Buenas y
Pues vamos a ver como va la cosa
Quiero decir que si bien y por norma siempre he sido partidario de la profesionalidad (al menos en os aspectos esctictamente técnicos y operativos), mi sensación desde que entré en este mundillo de los barquichuelos es la de que siempre se ha tomado como un cementerio de elefantes, (y también desgraciadamente como un "huerto" de intereses), en el que se tomó lo peor de la oficialización y reglamentismo otrora propio del estamento militar con el no menos malo coroprativismo clasista de la Marina Mercante; Si a lo anterior le sumamos el carácter de "coto cerrado" de esta materia en la que nadie ajeno osaba meterse y la lujuria fiscal que provoca en cualquier despistado el término "yate" -(juas, juas, juas.. lo mío y lo de casi todos nosotros es "un yate" a los efectos recaudatorios pertinentes), llegamos al verdadero delirio normativo que hemos estado viviendo y que parecía no tener fin.
Desde este punto de vista, y al márgen de la imprescindible capacidad que sin duda poseen los funcionarios técnicos "de carrera", creo que no ha venido nada mal la entrada de aire fresco que ha supuesto el que tomase las riendas políticas del asunto alguien que pudiera lograr cierta visión de conjunto sin llevar "la mochila" a rastras, y que por primera vez desde los tiempos de Adán se haya hablado o pensado en la DGMM en cosas tan inauditas como simplificación administrativa, unificación normativa o en el Derecho comparado.
Espero de corazón que sea quien sea nuestro nuevo Scheriff se mantenga en la misma línea, para bien de nuestra flota de recreo , Desesperada, Gravada, Menguante y Mendicante (DGMM)
