Cita:
Originalmente publicado por Inspectorate
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Parece evidente que los eventos náuticos donde se concentren una determinada cantidad de embarcaciones pueden provocar situaciones en los que la seguridad se vea comprometida.
La seguridad marítima y de la vida humana en la mar es un bien jurídico cuya custodia viene encomendada al Estado ya desde la propia Constitución Española.
La Ley 27/1992 antes aludida y EMANADA DEL PARLAMENTO (no del Gobierno) tiene un artículo en el que da "carta blanca" al Capitán Marítimo en el ámbito de la seguridad marítima, ...
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Vaya por delante mi agradecimiento Inspectorate a esta intervención y a las otras en las que aportas una visión "del otro lado del mostrador". El hecho que intervengas aquí, además de elevar el nivel del debate, es de muy agradecer. Indiscutiblemente es mas facil a quedarse a ver los toros detrás de la barrera.
Está claro que el Capitán Marítimo tiene atribuciones respecto a la seguridad marítima. Pero la seguridad en toda actividad, debe tener un equilibrio, equilibrio que comporta el riesgo. Si nos preocupamos tanto por el peligro, puede llegar la asfixia.
Al igual que un padre tiene que aceptar que no puede tener a su hijo atado a la cama prque tiene el peligro de que si sale a jugar, puede dañarse, en las otras actividades también debería llegarse a tal equilibrio.
Lo que se comenta aquí o de lo que nos quejamos es de la asfixia a la que estamos llegando, asfixia que nos puede llegar a ahogar. Es cierto que a 120 km/h, los resultados de un choque son más leves que a 180. Pero entonces, ¿porqué se deja circular a 120 si sabemos que a 60 aún serían mucho más leves?.
Creo que adolecemos de un exceso de paternalismo (paternalismo de bofetada si te pasas). Excepto alguien aislado, creo que todos los que estamos en el mundo de las regatas, está de acuerdo en que lo estipulado por el dichoso RD, si se ha de cumplir a rajatabla, implica pura y duramente la muerte de la inmensa mayoría de las mismas.
Y esto, para los pocos que, de una forma u otra sabemos lo duro y difícil que es montar dichas pruebas, teniendo que luchar con los costes, con la poca afición que hay, con todas las disposiciones, etc., nos da la sensación de estar sencillamente perdiendo el tiempo, que quizás es mejor sentarse y enviarlo todo a rodar.
Pero el que ha legislado, de buen seguro no sabe de todo eso... y lo que es peor, probablemente ni le importa.