DE GALICIA A MALLORCA
El marino propone y la meteorología dispone, este refrán se nos ha aplicado al pie de la letra. La razón es que teníamos previsto hacer una navegación más o menos relajada, pero en los últimos partes previos a la salida de Moaña aconsejaba pasar el estrecho antes de cuatro días si no queríamos vernos bloqueados por fuertes vientos de levante en Cadiz, así que allá vamos, sin escalas.
Salimos de Moaña, en la ría de Vigo, el sábado día 9 a las ocho de la tarde. Los primeros compases demasiados tranquilos, o sea poco viento en la costa norte portuguesa, navegando incluso ayudándonos del motor, nunca me había ocurrido en una bajada portuguesa, pero a partir de las islas Berlengas las cosas cambian y el viento del norte nos lleva en volandas. En 48 horas estamos a la vista del faro de San Vicente, y donde habíamos empezado con una ventolina, en las últimas millas, para doblar la costa portuguesa del Atlántico, llevábamos tres rizos a la mayor y medio foque atangonado, doblando el cabo ya de noche y casi derrapando.
Como las cosas hay que hacerlas con tranquilidad no se me ocurrió mejor idea que fondear en la ensenada de Sagres nada más doblar la punta, recomponer la maniobra, cenar cómodamente y continuar ruta, con viento pero ya sin el maretón que traíamos por popa.
El golfo de Cádiz una delicia, todo a vela, tanto de noche como de día, incluso unas horas de spi al atardecer y el paso del estrecho con nocturnidad y alevosía, esta vez no por medio, como me gusta para aprovechar la corriente entrante, a pesar de las críticas de algunos cofrades, porque mi intención ha sido entrar en el peñón a llenar de gasoil hasta las trancas, donde está a precios e ganga.
A pocas millas al este, el viento portante que nos ha traído, se esfuma para tornarse de levante, de momento en ventolina que no dificulta el avance del Bahía a motor, pero a la altura de Motril el viento de proa comienza a hacerse penoso y los pantocazos se suceden con regularidad, más revoluciones al Volvo y nuevo rumbo un poco trasversal a las olas para llegar despuntando el día a Almerimar, en cuya bocana fondeamos para atemperar un poco el ánimo, dormir un rato y tomar decisiones; con este levante imposible cruzar cabo Gata y alcanzar Cartagena como tenía previsto, la tripu está de acuerdo en llegar a Almería y esperar que el levantazo se modere en cuatro días, como vemos en las previsiones.
Cambio de planes porque ya no llegamos a Ibiza donde íbamos a recoger a la novia de Oscar, tendrá que ser ella quien baje a Almería, mientras tanto hacemos un poco de turismo por la zona y la verdad hacía tiempo que no pisaba estas tierras.
Salimos de nuevo con renovadas energías la mañana del 19 de Julio hacia las Pitiusas, la meteorología sigue negándonos navegación de caballeros, sigue el levante, aunque bastante más suave, que nos permite al menos continuar a motor sin excesivos inconvenientes más allá de quemar gasoil. Treinta y cinco horas hasta Formentera y ni un solo momento que pudiéramos dejar descansar el motor. Nueva parada a relajarnos unas horas en las atestadas aguas de todo tipo de artefactos flotantes, cercanas al puerto de La Savina y rellenar el tanque de combustible, donde fuimos reconocidos por un cofrade de la taberna.
Ya de noche, esta vez si, a vela, cruzamos los freus con una preciosa luna llena, ponemos proa al sureste de Mallorca, desde donde haremos el salto a Cerdeña, esta vez aprovechando una manejable tramontana que nos anuncia la meteo y que nos permitirá navegar como dios manda y nos gusta, a vela.
Esta vez no hay fotos de las aburridas horas de navegación pero prometo que en la próxima crónica haré un buen reportaje
Salud
