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"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

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Rincón literario

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  • Re: Rincón literario

    Dolor de Alfonsina Storni


    Quisiera esta tarde divina de octubre
    pasear por la orilla lejana del mar;
    que la arena de oro, y las aguas verdes,
    y los cielos puros me vieran pasar.

    Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
    como una romana, para concordar
    con las grandes olas, y las rocas muertas
    y las anchas playas que ciñen el mar.

    Con el paso lento, y los ojos fríos
    y la boca muda, dejarme llevar;
    ver cómo se rompen las olas azules
    contra los granitos y no parpadear;
    ver cómo las aves rapaces se comen
    los peces pequeños y no despertar;
    pensar que pudieran las frágiles barcas
    hundirse en las aguas y no suspirar;
    ver que se adelanta, la garganta al aire,
    el hombre más bello, no desear amar...

    Perder la mirada, distraídamente,
    perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
    y, figura erguida, entre cielo y playa,
    sentirme el olvido perenne del mar.


    gracy
    "El lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistò. De esa miel no comen las hormigas"

    Comentario


    • Re: Rincón literario

      Sí, te ries por no llorar.

      Toda su obra, poesía, ensayos, novelas, hablan de pobreza, del desengaño (por la corrupción, los vicios, la maldad), de las falsas aparencias, de la levedad del tiempo...


      ¿Qué otra cosa es verdad sino pobreza
      en esta vida frágil y liviana?
      Los dos embustes de la vida humana,
      desde la cuna, son honra y riqueza.
      El tiempo, que ni vuelve ni tropieza,
      en horas fugitivas la devana;
      y, en errado anhelar, siempre tirana,
      la Fortuna fatiga su flaqueza.
      Vive muerte callada y divertida
      la vida misma; la salud es guerra
      de su proprio alimento combatida. ¡Oh, cuánto, inadvertido, el hombre yerra:
      que en tierra teme que caerá la vida,
      y no ve que, en viviendo, cayó en tierra!

      Urtzi, tenemos barcos más veloces y potentes, pájaros de hierro que surcan los cielos raudos, carrozas de mil caballos con aire acondicionado, hasta magníficas salas quirúrgicas donde te cambian el corazón... pero el hombre ha cambiado muy poco desde Quevedo. Al menos, en sentimientos... y dolor.

      Vive y deja vivir,
      pero vive como piensas,
      o acabarás pensando como vives.

      Comentario


      • Re: Rincón literario

        De acuerdo contigo, Crimilda, la esencia humana no varìa en tan pocos siglos, y la vida nos sigue dando las mismas lecciones.
        Cuando dices que se rìe para no llorar, me vino a la mente este poema, gracias al cual aprobè "Oratoria", una materia de relleno que tenìamos .
        Habla de un actor còmico inglès.


        REÍR LLORANDO
        Juan de Dios Peza


        Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
        el pueblo al aplaudirle le decía:
        «Eres el mas gracioso de la tierra
        y el más feliz...»
        Y el cómico reía.


        Víctimas del spleen, los altos lores,
        en sus noches más negras y pesadas,
        iban a ver al rey de los actores
        y cambiaban su spleen en carcajadas.

        Una vez, ante un médico famoso,
        llegóse un hombre de mirar sombrío:
        «Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
        como esta palidez del rostro mío.

        »Nada me causa encanto ni atractivo;
        no me importan mi nombre ni mi suerte
        en un eterno spleen muriendo vivo,
        y es mi única ilusión, la de la muerte».

        —Viajad y os distraeréis.
        — ¡Tanto he viajado!
        —Las lecturas buscad.
        —¡Tanto he leído!
        —Que os ame una mujer.
        —¡Si soy amado!
        —¡Un título adquirid!
        —¡Noble he nacido!

        —¿Pobre seréis quizá?
        —Tengo riquezas
        —¿De lisonjas gustáis?
        —¡Tantas escucho!
        —¿Que tenéis de familia?
        —Mis tristezas
        —¿Vais a los cementerios?
        —Mucho... mucho...

        —¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
        —Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
        yo les llamo a los muertos mis amigos;
        y les llamo a los vivos mis verdugos.

        —Me deja —agrega el médico— perplejo
        vuestro mal y no debo acobardaros;
        Tomad hoy por receta este consejo:
        sólo viendo a Garrik, podréis curaros.

        —¿A Garrik?
        —Sí, a Garrik... La más remisa
        y austera sociedad le busca ansiosa;
        todo aquél que lo ve, muere de risa:
        tiene una gracia artística asombrosa.

        —¿Y a mí, me hará reír?
        —¡Ah!, sí, os lo juro,
        él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta?
        —Así —dijo el enfermo— no me curo;
        ¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.

        ¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
        enfermos de pesar, muertos de tedio,
        hacen reír como el actor suicida,
        sin encontrar para su mal remedio!

        ¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
        ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
        porque en los seres que el dolor devora,
        el alma gime cuando el rostro ríe!

        Si se muere la fe, si huye la calma,
        si sólo abrojos nuestra planta pisa,
        lanza a la faz la tempestad del alma,
        un relámpago triste: la sonrisa.

        El carnaval del mundo engaña tanto,
        que las vidas son breves mascaradas;
        aquí aprendemos a reír con llanto
        y también a llorar con carcajadas.
        gracy
        "El lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistò. De esa miel no comen las hormigas"

        Comentario


        • Re: Rincón literario

          ¡Pobre, creía que lo tenía todo!
          No es lo mismo amar, que ser amado. Y dudo que exista esto último sin lo primero.

          Vive y deja vivir,
          pero vive como piensas,
          o acabarás pensando como vives.

          Comentario


          • Re: Rincón literario

            Aparentemente tenia todo, porque eran bienes externos, evidentemente carecìa de equilibrio y paz interior ( se suicidò).
            Como siempre, lo que verdaderamente cuenta està dentro.
            Creo que la capacidad de amar no la poseen todos, pero como el amor es una energìa que cuanto màs se da , màs se tiene y que regresa multiplicada, lo lògico es pensar que quien ama, recibe amor, y por supuesto, es capaz de amar hasta a quien no lo ama.
            gracy
            "El lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistò. De esa miel no comen las hormigas"

            Comentario


            • Re: Rincón literario

              La taberna del puerto es un lugar
              donde van los fracasos a morir,
              hay olor a cerveza y a café,
              a lodo y a carmín.

              La taberna del puerto huele a sal,
              a perfume barato y a placer a marino
              sin rumbo y sin hogar y a besos de papel,
              la taberna del puerto huele a sal.

              La taberna del puerto no es lugar
              para supervivientes del amor,
              hay un sitio vacio que quedó
              perdido frente al mar.

              La taberna del puerto huele a ron,
              a caricia marchita y a soledad,
              a piano dormido en un rincón
              y a ropa sin planchar.



              Os ha gustado?.

              Comentario


              • Re: Rincón literario

                Madre mia!, que hilo mas estupendo!, o...creo que ya te lo dije Crimi..., a mi amiga Gracy: No me he podido resistir por que es uno de mis poetas favoritos , si no MI favorito:
                ELEGIA
                Yo quiero ser llorando el hortelano
                de la tierra que ocupas y estercolas,
                compañero del alma ,tan temprano.

                Alimentando lluvias, caracolas
                y organos ,mi dolor sin instrumento,
                a las desalentadas amapolas
                dare tu corazon por alimento.

                Tanto dolor se agrupa en mi costado,
                que por doler me duele hasta el aliento.
                Un manotazo duro, un golpe helado,
                un hachazo invisible y homicida,
                un empujon brutal te ha derribado.

                No hay extension mas grande que mi herida,
                lloro mi desventura y sus conjuntos,
                y siento mas tu muerte que mi vida.

                Ando sobre rastrojos de difuntos,
                y sin calor de nadie y sin consuelo,
                voy de mi corazon a mis asuntos.

                TEMPRANO LEVANTO LA MUERTE EL VUELO,
                TEMPRANO MADRUGO LA MADRUGADA,
                temprano estas rodando por el suelo.

                No perdono a la muerte enamorada,
                no perdono a la vida desatenta,
                no perdono a la tierra ni a la nada.

                En mis manos levanto una tormenta
                de piedras,rayos y hachas estridentes,
                sedienta de catastrofes y hambrieta.

                Quiero escarbar la tierra con los dientes,
                quiero apartar la tierra parte a parte,
                a dentelladas secas y calientes.

                Quiero minar la tierra hasta encontrarte
                y besarte la noble calavera,
                y desamordarte y regresarte.

                Volveras a mi huerto y a mi higuera:
                Por los altos andamios de las flores,
                pajareara tu alma colmenera,
                de angelicales ceras y labores.

                Volveras al arrullo de las rejas,
                de los enamorados labradores.
                Alegraras la sombra de mis cejas,
                y tu sangre se iran a cada lado,
                disputando tu novia y las abejas.

                Tu corazon, ya terciopelo ajado,
                llama a un campo de almendras espumosas
                mi avariciosa voz de enamorado.

                A las aladas almas de las rosas del almendro
                de nata te requiero,
                que tenemos que hablar de muchas cosas,
                compañero del alma, compañero.

                MIGUEL HERNANDEZ a su amigo Ramon Sijè. 10 de Enero 1936

                La vida, es eso que pasa, mientras hacemos otros planes..." J.Lennon.

                Comentario


                • Re: Rincón literario

                  se me olvido quitar el subrayado.
                  La vida, es eso que pasa, mientras hacemos otros planes..." J.Lennon.

                  Comentario


                  • Re: Rincón literario

                    Siguiendo un poco con los clasicos y para dejar descansar a D. Francisco
                    un poema "muy marinero" de Lope.




                    POBRE BARQUILLA MÍA
                    ¡Pobre barquilla mía,
                    entre peñascos rota,
                    sin velas desvela,
                    y entre las olas sola!

                    ¿Adónde vas perdida?
                    ¿Adónde, di, te engolfas?
                    Que no hay deseos cuerdos
                    con esperanzas locas.

                    Como las altas naves,
                    te apartas animosa
                    de la vecina tierra,
                    y al fiero mar te arrojas.

                    Igual en las fortunas,
                    mayor en las congojas,
                    pequeña en la defensas,
                    incitas a las ondas.

                    Advierte que te llevan
                    a dar entre las rocas
                    de la soberbia envidia,
                    naufragio de las honras.

                    Cuando por las riberas
                    andabas costa a costa,
                    nunca del mar temiste
                    las ira procelosas.

                    Segura navegabas,
                    que por la tierra propia
                    nunca el peligro es mucho
                    adonde el agua es poca.

                    Verdad es que en la patria
                    no es la virtud dichosa,
                    ni se estima la perla
                    hasta dejar la concha.

                    Dirás que muchas barcas
                    con el favor en popa,
                    saliendo desdichadas,
                    volvieron venturosas.

                    No mires los ejemplos
                    de las que van y tornan,
                    que a muchas ha perdido
                    la dicha de las otras.

                    Para los altos mares
                    no llevas, cautelosa,
                    ni velas de mentiras,
                    ni remos de lisonjas.

                    ¿Quién te engañó, barquilla?
                    Vuelve, vuelve la proa:
                    que presumir de nave
                    fortunas ocasiona.

                    ¿Qué jarcias te entretejen?
                    ¿Qué ricas banderolas
                    azote son del viento
                    y de las aguas sombra?

                    ¿ en qué gavia descubres,
                    del árbol alta copa,
                    la tierra en perspectiva,
                    del mar incultas orlas?

                    ¿En qué celajes fundas
                    que es bien echar la sonda,
                    cuando, perdido el rumbo,
                    erraste la derrota?

                    Si te sepulta arena,
                    ¿qué sirve fama heroica?
                    Que nunca desdichados
                    sus pensamientos logran.

                    ¿Qué importa que te ciñan
                    ramas verde o rojas,
                    que en selvas de corales
                    salados césped brota?

                    Laureles de la orilla
                    solamente coronan
                    navíos de alto bordo
                    que jarcias de oro adornan.

                    No quieras que yo sea,
                    por tu soberbia pompa,
                    Faetonte de barqueros
                    que los laureles lloran.

                    Pasaron ya los tiempos
                    cuando, lamiendo rosas,
                    el céfiro bullía
                    y suspiraba aromas.

                    Ya fieros huracanes
                    tan arrogantes soplan
                    que, salpicando estrellas,
                    del sol la frente mojan.

                    Ya los valientes rayos
                    de la vulcana forja,
                    en vez de torres altas,
                    abrasan pobres chozas.

                    Contenta con tus redes,
                    a la playa arenosa
                    mojado me sacabas;
                    pero vivo,¿qué importa?

                    Cuando de rojo nácar
                    se afeitaba la aurora,
                    más peces te llenaban
                    que ella lloraba aljófar.

                    Al bello sol que adoro
                    enjuta ya la ropa,
                    nos daba una cabaña
                    la cama de sus hojas.

                    Esposo me llamaba,
                    yo la llamaba esposa,
                    parándose de envidia
                    la celestial antorcha.

                    Sin pleito, sin disgusto,
                    la muerte nos divorcia;
                    ¡ay de la pobre barca
                    que en lágrima se ahoga!

                    Quedad sobre la arena,
                    inútiles escotas,
                    que no ha menester velas
                    quien a su bien torna.

                    Si con eternas plantas
                    las fijas luces doras,
                    ¡oh dueño de mi barca!,
                    y en dulce paz reposas.

                    Merezca que le pidas
                    al bien que eterno gozas
                    que adonde estás me lleve,
                    más pura y más hermosa.

                    Mi honesto amor te obligue,
                    que no es digna victoria
                    para quejas humanas
                    ser las deidades sordas.

                    Mas, ¡ay!, que no me escuchas.
                    pero la vida es corta:
                    viviendo, todo falta;
                    muriendo, todo sobra.


                    Salud y
                    [FONT="Arial Black"][COLOR="Blue"]prefiero ser marmiton que mirar desde la orilla

                    Comentario


                    • Re: Rincón literario

                      ¿Sabes que, con la tal barquilla, reflejaba a una de sus amantes que le dejaba por otro más pudiente?

                      ¡Qué Lope! ¡Nada que envidiar a nadie!

                      A mis soledades voy,
                      de mis soledades vengo,
                      porque para andar conmigo
                      me bastan mis pensamientos.

                      ¡No sé qué tiene la aldea
                      donde vivo y donde muero,
                      que con venir de mí mismo
                      no puedo venir más lejos!

                      Ni estoy bien ni mal conmigo;
                      mas dice mi entendimiento
                      que un hombre que todo es alma
                      está cautivo en su cuerpo.

                      Entiendo lo que me basta,
                      y solamente no entiendo
                      cómo se sufre a sí mismo
                      un ignorante soberbio.

                      De cuantas cosas me cansan,
                      fácimente me defiendo;
                      pero no puedo guardarme
                      de los peligros de un necio.

                      El dirá que yo lo soy,
                      pero con falso argumento,
                      que humildad y necedad
                      no caben en un sujeto.

                      La diferencia conozco,
                      porque en él y en mí contemplo,
                      su locura en su arrogancia,
                      mi humildad en su desprecio.

                      O sabe naturaleza
                      más que supo en otro tiempo,
                      o tantos que nacen sabios
                      es porque lo dicen ellos.

                      Sólo sé que no sé nada,
                      dixo un filósofo, haciendo
                      la cuenta con su humildad,
                      adonde lo más es menos.

                      No me precio de entendido,
                      de desdichado me precio,
                      que los que no son dichosos,
                      ¿cómo pueden ser discretos?

                      No puede durar el mundo,
                      porque dicen, y lo creo,
                      que suena a vidrio quebrado
                      y que ha de romperse presto.

                      Señales son del jüicio
                      ver que todos le perdemos,
                      unos por carta de más
                      otros por cartas de menos.

                      Dijeron que antiguamente
                      se fue la verdad al cielo;
                      tal la pusieron los hombres
                      que desde entonces no ha vuelto.

                      En dos edades vivimos
                      los propios y los ajenos:
                      la de plata los extraños
                      y la de cobre los nuestros.

                      ¿A quién no dará cuidado,
                      si es español verdadero,
                      ver los hombres a lo antiguo
                      y el valor a lo moderno?

                      Dixo Dios que comería
                      su pan el hombre primero
                      con el sudor de su cara
                      por quebrar su mandamiento,

                      y algunos inobedientes
                      a la vergüenza y al miedo,
                      con las prendas de su honor
                      han trocado los efectos.

                      Virtud y filosofía
                      peregrina como ciegos;
                      el uno se lleva al otro,
                      llorando van y pidiendo.

                      Dos polos tiene la tierra,
                      universal movimiento;
                      la mejor vida el favor,
                      la mejor sangre el dinero.

                      Oigo tañer las campanas,
                      y no me espanto, aunque puedo,
                      que en lugar de tantas cruces
                      haya tantos hombres muertos.

                      Mirando estoy los sepulcros
                      cuyos mármoles eternos
                      están diciendo sin lengua
                      que no lo fueron sus dueños.

                      ¡Oh, bien haya quien los hizo,
                      porque solamente en ellos
                      de los poderosos grandes
                      se vengaron los pequeños!

                      Fea pintan a la envidia,
                      yo confieso que la tengo
                      de unos hombres que no saben
                      quién vive pared en medio.

                      Sin libros y sin papeles,
                      sin tratos, cuentas ni cuentos,
                      cuando quieren escribir
                      piden prestado el tintero.

                      Sin ser pobres ni ser ricos,
                      tienen chimenea y huerto;
                      no los despiertan cuidados,
                      ni pretensiones, ni pleitos.

                      Ni mumuraron del grande,
                      ni ofendieron al pequeño;
                      nunca, como yo, afirmaron
                      parabién, ni pascua dieron.

                      Con esta envidia que digo
                      y lo que paso en silencio,
                      a mis soledades voy,
                      de mis soledades vengo.



                      ¡Qué siglo! Aquí tienes a otro que tal baila (y eso que la poesía no era su fuerte)

                      Al túmulo del Rey Felipe II en Sevilla
                      Voto a Dios que me espanta esta grandeza
                      y que diera un doblón por describilla;
                      porque ¿a quién no sorprende y maravilla
                      esta máquina insigne, esta riqueza?

                      Por Jesucristo vivo, cada pieza
                      vale más de un millón, y que es mancilla
                      que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!,
                      Roma triunfante en ánimo y nobleza.
                      Apostaré que el ánima del muerto
                      por gozar este sitio hoy ha dejado
                      la gloria donde vive eternamente.
                      Esto oyó un valentón, y dijo: "Es cierto
                      cuanto dice voacé, señor soldado.
                      Y el que dijere lo contrario, miente." Y luego, incontinente,
                      caló el chapeo, requirió la espada,
                      miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.


                      D. Miguel, también mucho D. Miguel, como los dos anteriores. A Calderón ya lo hemos visto al principio.

                      Vive y deja vivir,
                      pero vive como piensas,
                      o acabarás pensando como vives.

                      Comentario


                      • Re: Rincón literario

                        Analema, que gusto encontrarte aqui, y ver que tenemos otro gusto en comùn.
                        Ademàs me has sacado de un error, atribuì la frase a Lorca cuando era de Miguel Hernàndez
                        De todas formas, ambos son geniales.
                        gracy
                        "El lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistò. De esa miel no comen las hormigas"

                        Comentario


                        • Re: Rincón literario

                          Gracy, el gusto es común con mucha gente. A mí también me encanta Miguel Hernández que se decía "como el toro nacido para el luto".

                          Pero es que tenemos, en nuestra lengua tantos y tan buenos autores. Uno de los escritores que más me ha gustado leer es Valle-Inclán. ¡Que dominio del idioma castellano! Y eso que era gallego.

                          Cuando leí sus Sonatas me maravilló como algunos autores son capaces de armonizar, tan magistralmente, argumento y lenguaje. Si en su Sonata de estío, tanto la historia como el idioma rezuman luz, acción, ardor, color, sensualidad…


                          “Oyó la respuesta el contramaestre, que pasaba ordenando una maniobra, y con esa concisión dura y franca de los marinos curtidos, sin apartar el pito de los labios ni volver la cabeza, apuntóle:

                          - ¡Cuatro monedas y no seas guaje!...

                          El negro pareció dudar. Asomóse al barandal de estribor y observó un instante el fondo del mar, donde temblaban amortiguadas las estrellas. Veíanse cruzar argentados y fantásticos peces que dejaban tras si estela de fosforescentes chispas y desaparecían confundidos con los rieles de la luna. En la zona de sombra que sobre el azul de las olas proyectaba el costado de la fragata, esbozábase la informe mancha de una cuadrilla de tiburones. El marinero se apartó reflexionando. Todavía volvióse una o dos veces a mirar las dormidas olas, como penetrado de la queja que lanzaban en el silencio de la noche. Picó un cigarro con las uñas, y se acercó:

                          - Cuatro centenes, ¿le apetece a mi amita?

                          La Niña Chole, con ese desdén patricio que las criollas opulentas sienten por los negros, volvió a él su hermosa cabeza de reina india, y en tono tal, que las palabras parecía dormirse cargadas de tedio en el borde de los labios murmuró:

                          - ¿Acabarás?... ¡Sean los cuatro centenes!

                          Los labios hidrópicos del negro esbozaron una sonrisa de ogro avaro y sensual. Seguidamente despojóse de la blusa, desenvainó el cuchillo que llevaba en la cintura y como un perro de Terranova tomóle entre los dientes y se encaramó sobre la borda. El agua del mar relucía aun en aquel torso desnudo que parecía de barnizado ébano. Inclinóse el negrazo sondeando con los ojos el abismo: Luego cuando los tiburones salieron a la superficie, le vi erguirse negro y mitológico sobre el barandal que iluminaba la luna, y con los brazos extendidos echarse de cabeza y desaparecer buceando."

                          La Sonata de otoño usa un lenguaje de tempo lento, desencantado, melancólico, decadente, triste, como la historia que el protagonista de todas ellas (feo, católico y sentimental) nos narra en ese momento…

                          " Llegué hasta su alcoba, que estaba abierta. Allí la oscuridad era misteriosa, perfumada y tibia, como si guardase el secreto galante de nuestras citas. ¡Qué trágico secreto debía guardar entonces! Cauteloso y prudente dejé el cuerpo de Concha tendido en su lecho y me alejé sin ruido. En la puerta quedé irresoluto y suspirante. Dudaba sí volver atrás para poner en aquellos labios helados el beso postrero: resistí la tentación. Fue como el escrúpulo de un místico. Temí que hubiese algo de sacrílego en aquella melancolía que entonces me embargaba. La tibia fragancia de su alcoba encendía en mí, como una tortura, la voluptuosa memoria de los sentidos. Ansié gustar las dulzuras de un ensueño casto y no pude. También a los místicos las cosas más santas les sugestionaban, a veces, los más extraños diabolismos. Todavía hoy el recuerdo de la muerta es para mí de una tristeza depravada y sutil: me araña el corazón como un gato tísico de ojos lucientes. El corazón sangra y se retuerce, y dentro de mí ríe el Diablo que sabe convertir todos los dolores en placer. "

                          Huelga decir que las sonatas de primavera e invierno tienen un ritmo y una acción acorde al título. Supongo que todos los que han leído a este genio piensan lo mismo, que todos sus escritos son, cuanto menos, increíbles.

                          Vive y deja vivir,
                          pero vive como piensas,
                          o acabarás pensando como vives.

                          Comentario


                          • Re: Rincón literario

                            Algo de Jorge Manrique.
                            Solo algunas estrofas, pues es muy largo para copiarlo entero aqui.




                            COPLAS POR LA MUERTE DE SU PADRE

                            Recuerde el alma dormida,
                            avive el seso y despierte
                            contemplando
                            cómo se pasa la vida,
                            cómo se viene la muerte
                            tan callando,
                            cuán presto se va el placer,
                            cómo, después de acordado,
                            da dolor;
                            cómo, a nuestro parecer
                            cualquiera tiempo pasado
                            fue mejor.
                            .................................................. ....................
                            Nuestras vidas son los ríos
                            que van a dar en la mar,
                            que es el morir;
                            allí van los señoríos
                            derechos a se acabar
                            y consumir;
                            allí los ríos caudales,
                            allí los otros medianos
                            y más chicos,
                            y llegados, son iguales
                            los que viven por sus manos
                            y los ricos.

                            .................................................. ...................
                            Este mundo es el camino
                            para el otro, que es morada
                            sin pesar;
                            mas cumple tener buen tino
                            para andar esta jornada
                            sin errar.
                            Partimos cuando nacemos,
                            andamos mientras vivimos,
                            y llegamos
                            al tiempo que fenecemos;
                            así que cuando morimos
                            descansamos.


                            .................................................. ...........................

                            Ved de cuán poco valor
                            son las cosas tras que andamos
                            y corremos,
                            que en este mundo traidor,
                            aun primero que muramos
                            las perdamos:
                            de ellas deshace la edad,
                            de ellas casos desastrados
                            que acaecen,
                            de ellas, por su calidad,
                            en los más altos estados
                            desfallecen.

                            .................................................. .......................


                            Los placeres y dulzores
                            de esta vida trabajada
                            que tenemos,
                            no son sino corredores,
                            y la muerte, la celada
                            en que caemos.
                            No mirando nuestro daño,
                            corremos a rienda suelta
                            sin parar;
                            desque vemos el engaño
                            y queremos dar la vuelta,
                            no hay lugar.

                            .................................................. ..................


                            Esos reyes poderosos
                            que vemos por escrituras
                            ya pasadas,
                            por casos tristes, llorosos,
                            fueron sus buenas venturas
                            trastornadas;
                            así que no hay cosa fuerte,
                            que a papas y emperadores
                            y prelados,
                            así los trata la muerte
                            como a los pobres pastores
                            de ganados.


                            .................................................. ...........

                            Amigo de sus amigos,
                            ¡qué señor para criados
                            y parientes!
                            ¡Qué enemigo de enemigos!
                            ¡Qué maestro de esforzados
                            y valientes!
                            ¡Qué seso para discretos!
                            ¡Qué gracia para donosos!
                            ¡Qué razón!
                            ¡Cuán benigno a los sujetos!
                            ¡A los bravos y dañosos,
                            qué león!

                            .................................................. ...........


                            Después de puesta la vida
                            tantas veces por su ley
                            al tablero;
                            después de tan bien servida
                            la corona de su rey
                            verdadero:
                            después de tanta hazaña
                            a que no puede bastar
                            cuenta cierta,
                            en la su villa de Ocaña
                            vino la muerte a llamar
                            a su puerta,

                            diciendo: "Buen caballero,
                            dejad el mundo engañoso
                            y su halago;
                            vuestro corazón de acero,
                            muestre su esfuerzo famoso
                            en este trago;
                            y pues de vida y salud
                            hicisteis tan poca cuenta
                            por la fama,
                            esfuércese la virtud
                            para sufrir esta afrenta
                            que os llama.

                            .................................................. ......

                            Así, con tal entender,
                            todos sentidos humanos
                            conservados,
                            cercado de su mujer
                            y de sus hijos y hermanos
                            y criados,
                            dio el alma a quien se la dio
                            ¡en cual la dio en el cielo
                            en su gloria,
                            que aunque la vida perdió
                            dejónos harto consuelo
                            su memoria.




                            Salud y
                            [FONT="Arial Black"][COLOR="Blue"]prefiero ser marmiton que mirar desde la orilla

                            Comentario


                            • Re: Rincón literario

                              Coplas a la muerte de mi padre.... mi sicoanalista, cuando muriò mi padre, me dijo que era la prueba de un gran amor.
                              logicamente, esto lo logra un genio de la literatura, por màs amor que se tenga, a mi no me sale.
                              gracy
                              "El lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistò. De esa miel no comen las hormigas"

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                              • Re: Rincón literario

                                Como todo lector compulsivo me gusta conocer la obra, al menos un fragmento, de escritores que han sido famosos por una u otra causa. Por aquello de saber si entiendo su fama de buenos escritores, salvando los intereses creados (ya sabemos que el arte, de cualquier tipo, es subjetivo). Por eso compré en un quiosco de esos de ofertas un librito del Marqués de Sade “Cuentos, historietas y fábulas”. Os traigo dos de sus historietas, que seguro que muchos de vosotros conoceréis.

                                UN OBISPO EN EL ATOLLADERO

                                Resulta bastante curiosa la idea que algunas personas piadosas tienen de las blasfemias. Creen que ciertas letras del alfabeto, ordenadas de una forma o de otra, pueden, en uno de esos sentidos, lo mismo agradar infinitamente al Eterno como, dispuestas en otro, ultrajarle de la forma más horrible, y sin lugar a dudas ese es uno de los más arraigados prejuicios que ofuscan a la gente devota.

                                A la categoría de las personas escrupulosas en lo que respecta a las "b" y a las "f" pertenecía un anciano obispo de Mirepoix, que a comienzos de este siglo pasaba por ser un santo. Cuando un día iba a ver al obispo de Pamiers, su carroza se atascó en los horribles caminos que separan esas dos ciudades: por más que lo intentaron los caballos no podían hacer más.

                                -Monseñor -exclamó al fin el cochero, a punto de estallar-, mientras permanezcas ahí mis caballos no podrán dar un paso.

                                -¿Y por qué no? -contestó el obispo.

                                -Porque es absolutamente necesario que yo suelte una blasfemia y Vuestra Ilustrísima se opone a ello; así, pues, haremos noche aquí si no me lo permite.

                                -Bueno, bueno -contestó el obispo, zalamero, santiguándose-, blasfema, pues, hijo mío, pero lo menos posible.

                                El cochero blasfema, los caballos arrancan, monseñor sube de nuevo... y llegan sin novedad.


                                AGUDEZA GASCONA

                                Un oficial gascón había recibido de Luis XIV una gratificación de ciento cincuenta doblones y, recibo en mano, entra sin hacerse anunciar en casa del señor Colbert, que estaba sentado a la mesa con varios caballeros.

                                -Señores, ¿cuál de vosotros -pregunta con un acento que delataba su patria-, quién, os lo ruego, es el señor Colbert?

                                -Yo, señor -le responde el ministro-. ¿En qué puedo serviros?

                                -Una fruslería, señor. Se trata tan sólo de una gratificación de ciento cincuenta doblones que es preciso que me descontéis en seguida.

                                El señor Colbert, que se da perfecta cuenta de que el personaje se prestaba a la burla, le pide permiso para acabar de cenar y, para que no se impaciente, le ruega que se siente a la mesa con él.

                                -Con mucho gusto -contestó el gascón-, excelente idea, pues no he cenado todavía.

                                Terminada la comida, el ministro, que ha tenido tiempo de prevenir al encargado mayor, dice al oficial que ya puede subir al despacho, que su dinero le espera; el gascón sube... pero no le entregan más que cien doblones.

                                -¿Queréis bromear, señor? -dice al funcionario-. ¿O no veis que mi orden dice ciento cincuenta?

                                -Señor -le contesta el escribiente-, veo perfectamente vuestra orden, pero os descuento cincuenta doblones por la cena.

                                -¡Pardiez, cincuenta doblones! Si en mi posada me cuesta sólo diez sueldos!

                                -Os creo, pero allí no tenéis el honor de cenar con un ministro.

                                -Perfectamente -replica el gascón-, en ese caso, señor, guardároslo todo; mañana traeré a uno de mis amigos y estamos en paz.

                                La respuesta y la broma que le había provocado hicieron reír durante un rato a la corte; se añadieron los cincuenta doblones a la gratificación del gascón, que regresó triunfalmente a su tierra, hizo el elogio de las cenas del señor Colbert, de Versalles y de cómo era allí recompensado el ingenio del Garona.


                                Vive y deja vivir,
                                pero vive como piensas,
                                o acabarás pensando como vives.

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                                • Re: Rincón literario

                                  Las Inquietudes de Shanti Andía.
                                  Se puede leer en este link, pongo dos ejemplos diferentes ya que al contener muchos de ellos grabados, se descuadra el texto una barbaridad.
                                  Para recordar tiempos jóvenes.
                                  www.gutenberg.org/files/12848/12848-h/12848-h.htm

                                  I


                                  SHANTI SE DISCULPA

                                  Las condiciones en que se desliza la vida actual hacen a la mayoría de la gente opaca y sin interés. Hoy, a casi nadie le ocurre algo digno de ser contado. La generalidad de los hombres nadamos en el océano de la vulgaridad. Ni nuestros amores, ni nuestras aventuras, ni nuestros pensamientos tienen bastante interés para ser comunicados a los demás, a no ser que se exageren y se transformen. La sociedad va uniformando la vida, las ideas, las aspiraciones de todos.
                                  Yo, en cierta época de mi existencia, he pasado por algunos momentos difíciles, y el recordarlos, sin duda, despertó en mí la gana de escribir. El ver mis recuerdos fijados en el papel me daba la impresión de hallarse escritos por otro, y este desdoblamiento de mi persona en narrador y lector me indujo a continuar.

                                  VIII


                                  CORRERÍAS DE CHICO

                                  Tanto me habían hablado de la maldad de los chicos, que fuí a la escuela como un borrego que llevan al matadero.
                                  Yo estaba dispuesto a luchar, como Martín Pérez de Irizar, contra cualquier Juan Florin que me atacase, aunque mis fuerzas no eran muchas.
                                  Al principio me puso el maestro entre los últimos, lo que me avergonzó bastante; pero pasé pronto al grupo de los de mi edad.
                                  El maestro, don Hilario, era un castellano viejo que se había empeñado en enseñarnos a hablar y a pronunciar bien. Odiaba el vascuence como a un enemigo personal, y creía que hablar como en Burgos o como en Miranda de Ebro constituía tal superioridad, que toda persona de buen sentido, antes de aprender a ganar o a vivir, debía aprender a pronunciar correctamente.
                                  A los chicos nos parecía una pretensión ridicula el que don Hilario quisiera dar importancia a las cosas de tierra adentro. En vez de hablarnos del Cabo de Buena Esperanza o del Banco de Terranova, nos hablaba de las viñas de Haro, de los trigos de Medina del Campo. Nosotros le temíamos y le despreciábamos al mismo tiempo.
                                  El comprendía nuestro desamor por cuanto constituía sus afectos, y contestaba, instintivamente, odiando al pueblo y a todo lo que era vasco.
                                  Nos solía pegar con furia.
                                  A mí me salvó muchas veces de las palizas la recomendación de mi madre de que no me pegara, porque me encontraba todavía enfermo.
                                  Yo, comprendiendo el partido que podía sacar de mis enfermedades, solía fingir un dolor en el pecho o en el estómago para esquivar los castigos. Me libré muchas veces de los golpes; pero perdí mi reputación de hombre fuerte. «Este chico no vale nada», decian de mí; y hasta hoy creen lo mismo.
                                  Ahora se ríe uno pensando en las marrullerías infantiles; pero si se intenta volver con la imaginación a la época, se comprende que los primeros días de la escuela han sido de los más sombríos y lamentables de la vida.
                                  Después se han pasado tristezas y apuros, ¿quién no los ha tenido? Pero ya la sensibilidad estaba embotada; ya dominaba uno sus nervios como un piloto domina su barco.
                                  Sí; no es fácil que los de mi época, al retrotraerse con la memoria a los tiempos de la niñez, recuerden con cariño las escuelas y los maestros que nos amargaron los primeros años de la existencia.
                                  Esta impresión de la escuela, fría y húmeda, donde se entumecen los pies, donde recibe uno, sin saber casi por qué, frases duras, malos tratos y castigos, esa impresión es de las más feas y antipáticas de la vida.
                                  Es extraño; lo que ha comprendido el salvaje, que el niño, como más débil, como más tierno, merece más cuidado y hasta más respeto que el hombre, no lo ha comprendido el civilizado, y entre nosotros, el que sería incapaz de hacer daño a un adulto, martiriza a un niño con el consentimiento de sus padres.
                                  Es una de las muchas barbaridades de lo que se llama civilización.
                                  A los pocos días de entrar en la escuela entablé amistad con dos chicos que han seguido siendo amigos míos hasta ahora: el uno, José Mari Recalde; el otro, Domingo Zelayeta.
                                  José Mari era hijo de Juan Recalde, el Bravo. Llamaban así a su padre por haber demostrado, repetidas veces, un valor extraordinario; José Mari iba por el mismo camino: se mostraba arrojado y valiente.
                                  El otro chico, Chomin Zelayeta, era hijo de un tornero y vendedor de poleas del muelle.
                                  Chomin se distinguía por su viveza y por su ingenio. El padre era un tipo, hombre enérgico, de carácter fuerte y un poco fosco, que encontraba motivos raros para sus decisiones.
                                  —¿Por qué no se casa usted de nuevo, Zelayeta?—le dijo alguno.
                                  —No, no; ¿para qué? Tendría que hacer mayor la casa, y no me conviene.
                                  Habían querido una vez nombrarle concejal; pero él se opuso con todas sus fuerzas.
                                  —Pero, hombre, ¿por qué no quieres ser concejal?
                                  —Antes me matan—dijo él—que obligarme a llevar una levita de cola de golondrina.
                                  Esta levita, tan aborrecida por Zelayeta, era el frac que, en ciertas solemnidades de Lúzaro, hay la costumbre de que lo vistan los concejales.
                                  Zelayeta, padre, a pesar de sus genialidades y de sus rabotadas, era hombre de tendencia progresiva; le gustaba suscribirse a los libros por entregas, sobre todo para que los leyese su hijo.
                                  Los primeros meses de escuela mi madre me enviaba a la Iñure, a la salida, y aunque la buena vieja no era muy severa conmigo, tenía que marchar a su lado, mientras mis camaradas campaban solos por donde querían.
                                  Después de muchas súplicas y reclamaciones, conseguí libertad para ir y venir a la escuela sin rodrigón vigilante. Mi madre me recomendaba que anduviera por donde quisiera, menos por el muelle, lo cual significaba lo mismo que decirme que fuera a todos lados y a ninguno.
                                  A pesar de sus advertencias, al salir de la escuela echaba a correr hasta las escaleras del muelle.
                                  Otros chicos, en general los de familias terrestres o terráqueas, como dicen algunos en Lúzaro, tenían más afición a ir al juego de pelota; nosotros, los de familia marinera, entre los que nos contábamos Recalde, Zelayeta y yo, nos acercábamos al mar.
                                  Veíamos salir y entrar las barcas; veíamos a los chicos que se chapuzaban, desnudos, en la punta de Cay luce, y a los pescadores de caña haciendo ejercicio de paciencia. Los pescadores nos conocían.
                                  ¡Qué sorpresa cuando aparecía, al final de un aparejo, un pulpo con sus ojos miopes, redondos y estúpidos, su pico de lechuza y sus horribles brazos llenos de ventosas! Tampoco era pequeña la emoción cuando salía enroscada una de esas anguilas grandes, que luchaban valientemente por la vida, o uno de esos sapos de mar, inflados, negros, verdaderamente repugnantes.
                                  Cuando no nos vigilaba nadie nos descolgábamos por las amarras y correteábamos por las gabarras y lanchones, y saltábamos de una barca a otra.
                                  En este punto de la independencia infantil se va ganando terreno velozmente, y yo fuí avanzando en mi camino, con tal rapidez que llegué en poco tiempo a gozar de completa libertad.
                                  Muchas veces dejaba de ir a la escuela con Zelayeta y Recalde. Don Hilario, el maestro, mandaba recados a casa avisando que el día tal o cual no había ido; pero mi madre me disculpaba siempre y, como veía que me iba poniendo robusto y fuerte, hacía la vista gorda.
                                  Los domingos y los días de labor que faltábamos a clase solíamos ir al arenal, nos quitábamos las botas y las medias y andábamos con los pies descalzos.
                                  Recogíamos conchas, trozos de espuma de mar, mangos de cuchillo y piedrecitas negras, amarillas, rosadas, pulidas y brillantes.
                                  Al anochecer saltaban los pulgones en el arenal, y los agujeros redondos del solen echaban burbujas de aire cuando pasaba por encima de ellos la ligera capa de agua de una ola.
                                  Alguna vez logramos ver ese molusco, que nosotros llamábamos en vascuence deituba y que no sé por qué decíamos que solía estrangularse. Para hacerle salir de su escondrijo había que echarle un poco de sal.
                                  El que tenía más suerte para los descubrimientos era Zelayeta; él encontraba la estrella de mar o la concha rara; él veía el pulpo entre las peñas o el delfín nadando entre las olas. Siempre estaba escudriñándolo todo; su padre, por esta tendencia a registrar, le llamaba el carabinero.
                                  Los domingos mi madre comenzó a dejarme andar con los camaradas, después de hacerme una serie de advertencias y recomendaciones.
                                  Ya, teniendo tiempo por delante, no nos contentábamos con ir al arenal; subíamos al Izarra y después íbamos descendiendo a las rocas próximas.
                                  Cuando ya estuvimos acostumbrados a andar entre los peñascos, nos pareció la playa insípida y poco entretenida.
                                  El fin práctico de nuestros viajes a las rocas era coger esos cangrejos grandes y obscuros que aquí llamamos carramarros, y, en otros lados, centollas y ermitaños.
                                  El monte Izarra, a una de cuyas faldas está Lúzaro, forma como una península que separa la entrada del puerto de una ensenada bastante ancha comprendida entre dos puntas: la del Faro y la de las Animas.
                                  El monte Izarra es un promontorio pizarroso, formado por lajas inclinadas, roídas por las olas. Estos esquistos de la montaña se apartan como las hojas de un libro abierto, y avanzan en el mar dejando arrecifes, rocas negras azotadas por un inquieto oleaje, y terminan en una peña alta, negra, de aire misterioso, que se llama Frayburu.
                                  Para hacer nuestras excursiones solíamos reunimos a la mañanita en el muelle, pasábamos por delante del convento de Santa Clara, y por una calle empinada, con cuatro o cinco tramos de escaleras, salíamos a un callejón formado por las tapias de unas huertas. Luego cruzábamos maizales y viñedos y salíamos más arriba, en el monte, a descampados pedregosos con helechos y hayas.
                                  En la punta del Izarra debió de haber en otro tiempo una batería; aun se notaba el suelo empedrado con losas del baluarte y el emplazamiento de los cañones. Cerca existía una cueva llena de maleza, donde solíamos meternos a huronear.
                                  Era un agujero, sin duda hecho en otro tiempo por los soldados de la batería, para guarecerse de la lluvia, y que a nosotros nos servía para jugar a los Robinsones.
                                  El viejo Yurrumendi, un extraño inventor de fantasías, le dijo a Zelayeta que aquella cueva era un antro donde se guarecía una gran serpiente con alas, la Egan suguia. Esta serpiente tenía garras de tigre, alas de buitre y cara de vieja. Andaba de noche haciendo fechorías, sorbiendo la sangre de los niños, y su aliento era tan deletéreo que envenenaba.
                                  Desde que supimos esto, la cueva nos imponía algún respeto. A pesar de ello, yo propuse que quemáramos la maleza del interior. Si estaba la Egan suguia se achicharraría, y si no estaba, no pasaría nada. A Recalde no le pareció bien la idea. Así se consolidan las supersticiones.
                                  La parte alta del Izarra era imponente. Al borde mismo del mar, un sendero pedregoso pasaba por encima de un acantilado cuyo pie estaba horadado y formado por rocas desprendidas. Las olas se metían por entre los resquicios de la pizarra, en el corazón del monte, y se las veía saltar blancas y espumosas como surtidores de nieve.
                                  Algunos chicos no se atrevían a asomarse allí, de miedo al vértigo; a mí me atraía aquel precipicio.
                                  Allá abajo, en algunos sitios, las piedras escalonadas formaban como las graderías de un anfiteatro. En los bancos de este coliseo natural quedaban, al retirarse la marea, charcos claros, redondos, pupilas resplandecientes que reflejaban el cielo.
                                  El mismo Yurrumendi aseguraba, según Zelayeta, que aquellas gradas estaban hechas para que las sirenas pudieran ver desde allá las carreras de los delfines, las luchas de los monstruos marinos que pululan en el inquieto imperio del mar.
                                  El agua, verde y blanca, saltaba furiosa entre las piedras; las olas rompían en lluvia de espuma, y avanzaban como manadas de caballos salvajes, con las crines al aire.
                                  Lejos, a media milla de la costa, como el centinela de estos arrecifes, se levantaba la roca de aspecto trágico, Frayburu.
                                  Los pescadores decían que enfrente de Frayburu, el monte Izarra tenía una gran cavidad, una enorme y misteriosa caverna.
                                  Pasada esta parte, el Izarra se cortaba en un acantilado liso, pared negra y pizarrosa, veteada de blanco y de rojo, en cuyas junturas y rellanos nacían ramas y hierbas salvajes.
                                  Aquí, el mar de mucho fondo era menos agitado que delante de los arrecifes.
                                  Cuando ya bajaba el camino, se veía la playa de las Animas, entre la punta del Faro y otro promontorio lejano. Sobre el arenal de la playa se levantaban dunas tapizadas de verde, y las casitas esparcidas de la barriada de Izarte, echando humo.
                                  Ya cerca de la punta del Faro abandonábamos el camino para meternos entre las rocas. Había por allí agujeros como chimeneas, que acababan en el mar. En algunas de estas simas se sentía el viento, que movía las florecillas de la entrada; en otras se oía claramente el estrépito de las olas.
                                  Saltábamos de peña en peña, y solíamos avanzar hasta los peñascos más lejanos; pero cuando comenzaba a subir la marea teníamos que correr, huyendo de las olas, y a veces descalzarnos y meternos en el agua.
                                  En la marea baja, entre las rocas cubiertas de líquenes, solían verse charcos tranquilos, olvidados al retirarse el mar. Muchas horas he pasado yo mirando estos aguazales. ¡Con qué interés!¡Con qué entusiasmo!
                                  Bajo el agua transparente se veía la roca carcomida, llena de agujeros, cubierta de lapas. En el fondo, entre los líquenes verdes y las piedrecitas de colores, aparecían rojos erizos de mar cuyos tentáculos blandos se contraían al tocarlos. En la superficie flotaba un trozo de hierba marina, que al macerarse en el agua, quedaba como un ramito de filamentos plateados, una pluma de gaviota o un trozo de corcho. Algún pececillo plateado pasaba como una flecha, cruzando el pequeño océano, y de cuando en cuando el gran monstruo de este diminuto mar, el cangrejo, salía de su rincón, andando traidoramente de lado, y su ojo enorme inspeccionaba sus dominios buscando una presa.
                                  Algunos de estos charcos tenían sus canales para comunicarse unos con otros, sus ensenadas y sus golfos; viéndolos, yo me figuraba que así, en gran tamaño, serían los océanos del mundo.
                                  En los recodos de las peñas donde se amontonaban las algas y se secaban al sol, me gustaba también estar sentado; ese olor fuerte de mar me turbaba un poco la cabeza, y me producía una impresión excitante como la del aroma de un vino generoso.
                                  Las horas se nos pasaban entre las rocas, en un vuelo; casi siempre yo llegaba tarde a casa.
                                  Muchos domingos el tiempo nos fastidiaba; comenzaba a llover de una manera desastrosa, y mi madre no me dejaba salir. Le acompañaba a Aguirreche, comíamos en casa de mi abuela y pasábamos la tarde allí. ¡Qué aburrimiento!
                                  Se formaba una tertulia de señoras respetables, entre las que había dos o tres viudas de capitanes y pilotos, y al anochecer se tomaba chocolate.
                                  ...Y yo oía la charla continua, en vascuence, de las amigas de mi abuela, y veía con desesperación el caer de la lluvia continua y monótona, y escuchaba el ruido de los chorros de agua que caían de los canalones a chocar en las aceras.
                                  Editado por última vez por Chiqui; 02/03/2009, 18:38:11.
                                  Avrei voglia di correre all’infinito

                                  e vedermi arrivare sempre prima di me
                                  e

                                  Avrei tanta voglia di te

                                  B. Costa

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                                  • Re: Rincón literario

                                    Es curioso, a todos parece gustarnos la lírica más que la prosa (al menos en este hilo). Sin embargo, se venden muchos menos libros de poesía (en comparación, se entiende). Vamos con otro de nuestros poetas: Dámaso Alonso.

                                    SOLO

                                    Como perro sin amo, que no tiene
                                    huella ni olfato, y yerra
                                    por los caminos...
                                    Antonio Machado

                                    Hiéreme. Sienta
                                    mi carne tu caricia destructora.


                                    Desde la entraña se eleva mi grito,
                                    y no me respondías. Soledad
                                    absoluta. Solo. Solo.


                                    Sí, yo he visto estos canes errabundos,
                                    allá en las cercas últimas,
                                    jadeantes huir a prima noche,
                                    y esquivar las cabañas
                                    y el sonoro redil, donde mastines
                                    más dichosos, no ignoran
                                    ni el duro pan ni el palo del pastor.


                                    Pero ellos huyen,
                                    hozando por las secas torrenteras,
                                    venteando luceros, y si buscan
                                    junto a un tocón del quejigal yacija,
                                    pronto otra vez se yerguen:
                                    se yerguen y avizoran la hondonada
                                    de las sombras, y huyen
                                    bajo la indiferencia de los astros,
                                    entre los cierzos finos.


                                    Oh, sí, yo tengo miedo
                                    a la absoluta soledad.
                                    Miedo a tu soledad. Sienta tu garra,
                                    tu beso de furor. Lo necesito
                                    como un perro el castigo de su amo.
                                    Mira:
                                    soy hombre, y estoy solo.


                                    ORACIÓN POR LA BELLEZA DE UNA MUCHACHA

                                    Tú le diste esa ardiente simetría
                                    de los labios, con brasa de tu hondura,
                                    y en dos enormes cauces de negrura,
                                    simas de infinitud, luz de tu día;


                                    esos bultos de nieve, que bullía
                                    al soliviar del lino la tersura,
                                    y, prodigios de exacta arquitectura,
                                    dos columnas que cantan tu armonía.


                                    Ay, tú, Señor, le diste esa ladera
                                    que en un álabe dulce se derrama,
                                    miel secreta en el humo entredorado.


                                    ¿A qué tu poderosa mano espera?
                                    Mortal belleza eternidad reclama.
                                    ¡Dale la eternidad que le has negado!

                                    Vive y deja vivir,
                                    pero vive como piensas,
                                    o acabarás pensando como vives.

                                    Comentario


                                    • Re: Rincón literario

                                      Por si no se lee bien en el azulejo del hilo de los barcos, lo copio aquí.

                                      A LOS VELOCES VELEROS DE LUARCA.

                                      Puñal de agua que rasga y abre en vía
                                      el asturiano campo enverdecido,
                                      y en lírico paisaje, así partido:
                                      Luarca, piedra y ola en armonía.

                                      La gente de tu orilla se gloria
                                      de haber domado al mar embravecido.
                                      El viento por tus velas fue vencido
                                      y el tritón a tus naves de rendía.

                                      Encontrando tus ámbitos pequeños,
                                      trenzaron linos y labraron leños,
                                      ala y quilla que al que al globo entero enarca.

                                      Y, de un polo a otro polo, en anchos mares
                                      dieron fama a tus hombres y a tus lares
                                      los veloces veleros de Luarca.

                                      J.E. Casariego

                                      Vive y deja vivir,
                                      pero vive como piensas,
                                      o acabarás pensando como vives.

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                                      • Re: Rincón literario

                                        Mas fotos en Flickr

                                        Seccion de Joyeria

                                        Mis Paseos Nocturnos por el muelle...

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                                        • Re: Rincón literario

                                          Aportando mi granito de arena para esta pequeña gran biblioteca con un pequeño párrafo que me ha puesto muchas veces las pilas en la universidad cada vez que me "ausentaba" de mis quehaceres...

                                          Un pequeño párrafo de D. Edgar Allan Poe.-

                                          ….
                                          Tenemos ante nosotros una tarea que realizar y hemos de llevarla a cabo rápidamente. Sabemos que demorarla causará nuestra ruina. La más importante crisis de nuestra vida reclama, a golpe de trompeta, energía y acción inmediatas. Ardemos de impaciencia, nos consume el ansia de comenzar el trabajo, nuestras almas se inflaman con el goce anticipado del glorioso resultado. Cebemos, deberíamos acometer hoy la tarea y, no obstante, la aplazamos para el día siguiente. ¿Y por qué? No hay respuesta, como no sea que nos parece perverso, utilizando la palabra sin comprender el principio. Llega el día siguiente y con él una más impaciente ansiedad por cumplir nuestro deber, pero con esa acrecentada ansiedad llega, también, un deseo innominado y absolutamente pavoroso por impenetrable, de demorarlo de nuevo. Este deseo gana fuerza a medida que pasa el tiempo. La última hora para emprender la acción está en puertas. Temblamos por la violencia del conflicto que se libra dentro de nosotros –de sombra--, pero si la lucha ha alcanzado ese punto, es la sombra la que prevalece… nosotros pugnamos ya en vano. El reloj suena y sus sones son el toque de difuntos de nuestra felicidad. Y son a la vez también el canto que ahuyenta el fantasma que nos ha atemorizado tanto tiempo. El fantasma escapa, desaparece… estamos libres. Renace la vieja energía. Ahora trabajaremos. Pero, ¡ay, es demasiado tarde!
                                          ….
                                          El demonio de lo perverso


                                          Soy pirata porque no tengo más que un barco. si tuviera una flota, sería un conquistador.


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                                          • Re: Rincón literario

                                            Quería poneros un fragmento de una absorbente, original y curiosa novela policíaca “El misterio de la carretera de Sintra”, pero como no he encontrado en la red el fragmento que buscaba y estoy vaga para escribirlo, os pongo un trozo de otra obra del autor (un escritor bastante crítico e irónico con la sociedad de su tiempo y país y al que muchos conoceréis), que también es representativa de su originalidad.


                                            De un modo sobrenatural llegó a mí la noticia de la existencia de este papel, donde una pobre horca podrida y negra relataba algunas cosas de su historia. Esta horca procuraba escribir sus trágicas Memorias. Debían ser profundos testimonios sobre la vida. Como árbol, nadie conocía tan bien el misterio de la Naturaleza; como horca, nadie conocía mejor al hombre. Nadie puede ser tan espontáneo y genuino como el hombre que se retuerce al extremo de una cuerda, ¡a no ser ese otro que se le sube a los hombros! Por desgracia, la pobre horca se pudrió y murió.

                                            Entre los apuntes que dejó, los menos completos son estos que transcribo, resumen de sus dolores, vaga apariencia de gritos instintivos. ¡Si ella hubiera podido escribir su vida compleja, llena de sangre y de tristezas! Es hora de que sepamos, por fin, cual es la opinión que la vasta Naturaleza, montes, árboles y aguas, tiene del hombre imperceptible. Tal vez este sentimiento me lleve algún día a publicar papeles que guardo avaramente y que son las Memorias de un átomo y las Notas de viaje de una raíz de ciprés.

                                            Así discurre el fragmento que copio y que es, tan sólo, el prólogo de las Memorias:

                                            «Pertenezco a una antigua estirpe de robles, raza austera y fuerte, que ya en la antigüedad dejaba caer de sus ramas pensamientos para Platón. Era una familia hospitalaria e histórica: ella había dado vida a navíos para la ruta tenebrosa de las Indias, lanzas para los alucinados de las Cruzadas y vigas para los techos sencillos y aromáticos que cobijaron a Savonarola, Spinoza y Lutero. Mi padre, olvidando las altas tradiciones sonoras y su linaje vegetal, tuvo una vida inerte y profana. No respetaba las morales antiguas, ni la ideal tradición religiosa, ni los deberes de la Historia. Era un árbol materialista. Lo habían pervertido los enciclopedistas de la vegetación. ¡Carecía de fe, de alma, de dios! Profesaba la religión del sol, de la savia y del agua. Era el gran libertino de la selva pensante. En verano no bien sentía la fermentación vívida de las savias, cantaba agitándose al sol, cobijaba los grandes conciertos de pájaros bohemios, escupía la lluvia sobre el pueblo encorvado y humilde de las hierbas y de las plantas, y por la noche, en el abrazo de las hiedras lascivas, roncaba bajo el silencio estelar. ¡Cuando llegaba el invierno, con la pasividad animal de un mendigo, alzaba hacia la impasible ironía del azul sus brazos flacos y suplicantes!

                                            »Por eso nosotros, sus hijos, no fuimos felices en la vida vegetal. Uno de mis hermanos fue llevado para convertirse en tablado de payasos; ¡rama contemplativa y romántica, todas las noches iba a ser pisada por la burla, por el escarnio, por la farsa, por el hambre! La otra rama, llena de vida, de sol, de polvo, recia, solitaria de la vida, luchadora contra los vientos y las nieves, fue arrancada de nosotros, ¡para ir a ser cuaderna de una barca! ¡Yo, el más digno de lástima, acabé en horca!

                                            »Desde pequeño fui triste y compasivo. Tenia grandes amistades en la selva. Yo sólo quería el bien, la risa, la sana dilatación de las fibras y de las almas. El rocío que me humedecía de noche lo lanzaba a unas pobres violetas que vivían debajo de nosotros, dulces muchachitas dolientes, melancólicas, condensadas y vivas de la gran alma silenciosa de la vegetación. Cobijaba a todos los pájaros en víspera de temporales. Era yo quien recibía la furia de la lluvia. Venía ella con los cabellos desgreñados, ¡perseguida, mordida, quebrantada por el viento! Le abría mis ramas y mis hojas y la ocultaba allí, al calor de la savia. El viento pasaba, confundido e imbécil. Entonces la pobre lluvia, que lo veía alejarse, silbando lascivo, se dejaba caer en silencio por el tronco, gota a gota, para que el viento no la oyese, ¡e iba, a rastras, entre la hierba, a unirse con su alma madre el Agua!...

                                            Jose María Eça de Queiroz (1845-1900).- “Memorias de una horca “
                                            Vive y deja vivir,
                                            pero vive como piensas,
                                            o acabarás pensando como vives.

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                                            • Re: Rincón literario

                                              Hola a todos/as.
                                              LLevaba unos dias sin leeros-mucho lio- y estoy ya un par de horas saboreando lo ultimo que habeis escrito.
                                              Crimi, es cierto que se nos nota mas tendencia a la lirica, genero que esta hoy un poco apartado, al menos en el Taller que desarrollo a dia de hoy, la gente me pide, narrativa-prosa-. Y aqui en el foro una vez mas salta la sorpresa, para mi lo es, de ese... ardor por la poseia .
                                              A menudo en mi cabeza da vueltas este poema de Salinas que aprendi en el Instituto y me encanta, claro, con quince años....
                                              Dime tu nombre, sombra
                                              en esta hora en que apenas clarea,
                                              y si no tienes nombre de tu paso,
                                              dejame alguna huella,
                                              porque en la leve herida que me has hecho,
                                              la sangre ya se seca y mis labios se cierran
                                              sin nombrarte por no saber quien eras.
                                              Si eras tu ,de verdad,
                                              ¿por que no vuelves de nuevo a la pelea?.
                                              Si eras solo la mascara de un nombre : mejor es que no vuelvas.

                                              Si he omitido alguna linea o algun posesivo no esta usado debidamente , es que la he escrito de memoria. Besotes para todos y unos cafes.
                                              La vida, es eso que pasa, mientras hacemos otros planes..." J.Lennon.

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                                              • Re: Rincón literario

                                                Quise decir: ardor por la [B]POESIA[B],que fallo!! .
                                                La vida, es eso que pasa, mientras hacemos otros planes..." J.Lennon.

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                                                • Re: Rincón literario

                                                  Leopoldo Maria Panero


                                                  Poeta, narrador y ensayista español nacido en Madrid en 1948.
                                                  Hijo del poeta Leopoldo Panero y hermano de Juan Luis Panero, también poeta, mostró desde muy pequeño su interés por la poesía. A los dieciseis años, fascinado por la izquierda radical, ingresó al entonces prohibido Partido Comunista, cuya militancia le valió su primera estancia en prisión.
                                                  Inició su carrera como poeta de la mano del maestro Pere Gimferrer, sin embargo, su vida fue trastornada por el alcoholismo, la depresión y dos intentos de suicidio antes de cumplir los ventiún años. Padece una esquizofrenia que lo mantiene internado por voluntad propia en un pabellón psiquiátrico, donde mantiene vivo su interés por la literatura.
                                                  Autor de una importante obra, está considerado como uno de los poetas más importantes de España. Su primer libro «Por el camino de Swan» en 1968, fue el inicio de una cadena de publicaciones entre las que vale la pena destacar «Así se fundó Carnaby Street» 1970, «En Teoría» 1973, «Narciso en el acorde último de las flautas» 1979, «Dioscuros» 1982, «Poemas del manicomio de Mondragón» 1987 y «Heroína y otros poemas» 1992. ©

                                                  EL NOI DEL SUCRE

                                                  Tengo un idiota dentro de mí, que llora,
                                                  que llora y que no sabe, y mira
                                                  sólo la luz, la luz que no sabe.
                                                  Tengo al niño, al niño bobo, como parado
                                                  en Dios, en un dios que no sabe
                                                  sino amar y llorar, llorar por las noches
                                                  por los niños, por los niños de falo
                                                  dulce, y suave de tocar, como la noche.
                                                  Tengo a un idiota de pie sobre una plaza
                                                  mirando y dejándose mirar, dejándose
                                                  violar por el alud de las miradas de otros, y
                                                  llorando, llorando frágilmente por la luz.
                                                  Tengo a un niño solo entre muchos, as
                                                  a beaten dog beneath the hail, bajo la lluvia, bajo
                                                  el terror de la lluvia que llora, y llora,
                                                  hoy por todos, mientras
                                                  el sol se oculta para dejar matar, y viene
                                                  a la noche de todos el niño asesino
                                                  a llorar de no se sabe por qué, de no saber hacerlo
                                                  de no saber sino tan sólo ahora
                                                  por qué y cómo matar, bajo la lluvia entera,
                                                  con el rostro perdido y el cabello demente
                                                  hambrientos, llenos de sed, de ganas
                                                  de aire, de soplar globos como antes era, fue
                                                  la vida un día antes
                                                  de que allí en la alcoba de
                                                  los padres perdiéramos la luz.






                                                  HIMNO A SATÁN


                                                  «Ten piedad de mi larga miseria»

                                                  Le fleurs du mal
                                                  Charles Baudelaire

                                                  Tú que eres tan sólo
                                                  una herida en la pared
                                                  y un rasguño en la frente
                                                  que induce suavemente a la muerte:
                                                  tú ayudas a los débiles
                                                  mejor que los cristianos
                                                  tú vienes de las estrellas
                                                  y odias esta tierra
                                                  donde moribundos descalzos
                                                  se dan la mano día tras día
                                                  buscando entre la mierda
                                                  la razón de su vida;
                                                  yo que nací del excremento
                                                  te amo
                                                  y amo posar sobre tus manos delicadas mis heces.
                                                  Tu símbolo es el ciervo
                                                  y el mío la luna:
                                                  que caiga la lluvia sobre
                                                  nuestras faces
                                                  uniéndonos en un abrazo
                                                  silencioso y cruel en que
                                                  como el suicidio, sueño
                                                  sin ángeles ni mujeres
                                                  desnudo de todo
                                                  salvo de tu nombre
                                                  de tus besos en mi ano
                                                  y tus caricias en mi cabeza calva
                                                  rociaremos con vino, orina y sangre
                                                  las iglesias
                                                  regalo de los magos
                                                  y debajo del crucifijo
                                                  aullaremos.


                                                  "Poemas del manicomio de Mondragón"

                                                  A mi personalmente me encandila y a la vez me impacta cada vez que le leo, ire poniendo alguno de vez en cuando.


                                                  Salud y
                                                  [FONT="Arial Black"][COLOR="Blue"]prefiero ser marmiton que mirar desde la orilla

                                                  Comentario


                                                  • Re: Rincón literario

                                                    Pues… que quieras que te diga, Urtzi, será por la edad -y puede que mi condición de mujer-, pero no me dice nada la poesía de este hombre (aunque debo reconocer que no lo he leído mucho, quizás porque no me engancha). Hace ya demasiado tiempo que dejé las flores del mal, a pesar de la atracción tan poderosa que sentía por ellas a mis 20 años:

                                                    EL AMOR Y EL CRÁNEO

                                                    El amor se ha sentado en el cráneo
                                                    de la humanidad
                                                    y en este trono el profano
                                                    de risa descarada,

                                                    sopla alegremente burbujas redondas
                                                    que suben en el aire,
                                                    como para juntar los mundos
                                                    al fondo del éter.

                                                    El globo luminoso y frágil
                                                    toma un gran vuelo,
                                                    estalla y escupe su alma tenue
                                                    como un sueño de oro.

                                                    Oigo el cráneo en cada burbuja
                                                    rogar y gemir:
                                                    "Este juego feroz y ridículo,
                                                    ¿cuándo ha de terminar?

                                                    Pues lo que tu boca cruel
                                                    esparce en el aire,
                                                    monstruo asesino, es mi cerebro.
                                                    ¡Mi sangre y mi carne!"


                                                    Y ahora, si busco misticismo y el sentido de la vida (cosa poco frecuente en una vieja agnóstica, que cree más bien en el absurdo de la vida) prefiero mil veces estos armoniosos versos, aunque ya no estén de moda:

                                                    Cántico espiritual
                                                    1
                                                    Adónde te escondiste,
                                                    amado, y me dejaste con gemido?
                                                    Como el ciervo huiste,
                                                    habiéndome herido;
                                                    salí tras ti, clamando, y eras ido.

                                                    Pastores, los que fuerdes
                                                    allá, por las majadas, al otero,
                                                    si por ventura vierdes
                                                    aquél que yo más quiero,
                                                    decidle que adolezco, peno y muero.

                                                    Buscando mis amores,
                                                    iré por esos montes y riberas;
                                                    ni cogeré las flores,
                                                    ni temeré las fieras,
                                                    y pasaré los fuertes y fronteras.

                                                    ¡Oh bosques y espesuras,
                                                    plantadas por la mano del amado!
                                                    ¡Oh prado de verduras,
                                                    de flores esmaltado,
                                                    decid si por vosotros ha pasado!

                                                    …. 9
                                                    ¿Por qué, pues has llagado
                                                    aqueste corazón, no le sanaste?
                                                    Y pues me le has robado,
                                                    ¿por qué así le dejaste,
                                                    y no tomas el robo que robaste?

                                                    Apaga mis enojos,
                                                    pues que ninguno basta a deshacellos,
                                                    y véante mis ojos,
                                                    pues eres lumbre dellos,
                                                    y sólo para ti quiero tenellos.

                                                    ¡Oh cristalina fuente,
                                                    si en esos tus semblantes plateados,
                                                    formases de repente
                                                    los ojos deseados,
                                                    que tengo en mis entrañas dibujados!

                                                    … 14
                                                    ¡Mi amado, las montañas,
                                                    los valles solitarios nemorosos,
                                                    las ínsulas extrañas,
                                                    los ríos sonorosos,
                                                    el silbo de los aires amorosos;

                                                    la noche sosegada,
                                                    en par de los levantes de la aurora,
                                                    la música callada,
                                                    la soledad sonora,
                                                    la cena que recrea y enamora;


                                                    … 27

                                                    Allí me dio su pecho,
                                                    allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
                                                    y yo le di de hecho
                                                    a mí, sin dejar cosa;
                                                    allí le prometí de ser su esposa.

                                                    Mi alma se ha empleado,
                                                    y todo mi caudal, en su servicio;
                                                    ya no guardo ganado,
                                                    ni ya tengo otro oficio,
                                                    que ya sólo en amar es mi ejercicio.

                                                    Pues ya si en el ejido
                                                    de hoy más no fuere vista ni hallada,
                                                    diréis que me he perdido;
                                                    que andando enamorada,
                                                    me hice perdidiza, y fui ganada…

                                                    Pero, afortunadamente, hay gustos distintos y el arte es siempre subjetivo, sino el mundo sería muy aburrido.


                                                    Vive y deja vivir,
                                                    pero vive como piensas,
                                                    o acabarás pensando como vives.

                                                    Comentario

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