PD: Una reflexión algo personal ahora...
Sobre las diferencias generacionales en la regata, creo que, quizá, los skippers de la vieja guardia acostumbrados a la idea de que un VG es una carrera de fondo, no un sprint, que hay que saber "economizar" los recursos (el hombre y la máquina)... confiaron demasiado en la moraleja de la famosa fábula del liebre y la tortuga.
Tal vez se imaginaron que al lanzarse de una manera tan desbocada, los jóvenes fueran a agotarse antes de llegar al Cabo de Buena Esperanza... o que sus máquinas no aguantarían el ritmo.
Creo, francamente, que este VG marca un antes y un después en la historia de la regata, que nos choca a todos un poco, porque esperamos historias de sufrimiento y superación (es la faceta mítica de la regata), no un ritmo de corredor olímpico, y quedamos algo desconcertados ante tanta competencia, tanto nivel de excelencia... pero tan poco sentir, tan poco compartir... un poco como si el vencedor, a pesar de todo, a pesar de todos los esfuerzos (que lo hayan ayudado o no, él se pateó la vuelta al mundo) a pesar de toda la inteligencia invertida en la regata, hubiese relegado la dimensión humana por debajo de los imperativos del deporte y, por lo tanto, defraudado un poco el cometido que se le encargó a él y a todos los demás el día de la salida:


