La Taberna del Puerto

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-   -   Rincón literario (https://foro.latabernadelpuerto.com/showthread.php?t=28301)

Crimilda 06-12-2009 22:14

Re: Rincón literario
 
Lo tenía totalmente olvidado, sigo con lo prometido.

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Se manifiesta en la decadencia de la agricultura y en la población urbana sin trabajo a la que se aplaca a fuerza de darle pan y circo, una población cuya vida contrastaba dramáticamente, terriblemente, con la de las altivas familias senatoriales y los grandes terratenientes en sus villas palatinas y sus casas de la ciudad. Se manifiesta en las fes místicas que se erigen sobre las ruinas de la filosofía, y en la superstición (sobre todo la astrología) que se instala sobre las ruinas de la razón. Una religión en particular se hizo poderosa empuñando su libro sagrado y dirigiéndose con palabras de esperanza a las víctimas de la injusticia social; pero, aunque consiguió traer consuelo para los individuos, no pudo hacer nada, y de hecho ni lo intentó, por dar nueva fuerza o inspiración a la civilización acosada por las dificultades. Fiel a su propio etos, se mostró imparcial entre bárbaros y romanos, o entre los romanos que prosperaban y gobernaban y los que carecían de privilegios.

La manifestación más obvia del declive de la sociedad romana era la disminución del número de Ciudadanos. El imperio había empezado a despoblarse mucho antes de finalizar el período de paz y prosperidad que duró de Augusto a Marco Aurelio. ¿Acaso el propio Augusto no hace comparecer al pobre hombre de Fiésole que tiene una familia de ocho hijos, treinta y seis nietos y dieciocho bisnietos, y organiza en su honor una fiesta en el Capitolio, acompañada de mucha publicidad? ¿Acaso Tácito, medio antropólogo y medio Rousseau, describiendo al noble salvaje con el ojo puesto en sus conciudadanos, no comenta que entre los germanos se considera vergonzoso limitar el número de hijos? La larga duración de las leyes que dictó Augusto para elevar la tasa de natalidad es significativa; éxito no lo tuvieron, pero el hecho de que se mantuvieran en el código de leyes, con revisiones y ampliaciones sistemáticas, durante tres siglos demuestra que, como mínimo, se las consideraba necesarias. Cierto es, por supuesto, que la tasa de mortalidad era en aquellos tiempos un factor mucho más importante que en los nuestros, y la mortalidad causada por la peste y las guerras civiles, a partir de Marco Aurelio, fue excepcional. Y es evidente que la proporción de célibes era elevada en el imperio romano y que seguía registrándose el descenso de la fertilidad de los matrimonios. Es el matrimonio sin hijos, el sistema de la pequeña familia, lo que deploran los autores de la época. Como dijo Seeley: «La cosecha humana fue mala.» Fue mala en todas las clases, pero el descenso fue más acentuado en los estratos superiores, los más educados, los más civilizados, los líderes potenciales de la raza. Citando las terribles palabras de Swift, al enfrentarse a su propia locura, el imperio romano habría podido exclamar: «Moriré como un árbol... de la copa hacia abajo.»

¿Por qué (la pregunta insistente se hace obligada) perdió esta civilización la facultad de reproducirse? ¿Fue, como dijo Polibio, porque la gente prefería las diversiones a los hijos o deseaba criar a sus hijos cómodamente? Nada de eso, ya que aparece más acentuada entre los ricos que entre los pobres y aquéllos pueden tenerlo todo. ¿Fue porque la gente estaba desanimada y descorazonada, ya no creía en su propia civilización y era reacia a traer hijos a las tinieblas y al desastre de su mundo destruido por la guerra? No lo sabemos. Pero podemos ver la relación del descenso demográfico con los otros males del imperio: el fuerte coste de la administración relativamente más oneroso cuando la densidad demográfica es baja; los campos abandonados, las legiones menguantes e insuficientes para proteger la frontera.

Para curar esta enfermedad de la población, los gobernantes romanos no conocían otro procedimiento que administrarle dosis de vigor bárbaro. Sólo una pequeña inyección para empezar y luego más y más hasta que al final la sangre que corría por sus venas no era romana, sino bárbara. Y entraron los germanos para colonizar las fronteras, para labrar los campos, para alistarse primero en los cuerpos auxiliares y luego en las legiones, para desempeñar los importantes cargos del estado. El ejército se vuelve bárbaro, y un autor moderno el señor Moss, ha citado de forma harto acertada la queja de la madre egipcia que pide a voces que le devuelvan a su hijo que (dice ella) se ha ido con los bárbaros: quiere decir que se ha alistado en las legiones romanas. Las legiones se vuelven bárbaras y vuelven bárbaro al emperador, Para ellas el emperador ya no es la encarnación majestuosa, de la ley, sino su líder, su Führer, y lo alzan sobre sus escudos. Y al lado de la «barbarización» del ejército se produce también la de las costumbres civiles. En el año 397 Honorio tiene que publicar un edicto prohibiendo que se vista a la usanza germánica dentro de los límites de Roma. Y al final, medio bárbaros ellos mismos, no tienen más que bárbaros que los defiendan de la barbarie.

.../

Mar Piscinosa 14-12-2009 19:05

Re: Rincón literario
 
¡Que barbaridad Crimilda!
Como te da el tiempo para tanto.Sigo con gran aficion tu hilo de LOS GRANDES MARINEROS ESPAÑOLES DEL XVIII versus NELSON Y CIA y ahora apareces comandando el Rincon Literario .Felicidades
FELIZ NAVIDAD A TODOS:cid5::cid5::cid5:

Crimilda 16-12-2009 20:12

Re: Rincón literario
 
Cita:

Originalmente publicado por Mar Piscinosa (Mensaje 718713)
¡Que barbaridad Crimilda!
Como te da el tiempo para tanto.Sigo con gran aficion tu hilo de LOS GRANDES MARINEROS ESPAÑOLES DEL XVIII versus NELSON Y CIA y ahora apareces comandando el Rincon Literario .Felicidades
FELIZ NAVIDAD A TODOS:cid5::cid5::cid5:

Pues pásate por este otro hilo, verás como te gusta.

:brindis:

Crimilda 16-12-2009 20:15

Re: Rincón literario
 
/...

Éste era el panorama general de una civilización en ruinas en la que vivían los romanos de los siglos IV, V Y VI, ¿Cómo sería, pues, vivir cuando la civilización se estaba viniendo abajo ante las fuerzas de la barbarie? ¿Se daba cuenta la gente de lo que estaba pasando? ¿La lobreguez de la Edad de las Tinieblas proyectó su sombra antes? Da la casualidad de que podemos responder de forma muy clara a estas preguntas si clavamos los ojos en una parte concreta del imperio, la famosa y civilizadísima provincia de la Galia. Podemos ver la decadencia en tres momentos porque en tres siglos consecutivos, autores galorromanos nos han dejado una crónica de su vida y de su tiempo. En el siglo IV tenemos a Ausonio; en el V, a Sidonio Apolinar; en el VI, a Gregorio de Tours y a Fortunato, forastero procedente de Italia que se estableció en Poitiers. Nos muestran la Auvernia y el Bordelés a la luz del atardecer. Los siglos IV, V y VI… ¡a la una, a las dos, a las tres!


2. AUSONIO

iA la una! Éste es el mundo de Ausonio, el sudoeste de Francia en la segunda mitad del siglo IV, «un veranillo de San Martín entre las eras de tempestad y destrucción». El propio Ausonio es un estudioso y un caballero, amigo por igual del pagano Simaco y de san Paulino de Nola. Durante treinta años es profesor de retórica en la universidad de Burdeos, durante algún tiempo preceptor de un príncipe, prefecto pretorio de la Galia, cónsul y, en sus últimos años, simplemente un anciano satisfecho que vive en sus fincas. Su poema más famoso es una descripción de la Mosela que, pese a sus muestras de afectación literaria, evoca de modo harto mágico los risueños paisajes que fueron el telón de fondo de la vida de su autor. Muy por encima del río, a una y otra orilla, se alzan las villas y casas de campo, con sus patios y céspedes y pórticos sostenidos por columnas, y las termas desde las que, si lo deseas, puedes zambullirte en el río. La ladera soleada aparece cubierta de vides, y desde ella hasta la cima los agricultores se llaman unos a otros y al viajero que anda por el camino de sirga o a los gabarreros que pasan flotando, gritan sus bromas groseras a los viñadores que holgazanean. A lo lejos, en medio del río, el pescador arrastra su red rebosante y en una roca de la orilla otro pescador maneja su caña. Y al caer la noche, la sombra, cada vez más intensa de la verde ladera se refleja en el agua y, al bajar la vista, el barquero casi puede contar las vides temblorosas y ver la hinchazón de las uvas.

Igualmente pacífica, igualmente placentera es la vida en la finca del propio Ausonio en el Bordelés, su pequeño patrimonio (lo llama él) aunque tenía unas cuatrocientas hectáreas de viñedos y cultivos y bosques. La señorita Waddell nos ha recordado, basándose en Saintsbury (¿en quién si no?) que “hasta el día de hoy se jacta de ser el Château-Ausone, con un viñedo que produce uno de los dos mejores tintos de Saint Emilion”. Aquí cuida sus rosas y envía a su chico a visitar a los vecinos invitándoles a almorzar, mientras él interroga al cocinero. Seis, incluyendo el anfitrión, es el número apropiado: si son más, no es una comida, sino un tumulto. Luego están todos sus parientes a los que hay que conmemorar en verso, su abuelo y su abuela y sus hermanas y sus primos y sus tías (especialmente sus tías).

Y cuando el círculo familiar empieza a aburrirle, puede recurrir a los estudiantes de último año y a los profesores de Burdeos, a quienes celebrará en su momento. Los profesores eran personas importantes en el imperio del siglo IV; Simaco dice que el estado floreciente se distingue por pagar buenos salarios a los profesores; aunque yo no me atrevería a decir qué es exactamente lo que hemos de deducir de esta afirmación a la luz de la historia. Así que Ausonio escribe una colección de poemas sobre los profesores de Burdeos. Hay treinta y dos y a todos ellos celebra. Está Minervius el orador, que tenía una memoria prodigiosa y después de una partida de chaquete solía hacer un análisis post mortem de cada una de las jugadas. Está Anastasius el gramático, que fue tan tonto que dejó Burdeos por una universidad provinciana y a partir de entonces languideció en merecida oscuridad. Está Attius Tiro Delphidius, que dejó su carrera jurídica para ocupar la cátedra de profesor, aunque nunca se logró interesarle por sus alumnos, con gran decepción de los padres de éstos. Está Jocundus el gramático, que en realidad no merecía su título, pero que era tan amable que le conmemoraremos entre los hombres de valía, aunque, en rigor, no estaba a la altura de su tarea. Está Exuperius, que era muy bien parecido y cuya elocuencia parecía soberbia hasta que la examinabas y te dabas cuenta de que no significaba nada. Está Dynamius, que se apartó de las sendas de la virtud con una señora casada de Burdeos y abandonó el lugar con bastante precipitación, pero que, por suerte, cayó de pie en España. Está Victorius el ayudante de escuela, a quien sólo gustaban los problemas históricos más abstrusos, tales como cuál era la-genealogía del sacerdote sacrificatorio de Cureo mucho antes de los tiempos de Numa, o lo que Cástor tenía que decir sobre todos los reyes legendarios, y que nunca llegó tan lejos como Tulio o Virgilio, aunque hubiese podido llegar, de haber seguido leyendo durante suficiente tiempo, pero la muerte se lo llevó demasiado pronto. Parecen figuras extrañamente conocidas (exceptuando, por supuesto, a Dynamius) y su cronista logra hacerlas vivir.

Tal es el mundo que nos describe Ausonio. Pero mientras esta vida placentera en la casa de campo y en el salón de la universidad seguía su sereno curso, ¿qué encontramos en los libros de historia? Ausonio casi rozaba los cincuenta cuando en el 357 los germanos cruzaron en enjambre el Rhin, saquearon cuarenta y cinco ciudades florecientes y acamparon en las márgenes del Mosela. Había visto al gran Juliano empuñar las armas (“Oh Platón, Platón, qué tarea para un filósofo”) y en una serie de brillantes campañas expulsarlos de nuevo. Diez años después, cuando era preceptor de Graciano, él mismo había acompañado al emperador Valentiniano en otra campaña contra los mismos enemigos. Diez años más tarde, cuando todavía se jactaba de su consulado, debió de llegarle la noticia de la desastrosa batalla de Adrianópolis en el este, en la que los godos derrotaron a un ejército romano y dieron muerte a un emperador. Murió en el 395 y antes de que transcurrieran doce años de su muerte la hueste germánica había cruzado el Rhin, «toda la Galia era una humeante pira funeraria» y los godos estaban ante las puertas de Roma. ¿Y qué tienen qué decir Ausonio y sus corresponsales sobre esto? Ni una palabra. Ausonio y Simaco y su grupo prescinden de los bárbaros tan completamente como las novelas de Jane Austen prescinden de las guerras napoleónicas.

…/

Puede que tenga errores, porque es escaneado, aunque lo he repasado, pero...

Flavio Govednik 20-12-2009 09:35

Re: Rincón literario
 
Hola a todos y birritas a los que gusten! :brindis:
Hace mucho que no paso por aquí, hay cosas extraordinarias :adoracion:
¿Me aceptan algo de música con literatura?
Esto es.... como la vida misma :cunao:




Genial el uruguayo ¿no? :brindis:

gracy 20-12-2009 11:19

Re: Rincón literario
 
Cuanto hacia que no escuchaba a Leo !!!!!!!!!
Genial, Flavio, me he reìdo un montòn !!!!!!!


:cid5::cid5::cid5:

Crimilda 22-12-2009 21:36

Re: Rincón literario
 
3. SIDONIO APOLlNAR

A la una, a las dos... Unos treinta y cinco años después de la muerte de Ausonio, a mediados del desastroso siglo VI, nació Sidonio Apolinar, aristócrata galorromano, padre político de un emperador, ex prefecto de Roma y, al final, obispo de Clermont. Sidonio Apolinar, 431 (más o menos) a 479 o quizás unos pocos años más tarde. Muchas cosas habían ocurrido entre la muerte de Ausonio y el nacimiento de Sidonio. Las luces se estaban apagando en toda Europa. Se habían instaurado reinos bárbaros en la Galia y en España, la propia Roma había sido saqueada por los godos; y durante su vida el derrumbamiento prosiguió, cada vez con mayor rapidez. Era un joven de veinte años cuando el horror definitivo cayó sobre Occidente: la irrupción de Atila y los hunos. Eso pasó, pero cuando tenía veinticuatro años los vándalos saquearon Roma. Vio al terrible Ricimero, el germano hacedor de reyes, entronar y destronar a una serie de emperadores marionetas, vio tirar el último vestigio de independencia gala y él mismo pasó a ser súbdito de los bárbaros; y unos años antes de su muerte presenció la caída del imperio en Occidente.

No pueden, Sidonio y sus amigos, hacer caso omiso, como hicieran Ausonio y sus amigos, de que algo le está ocurriendo al Imperio. Los hombres del siglo V ven con preocupación estos desastres y cada uno de ellos se consuela a su manera. Algunos piensan que no puede durar. Al fin y al cabo, dicen, el imperio ya ha estado en apuros antes y siempre ha acabado saliendo del mal paso e imponiéndose a sus enemigos, Así, el propio Sidonio, en el mismo año después de que saquearan la ciudad; Roma ha soportado lo mismo antes: Porsena, Breno... Aníbal... Sólo que esa vez Roma no superó el mal trance. Otros trataron de utilizar los desastres para corregir los pecados de la sociedad. Así, Salviano de Marsella, al que sin duda habrían llamado el deán pesimista si no hubiera sido obispo. Para él, lo único que la decadente civilización romana necesita es copiar algunas de las virtudes de estas jóvenes y vigorosas gentes bárbaras. Tenemos la conocida figura de Orosio, que defiende a los bárbaros con el argumento de que el imperio romano se fundó con sangre y conquistas y, por ende, no puede arrojar piedras a los bárbaros; y, después de todo, los bárbaros no son tan malos. «Si los infelices a quienes han despojado se contentan con lo poco que les queda, sus conquistadores les querrán como amigos y hermanos.» Otros, sobre todo los eclesiásticos más reflexivos, se esfuerzan en explicar por qué un imperio que había florecido bajo el paganismo se ve ahora en tales apuros bajo el cristianismo. Otros abandonan el imperio por completo y (como San Agustín) depositan su esperanza en una ciudad que no ha sido hecha con las manos, aunque Ambrosio, cierto es, dejó caer la significativa observación de que no era la voluntad de Dios que su pueblo se salvara ergotizando. «Dios no ha tenido a bien salvar a su pueblo por medio de la dialéctica.»

…/

pipe 22-12-2009 23:56

Re: Rincón literario
 
:brindis:

dejen de matarme el burro :cool:

feliz navidad :cid5: :cid5: :cid5:

Crimilda 23-12-2009 00:15

Re: Rincón literario
 
¿Mande? :nosabo:

Eres un poco críptico para mí.

:brindis::brindis:

Crimilda 31-12-2009 13:29

Re: Rincón literario
 
Voy a despedir el año como lo empecé: dando la tabarra con mis lecturas. :cunao: Continúo pues con Eileen Power.

/...
¿Y cómo vivían? Bastará leer las cartas que escribió Sidonio durante el período comprendido entre el 460 y el 470, cuando vivía en su finca de la Auvernia, para que nos demos cuenta de que en la superficie todo sigue exactamente como antes. La Galia ha encogido, es verdad, hasta quedar reducida a un mero vestigio entre tres reinos bárbaros, pero, por lo demás, podríamos estar de nuevo en los tiempos de Ausonio. Vemos la lujosa villa, con sus termas y su piscina, sus suites de habitaciones, sus vistas al lago; y vemos a Sidonio invitando a sus amigos a alojarse en su casa o enviando sus composiciones a los profesores y a los obispos y a los caballeros rurales: El deporte y los juegos son muy populares: Sidonio monta a caballo y nada y caza y juega al tenis. En una carta le dice a su corresponsal que ha pasado algunos días en el campo con su primo y un viejo amigo, cuyas fincas son colindantes. Habían enviado exploradores con el encargo de darle alcance y hacerle volver para que pasara, una semana con ellos, turnándose en agasajarle. Hay partidas de tenis sobre el césped antes del desayuno o de chaquete para los hombres demás edad. Hay una o dos horas en la biblioteca antes de sentamos ante un excelente almuerzo seguido de una siesta. Luego salimos a pasear a caballo y volvemos para damos un baño caliente y un chapuzón en el río. Me gustaría describir nuestras exquisitas cenas, concluye, pero no tengo más papel. De todos modos, ven a pasar unos días con nosotros y te lo contaré. Resulta obvio que esto no es Britania, donde en el siglo v gentes semibárbaras acampaban en las villas abandonadas y cocían sus alimentos en el suelo de las habitaciones principales.


Y, sin embargo… la decadencia había avanzado mucho desde los tiempos de Ausonio y Sidonio ya no podía hacer caso omiso de la existencia misma de los bárbaros. A decir verdad, nos ha dejado notables retratos de ellos, especialmente del rey de los visigodos y de los burgundos que gobernaban Lyon, donde nació Sidonio. Siempre que iba a pasar unos días allí, se queja, se reunían en tomo a él dando muestras de una cordialidad embarazosa, el aliento oliéndoles a puerros y cebolla y peinándose con mantequilla rancia (al parecer, no se veían obligados a elegir entre las lanzas y la mantequilla). ¿Cómo puede componer metros de seis pies, pregunta, con tantos parroquianos de siete pies[MSOFFICE1] a su alrededor, todos ellos cantando y esperando de él que admirase su inculto torrente de palabras no latinas? El encogimiento de hombros, el desprecio cordial de alguien que es consciente de una superioridad infinita: cuán claro resulta. Una recuerda un verso de Verlaine:

Je suis l'empire a la fin de la decadence
qui regarde passer les grands barbares blancs.

Pero la afabilidad de Sidonio iba a sufrir una violenta sacudida. No todos los bárbaros eran gigantes amistosos, y los visigodos de al lado, bajo su nuevo rey, Eurico, volvieron sus ojos codiciosos hacia la Auvemia. Sidonio no había cumplido aún dos años como obispo de Clermont cuando tuvo que organizar la defensa de la ciudad contra su ataque. Las gentes de la Auvemia se comportaron valientemente; lucharían y pasarían hambre, pero defenderían este último baluarte de Roma en la Galia. Pero eran pocos; para que su resistencia tuviese éxito, necesitaban recibir ayuda de la propia Roma. Para que nadie sospeche que he tergiversado la historia, la contaré con las palabras del que preparó la edición de Sidonio hace ahora veinte años.

Julio Nepote era consciente del peligro de que Eurico cruzara el Ródano; pero, al ser débiles sus recursos, su única esperanza de garantizar la paz era la negociación. El cuestor Licinianus había sido enviado a la Galia para que investigase la situación sobre el terreno... Ahora ya había vuelto y pronto se vio claramente que no era probable que se cumpliesen las esperanzas basadas en su intervención. Nos encontramos con Sidonio escribiendo para pedir información... Empezaba a temer que se estuviera tramando algo a sus espaldas y que el verdadero peligro para la Auvemia ya no procediese de determinados enemigos, sino de amigos pusilánimes. Sus sospechas estaban sobradamente fundadas. Al recibirse el informe del cuestor, se celebró un consejo para determinar la política que debía seguir el imperio en relación con el rey visigodo ... El imperio no se sentía suficientemente fuerte como para apoyar a la Auvemia y se decidió ceder la totalidad del territorio a Eurico, al parecer sin condiciones.

La desesperación de Sidonio no tuvo límites y escribe una carta noblemente indignada a un obispo que había tomado parte en las negociaciones:

El estado de nuestra infeliz región es en verdad penoso. Todo el mundo declara que las cosas eran mejores durante la guerra que ahora, después de firmarse la paz. Nuestra esclavitud fue el precio de la seguridad para un tercero; la esclavitud, ¡ah ... qué vergüenza!, de aquellas gentes de la Auvemia ... que en nuestra propia época se destacaron solas para contener el avance del enemigo común ... Éstos son los hombres cuyos soldados comunes eran tan buenos como capitanes, pero que nunca cosecharon el beneficio de sus victorias: eso se entregó para vuestro consuelo, mientras que ellos tuvieron que soportar toda la carga aplastante de la derrota ... Ésta ha de ser nuestra recompensa por desafiar la indigencia, el fuego, la espada y la peste, por cebar nuestras espadas en la sangre del enemigo y entrar nosotros hambrientos en batalla. Ésta es la famosa paz que soñábamos cuando arrancábamos la hierba de las grietas para comérnosla ... A pesar de todas estas pruebas de nuestra devoción, diríase que se nos debe sacrificar. Si así es, ojalá vivas para ruborizarte por una paz sin honor ni ventaja.

La Auvernia había sido sacrificada para salvar a Roma. Pero Roma no iba a disfrutar su paz con honor durante mucho tiempo. Todo esto tuvo lugar en el 475; y en el 476 el último emperador fue depuesto por el bárbaro que mandaba sus mercenarios, y el imperio occidental llegó a su fin. En cuanto a Sidonio, los godos lo encarcelaron durante un tiempo y antes de que pudiera recuperar su finca tuvo que escribir un panegírico para el rey Eurico (él, que había escrito panegíricos para tres emperadores romanos). Está claro que la antigua vida en la casa de campo siguió como antes, aunque los hombres que intercambiaban cartas y epigramas se encontraban ahora bajo el dominio de los bárbaros. Pero en una carta que escribió poco antes de su muerte surge de Sidonio una sola línea en la que desnuda su corazón. O necesitas abjecta nascendi, vivendi misera, dura moriendi (o humillante necesidad de nacer, triste necesidad de vivir, dura necesidad de morir) Poco después del 479 murió y antes de que transcurrieran veinte años Clodoveo había iniciado·su carrera de conquistas y Teodorico gobernaba Italia.

[MSOFFICE1]* Juego de palabras: «pie» es a la vez «cada una de las partes de que se compone un verso» y una medida de longitud que equivale a 30 centímetros. (N. del t.)

.../



¡Feliz año 2010!

Crimilda 06-01-2010 01:13

Re: Rincón literario
 
Iba a continuar con el siglo VI de la Roma decadente y con Fortunato y Gregorio de Tours, pero creo que no interesa a nadie, así que pondré un poema que os gusta mas. En version bilingüe, para el que le guste la versión original.

Oda a la Melancolía.

No, no, no acudas al Leteo, ni exprimas
El jugo venenoso del acónito o de las raíces;
Ni permitas que tu pálida frente sea besada
Por la dulcamara, la uva Rubí de Proserpina;
No armes tu rosario con las bayas del tejo,
Ni permitas que el escarabajo o la mariposa
Se conviertan en tu Psiquis luctuosa, o que el búho
De suaves plumas comparta los misterios de tu tristeza,
Pues sombra a sombra el sueño se tornará profundo,
Y terminará ahogando la vigilante angustia del alma.

Pero cuando la Melancolía descienda súbitamente
Desde el cielo, como una nube deshecha en llanto,
Sobre las flores de tallos marchitos alentando,
Escondiendo la verde colina en un sudario de Abril,
Vacía entonces tu pena sobre una rosa matinal,
O en el arco iris de la ola sobre la playa,
O en el resplandor de las multicolores peonías;
O, si tu amada da muestras de femenina ira,
Envuelve entre las tuyas su mano deliciosa,
Y déjala delirar, sumérgete hondo, muy hondo,
En sus ojos incomparables.

Ella vive con la Belleza (la Belleza condenada a morir),
Y con la Alegría, cuya mano siempre se posa sobre sus labios,
Dando el último, definitivo adiós;
Cerca también del doloroso placer, que la boca
Ávida no ha dejado de saborear, aún cuando sea veneno.
Si, en el mismo templo del Deleite
Tiene la Melancolía su castillo soberano,
Aunque invisible para muchos ojos,
Excepto para aquel cuya lengua temeraria es capaz
De exprimir contra su paladar el fruto de la Alegría,
Y cuya alma, tras beber la tristeza de su poderío,
Será colgada entre sus vastos trofeos sombríos.


John Keats.


Ode to Melancholy

No, no, go not to Lethe, neither twist
Wolf's-bane, tight-rooted, for its poisonous wine;
Nor suffer thy pale forehead to be kiss'd
By nightshade, ruby grape of Proserpine;
Make not your rosary of yew-berries,
Nor let the beetle, nor the death-moth be
Your mournful Psyche, nor the downy owl
A partner in your sorrow's mysteries;
For shade to shade will come too drowsily,
And drown the wakeful anguish of the soul.
But when the melancholy fit shall fall
Sudden from heaven like a weeping cloud,
That fosters the droop-headed flowers all,
And hides the green hill in an April shroud;
Then glut thy sorrow on a morning rose,
Or on the rainbow of the salt sand-wave,
Or on the wealth of globed peonies;
Or if thy mistress some rich anger shows,
Emprison her soft hand, and let her rave,
And feed deep, deep upon her peerless eyes.
She dwells with Beauty - Beauty that must die;
And Joy, whose hand is ever at his lips
Bidding adieu; and aching Pleasure nigh,
Turning to poison while the bee-mouth sips:
Ay, in the very temple of Delight
Veil'd Melancholy has her sovran shrine,
Though seen of none save him whose strenuous tongue
Can burst Joy's grape against his palate fine;
His soul shall taste the sadness of her might,
And be among her cloudy trophies hung.

VERYFLOW 13-01-2010 18:59

Re: Rincón literario
 
Con permiso, otra de cocina:

La creatividad culinaria apasiona e involucra, como protagonista a milllones de personas, a la par que gratifica a muchas otras que saborean los productos ya elaborados. El momento de "hacerlo", en sí mismo, está lleno de satisfacciones, pero en el caso de las mermeladas no va tan unido, como en el de un guiso o una tarta, a aquel en que se sirve y se saborea el resultado de nuestro trabajo. Al contrario, se suele posponer el momento del consumo, porque la mermelada es una conserva y su dimensión es la de la espera y la paciencia. Dentro de un tarro herméticamente cerrado su vida se prolonga indefinidamente, hasta que llega la ocación en que, por necesidad o por capricho se abre finalmente la caja fuerte de cristal y se sacrifica su valioso contenido.

Así pues, entra en juego la afición al aprovisionamiento, el placer de reservar algo para el día de mañana, la sensación de ser más ricos, de sentirse más seguros, de estar preparados para hacer frente a cualquier eventualidad.

Los tarros llenos y panzudos, alineados en el aparador, custodian sus dulzuras bien tapadas. Puedes gozar con sólo mirarlos, porque sabes que la compesación a tu esfuerzo está allí, a mano; cuando se destapen, habrá llegado el momento de las alabanzas, de la continuación de un ritual. Porque dentro de cada tarro de mermelada casera se encierran diferentes componentes psicológicos, y cuando decides que, por fin, ha llegado el momento de consumir lo que allí has conservado , se percibe siempre algo de ansiedad, un instante de suspense(........)

Producto de la cultura, por tanto, pero también objeto de hedonismo; aquel que cultiva los placeres de los sentidos debería, de vez en cuando, dedicarse a la elaboración de mermeladas o presenciarlo, ya que durante su cocción el aroma que se desprende es sublime. Si el olfato se embriaga, la vista se fascina: la masa en ebullición de la fruta, densa y oscura, en la cazuela, constituye una visión de misteriosa alquimia.(......)

La fruta es, por su naturaleza, un alimento que favorece el amor. Sus formas redondeadas y sus plásticos volúmenes, las cáscaras lisas como la piel o recubiertas por una finísima pelusa aterciopelada, y sobre todo su pulpa húmeda y jugosa de la que gotean líquidos vitales, hacen de las frutas unos objetos marcadamente simbólicos de la energía reproductora y de la fecundidad de la tierra, impregnados, pues, de sensualidad y erotismo.

A ellos se añade el de la victoria sobre la efímera fragilidad del fruto, que el fuego de la cocción destruye y que encierra la orgullosa idea de la posesión, la ilusión de haber detenido el proceso de descomposición, y por tanto de la muerte, para retener la dulce vida.........

"Mermeladas y Confituras" Enza Candela Bettelli

Me voy por unas tostadas...con mermelada:meparto:

Crimilda 14-01-2010 02:12

Re: Rincón literario
 
Very, malvada, me has recordado las confituras de picotas y las de moras que hacía mi abuela... ¡y los patés!.

Me voy a la cama.

CHIQUISUNICA 15-01-2010 23:46

Re: Rincón literario
 
Hola a tod@s, se que casi no participo en este hilo pero si me lo permiten yo vuelo a tiempos más actuales...:adoracion: con Octavio Paz y su poema:


NI EL CIELO NI LA TIERRA

Atrás el cielo,
atrás la luz y su navaja,
atrás los muros de salitre,
atrás las calles que dan siempre a otras calles.

Atrás mi piel de vidrios erizados,
atrás mis uñas y mis dientes
caídos en el pozo del espejo.
Atrás la puerta que se cierra,
el cuerpo que se abre.
Atrás, amor encarnizado,
pureza que destruye,
garras de seda, labios de ceniza.

Atrás, tierra o cielo.

Sentados a las mesas
donde beben la sangre de los pobres:
la mesa del dinero,
la mesa de la gloria y la de la justicia,
la mesa del poder y la mesa de Dios
—la Sagrada Familia en su Pesebre,
la Fuente de la Vida,
el espejo quebrado en que Narciso
a sí mismo se bebe y no se sacia
y el hígado, alimento de profetas y buitres…

Atrás, tierra o cielo.

Las sábanas conyugales

insomnes,
cubren cuerpos entrelazados,
piedras entre cenizas
cuando la luz los toca.
Cada uno en su cárcel de palabras,
y todos atareados construyendo
la Torre de Babel en comandita.
Y el cielo que bosteza
y el infierno mordiéndose la cola
y la resurrección
y el día de la vida perdurable,
el día sin crepúsculo,
el paraíso visceral del feto.

Creía en todo esto.
Hoy duermo a la orilla del llanto.
También el llanto sirve de almohada.





http://www.poesia-inter.net/firma0op.gif
Octavio Paz


Espero que les guste tanto como a mi :tequiero::tequiero::tequiero:

Crimilda 24-01-2010 21:36

Re: Rincón literario
 
/…

Una fuerza tan poderosa que podía eliminar todos los obstáculos. De ahí que estuvieran resultando tan fuertes las evidencias de su presencia. La Muerte estaba a punto de ser vencida... ¡Sólo faltaba que ella se materializara!

Es posible que las ideas funcionen como los seres vivos. El conde con su insistencia había moldeado en el aire las formas de su amor, y ese vacío se estaba llenando con una materia cada vez más consistente. Y en aquel preciso instante obtuvo la sensación definitiva, absoluta, de que resultaba imprescindible que ella apareciese en la habitación. Se hallaba tan convencido del prodigio como de su propia existencia, y cada uno de los objetos que le rodeaban se encontraban repletos de la misma convicción. ¡La estaban aguardando! Únicamente faltaba Vera, como un cuerpo tangible, para que el inmenso Sueño de la Vida y de la Muerte abriera un instante su umbral infinito. El sendero de la resurrección ya había sido extendido, a la manera de una alfombra. El primer aviso apareció con el fresco estallido de una risa musical, capaz de iluminar el lecho nupcial... El conde se dio la vuelta. Y delante de él, moldeada por su voluntad y sus recuerdos, reclinada voluptuosamente sobre la almohada de encaje, sujetándose con la mano derecha su abundante cabellera negra, con la boca deliciosamente entreabierta por una sonrisa de paradisíaca felicidad, hermosa hasta enloquecer a quien la veía, surgió ella ... ¡La condesa Vera, la deseada! Parecía adormilada, como si acabara de despertar.

-Roger -llamó con una voz lejana.

El conde se aproximó muy despacio, hasta que no pudo contenerse... ¡Con qué sed de amor recogió con los suyos los labios divinos, en una muestra de pasión inmortal!

Y en aquel instante los dos se dieron cuenta de que eran, de verdad, un único ser.

Así las horas fueron pasando con un vuelo singular, alimentadas por un éxtasis en el que se entremezclaban, por vez primera, el cielo y la tierra.

De repente, el conde Athol se sintió atacado por un arrebato de cordura, de lógica malsana. Por eso se estremeció bajo el dominio de una realidad que nunca había sido suya, y exclamó ridículamente:

- ¡Vaya, si se me había olvidado! ¿Cómo puedo estar aceptando este juego? ¡Lo que tengo ante mis ojos no es real…, porque tú estás muerta!

En aquel preciso momento la beática lámpara del icono se extinguió.

…/

Vera.- Villiers de L’Isle-Adam

Crimilda 31-01-2010 18:35

Re: Rincón literario
 
Pero, gracias a aquel anciano, casi había dejado de soñar con los cautivos eretrios. Bastante tenía con contemplar todas las noches el rostro del verdugo desnarigado que le arrancaba las uñas. No necesitaba más tormentos.

Ahora, cuando las Keres se lo llevaran y se presentara ante los jueces de ultratumba, sólo tendría que decirles:

Vengo puro de entre los puros,
pues pertenezco a vuestra estirpe bienaventurada.
He pagado castigo por mis impíos hechos,
y acudo suplicante ante la casta Perséfone
para rogarle que me envíe a la morada de los limpios.
Sálvame, Brimó, ¡oh gran Brimó!
Andricepedotirso, Andricepedotirso, ¡oh gran Brimó!

Temístocles había memorizado los versos, incluso las contraseñas del final, que no tenían ningún sentido para él, pero que según Zeuxis le servirían para franquear la puerta del Elíseo, el rincón del infierno donde moraban los bienaventurados. Más, por si acaso, en la lámina de oro llevaba unas instrucciones en letras tan diminutas que el purificador las había grabado aumentándolas con cristal de roca:


"Cuando llegues a la morada de Hades, hallarás a la derecha una fuente, y junto a ella un blanco ciprés. Allí se refrescan las almas de los muertos, ¡pero no se te ocurra beber de ella, pues son las aguas del Olvido! Más adelante encontrarás la laguna de la Memoria. Di a sus guardianes: «Hijo de Gea soy y de Urano estrellado. Seco estoy y de sed me muero. Dadme a beber las frescas aguas de la Memoria.»

Las aguas que había junto al ciprés blanco eran las del Leteo el río del Olvido. No bebería de él por nada del mundo. Si ni siquiera su espíritu recordaba lo que había hecho en vida, ¿qué sentido habría tenido su propia existencia?

Pero Temístocles temía que pudiera caer víctima del mismo mal que aquejaba a su madre desde hacía unos años. ¿Qué ocurriría si, al igual que Euterpe, empezaba a olvidar primero lo que había comido el día anterior, después los nombres de sus hijos, sus caras, los sucesos de sus últimos años y, por fin, su existencia entera? Si moría en esas condiciones, con la mente convertida en una tablilla de cera derretida y borrada, cuando llegara al Infierno ni siquiera se acordaría de consultar la lámina de oro. Se olvidaría de la contraseña y de que gracias al purificador órfico había limpiado el crimen de Eretria, y sufriría tormento al igual que otros grandes pecadores como Sísifo, Tántalo o Ixión.

Salamina.- Javier Negrete

VERYFLOW 31-01-2010 22:04

Re: Rincón literario
 
En la pared, los diplomas, en ricos marcos, fechados veintitrés años atrás. En uno de ellos estaba escrito y sacramentado por la firma del antiguo capitán de puertos, haber aprobado Vasco Moscoso de Aragón todos los exámenes y pruebas exigidas para la obtención del título de capitán de altura, que le daba derecho a mandar cualquier tipo de navío de la marina mercante por mares y océanos. Veintitrés años atrás, aún relativamente joven, a los treinta y siete años de edad, había obtenido el diploma de comandante. Joven de edad, pero ya un viejo marinero, pues, según contaba, había empezado a los diez años como grumete en un destartalado carguero, y había ido ascendiendo escalón tras escalón hasta llegar a primer piloto, a segundo comandante y así sucesivamente. Innumerables veces había cambiado de navío, le gustaba ver nuevas tierras, correr mares bajo las más diversas banderas, envuelto en aventuras de guerra y amor. Pero cuando, a los treinta y siete años, se halló apto para optar al puesto de capitán de altura, volvió a Bahía y allí, en su Capitanía de Puertos, obtuvo el codiciado título. Deseaba que su puerto de origen, aquél donde estuvieran registrados sus datos y capacidad, fuese el muelle de Salvador , desde donde, niño aún, había partido a la aventura del mar......... En otro marco, el diploma de Caballero de la Orden de Cristo, la importante condecoración lusitana, honoraria, con derecho a medalla y collar, conferida al comandante por sus relevantes servicios al comercio marítimo por Don Carlos I rey de Portugal y los Algarves.
Se sentaba en un sillón plegable, de los de a bordo, con asiento y respaldo de hule, al lado del rueda de timón, la pipa en la mano, el mirar perdido más allá de las ventanas. En una larga mesa, el globo enorme y giratorio, varios instrumentos de navegación: brújula, anemómetro, sextante, higrómetro, el gran catalejo negro, con el que se veía la ciudad de Bahía como si estuviera allí mismo, la paralela para trazar rumbos y la admirada colección de pipas que enamoraba a todos. El reloj de a bordo se llamaba cronógrafo.

En las paredes, mapas de navegación, cartas oceánicas, rutas de golfos y bahías, de islas perdidas. Sobre un mueble donde guardaba el comandante botellas y copas, en una enorme caja de cristal, la reproducción de un transatlántico, "un gigante de los mares", mi inolvidable "Benedict", el último de los muchos en que había navegado, su último barco.
Fotos ampliadas de otros navíos, de diferentes tamaños y nacionalidades enmarcadas, algunas en color. Cada uno de aquellos navíos representaba un trozo de vida del comandante Vasco Moscoso de Aragon, le recordaban historias, casos, alegrias y largas noches solitarias.

Los viejos marineros. Jorge Amado

VERYFLOW 05-02-2010 10:51

Re: Rincón literario
 
El caño, dándole el sol toda la mañana, está tibio, pero el agua está fresca, aunque no muy fresca, y sabe, si no a sapo, a algo vivo, a algo entrañable, al hierro entrañado de la tierra. Sabe a algo sustancial, se podría partir el pelo en cuatrocientos -cuatrocientos es un número perfectamente concebible y el pelo se podría partir en lo inabarcable, en lo incalculable, porque son inconcebibles las venas de la tierra- son inconcebibles porque no son venas, por donde viene y se reparte luego por las venas - verdaderaas venas- de los chicos que traen las madres, llenas de fe, a esa nodriza- les traen y les obligan a beber, sujetan a los pequeños contra el caño como contra la teta de una pasiega- y esa vena abierta queda fuera del recinto, su pródiga riqueza está al alcance de todos. A lo acotado, a lo regio sólo entra el que tiene una tarjeta. Hay que entrar, con ella, por una puerta y pasar por unos guardas - pasas por delante de ellos, pasas por su permiso; una ancha zona de oposición, de temor, de desconfianza...¿Será posible pasar?..¿Será suficiente la tarjeta?...¿Será auténtica?....¿No habrá caducado?...En la avenida de entrada - enorme- la grava suena bajo los pies como algo difícil de mascar, algo artificial puesto allí para dejar delimitado el suelo con aquella dureza que no suena a campo. Luego, ya no suena: se empieza a pisar la tierra, que no es blanda, pero parece suave, silenciosa, tanto que se deja olvidar. Se puede correr y avanzar por los caminos laterales, por donde no hay caminos, por entre malezas de donde surgen a veces bichos que estaban allí escondidos, pero parece que brotasen de la tierra, como el agua. Unos echan a volar, otros corren, se escurren por entre la hierba, veloces, dejando un surco -un surco dejado ya antes por ellos mismos - por sus congéneres mismos, por sus mismos- y corren como corrre un chorro de agua por la arena y se meten en ella, por otro agujero.........

Barrio de Maravillas. Rosa Chacel

Fareraa 07-02-2010 11:57

Re: Rincón literario
 
Considero este el lugar ideal para rendir un homenaje al escritor fallecido hace unos días

Los lectores perdimos una gran fuente de maná literario y periodístico

Por Luis Di Giacomo (*).
Lo que cualquiera escribe, sólo adquiere sentido a partir de la presencia de un lector.
Antes de que éste haga su aparición, consumiendo el texto, estudiándolo o dejándose envolver por él según el caso, las palabras impresas son sólo manifestaciones en espera, expresión frustrada, desgarro o autosatisfacción de quien dice algo con la esperanza de ser escuchado.
Hay quienes tienen el don de encantar con sus palabras. Son aquellos que saben hilar los términos de manera tal que nos atrapan en su red semántica de la cual no queremos ni podemos escapar, devorando las páginas hasta el final de cada historia.
Escritores, periodistas y poetas se adueñan de las palabras y nos alimentan a veces el intelecto, otras el afecto o la fantasía. Los escritores/periodistas nos conectan con la realidad o nos invitan a imaginar, haciéndonos en definitiva lecto-devoradores de sus fuentes.
Con la muerte de Tomás Eloy Martínez los lectores nos quedamos sin una fuente de maná.
El improbable alimento mágico que fluía en el desierto mantuvo a todo un pueblo en los inicios de la diáspora bíblica y hoy se repite en su fluencia a través de cada relato, cuento o novela que nos saca de la realidad a veces yerma y nos introduce en mundos que de tan inexistentes llegan a ser reales, mientras transcurrimos desde la primera frase hasta el final de un libro de ficción.
Cuando las ficciones narran la realidad histórica, y casi toda la novelística de Tomas Eloy Martínez se trata de ello, el pasaje realidad/fantasía/realidad es un continuum serpenteante a través de cada página que desorienta, fascina y al mismo tiempo hace pedagogía de la historia viva.
En ese sentido es probable que el Martínez periodista haya alimentado al escritor de una constante dosis de realidad, de incontables personajes existentes y de circunstancias cotidianas tan ciertas como increíbles con las cuales iba construyendo su universo ficcional.
En otro sentido, cuando leemos una crónica de la realidad -entiéndase artículo periodístico-, a veces nos suele pasar lo mismo. Cuando un periodista es escritor, y Tomás Eloy Martínez lo era, sucede que aunque sea en un breve relato de actualidad nos termina "contando" un cuento, "narrando una historia" que trasciende lo informativo y se transforma en una pequeña creación literaria.
La literatura argentina ha tenido varios de estos exponentes que, mal que les pese a los académicos de letras que suelen motejarlos de hacedores de un arte menor, han calado masiva y hondamente en nosotros, los lectores.
Pondría entonces sin temor en el mismo estante de la biblioteca, aun a costa de estar cometiendo sacrilegio y a espaldas de cualquier consideración crítica o de jerarquías, a quien hoy recordamos, junto a Roberto Arlt, Osvaldo Soriano, Martín Caparrós, Marcelo Birmajer, Orlando Barone y por qué no a los foráneos pero universalmente nuestros Ernest Hemingway y Graham Greene, todos escritores/periodistas de relatos inolvidables.
El coronel Mori Koenig, la santa Evita, el general Perón, Arcángelo Gobbi, Julio Martel, el cantor de tangos que nunca grabó, el desaparecido Simón Cardozo, la masacre de Trelew y la matanza de Ezeiza existen para los lectores de Tomas Eloy Martínez en una dimensión literaria, donde fueron noticia y son novela.
Desde el punto de vista de un simple lector, Tomas Eloy Martínez queda impreso como un dador de imaginación, a quien debemos agradecer que nos contara historias ciertas como si fuesen cuentos y haya escrito monumentales novelas indiscutiblemente realistas.


Crimilda 07-02-2010 20:41

Re: Rincón literario
 
Gracias Farera. No le conocía.

:brindis:

slocum 09-02-2010 22:19

Re: Rincón literario
 
Elegía

Sin que nadie lo sepa, ni el espejo,
ha llorado unas lágrimas humanas.
No puede sospechar que conmemoran
todas las cosas que merecen lágrimas:
la hermosura de Helena, que no ha visto,
el río irreparable de los años,
la mano de Jesús en el madero
de Roma, la ceniza de Cartago,
el ruiseñor del húngaro y del persa,
la breve dicha y la ansiedad que aguarda,
de marfil y de música Virgilio,
que cantó los trabajos de la espada,
las configuraciones de las nubes
de cada nuevo y singular ocaso
y la mañana que será la tarde.
Del otro lado de la puerta un hombre
hecho de soledad, de amor, de tiempo,
acaba de llorar en Bueno Aires
todas las cosas.

- Jorge Luis Borges -

esto . . . :nosabo: . . . joé . . . menos mal que ya estaba escrito.

Saturno 12-02-2010 11:00

Re: Rincón literario
 
No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Hoy, sin miedo que, libre, escandalice
, puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice.

Francisco de Quevedo

jometr 12-02-2010 11:38

Re: Rincón literario
 
"The wind blew"


Soplo el viento estridente y raudo,
y a mi corazon desperto ese viento:
oh!, volver a navegar y surcar los mares,
y oir el llanto de las jarcias,
crujir de cuadernas al estirarse,
y ver la grimpola a sotavento ondeando.

¡Oh tu, marino de la flota,
llegada es la hora de ponerse en marcha!
¡De tripular el bote, de remar es hora!
¡De poner tu mano en la mia
y vaciar nuestros vasos de vino,
y antes de partir hacer brindis por la muerte!

Pues hacia la muerte zarpamos;
y es la muerte quien envia galernas
y quien sujeta el timon cuando navegamos.
¡Pues reina es de todas las cosas
en la turbonada y la tempestad,
e impera en el oceano violento y vasto!


De mi admirado Robert Louis Stevenson.

slocum 14-02-2010 02:16

Re: Rincón literario
 
Los Justos




Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Jorge Luis Borges.

por ellos :brindis:

Fareraa 14-02-2010 09:21

Re: Rincón literario
 
para que lo conozcas un poco, en su faceta de periodista, este es el ultimo articulo que esribio en el pais

Argentina: doscientos años de soledad

La Argentina se ha ido tornando impredecible, un enigma ante el que se estrellan todas las respuestas. ¿Cómo imaginar el futuro inmediato entre las brumas de un país a la deriva?

Historia no es sólo aquello que se cuenta del pasado; es también, y a veces sobre todo, el relato de lo que se omite, de lo que queda en los márgenes. En mayo de 1910 Argentina celebró el primer centenario de su emancipación de la Corona española. Pocos meses después, el adolescente Juan Domingo Perón fue llevado por su abuela paterna al Colegio Militar de la ciudad de San Martín, donde estudió amparado por una beca de misericordia. Venía de un hogar inestable, errante, y en el colegio descubrió el único modelo de familia que conoció en la vida. Se dijo que si aquello era bueno para él, también debía ser bueno para el país.
Con esa escena empieza el siglo XX en Argentina. Tres décadas más tarde, cuando alcanzó el poder, Perón puso en práctica las lecciones de disciplina y orden que había aprendido en la milicia. Organizó el país en torno a la figura de un líder fuerte, carismático, cuya palabra era ley. Si bien esos dictámenes dependían de la aprobación de instituciones formales, como las dos cámaras del Parlamento y las cortes de justicia, las instituciones respondían por lo general a los designios del líder. A ese modelo jerárquico y autoritario pueden atribuirse las alternancias civiles y militares que se sucedieron a partir de 1955 y que cerraron el camino a todos los proyectos de desarrollo. Desde entonces Argentina se convirtió en un campo de batalla entre facciones que se disputaban fragmentos de poder y que obedecían, todas ellas, a diferentes caudillos únicos intolerantes con las ideas de los otros. Cada uno de esos caudillos, a su turno, fue debilitando las instituciones, estimulando formas de corrupción cada vez más sofisticadas y más sometidas a la voluntad de quien estuviera al mando.

El peronismo domina la política argentina aun desde antes de que Perón regresara de su exilio en Madrid en 1973. Con el paréntesis de las dictaduras militares -que trataron, en vano, de aniquilarlo- se ha mantenido en el poder de una manera u otra hasta hoy y es posible que siga prevaleciendo durante otras dos o tres generaciones. Nadie, sin embargo, sabe con certeza qué es el peronismo. Y porque nadie sabe qué es, el peronismo expresa el país a la perfección. Cuando un peronismo cae, por corrupción, por fracaso o por mero desgaste, otro peronismo se levanta y dice: "Aquello era una impostura. Este que llega ahora es el peronismo verdadero". La esperanza del peronismo verdadero que vendrá está viva en Argentina desde hace décadas, como si se tratara de un imposible Mesías que iluminará el fin de los tiempos, cuando el país recuperará la grandeza de una vez para siempre.
Argentina, así, se ha ido tornando impredecible, un enigma ante el que se estrellan todas las respuestas. ¿Cómo imaginar el futuro inmediato, la celebración del segundo centenario de la independencia entre las brumas de un país a la deriva? Las instituciones siguen inestables. A diferencia de lo que sucede en Chile y Brasil, cuando un gobierno sustituye a otro, los técnicos y los cuadros medios del gobierno que se va son desalojados y reemplazados por funcionarios promovidos menos por sus méritos que por afinidad de intereses con el caudillo de turno. Así se derriban proyectos elaborados durante años, se ponen a prueba otros y las buenas experiencias acumuladas se derrochan. El seleccionado argentino de fútbol es una eficaz metáfora del país. Algunos de sus jugadores se cuentan entre los mejores del mundo y los clubes europeos pagan fortunas para tenerlos en sus planteles. En Europa deslumbran pero en Argentina fracasan. Se pasean desorientados por los campos de juego, después de que demasiados entrenadores les han dado directivas opuestas. La grandeza está en la imaginación de todos. Nadie parece resignarse a los límites de la realidad.
También el periodismo pierde la calma. Si el gobierno se crispa, si los humores se enardecen, el periodismo lo imita: se divide en facciones efervescentes, sordas a las razones de los bandos opuestos. El periodismo debería releerse a sí mismo. Muchos de los intereses y principios que defiende y predica hoy son inversos a los que defendía ayer.
A partir de lo que aparece ahora en la superficie de los hechos se vislumbra la silueta de un futuro más bien opaco, que en nada se asemeja al del primer centenario. En 1910 el gran Rubén Darío escribió un largo "Canto a la Argentina" impregnado de una imbatible fe en el futuro. "¡He aquí la región del Dorado, he aquí el paraíso terrestre,/ he aquí la ventura esperada!" La voz del gran Juan Gelman se oscurecía en 2004 al entonar su propio canto a la Argentina: "Cuando el dolor se parece a un país / se parece a mi país. Los/ sin nada envuelven con/un pájaro humilde que/ no tiene método".
En toda la despoblada extensión de Argentina se oyen tambores de guerra. La batalla por conservar el poder o por arrebatarlo es a vida o muerte. Sindicatos adictos al gobierno contra sindicatos adversarios; piquetes contra piquetes. Las calles de las grandes ciudades han entrado en ebullición. La justicia se mueve a paso lento, tratando de proteger las instituciones. Gracias a la justicia, el mejor legado del gobierno Kirchner no se ha perdido en el polvo de las reyertas. Los imperdonables crímenes de la dictadura, los robos de recién nacidos en cautiverio, las torturas despiadadas, los vuelos con prisioneros a los que se arrojaba vivos en el océano y en el río de la Plata, no van a quedar ya sin condena y sin memoria.
Que se haya recuperado la dignidad vuelve aún menos explicable que la educación agonice degradada en sótanos de negligencia que medio siglo atrás parecían imposibles. La influencia de la Iglesia, que ha sido siempre un poderoso factor de regresión e intolerancia, no cesa de crecer. La prédica de los últimos tiempos trata de llamar la atención sobre el escándalo de la pobreza, pero no recuerda que por la pobreza mueren cientos de madres adolescentes en abortos clandestinos y que la mortalidad infantil supera el trece por mil.
Todos los diagnósticos sobre Argentina del futuro inmediato son pesimistas, porque el país pone sus esperanzas muy en alto, evoca las grandezas del pasado y sigue creyendo en una superioridad que las dictaduras militares convirtieron en polvo.
Vale la pena entonces, volver los ojos y preguntarse dónde está ahora Argentina. ¿En qué confín del mundo, centro del atlas, techo del universo? ¿Argentina es una potencia o una impotencia, un destino o un desatino, el cuello del tercer mundo o el rabo del primero?
Siempre se creyó que Argentina estaba en un sitio distinto del que le habían adjudicado la geografía, el azar o la historia. Pero nunca hubo tanto divorcio entre la realidad y los deseos como en estos últimos seis años. Ya en 1810 una de las obsesiones argentinas era alcanzar la grandeza. Lo que ahora obsesiona al país es el miedo a la pequeñez. Para evitar ese derrumbe, se oye repetir una y otra vez: Somos grandes, estamos entre los grandes. La única lástima es que los grandes no se dan cuenta.
"Estamos llamados a iniciar una nueva era", escribía Juan Bautista Alberdi en 1838. Y después Sarmiento, Mitre, Martí, Roca, Darío: todos se sumaron al coro, todos esperaban que la grandeza se manifestara de un momento a otro. ¿Dónde estábamos entonces, en qué lugar? Éramos un inagotable cuerno de la abundancia: los ganados y las mieses se derramaban por los costados.
Hacia 1928, las estadísticas señalaban que Argentina era superior a Francia en número de automóviles y a Japón en líneas de teléfonos. A fines de 1924, el poeta nacional Leopoldo Lugones proclamó que los militares eran los "últimos aristócratas" del espíritu y les exigió que, espada en mano, ejercieran su "derecho de mejores", con la ley o sin ella y emprendieran cruzadas para imponer un "orden nuevo". Las sucesivas cruzadas de los "aristócratas del espíritu" -que culminaron en la guerra de las Malvinas, en los campos de concentración de la dictadura y en los cementerios de desaparecidos-, precipitaron el país en un desastre para el que todavía busca salida.
Pertenecer a lugares a los que sólo Argentina cree pertenecer; imaginarse árbitro, mediador, factor de decisión en pleitos a los que no ha sido invitada: tales son las antiguas maldiciones de la nación, los signos alarmantes de un destino descolocado. Los países del primer mundo se distinguen, a grandes rasgos, por tener seguros de desempleo, escasa o nula mendicidad, bajísimo índice de mortalidad infantil, educación laica, gratuita y obligatoria. Y trenes. Sobre todo trenes. Los trenes (más que cualquier otro medio de transporte) son el termómetro de cuándo un país anda bien y cuándo no. Vaya a saber por qué, pero la modernidad se mide a través de vagones puntuales, frecuentes y limpios, como lo descubrieron los alemanes del este cuando cayó el Muro y pudieron viajar, deslumbrados, en la segunda clase del expreso Francfort-Hamburgo.
Mucha de la infelicidad argentina nace de una lección que la realidad siempre contradice. A los niños se les enseña en las escuelas que son hijos de un país grande acechado por desgracias de las que no es responsable. Nunca le será fácil alcanzar la dicha a un país que cree tener menos de lo que merece y que desde hace décadas imagina que es más de lo que es. "¿Cómo se vive allá, en América Latina?", me preguntaba un amigo cuando volví del exilio. Argentina no estaba, entonces, en América Latina sino en ninguna parte: ni en el continente al que pertenecía por afinidad geográfica ni en la Europa a la que creía pertenecer por razones de destino. Estaba, como quien dice, en el aire. Lo peor es que cuando tenga que bajar, no sabrá dónde.


Cita:

Originalmente publicado por Crimilda (Mensaje 758337)
Gracias Farera. No le conocía.

:brindis:


Fareraa 14-02-2010 09:31

Re: Rincón literario
 
y algo de su faceta como escritor, a mi me gustaba mucho como escribe y describe,

Imágenes de la felicidad (fragmento)
Madre creyó que Carmona cantaría antes de aprender a hablar, como el hijo de la señora Ikeda. Muchas veces, en medio de la noche, se acercaba a la cuna y acechaba su respiración, con la esperanza de que estuviera dibujando alguna melodía. Y cuando oía maullar (porque siempre, aunque no hubiera gatos, Madre oía maullar), despertaba a Padre y le decía: "Por fin el niño ha empezado con su canto". Padre se levantaba en puntillas y no encontraba nada. A veces, sí, brotaba del niño un gorjeo tonto, como un desperezo de las cuerdas vocales, y entonces Madre se arrebataba, corría de un lado a otro del dormitorio con su camisón de reina: "¿Has oído, has oído?", preguntaba. "¿Ahora te convencés?" Padre se apresuraba a darle la razón: "Claro que sí. Algo he oído". Pero la mayor parte de las noches Madre se dormía desalentada, con el presentimiento de que Carmona nunca tendría voz.
Al poco tiempo Madre parió gemelas con sendos lunares en la espalda, sombreados por cerdas negras, como parches de una piel animal. Madre supo desde el principio que las gemelas no querrían aprender a nadar, para no mostrar sus espaldas escotadas, y decidió que si Carmona nadaba por los tres desarrollaría prodigiosamente los pulmones y músculos de la voz. Había leído en una revista que los niños nadan por instinto, como los otros mamíferos, y que el instinto se les adormece con las primeras luces de la inteligencia. Carmona estaba por cumplir dos años: ya casi no quedaba tiempo. Lo llevaron a una pileta de agua fría, al pie de las montañas amarillas, y lo arrojaron sin miramientos. El agua estaba podrida, con manchas de insectos y rayas de bronceadores rancios. No había nadie alrededor. Ni Madre ni Padre sabían nadar, de modo que Carmona se hubiera ahogado si no hubiera sido por los instintos, que seguían despiertos. Tocó el fondo del agua espesa y no sintió frío: su atención estaba demasiado ocupada en los movimientos de las tinieblas, que eran más frenéticos cuanto más abajo llegaba. Antes de hundirse en el limo, se izó hacia la superficie. Había aprendido a respirar ya no sólo con el aire sino con el recuerdo del aire. Los alvéolos de los pulmones estaban henchidos de abejas de aire que continuaban con su ajetreo sin inquietarse por lo que pasaba afuera: el frío, la humedad, el agua, el vacío, los tóxicos, nada les hacía mella. ¿Sabía Padre cuánto tiempo había estado sumergido? Unos nueve segundos, le dijo a Madre, orgulloso. Fueron más: por lo menos el doble.
Padre se entusiasmó tanto con los progresos de Carmona en el agua que decidió cortar de raíz el pudor de las gemelas por sus lunares y obligarlas a nadar. No se arriesgó a lanzarlas a la pileta confiando en sus instintos, porque nunca supo si los tenían. Las dejaba horas llorando en la cuna, para que ejercitaran los pulmones, y cuando las bañaba les sostenía la cabeza bajo el agua tres o cuatro segundos. Las gemelas aprendieron a contener la respiración pero nunca nadaron. Odiaban el agua.
A Padre le desesperaba la indiferencia de las gemelas por todo lo que no fuera sus lunares, y cada vez que llegaban visitas a la casa, las presentaba diciendo: "Aquí las tienen, pobrecitas. Las dos nacieron con un lunar monstruoso en la espalda. A ver, hijas, muestren el lunar a los señores".
Aunque hay una sola manera de ser bondadoso, la manera de Padre no se parecía a la de nadie más. Solía levantarse en medio de la noche para arropar a los niños ­algo que Madre jamás hizo­, y cuando bebía un tazón de leche fresca por la mañana mojaba trozos de pan y se los daba en la boca a las gemelas, como si ellas fueran pajaritos. Pero las visitas lo perturbaban: no sabía de qué hablar. Cuando el silencio entraba en las conversaciones sentía que era su culpa, y en la desesperación por ahuyentarlo echaba mano a los lunares. Las gemelas lloraban con una angustia que partía el corazón y corrían a esconderse en los roperos, atontadas por la humillación y la vergüenza. Esos raptos de rebeldía indignaban a Padre. Las buscaba por todas partes y no cejaba hasta que conseguía llevarlas ante las visitas. Cuando las tenía allí, bien sujetas de las muñecas ­con aquellas manos poderosas­, obligaba a las gemelas a desvestirse y a mostrar la espalda. Ellas se arrastraban por el piso, estirando sus vestiditos con desesperación, y aunque las visitas intervinieran cortésmente, "Déjelas en paz. Un lunar es un lunar. Podemos imaginar cómo son éstos", Padre se mantenía inflexible. "No", decía, "ustedes jamás verán nada igual. Son lunares dignos de un circo".
Para atenuar la impresión que los arrebatos de Padre causaban en las visitas, Madre explicaba que los lunares eran consecuencia de un susto casi pueril durante el embarazo. Cierta mañana, cuando caminaba por la vereda del asilo de locos, uno de los internos le agarró un tobillo. Faltaban tres o cuatro meses para que nacieran las gemelas y el abdomen se veía llegar desde lejos. Madre iba demasiado próxima al foso donde los locos, trepados sobre cajoncitos de frutas, se distraían tomando el fresco. El súbito manotazo en el tobillo casi la hizo caer. Por fortuna, Padre alcanzó a sujetarla por detrás. Pero al trastabillar, la mirada de Madre barrió el horizonte ralo de la vereda y se detuvo en la frente del loco, ornada por un lunar en forma de semilla, como el del niño de la señora Ikeda. La impresión fue imborrable. Durante el resto del embarazo no cesó de soñar con el lunar. Soñó con él de tantas maneras que cuando lo vio en las espaldas de las gemelas advirtió que el sueño, con su insistencia, había terminado por abrir las puertas de la realidad.
Cada vez que Padre exhibía los lunares de las gemelas, Carmona tenía miedo de que le pasara lo mismo. Tarde o temprano me tocará el turno a mí, decía. Parado frente al vestidor de Madre, examinaba su cuerpo en busca de alguna imperfección escondida. ¿Un dedo atrofiado en el ombligo: a ver? ¿Pelos en la planta de los pies? ¿El tatuaje de una letra en la espalda? Las criadas confirmaban sus temores: Ya te llegará el día a vos también. Y él se dormía pensando que era verdad: cuando despertara habría llegado el día.
Llegaron otras cosas. En lo peor del verano ­que era siempre atroz en la provincia: una larga llaga­ se mudaron a la casa de al lado unos árabes estrepitosos llamados Al Amein o Alamino. Como la pared que separaba los dos patios era muy baja, las voces circulaban libremente. Madre se sentía tan humillada por la vecindad de los árabes que cuando llegaban visitas pasaba la mayor parte del tiempo disculpándose por vivir donde vivía. A Padre, en cambio, la jerga incomprensible que se filtraba desde el otro lado le servía de pretexto para no hablar. "Oigan eso, qué descaro", comentaba, y se quedaba largo rato meneando la cabeza. Así, los lunares de las gemelas fueron pasando a segundo plano y cuando reaparecían los silencios, Padre callaba en paz .
Hacía ya tiempo que Madre buscaba la felicidad, pero cada vez que la sentía en la punta de los dedos, a la felicidad se le presentaban otros compromisos. Los Alamino, en cambio, no buscaban nada. Vivir felices era para ellos una manera de ser como cualquier otra.
Al poco tiempo de la mudanza, y sin razón alguna, se convirtieron en una fatalidad insoportable para Madre. Aunque ella nunca lo dijo, yo sé que les deseaba la muerte. Tenían la costumbre de lavarse dos veces por día, antes del almuerzo y a la caída de la tarde. Hundían la cara y los brazos en jofainas de porcelana y se frotaban las piernas con arena, obedeciendo al Profeta. De rodillas, con las manos tendidas hacia los páramos del oriente y la frente clavada en los humores del piso, cantaban a Dios una letanía que Padre remedaba cuando había visitas: la ilajá ilá laj. Para colmo, los hombres andaban desnudos por el patio y besaban a sus mujeres delante de todo el mundo, estallando cada dos por tres en carcajadas que a Madre le sonaban obscenas. El dinero no parecía importarles, como si les lloviera del cielo. "Han de ser contrabandistas", suponía Padre. "De otra manera, tanta alegría no tiene explicación". Por si fuera poco, alimentaban a montones de gatos. Durante los rezos, los gatos se les trepaban a las espaldas y maullaban, ellos también con los hocicos vueltos hacia los páramos. La hija mayor de los Alamino, con un lunar redondo y abultado en mitad de la garganta, estaba a punto de casarse. Lo primero que hacía el novio por las noches, cuando la visitaba, era quitarle el echarpe y lamer el lunar apasionadamente. "¿Vieron que es bueno tener lunares?", explicaba la señora Alamino a las gemelas cuando empezaron a contarle sus desconsuelos. "Si no fuera por la tentación de besar el lunar de Leticia, el novio no la querría tanto".

VERYFLOW 17-02-2010 12:55

Con permiso, os copipego una letra de rap, que aunque urbana, sigue siendo poesia, pertenece a Nash Scratch, tiene alguna falta de ortografia, pero no es cosa mia, lo mio es pasar de las tildes

"Anochece"
una cuidad que nos atrapa
un amigo que traiciona
una puerta que se abre
una ventana en la que nadie asoma
una caricia en la mañana
una pasion una rabia como simbolo de accion
de una generacion
una luz que ilumina
una cancion que me anima
una lagrima que cae y que limpia una vida herida
una calle colapsada
un amor que no se acaba
un politico que mira hacia otro lado y no hace nada
un respeto que se gana
una inocencia que se pierde
un corazon que se acelera cuando un enemigo vuelve
un policia que me insulta
un lugar lejos de aqui
un sentimiento que se oculta por miedo a que diran de mi
una familia que se abraza
un hermano de otra raza
un jefe que sonrie
un consejo que sin mas rechazas
un atajo
un lujo que me distrae
una calma que me arropa si el sol cae
un olor que trae recuerdos
una chica que no sabe que la observo
un album de fotos roto pero que aun conservo
una libertad que hulye
un micro que me comprende
,una venganza justa
un secreto que se vende
una historia sin comprender
un cuerpo de mujer
,un beso distanteun instante de placer
un ayer que ya no existey un mundo que nos repudia
un dia en suburbia
y a los que quiero les digo que aguanten, no desfallezcan
que nuestros dias de gloria se acercan
que solo quien lo merezca sera libre
va por vosotros mis hermanos de otra madre
seremos indestructibles
escupir vuestra rabia aunque no digan si esta bien o mal
sacar lo que os pudre gladiadores sin puñal
por todos los que me sienten y me aceptan como soy
va por vosotros b-boys.
un tiempo dificil
un silencio que relaja
un hombre que no se rinde
un simple perro de paja
una distancia que se asume
un porro que me consume
una noche, una plaza,
una botella que nos une
una rima que se escapa
un sueño por conseguir
un horario que encarcela
un nombre que no quiero oir
una madre que me espera
un acto de bondad
un crimen,
un rap que resisita cuando el resto me deprime
un te quiero, un hasta luego y un porque
una suerte que me ampara porque yo me la busque
un billete que sale de mi bolsillo
un vacio
un barrio que me recuerda donde estan los mios
un pecado sin remordimientos
un juguete que aun divierte
un solo camino
una vida, una muerte
un paso firme sobre un charco
un retrato sin un barco
una pagina que sigue en blanco
un canto,un parto,un salto un llanto
una gota de sangre secandose en el asfalto
un arbol que llora hojas secas
una estatua que se pudre
un cielo que nunca veo porque el humo lo recubre
un regalo que agradezco
un arte que me hace temblar
un mar que siempre escucha cuando quiero hablar
un hogar donde descanso
un lugar de odio y de furia
un dia en suburbia
ya quien me escuchen que luchen no todo esta perdido
va por vosotros mis fans os considero amigos
a San Blas y los recuerdos que aun conservo
Alicante y sus calles a las que vuelvo
a mi familia por su amor incondicional desde el inicio
mi madre y su ternura, mi padre y su sacrificio
a quien a hecho posible que yo sigua aqui
saltando al vacio en cada disco, esto va por ti.
(Solo necesito un dia, un dia en esta cuidad
un dia para demostrar que estoy aqui, que siguo vivo,
pueden llamarme nach, el aliado o el enemigo,
o el loco, el iluminado,pero yo soy uno mas,
y solo necesito un papel, un microfono y unas mentes dispuestas a escuchar
y sentir, solo necesito un dia, un dia en suburbia)
By **ScorpioN**Fuente: musica.com

Neytiri 17-02-2010 15:17

Re: Rincón literario
 
Cita:

Originalmente publicado por Fareraa (Mensaje 764300)
y algo de su faceta como escritor, a mi me gustaba mucho como escribe y describe,

Imágenes de la felicidad (fragmento)
Madre creyó que Carmona cantaría antes de aprender a hablar, como el hijo de la señora Ikeda. Muchas veces, en medio de la noche, se acercaba a la cuna y acechaba su respiración, con la esperanza de que estuviera dibujando alguna melodía. Y cuando oía maullar (porque siempre, aunque no hubiera gatos, Madre oía maullar), despertaba a Padre y le decía: "Por fin el niño ha empezado con su canto". Padre se levantaba en puntillas y no encontraba nada. A veces, sí, brotaba del niño un gorjeo tonto, como un desperezo de las cuerdas vocales, y entonces Madre se arrebataba, corría de un lado a otro del dormitorio con su camisón de reina: "¿Has oído, has oído?", preguntaba. "¿Ahora te convencés?" Padre se apresuraba a darle la razón: "Claro que sí. Algo he oído". Pero la mayor parte de las noches Madre se dormía desalentada, con el presentimiento de que Carmona nunca tendría voz.
Al poco tiempo Madre parió gemelas con sendos lunares en la espalda, sombreados por cerdas negras, como parches de una piel animal. Madre supo desde el principio que las gemelas no querrían aprender a nadar, para no mostrar sus espaldas escotadas, y decidió que si Carmona nadaba por los tres desarrollaría prodigiosamente los pulmones y músculos de la voz. Había leído en una revista que los niños nadan por instinto, como los otros mamíferos, y que el instinto se les adormece con las primeras luces de la inteligencia. Carmona estaba por cumplir dos años: ya casi no quedaba tiempo. Lo llevaron a una pileta de agua fría, al pie de las montañas amarillas, y lo arrojaron sin miramientos. El agua estaba podrida, con manchas de insectos y rayas de bronceadores rancios. No había nadie alrededor. Ni Madre ni Padre sabían nadar, de modo que Carmona se hubiera ahogado si no hubiera sido por los instintos, que seguían despiertos. Tocó el fondo del agua espesa y no sintió frío: su atención estaba demasiado ocupada en los movimientos de las tinieblas, que eran más frenéticos cuanto más abajo llegaba. Antes de hundirse en el limo, se izó hacia la superficie. Había aprendido a respirar ya no sólo con el aire sino con el recuerdo del aire. Los alvéolos de los pulmones estaban henchidos de abejas de aire que continuaban con su ajetreo sin inquietarse por lo que pasaba afuera: el frío, la humedad, el agua, el vacío, los tóxicos, nada les hacía mella. ¿Sabía Padre cuánto tiempo había estado sumergido? Unos nueve segundos, le dijo a Madre, orgulloso. Fueron más: por lo menos el doble.
Padre se entusiasmó tanto con los progresos de Carmona en el agua que decidió cortar de raíz el pudor de las gemelas por sus lunares y obligarlas a nadar. No se arriesgó a lanzarlas a la pileta confiando en sus instintos, porque nunca supo si los tenían. Las dejaba horas llorando en la cuna, para que ejercitaran los pulmones, y cuando las bañaba les sostenía la cabeza bajo el agua tres o cuatro segundos. Las gemelas aprendieron a contener la respiración pero nunca nadaron. Odiaban el agua.
A Padre le desesperaba la indiferencia de las gemelas por todo lo que no fuera sus lunares, y cada vez que llegaban visitas a la casa, las presentaba diciendo: "Aquí las tienen, pobrecitas. Las dos nacieron con un lunar monstruoso en la espalda. A ver, hijas, muestren el lunar a los señores".
Aunque hay una sola manera de ser bondadoso, la manera de Padre no se parecía a la de nadie más. Solía levantarse en medio de la noche para arropar a los niños ­algo que Madre jamás hizo­, y cuando bebía un tazón de leche fresca por la mañana mojaba trozos de pan y se los daba en la boca a las gemelas, como si ellas fueran pajaritos. Pero las visitas lo perturbaban: no sabía de qué hablar. Cuando el silencio entraba en las conversaciones sentía que era su culpa, y en la desesperación por ahuyentarlo echaba mano a los lunares. Las gemelas lloraban con una angustia que partía el corazón y corrían a esconderse en los roperos, atontadas por la humillación y la vergüenza. Esos raptos de rebeldía indignaban a Padre. Las buscaba por todas partes y no cejaba hasta que conseguía llevarlas ante las visitas. Cuando las tenía allí, bien sujetas de las muñecas ­con aquellas manos poderosas­, obligaba a las gemelas a desvestirse y a mostrar la espalda. Ellas se arrastraban por el piso, estirando sus vestiditos con desesperación, y aunque las visitas intervinieran cortésmente, "Déjelas en paz. Un lunar es un lunar. Podemos imaginar cómo son éstos", Padre se mantenía inflexible. "No", decía, "ustedes jamás verán nada igual. Son lunares dignos de un circo".
Para atenuar la impresión que los arrebatos de Padre causaban en las visitas, Madre explicaba que los lunares eran consecuencia de un susto casi pueril durante el embarazo. Cierta mañana, cuando caminaba por la vereda del asilo de locos, uno de los internos le agarró un tobillo. Faltaban tres o cuatro meses para que nacieran las gemelas y el abdomen se veía llegar desde lejos. Madre iba demasiado próxima al foso donde los locos, trepados sobre cajoncitos de frutas, se distraían tomando el fresco. El súbito manotazo en el tobillo casi la hizo caer. Por fortuna, Padre alcanzó a sujetarla por detrás. Pero al trastabillar, la mirada de Madre barrió el horizonte ralo de la vereda y se detuvo en la frente del loco, ornada por un lunar en forma de semilla, como el del niño de la señora Ikeda. La impresión fue imborrable. Durante el resto del embarazo no cesó de soñar con el lunar. Soñó con él de tantas maneras que cuando lo vio en las espaldas de las gemelas advirtió que el sueño, con su insistencia, había terminado por abrir las puertas de la realidad.
Cada vez que Padre exhibía los lunares de las gemelas, Carmona tenía miedo de que le pasara lo mismo. Tarde o temprano me tocará el turno a mí, decía. Parado frente al vestidor de Madre, examinaba su cuerpo en busca de alguna imperfección escondida. ¿Un dedo atrofiado en el ombligo: a ver? ¿Pelos en la planta de los pies? ¿El tatuaje de una letra en la espalda? Las criadas confirmaban sus temores: Ya te llegará el día a vos también. Y él se dormía pensando que era verdad: cuando despertara habría llegado el día.
Llegaron otras cosas. En lo peor del verano ­que era siempre atroz en la provincia: una larga llaga­ se mudaron a la casa de al lado unos árabes estrepitosos llamados Al Amein o Alamino. Como la pared que separaba los dos patios era muy baja, las voces circulaban libremente. Madre se sentía tan humillada por la vecindad de los árabes que cuando llegaban visitas pasaba la mayor parte del tiempo disculpándose por vivir donde vivía. A Padre, en cambio, la jerga incomprensible que se filtraba desde el otro lado le servía de pretexto para no hablar. "Oigan eso, qué descaro", comentaba, y se quedaba largo rato meneando la cabeza. Así, los lunares de las gemelas fueron pasando a segundo plano y cuando reaparecían los silencios, Padre callaba en paz .
Hacía ya tiempo que Madre buscaba la felicidad, pero cada vez que la sentía en la punta de los dedos, a la felicidad se le presentaban otros compromisos. Los Alamino, en cambio, no buscaban nada. Vivir felices era para ellos una manera de ser como cualquier otra.
Al poco tiempo de la mudanza, y sin razón alguna, se convirtieron en una fatalidad insoportable para Madre. Aunque ella nunca lo dijo, yo sé que les deseaba la muerte. Tenían la costumbre de lavarse dos veces por día, antes del almuerzo y a la caída de la tarde. Hundían la cara y los brazos en jofainas de porcelana y se frotaban las piernas con arena, obedeciendo al Profeta. De rodillas, con las manos tendidas hacia los páramos del oriente y la frente clavada en los humores del piso, cantaban a Dios una letanía que Padre remedaba cuando había visitas: la ilajá ilá laj. Para colmo, los hombres andaban desnudos por el patio y besaban a sus mujeres delante de todo el mundo, estallando cada dos por tres en carcajadas que a Madre le sonaban obscenas. El dinero no parecía importarles, como si les lloviera del cielo. "Han de ser contrabandistas", suponía Padre. "De otra manera, tanta alegría no tiene explicación". Por si fuera poco, alimentaban a montones de gatos. Durante los rezos, los gatos se les trepaban a las espaldas y maullaban, ellos también con los hocicos vueltos hacia los páramos. La hija mayor de los Alamino, con un lunar redondo y abultado en mitad de la garganta, estaba a punto de casarse. Lo primero que hacía el novio por las noches, cuando la visitaba, era quitarle el echarpe y lamer el lunar apasionadamente. "¿Vieron que es bueno tener lunares?", explicaba la señora Alamino a las gemelas cuando empezaron a contarle sus desconsuelos. "Si no fuera por la tentación de besar el lunar de Leticia, el novio no la querría tanto".


Un texto hermosísimo:adoracion:.

Te doy las gracias por esta aportación en un hilo que a cada instante me está regalando nuevos descubrimientos.:gracias:

I.s.y.

Ney

CEMAN44 17-02-2010 15:37

Re: Rincón literario
 
Aqui Va Un Pequeño Soneto:

Mujer Que Culo Menea
Y Al Mirar Los Ojos Mece
Yo Digo Que Lo Sea
Pero Si Quelo Parece....

CEMAN44 17-02-2010 15:44

Re: Rincón literario
 
Yo Me La Lleve Al Rio
Creyendo Que Era Mozuela
Y Resulto Que Era Un Tio
Que Por Poco Me La Cuela

jometr 18-02-2010 09:23

Re: Rincón literario
 
Cita:

Originalmente publicado por slocum (Mensaje 764267)
Los Justos





Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Jorge Luis Borges.


por ellos :brindis:

Gracias Slocum, a mi tambien me gusta Borges
"Y detras de los mitos y las mascaras, el alma, que esta sola".
Dejo algo mas de Stevenson, al que ultimamente reeleo a menudo.
"los que viajan lejos"
El inmenso sol,
el brillante dia;
velas blancas
sobre la azul bahia;
los que viajan lejos desaparecen.

Encended los fuegos,
cerrad la puerta.
Al viejo hogar,
a la costa querida,
los que viajan lejos
ya nunca vuelven.

Saludos,:brindis:.

Fareraa 18-02-2010 18:26

Re: Rincón literario
 
Hola Ney, me alegro que te haya gustado es una pena que su autor nos haya dejado, y de paso te saludo pues creo que nunca habíamos coincidido en esta taberna.
También me gusta bastante el artículo sobrre los 200años de Argentina, es una pena que ningun argentino de esta taberna se haya acercado a decirnos que opinan sobre lo que dice, pues yo creo que además de ser un articulo ameno y bién escrito parece bastante descriptivo de lo poco que se del país:brindis::brindis:

Cita:

Originalmente publicado por Neytiri (Mensaje 767476)
Un texto hermosísimo:adoracion:.

Te doy las gracias por esta aportación en un hilo que a cada instante me está regalando nuevos descubrimientos.:gracias:

I.s.y.

Ney


Fareraa 18-02-2010 18:33

Re: Rincón literario
 
Hola Ney, me alegro que te haya gustado es una pena que su autor nos haya dejado, y de paso te saludo pues creo que nunca habíamos coincidido en esta taberna.
También me gusta bastante el artículo sobrre los 200años de Argentina, es una pena que ningun argentino de esta taberna se haya acercado a decirnos que opinan sobre lo que dice, pues yo creo que además de ser un articulo ameno y bién escrito parece bastante descriptivo de lo poco que se del país:brindis::brindis:

Cita:

Originalmente publicado por Neytiri (Mensaje 767476)
Un texto hermosísimo:adoracion:.

Te doy las gracias por esta aportación en un hilo que a cada instante me está regalando nuevos descubrimientos.:gracias:

I.s.y.

Ney


Fareraa 26-02-2010 01:45

Re: Rincón literario
 
vaya, venia yo por aqui a recomendaros un libro para el fin de semana y resulta que veo que mi mensaje anterior esta duplicado y no me deja editar para borrarlo, nunca he sabido porque unos deja editar y otros no, debe de ser algo relacionado con el paso del tiempo
Bueno a lo que iba, al libro, os lo recomiendo encarecidamente, os adjunto algun comentario que he encontrado googleando

http://www.mbagencialiteraria.es/cms...s/125_arte.gif
El Arte. Conversaciones imaginarias con mi madre
Mondadori, 2006


¿Por qué será que todos tenemos algo que decir delante de una hermosa puesta de sol y nos sentimos cortados delante de una obra de arte consagrada? A caballo entre el ensayo, la autobiografía y la novela, Juanjo Sáez reconstruye algunos de los más interesantes capítulos de la historia del arte. Su texto, sin embargo, no tiene nada de pomposo, dogmático ni académico. Mediante una conversación imaginaria con su madre, Juanjo Sáez invita al lector a reflexionar sobre la finalidad del arte y la figura del artista. En este viaje sui generis a través de la historia del arte que no abandona los recuerdos personales, el autor pone en entredicho conceptos estereotipados y nos dice que todos podemos disfrutar del arte. A través de sus páginas vemos desfilar a artistas como Calder, Picasso, Warhol, Dalí, Chillida, Duchamp y otros. El Arte. Conversaciones imaginarias con mi madre es un libro que no se parece a ningún otro: original, divertido, innovador, una mezcla fabulosa de ensayo audaz y novela gráfica educativa.
(España, Mondadori); (Francia, Rackham); (Italia, Salani)

«Ironía e ingenuidad que desmontan mitos.» Silvia Blanco, El País
«Diálogos hilarantes de una afilada ingenuidad.» Teresa Sesé, La Vanguardia
«El arte es un gran libro.» Kiko Amat, El Periódico
«Un ilustrador de culto (…) dibujos espontáneos, directos, divertidos y cáusticos.» El Punt
«Su libro no es un método, una disertación o un manual; es, sobre todo, un ensayo gráfico (igual que se habla de novela gráfica, se puede hablar de ensayo gráfico) formidable, apasionante y estimulante (…)Capítulo a capítulo, Magritte, Calder, Picasso, Warhol, Duchamp y muchos otros, revelan su contundente fuerza con total simplicidad. Sáez comparte con su madre y con los lectores, las emociones que las obras han provocado, las reflexiones y revoluciones que han desencadenado…Es socarrón, pertinente y esclarecedor. ¡Para leer y releer sin esperar ni un minuto!» Nicolas Ancion, Le Nouvel Observateur
«No se sabe si se trata de un ensayo gráfico, un cómic rompedor, un trabajo poético o un sueño razonado. Sin duda todo a la vez, lo que sólo se puede definir de una manera: ¡éxito!» Clara Dupont-Monod, Marianne

jometr 02-03-2010 00:30

Re: Rincón literario
 
A vueltas con Stevenson,....

REQUIEM

Bajo el inmenso y estrellado cielo,
cavad mi fosa y dejadme yacer.
Alegre he vivido y alegre muero,
pero al caer quiero haceros un ruego.

Que pongais sobre mi tumba este verso:
Aqui yace donde quiso yacer;
de vuelta del mar esta el marinero,
de vuelta del monte esta el cazador.

Requiem:Reza la totalidad de este poema, en letras de bronce,
sobre la tumba de Stevenson en la cima del Monte Vaca, en Samoa,
donde yace enterrado a una altura de 4.000 metros.

Saludos,:brindis:.

VERYFLOW 02-03-2010 11:54

Re: Rincón literario
 
[SONETO PRIMERO]
A CLORI

Sentir de una pasión viva ardiente
todo el afán, zozobra y agonía;
vivir sin premio un día y otro día;
dudar, sufrir, llorar eternamente;

amar a quien no ama, a quien no siente,
a quien no corresponde ni desvía;
persuadir a quien cree y desconfía;
rogar a quien otorga y se arrepiente;

luchar contra un poder justo y terrible;
temer más la desgracia que la muerte;
morir, en fin, de angustia y de tormento,

víctima de un amor irresistible:
ésta es mi situación, ésta es mi suerte.
¿Y tú quieres, crüel, que esté contento?
http://www.poesia-inter.net/firma0gmj.gif Gaspar Melchor de Jovellanos

Crimilda 02-03-2010 22:00

Re: Rincón literario
 
De algún modo parecía como si la granja se hubiera enriquecido sin enriquecer a los animales mismos; exceptuando, naturalmente, los cerdos y los perros. Tal vez eso se debiera en parte al hecho de haber tantos cerdos y tantos perros. No era que estos animales no trabajaran a su manera. Existía, como Squealer nunca se cansaba de explicarles, un sinfín de labores en la supervisión y organización de la Granja. Gran parte de este trabajo tenía características tales que los demás animales eran demasiado ignorantes para comprenderlo. Por ejemplo, Squealer les dijo que los cerdos tenían que realizar un esfuerzo enorme todos los días con unas cosas misteriosas llamadas «ficheros», «informes», «actas» y «ponencias». Se trataba de largas hojas de papel que tenían que ser llenadas totalmente con escritura, y después eran quemadas en el horno. Esto era de suma importancia para el bienestar de la Granja, señaló Squealer. Pero de cualquier manera, ni los cerdos ni los perros producían nada comestible mediante su propio trabajo; eran muchos y siempre tenían buen apetito.

En cuanto a los otros, su vida, por lo que ellos sabían, era lo que fue siempre. Generalmente tenían hambre, dormían sobre paja, bebían del estanque, trabajaban en el campo; en invierno sufrían los efectos del frío y en verano de las moscas. A veces, los más viejos de entre ellos buscaban en sus turbias memorias y trataban de determinar si en los primeros días de la Rebelión, cuando la expulsión de Jones aún era reciente, las cosas fueron mejor o peor que ahora. No alcanzaban a recordar. No había con qué comparar su vida presente, no tenían en qué basarse exceptuando las listas de cifras de Squealer que, invariablemente, demostraban que todo mejoraba más y más. Los animales no encontraron solución al problema; de cualquier forma, tenían ahora poco tiempo para cavilar sobre estas cosas. Únicamente el viejo Benjamín manifestaba recordar cada detalle de su larga vida y saber que las cosas nunca fueron, ni podrían ser, mucho mejor o mucho peor; el hambre, la opresión y el desengaño eran, así dijo él, la ley inalterable de la vida.

Y, sin embargo, los animales nunca abandonaron sus esperanzas. Más aún, jamás perdieron, ni por un instante, su sentido del honor y el privilegio de ser miembros de «Granja Animal». Todavía era la única granja en todo el condado —¡en toda Inglaterra!— poseída y gobernada por animales. Ninguno, ni el más joven, ni siquiera los recién llegados, traídos desde granjas a diez o veinte millas de distancia, dejaron de maravillarse por ello. Y cuando sentían tronar la escopeta y veían la bandera verde ondeando al tope del mástil, sus corazones se hinchaban de inextinguible orgullo, y la conversación siempre giraba en torno a los heroicos días de antaño, la expulsión de Jones, la inscripción de los siete mandamientos, las grandes batallas en que los invasores humanos fueron derrotados. Ninguno de los viejos ensueños había sido abandonado. La República de los animales que Mayor pronosticara, cuando los campos verdes de Inglaterra no fueran hollados por pies humanos, era todavía su aspiración. Algún día llegaría; tal vez no fuera pronto, quizá no sucediera durante la existencia de la actual generación de animales, pero vendría. Hasta la melodía de «Bestias de Inglaterra» era seguramente tarareada a escondidas aquí o allá; de cualquier manera, era un hecho que todos los animales de la granja la conocían, aunque ninguno se hubiera atrevido a cantarla en voz alta. Podría ser que sus vidas fueran penosas y que no todas sus esperanzas se vieran cumplidas; pero tenían conciencia de no ser como otros animales. Si pasaban hambre, no lo era por alimentar a tiranos como los seres humanos; si trabajaban mucho, al menos lo hacían para ellos mismos. Ninguno caminaba sobre dos pies. Ninguno llamaba a otro «amo». Todos los animales eran iguales.

Un día, a principios de verano, Squealer ordenó a las ovejas que lo siguieran, y las condujo hacia una parcela de tierra no cultivada en el otro extremo de la granja, cubierta por retoños de abedul. Las ovejas pasaron todo el día allí comiendo hojas bajo la supervisión de Squealer. Al anochecer él volvió a la casa, pero, como hacía calor, les dijo a las ovejas que se quedaran donde estaban. Y allí permanecieron toda la semana, sin ser vistas por los demás animales durante ese tiempo. Squealer estaba con ellas durante la mayor parte del día. Dijo que les estaba enseñando una nueva canción, para lo cual se necesitaba aislamiento.

Una tarde tranquila, al poco tiempo de haber vuelto las ovejas de su retiro —los animales ya habían terminado de trabajar y regresaban hacia los edificios de la granja—, se oyó desde el patio el relincho aterrado de un caballo. Alarmados, los animales se detuvieron bruscamente. Era la voz de Clover. Relinchó de nuevo y todos se lanzaron al galope entrando precipitadamente en el patio. Entonces contemplaron lo que Clover había visto.

Era un cerdo, caminando sobre sus patas traseras.

Sí, era Squealer. Un poco torpemente, como si no estuviera totalmente acostumbrado a sostener su gran volumen en aquella posición, pero con perfecto equilibrio, estaba paseándose por el patio. Y poco después, por la puerta de la casa apareció una larga fila de tocinos, todos caminando sobre sus patas traseras. Algunos lo hacían mejor que otros, si bien unto o dos andaban un poco inseguros, dando la impresión de que les hubiera agradado el apoyo de un bastón, pero todos ellos dieron con éxito una vuelta completa por el patio. Finalmente se oyó un tremendo ladrido de los perros y un agudo cacareo del gallo negro, y apareció Napoleón en persona, erguido majestuosamente, lanzando miradas arrogantes hacia uno y otro lado y con los perros brincando alrededor.

Llevaba un látigo en la mano.

Rebelión en la granja.- George Orwell

Crimilda 04-03-2010 21:20

Re: Rincón literario
 
Se desató una terrible tempestad y, entonces, empecé a vislumbrar el terror y el asombro en los rostros de los marineros. El capitán, aunque estaba al tanto de las maniobras para salvar el barco, mientras entraba y salía de su camarote, que estaba junto al mío, murmuraba para sí: «Señor, ten piedad de nosotros, es el fin, estamos perdidos», y cosas por el estilo. Durante estos primeros momentos de apuro, me comporté estúpidamente, paralizado en mi cabina, que estaba en la proa; no soy capaz de describir cómo me sentía. Apenas podía volver a asumir el primer remordimiento, del que, aparentemente, había logrado liberarme y contra el que me había empecinado. Pensé que había superado el temor a la muerte y que esto no sería nada, como la primera vez, mas cuando el capitán se me acercó, como acabo de decir, y dijo que estábamos perdidos, me sentí aterrorizado. Me levanté, salí de mi camarote y miré a mi alrededor; nunca había visto un espectáculo tan desolador. Las olas se elevaban como montañas y nos abatían cada tres o cuatro minutos; lo único que podía ver a mi alrededor era desolación. Dos barcos que estaban cerca del nuestro habían tenido que cortar sus mástiles a la altura del puente, para no hundirse por el peso, y nuestros hombres gritaban que un barco, que estaba fondeado a una milla de nosotros, se había hundido. Otros dos barcos que se habían zafado de sus anclas eran peligrosamente arrastrados hacia el mar sin siquiera un mástil. Los barcos livianos resistían mejor porque no sufrían tanto los embates del mar pero dos o tres de ellos se fueron a la deriva y pasaron cerca de nosotros, con solo el foque al viento.

Hacia la tarde, el piloto y el contramaestre le pidieron al capitán de nuestro barco que les permitiera cortar el palo del trinquete, a lo que el capitán se negó. Mas cuando el contramaestre protestó diciendo que si no lo hacían, el barco se hundiría, accedió. Cuando cortaron el palo, el mástil se quedó tan al descubierto y desestabilizó la nave de tal modo, que se vieron obligados a cortarlo también y dejar la cubierta totalmente arrasada.

Robinson Crusoe.- Daniel Defoe

Crimilda 06-03-2010 21:16

Re: Rincón literario
 
Hoy está dedicado especialmente a Pulpete.

Pulpete, te he escaneado dos hojas del libro que te he comentado por privado. Aparte te pongo un fragmento del mismo, que seguro que recuerdas.

Acaeció que, llegando a un lugar que llaman Almorox al tiempo que cogían las uvas, un vendimiador le dio un racimo de ellas en limosna. Y como suelen ir los cestos maltratados, y también porque la uva en aquel tiempo está muy madura, desgranábasele el racimo en la mano. Para echarlo en el fardel, tornábase mosto, y lo que a él se llegaba. Acordó de hacer un banquete, así por no poder llevarlo, como por contentarme, que aquel día me había dado muchos rodillazos y golpes. Sentámonos en un valladar y dijo:

-Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos este racimo de uvas y que hayas de él tanta parte como yo. Partillo hemos de esta manera: tú picarás una vez y yo otra, con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva. Yo haré lo mismo hasta que lo acabemos, y de esta suerte no habrá engaño.

Hecho así el concierto, comenzamos; mas luego al segundo lance, el traidor mudó propósito, y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él, mas aún pasaba adelante: dos a dos y tres a tres y como podía las comía. Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano, y, meneando la cabeza, dijo:

-Lázaro, engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas tres a tres.

-No comí -dije yo-; mas ¿por qué sospecháis eso?

Respondió el sagacísimo ciego:

-¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas.

Reíme entre mí, y aunque muchacho, noté la discreta consideración del ciego.

Lazarillo de Tormes.-

http://img535.imageshack.us/img535/9...demendoza2.jpg


http://i48.tinypic.com/2wcmvit.jpg

pulpete 06-03-2010 22:11

Re: Rincón literario
 
Cita:

Originalmente publicado por Crimilda (Mensaje 781362)
Hoy está dedicado especialmente a Pulpete.

Pulpete, te he escaneado dos hojas del libro que te he comentado por privado. Aparte te pongo un fragmento del mismo, que seguro que recuerdas.

Acaeció que, llegando a un lugar que llaman Almorox al tiempo que cogían las uvas, un vendimiador le dio un racimo de ellas en limosna. Y como suelen ir los cestos maltratados, y también porque la uva en aquel tiempo está muy madura, desgranábasele el racimo en la mano. Para echarlo en el fardel, tornábase mosto, y lo que a él se llegaba. Acordó de hacer un banquete, así por no poder llevarlo, como por contentarme, que aquel día me había dado muchos rodillazos y golpes. Sentámonos en un valladar y dijo:

-Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos este racimo de uvas y que hayas de él tanta parte como yo. Partillo hemos de esta manera: tú picarás una vez y yo otra, con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva. Yo haré lo mismo hasta que lo acabemos, y de esta suerte no habrá engaño.

Hecho así el concierto, comenzamos; mas luego al segundo lance, el traidor mudó propósito, y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él, mas aún pasaba adelante: dos a dos y tres a tres y como podía las comía. Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano, y, meneando la cabeza, dijo:

-Lázaro, engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas tres a tres.

-No comí -dije yo-; mas ¿por qué sospecháis eso?

Respondió el sagacísimo ciego:

-¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas.

Reíme entre mí, y aunque muchacho, noté la discreta consideración del ciego.

Lazarillo de Tormes.-

http://img535.imageshack.us/img535/9...demendoza2.jpg


http://i48.tinypic.com/2wcmvit.jpg

Hola,Crimilda!!:tequiero:

Pues ese libro, es una auténtica joya!!:pirata:

Llevan unos cuantos historiadores nada menos que 50 años peleándose por saber la autoría del Lazarillo de Tormes, y ese libro, que data de 1884 ya lo indica!!:cunao:
Enhorabuena, por tener una biblioteca tan buena, y, sobre todo, por compartirla con nosotros.:gracias::adoracion::gracias:
Guarda ese incunable bajo 7 llaves!!:rolleyes:

:brindis::brindis:


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