Abarloarse es bastante típico del Cantábrico teniendo en cuenta que suele ser en puertos muy pequeños con grandes y altos paredones por los que hay que trepar tres o cuatro metros por escalas de hierro oxidado engastadas en la piedra. Siempre es de rigor preguntar y ser cortes, no en vano al abarloarnos nos podemos olvidar de los efectos de la marea y estar un poco más sujetos y relajados. En caso de no poder consultar horas de salida o inconvenientes, hacerlo, dejar siempre muy clarito el número de teléfono móvil porque otros barcos de recreo, golondrinas o los pesqueros salen cuando salen y no debemos ponérselo difícil. Las defensas creo que es mejor ponerlas en la propia banda que no en la suya pero es algo que como no veo no puedo opinar.
Debemos comprender que si dejamos nuestro barco y estorba, nos arriesgamos a que en su desplazamiento pueda sufrir algún pequeño daño.
Solo si obramos lo más correctamente posible y no siendo un inconveniente seremos bienvenidos a los diferentes puertos de la cornisa en los que habitualmente somos acogidos hospitalariamente en nuestras travesías.
