Sí, lo reconozco. No en vano estoy a punto de emigrar de pabellón. Pero no por actitud reivindicativa, sino por desencanto.
Habría preferido un cambio normativo que nos permitiera a todos mantener el pabellón sin sufrir las consecuencias de una administración marciana.
Y esto no tiene nada que ver con un especial sentimiento nacionalista ni un apego a los símbolos, sino con la idea de que ya que vives en un país, intenta hacerlo más habitable.
En fin, no sé...idealismos chorras

