra manera, tanta alegría no tiene explicación". Por si fuera poco, alimentaban a montones de gatos. Durante los rezos, los gatos se les trepaban a las espaldas y maullaban, ellos también con los hocicos vueltos hacia los páramos. La hija mayor de los Alamino, con un lunar redondo y abultado en mitad de la garganta, estaba a punto de casarse. Lo primero que hacía el novio por las noches, cuando la visitaba, era quitarle el echarpe y lamer el lunar apasionadamente. "¿Vieron que es bueno tener lunares?", explicaba la señora Alamino a las gemelas cuando empezaron a contarle sus desconsuelos. "Si no fuera por la tentación de besar el lunar de Leticia, el novio no la querría tanto".

                                      Un texto hermosísimo.

                                      Te doy las gracias por esta aportación en un hilo que a cada instante me está regalando nuevos descubrimientos.

                                      I.s.y.

                                      Ney

                                      Comentario


                                      • Re: Rincón literario

                                        Aqui Va Un Pequeño Soneto:

                                        Mujer Que Culo Menea
                                        Y Al Mirar Los Ojos Mece
                                        Yo Digo Que Lo Sea
                                        Pero Si Quelo Parece....

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                                        • Re: Rincón literario

                                          Yo Me La Lleve Al Rio
                                          Creyendo Que Era Mozuela
                                          Y Resulto Que Era Un Tio
                                          Que Por Poco Me La Cuela

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                                          • Re: Rincón literario

                                            Originalmente publicado por slocum Ver Mensaje
                                            Los Justos





                                            Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
                                            El que agradece que en la tierra haya música.
                                            El que descubre con placer una etimología.
                                            Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
                                            El ceramista que premedita un color y una forma.
                                            El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
                                            Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
                                            El que acaricia a un animal dormido.
                                            El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
                                            El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
                                            El que prefiere que los otros tengan razón.
                                            Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

                                            Jorge Luis Borges.


                                            por ellos
                                            Gracias Slocum, a mi tambien me gusta Borges
                                            "Y detras de los mitos y las mascaras, el alma, que esta sola".
                                            Dejo algo mas de Stevenson, al que ultimamente reeleo a menudo.
                                            "los que viajan lejos"
                                            El inmenso sol,
                                            el brillante dia;
                                            velas blancas
                                            sobre la azul bahia;
                                            los que viajan lejos desaparecen.

                                            Encended los fuegos,
                                            cerrad la puerta.
                                            Al viejo hogar,
                                            a la costa querida,
                                            los que viajan lejos
                                            ya nunca vuelven.

                                            Saludos,.

                                            Comentario


                                            • Re: Rincón literario

                                              Hola Ney, me alegro que te haya gustado es una pena que su autor nos haya dejado, y de paso te saludo pues creo que nunca habíamos coincidido en esta taberna.
                                              También me gusta bastante el artículo sobrre los 200años de Argentina, es una pena que ningun argentino de esta taberna se haya acercado a decirnos que opinan sobre lo que dice, pues yo creo que además de ser un articulo ameno y bién escrito parece bastante descriptivo de lo poco que se del país

                                              Originalmente publicado por Neytiri Ver Mensaje
                                              Un texto hermosísimo.

                                              Te doy las gracias por esta aportación en un hilo que a cada instante me está regalando nuevos descubrimientos.

                                              I.s.y.

                                              Ney



                                              el primer beso siempre se da con la mirada

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                                              • Re: Rincón literario

                                                Hola Ney, me alegro que te haya gustado es una pena que su autor nos haya dejado, y de paso te saludo pues creo que nunca habíamos coincidido en esta taberna.
                                                También me gusta bastante el artículo sobrre los 200años de Argentina, es una pena que ningun argentino de esta taberna se haya acercado a decirnos que opinan sobre lo que dice, pues yo creo que además de ser un articulo ameno y bién escrito parece bastante descriptivo de lo poco que se del país

                                                Originalmente publicado por Neytiri Ver Mensaje
                                                Un texto hermosísimo.

                                                Te doy las gracias por esta aportación en un hilo que a cada instante me está regalando nuevos descubrimientos.

                                                I.s.y.

                                                Ney



                                                el primer beso siempre se da con la mirada

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                                                • Re: Rincón literario

                                                  vaya, venia yo por aqui a recomendaros un libro para el fin de semana y resulta que veo que mi mensaje anterior esta duplicado y no me deja editar para borrarlo, nunca he sabido porque unos deja editar y otros no, debe de ser algo relacionado con el paso del tiempo
                                                  Bueno a lo que iba, al libro, os lo recomiendo encarecidamente, os adjunto algun comentario que he encontrado googleando


                                                  El Arte. Conversaciones imaginarias con mi madre
                                                  Mondadori, 2006


                                                  ¿Por qué será que todos tenemos algo que decir delante de una hermosa puesta de sol y nos sentimos cortados delante de una obra de arte consagrada? A caballo entre el ensayo, la autobiografía y la novela, Juanjo Sáez reconstruye algunos de los más interesantes capítulos de la historia del arte. Su texto, sin embargo, no tiene nada de pomposo, dogmático ni académico. Mediante una conversación imaginaria con su madre, Juanjo Sáez invita al lector a reflexionar sobre la finalidad del arte y la figura del artista. En este viaje sui generis a través de la historia del arte que no abandona los recuerdos personales, el autor pone en entredicho conceptos estereotipados y nos dice que todos podemos disfrutar del arte. A través de sus páginas vemos desfilar a artistas como Calder, Picasso, Warhol, Dalí, Chillida, Duchamp y otros. El Arte. Conversaciones imaginarias con mi madre es un libro que no se parece a ningún otro: original, divertido, innovador, una mezcla fabulosa de ensayo audaz y novela gráfica educativa.
                                                  (España, Mondadori); (Francia, Rackham); (Italia, Salani)

                                                  «Ironía e ingenuidad que desmontan mitos.» Silvia Blanco, El País
                                                  «Diálogos hilarantes de una afilada ingenuidad.» Teresa Sesé, La Vanguardia
                                                  «El arte es un gran libro.» Kiko Amat, El Periódico
                                                  «Un ilustrador de culto (…) dibujos espontáneos, directos, divertidos y cáusticos.» El Punt
                                                  «Su libro no es un método, una disertación o un manual; es, sobre todo, un ensayo gráfico (igual que se habla de novela gráfica, se puede hablar de ensayo gráfico) formidable, apasionante y estimulante (…)Capítulo a capítulo, Magritte, Calder, Picasso, Warhol, Duchamp y muchos otros, revelan su contundente fuerza con total simplicidad. Sáez comparte con su madre y con los lectores, las emociones que las obras han provocado, las reflexiones y revoluciones que han desencadenado…Es socarrón, pertinente y esclarecedor. ¡Para leer y releer sin esperar ni un minuto!» Nicolas Ancion, Le Nouvel Observateur
                                                  «No se sabe si se trata de un ensayo gráfico, un cómic rompedor, un trabajo poético o un sueño razonado. Sin duda todo a la vez, lo que sólo se puede definir de una manera: ¡éxito!» Clara Dupont-Monod, Marianne



                                                  el primer beso siempre se da con la mirada

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                                                  • Re: Rincón literario

                                                    A vueltas con Stevenson,....

                                                    REQUIEM

                                                    Bajo el inmenso y estrellado cielo,
                                                    cavad mi fosa y dejadme yacer.
                                                    Alegre he vivido y alegre muero,
                                                    pero al caer quiero haceros un ruego.

                                                    Que pongais sobre mi tumba este verso:
                                                    Aqui yace donde quiso yacer;
                                                    de vuelta del mar esta el marinero,
                                                    de vuelta del monte esta el cazador.

                                                    Requiem:Reza la totalidad de este poema, en letras de bronce,
                                                    sobre la tumba de Stevenson en la cima del Monte Vaca, en Samoa,
                                                    donde yace enterrado a una altura de 4.000 metros.

                                                    Saludos,.

                                                    Comentario

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